viernes, febrero 10, 2012

SUITE FRANCESA





Durante las últimas semanas, cada persona a la que comenté que estaba leyendo “Suite Francesa” y conocía el libro, manifestó de inmediato su entusiasmo por la novela. Imagino que quienes no la hayan leído, probablemente habrán leído o escuchado comentarios similares. ¿Para qué escribir sobre un libro acerca de cuya excelencia todo el mundo está de acuerdo? Máxime cuando –como en este caso- Iréne Némirovsky era, hasta hace poco tiempo, una autora poco conocida (aunque, como nos refiere el prólogo de la edición española, en los años treinta del siglo pasado gozara de cierta celebridad en Francia), y está por tanto a salvo de la maldición que pesa sobre otros libros y autores, sobre cuyos méritos resulta imposible disentir sin exponerse al escarnio (Proust, Joyce, Borges, etc...)

Es verdad que, en algunos casos, los comentarios de mis interlocutores se dirigieron casi de inmediato a la trágica circunstancia vital de la autora y a la historia fascinante del manuscrito de la novela, antes que a la obra propiamente dicha. Sin duda ambos extremos son apasionantes, pero nada dicen acerca de la calidad de la novela ni del hechizo que produce en sus lectores.

Me gustaría, por ello, compartir algunas razones de mi fascinación con esta lectura.

Las dos partes de “Suite Francesa”que Iréne Némirovsky alcanzó a escribir antes de ser enviada a Auschwitz, relatan la forma como la población civil de París vivió la invasión alemana en 1940 y, un año después, la tensa convivencia entre el ejército de ocupación y la población civil en una pequeña aldea de la Francia profunda. La primera parte es coral o quizás mejor dicho panorámica, y la autora nos muestra las reacciones de una veintena de personajes de diferentes estratos sociales de la sociedad francesa, en un gran fresco que por momentos alcanza tonos bíblicos (La autora misma parece consciente de ello y, no sin ironía, se refiere a estos episodios como el “éxodo”). La segunda parte es notablemente más íntima y la mirada de la autora se centra en un número más reducido de personajes, de la mayoría de los cuales habíamos tenido noticia en la primera parte del libro.

Aunque desde luego existen, no había leído otra novela que abordara estos episodios, pero en cambio estoy seguro de que ninguna lo hace en el tono y desde la perspectiva que esta. A salvo de cualquier exaltación nacionalista en virtud de su condición de exiliada rusa y de judía, la autora concentra toda su atención y su talento en auscultar las emociones y la condición moral de sus personajes. En una de las notas en que reflexiona sobre esta obra inconclusa (incorporadas convenientemente como apéndice en la edición española), Némirovsky escribe: “¡Dios mío! ¿Qué me hace este país? Ya que me rechaza, considerémoslo fríamente, observémoslo mientras pierde el honor y la vida.” Y eso es precisamente lo que hace. No hay -o al menos no percibo- revanchismo ni afán vindicativo contra ese país que por un lado había acogido a la autora y por el otro se disponía a condenarla -la autora escribe cuando la política de colaboración de la Francia de Vichy ya se cebaba contra los judíos-, sino más bien una lúcida frialdad para examinar y juzgar los sentimientos y las diversas reacciones de la sociedad francesa ante la derrota militar y la humillante ocupación. “De grado o de fuerza, no había más remedio que seguir la política del gobierno. Y además, ¡qué caramba!, aquellos oficiales alemanes eran gente educada. Lo que une o separa a los seres humanos no es el idioma, las leyes, las costumbres ni los principios, sino la manera de coger el cuchillo y el tenedor.” (p. 361)

Es verdad que, lejos de ofrecernos la imagen de una resistencia vibrante y heroica, como sin duda hubiesen preferido muchos lectores franceses, la impresión de conjunto que nos transmite la obra es la de una sociedad rígidamente estratificada, atravesada por tensiones profundas más allá de la circunstancia de la invasión extranjera. Los mitos de la unidad y la solidaridad nacional caen pulverizados y sin duda ahí radica parte su atractivo y de su actualidad.

La narración se torna especialmente brillante cuando se trata de transmitir las complejas negociaciones -a veces intrapsíquicas y a veces interpersonales- que realizan los personajes para reivindicar sus pequeñas o grandes diferencias, es decir, su posición en el espectro de la sociedad francesa. “La mezquindad del piscolabis no sorprendería a la señora Perrin, antes bien, vería en ella una nueva prueba de la prosperidad de los Angellier -porque a mayor riqueza, mayor tacañería-, y reconocería su propia preocupación por el ahorro y esa tendencia al ascetismo que es consustancial a la burguesía francesa y da a sus inconfesables placeres secretos una amargura tonificante.” (p. 334)

Podría decirse que, como quería Foucult, en la novela palpamos el poder que atraviesa y circula por todos los estratos de la sociedad francesa, con la particularidad de que en las circunstancias excepcionales de la ocupación, incluso los más poderosos se ven sometidos al poder de la fuerza militar extranjera. “Cuando hablaba en alemán -sobre todo en aquel tono de mando-, su voz adquiría una sonoridad vibrante y metálica que producía a los oídos de Lucile un placer similar a un beso dado con rabia y acabado en mordisco.” (p. 340)

El humor, la ironía, el asombro y la compasión son algunas de las lentes de las que la autora se sirve para asomarse al mundo de sus personajes, y bien considerado, lo que revelan estas páginas es mucho más profundo que las reacciones francesas ante la derrota y la ocupación, pues el pánico, la vergüenza, la confusión, el orgullo herido, la decepción y la mezquindad, el altruismo y la fatuidad, entre muchas otras, son reacciones esencialmente humanas y todos nos reconocemos en ellas. Observadora igualmente delicada y sensible del entorno natural -paisaje, cielo, nubes, viento, árboles, flores, luna, estrellas- y del social, no le interesa y no entra en ningún tipo de consideración de orden histórico, ideológico ni político.

Sin duda “Suite Francesa” debe mucho a la gran novela del siglo XIX -su mirada totalizadora, su afán de conjugar en un mismo relato el gran plano social y el primer plano íntimo, y ante todo, su respetuoso apego al paradigma realista, más acá de cualquier experimentalismo. En esta oportunidad, me hago eco del refrán anglosajón: “si no está descompuesto, para qué vas a arreglarlo?”

Desde ya, Iréne Némirovsky se suma a mi panteón de diosas tutelares, al lado de Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar, Clarice Linspéctor, María Zambrano, Simone Weil... Y, una vez más, confirmo que el pasado fue el siglo en que las mujeres irrumpieron a la historia, trayendo consigo visiones, percepciones, pesadillas y anhelos postergados y silenciados durante siglos.



domingo, enero 29, 2012

AFRICA EN ESPAÑA


 Durante años, asumí con resignación que en materia de corrupción política los latinoamericanos y los africanos éramos insuperables, pero ahora reconozco que me equivoqué, o al menos ya no estoy tan seguro.
En contra de lo que sugiere el título, esta nota no trata de la antigua presencia beréber en España, ni de cómo Gibraltar ha sido desde siempre una frágil frontera que invita a saltar sobre ella, como lo mostraron hace siglos almorávides y almohades y hoy las tristísimas “pateras” cargadas con migrantes hambrientos.. Ni siquiera la crisis galopante que se abate sobre Europa los ha detenido por completo, aunque desde luego su flujo disminuyó en los últimos tiempos.

Si hablamos aquí de la sombra africana sobre España es más bien para evocar a Idi Amín Dada, Laurent Kabila, el togolés Eyadema, el inefable Bokassa , el incombustible Bongo o los astutos Mubárak y Gadafi, entre otros celebérrimos pillos africanos... Pues como los males nunca llegan solos, de la mano de la crisis del Euro se abatieron sobre la península ibérica innumerables escándalos de corrupción política que involucran a personajes conspicuos de los dos principales partidos políticos, y hasta a algún familiar político del Rey.

Se trata de un colorido ramillete de picardías que, si no hubiera millones de por medio, cabría calificar de tragicómicas, como la del aeropuerto de Castellón, una pequeña ciudad en la comunidad de Valencia. El aeropuerto se construyó a un costo cercano a los 150 millones de euros, y al momento no ha recibido un solo avión ni se prevee que lo haga en el futuro próximo. De la factura, al menos 300 mil euros corresponden a la estatua de 24 metros de altura que se mandó a hacer su promotor, Carlos Fabra, presidente de la diputación local, quien declaró el día de la inauguración:
"Hay quien dice que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada. Durante mes y medio cualquier ciudadano que lo desee podrá visitar la terminal o caminar por la pista de aterrizaje, algo que no podrían hacer si fueran a despegar o a aterrizar aviones. Es un aeropuerto para las personas." Ah bueno, ya entendimos, menos mal... Rescindir el contrato con la concesionaría costaría 80 millones, mientras que mantenerlo, aún sin recibir aviones, reprsentará una cuarta parte de ese monto. Por ello, es probable que en el futuro cercano el aeropuerto sin aviones de Castellón se convierta en una atracción turística al estilo de los pueblos fantasmas del oeste norteamericano... Al menos eso aportaría algunos reales a las esfondadas arcas de la comunidad valenciana, hoy en plena bancarrota.  

Otro caso pintoresco, por decir lo menos, es el del exdirector general de trabajo de Andalucía, Francisco Guerrero, que administraba un fondo de más de 647 millones de euros, de los cuales cedió generosamente cientos de miles a su suegra y a otros familiares, así como a varias cónyuges de dirigentes sindicales andaluces. Guerrero no tuvo reparos en disponer alrededor de un millón para que él y su chófer los consumieran en cocaína, alcohol y francachelas, según declaró al juzgado el segundo. Así cualquiera es socialista... Las irregularidades superan los 10 millones de euros.

Los expresidentes de comunidades autónomas de Valencia y Baleares, Francisco Camps y Jaume Matas, respectivamente, ambos del Partido Popular, también encaran sendos procesos penales por corrupción, prevaricato, tráfico de influencias y otras lindezas. El primero comparece en un rocambolesco caso que la prensa suele llamar “el caso de los trajes” o “la trama Gurtel”. Básicamente se lo acusa de favorecer a una red de empresarios corruptos en la concesión de millonarias obras, a cambio de unos cuantos trajes de lujo para su guardarropas y de alguna cosa más. Lo de su colega Matas es similar, aunque el embrollo jurídico se centra en irregularidades en torno a la contratación de un periodista encargado de escribir sus discursos. Más allá de los escándalos de corrupción alrededor de estos conspícuos personajes, bajo su presidencia se impulsaron obras públicas faraónicas, a menudo de dudosa utilidad y a costos extravagantes, en el supuesto de que de esa forma colocarían a sus regiones en el mapa internacional e impulsarían el desarrollo local. Hoy por hoy, Valencia es la región más endeudada de España (¡lo que ya es decir!); el Gobierno Central ha debido acudir en su auxilio para pagar bonos que vencidos, calificados como “bonos basura” por las calificadoras de riesgo.

La joya de la corona -y nunca mejor dicho esto- es el escándalo alrededor de Iñaqui Urdagarin, esposo de la Infanta Cristina y yerno del Rey Don Juan Carlos, formalmente llamado a declarar en relación con la apropiación indebida de varios cientos de miles de euros de las arcas públicas y de notorias irregularidades en sus declaraciones impositivas, valiéndose tanto de empresas como de fundaciones pretendidamente benéficas.

Así las cosas, lo de los expresidentes de Costa Rica parece apenas un juego de niños, la obra de aprendices aplicados y, como siempre, deseosos de emular a sus maestros del mundo desarrollado y rico. Ya lo decía el gran Pedro Navajas: ¡la vida te da sorpresas...!

martes, enero 10, 2012

Vulnerabilidad (Los días y sus dones, 1980-2001)


Hay quienes imponen el terror para conjurar el miedo. El miedo ante la propia vulnerabilidad, ante la propia debilidad, se conjura con la brutalidad, el control y, a veces, con el exterminio del otro.
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Era lo suficientemente fuerte como para no ocultar sus debilidades…
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Lloraba ante la imagen de su propia debilidad.
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Lo único que tengo para entregar es mi indefensión, mi vulnerabilidad…
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Acceder a la intimidad total con otro ser implica exponer los dolores, las cicatrices y las llagas, y atreverse a eso exije valor.
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Cuando veo a una persona intelectualmente brillante o a uno de esos deportistas invencibles, superdotados, me pregunto: ¿dónde está el secreto? ¿En respuesta de qué tanto desplante y maravilla? ¿Para potegerse de qué?
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¿Por qué de pronto estas ganas imposibles de llorar?

martes, diciembre 27, 2011

Vida (Los días y sus dones, 1980-2001)


La vida parece evolucionar en el sentido de una libertad creciente.
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Si la vida es una consecuencia natural (y hasta inevitable, según dicen los biólogos ahora) de la existencia de la materia,  debemos preguntarnos si esta “voluntad de vida” (de autoorganización) inherente a la materia, es manifestación de una Voluntad. En otras palabras: si hay una tendencia natural hacia la vida en el Universo, es este último el que cambia de sentido y de significado, convirtiéndose en el escenario donde coexisten (¿y compiten?) tendencias hacia la integración creciente y hacia la desintegración, quietud o inmovilidad.
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Al menos desde un punto de vista, la vida produce el sonido de una uña cuando rasga el pizarrón: por un lado está el discurrir del tiempo, el tumultuoso avance hacia la disolución; por el otro, el poderoso instinto de permanecer y perpetuarse…
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Si le abrimos el cuerpo a cualquier persona, encontraremos las tripas y los intestinos repletos de mierda, y mil cosas desagradables y oscuras, y más allá, el corazón palpitante afirmándose en su ciega voluntad de vivir. De la misma forma, si le destapamos el psiquismo a cualquiera, encontraremos también tripas y odios y miedos, y cosas gelatinosas y oscuras, pero siempre, un poco más allá, la indeclinable vocación de aferrarse a la vida a cualquier precio, por todos los medios.
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Recordar que la vida es un desafío, una apuesta insensatamente hermosa contra la voracidad de lo inerte.
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Somos polvo estelar. Nuestros átomos están aquí desde el inicio. No olvidarlo jamás. Y las leyes del Universo operan en nosotros como en todo lo demás.
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En el mes de abril, en la zona norte de Costa Rica, soy testigo del espectáculo sobrecogedor que  ofrece la migración de una especie de halcón o gavilán: cientos de miles de ellos vuelan hacia el norte, a gran altura, llenando el cielo durante varios días. Al atardecer descienden sobre las zonas boscosas formando gigantescos remolinos de aves, y en la mañana, cuando el sol calienta, se elevan para continuar su viaje. Ante un fenómeno natural de esta magnitud, siento un curioso alivio al comprender que  nuestros delirios y nuestras cuitas poco cuentan.

domingo, diciembre 18, 2011

CONSENSO Y LITERATURA EN COSTA RICA


A diferencia de otros países de América y el mundo, donde los hombres y mujeres de letras tienen un papel relevante en la escena cultural y en el debate político, esto no ocurre en Costa Rica. A menudo nos preguntamos por qué. 

Salvo en dos breves momentos de nuestra historia -la formación de la república liberal y la formación de la “segunda república”- las relaciones entre el poder político y simbólico y los hombres y mujeres de letras han estado signadas por la desconfianza, la indiferencia y la hostilidad.

En tales momentos de “fundación” de instituciones, algunos escritores y escritoras se convirtieron en  “intelectuales orgánicos” de los movimientos políticos emergentes, como es el caso de  Ricardo Fernández Guardia, Magón y Aquileo Echeverría, vinculados de diferentes formas a la institucionalidad liberal de fines del siglo XIX, o como Alberto Cañas, Samuel Rovinsky y Carmen Naranjo, vinculados orgánicamente a la institucionalidad socialdemócrata emergente a mediados del siglo pasado.

Desde luego, en el devenir de nuestra historia otros hombres y mujeres de letras asumieron actitudes críticas, escépticas o distantes del poder  y la institucionalidad, como es el caso de Joaquín García Monge, Carmen Lyra, Max Jiménez y Yolanda Oreamuno, entre otros acérrimos críticos del régimen liberal, o como aquellos escritores vinculados al Partido Comunista en  el trance de la Guerra Civil del 48 (CALUFA, Fabián Dobles, Adolfo Herrera García, Joaquín Gutiérrez), y muchos otros que irrumpieron en la escena literaria durante el período propiamente socialdemócrata de nuestra historia (hasta los años 80), como José León Sánchez, Alfonso Chase, Virginia Grütter, Jorge Debravo, etcétera. Desde luego, muchos más se mantuvieron indiferentes hacia el acontecer político nacional o asumieron posiciones ambivalentes, acercándose y alejándose de las instancias de poder político y cultural según el momento o sus  intereses personales, y naturalmente la misma tónica se mantiene hasta el día de hoy.

Consenso, literatura e identidad nacional

Por razones históricas, sociales y políticas que no vienen al caso aquí,  el consenso tiene en Costa Rica un papel determinante para la preservación del orden social y, por ello mismo, la tolerancia al disenso es notoriamente baja. Esto se refleja en la escasa polémica y debate públicos y en la existencia secular de “instituciones” culturales como la “serruchada de piso”, como la bautizara Yolanda Oreamuno. El ostracismo conmovedor en el que vivió en Costa Rica Joaquín García Monge es otro ejemplo de ello.

La presión hacia el consenso -casi una “tiranía del consenso”, como la llamé en mi juventud- es pues una nota sobresaliente del régimen de convivencia en nuestro país.

Esta, a mi entender, es la explicación fundamental de la invisibilidad de los hombres y mujeres de letras en la escena cultural y política del país. En cualquier caso, el disenso es mejor tolerado en manifestaciones culturales como las artes plásticas,  la danza o la música -cuyo potencial crítico requiere de mayores elementos para ser interpretado-, que en la literatura, cuyo lenguaje, tejido con conceptos y palabras, resulta por naturaleza más explícito, menos ambiguo.

Sin embargo, por las mismas razones que el potencial crítico de la literatura resulta  amenazador para un régimen de convivencia basado en el consenso, sus posibilidades de convocatoria y de suscitar adhesión resultan también más asequibles que las de otras manifestaciones artístico-culturales.

Ejemplo de lo anterior es la re-lectura  que de las obras de Dobles, Gutiérrez y Fallas realizó la intelectualidad socialdemócrata para ilustrar la tesis de la “democracia rural” como sustrato de la nación costarricense, tal y como lo muestra Carlos Cortés en su novela-ensayo “La gran novela perdida”.

Veneno disolvente y néctar embriagador, la palabra es peligrosa y al mismo tiempo indispensable para crear y socializar imágenes, ideas y sentimientos acerca de quiénes somos, de lo que somos, hemos sido y queremos ser.

En el contexto de la globalización de los mercados y la mundialización de las comunicaciones instantáneas, con el consecuente debilitamiento de lo nacional en los planos simbólico y político, la palabra -las palabras-, las imágenes y los relatos creados por las mujeres y los hombres de letras, adquieren mayor importancia. Para existir en el terreno político, las naciones requieren de un correlato en el plano de la representación simbólica. Careciendo de él, la adhesión y el sentido de pertenencia de los habitantes de una comunidad se debilitan de manera inexorable,  poniendo en entredicho la viabilidad política de la nación.

Así las cosas, las élites políticas y los hombres y mujeres de letras de este país, deberían   replantear sus relaciones. Para ello, aquellas deben renunciar a su temor e intolerancia atávicas al disenso, asumiendo que la palabra crítica y discrepante es un componente indispensable para la construcción de una nueva representación de lo nacional. Se acabaron los tiempos en que la nación se administraba como una finquita patrimonio de unos pocos. Unos y otros debemos perder el miedo a disentir y a expresarlo, apostando porque los lazos de convivencia forjados en el curso de dos siglos de vida independiente, serán más fuertes que cualquier diferencia. Pues ventiladas en el debate público, las diferencias pueden llegar a unirnos más que a separarnos.


viernes, diciembre 16, 2011

HONGOS A LA LUNA LLENA

1/2 kilo de setas
Vino blanco o vino de arroz
Una mujer, preferiblemente con pechos grandes.

Lavar las setas cuidadosamente.
Dejarlas reposar
una noche completa
bajo la luz
de la luna llena.

Invitar a la mujer a beber el vino.
Convidarla a comer las setas.

Hundir el alma en ella.

viernes, diciembre 09, 2011

COINCIDENCIAS

Del poeta costarricense Fernando Luján (1912-1967) supe por primera vez hace pocos años, cuando Víctor Hurtado publicó en el suplemento "Ancora" del diario "La Nación" (Costa Rica) una pequeña selección de sus poemas. Hace un par de meses me encontré en una librería de viejo con un ejemplar de su "Tierra Marinera", libro publicado por primera vez en 1940, que la Editorial Costa Rica reeditó póstumamente el mismo año de la muerte del poeta. 

Ahí encuentro una breve sección titulada "El jardín del niño", que incluye, entre otros, estos poemas:

EL COLIBRÍ

¡El príncipe del jardín!

Por ti se visten las rosas
con su traje carmesí.

Colibrí.

A todas besas y a todas
prometes tu corazón.

Rondaflor.

¡Pero ellas saben que no
te casarás, picaflor!


LOS ZOPILOTES

¡Qué tristes son en invierno,
parados en los tejados,
los zopilotes negros.

¡Lindos se ven en sus vuelos,
cuando están bien encumbrados
por el cielo azul de enero!


EL MARTÍN PESCADOR

Parado en su verde rama
está el martín-péscador.

- ¡Pronto, martín, al agua,
que se asoma un pez de plata
bajo los juncos en flor!

Además de disfrutar y admirar la sencillez de su lenguaje y la belleza de sus imágenes, los traigo a cuento porque hace ya bastantes años -allá por 1997, creo-, escribí también una breve colección de poemas dedicados a los pájaros de Costa Rica, que desde la infancia -cuando cruelmente los mataba- admiro y amo. Aquí van algunos:


ZOPILOTE

      i

Por más que lo intento
no puedo imaginarte polluelo

¡Ay zopilote!

Vos tenés que nacer
ya viejo

      ii

Qué simple es la hermosura
de tu vuelo

Por eso me duele
y no quiero verte

Revolviendo el basurero


EL COLIBRI

Nervioso en el alambre
Se relame
Después de la amapola

¿Tu lengua no es rosada?

Debería


PAJARO BOBO

Qué triste y solitario estás
Calladito
en la rama del cafeto

Nunca te escuché cantar

Pero una de tus plumas basta





miércoles, diciembre 07, 2011

DESMONTO MI BIBLIOTECA

Lo último que desmonto de mi biblioteca es la sección de poesía, los libros de los que más me cuesta desprenderme y, al mismo tiempo, los que frecuento menos regularmente... Parece una contradicción pero cualquier lector de poesía sabe que no es así. La poesía late, no se agota, palpita; uno se asoma, abreva en sus aguas y  cuando regresa el poema es otro, uno también y solo el poema lo sabe, lo revela en comunión secreta. Además, esa delicia de abrir un libro en cualquier página y recibir sin más una cachetada, una caricia, una revelación, una palabra como si siempre hubiera estado ahí, esperando por vos.

FOGATAS

Toros del monte, fieros,
levantan cuernos de fuego.

Por el monte van  los toros
asediados por el viento,
llevan altos cuernos de oro
y sus cuerpos de humo negro.

¡Por el monte, toros fieros,
con sus cuernos de oro y fuego!

                         Fernando Luján, (1912, 1967)
                           De Tierra Marinera (1940)

lunes, noviembre 14, 2011

Viajes (Los días y sus dones, 1980-2001)


Los aeropuertos son un limbo y en ellos todos somos "almas en pena": en tanto que lugares de paso, la identidad personal queda momentáneamente en suspenso, esperando la oportunidad de saltar como un muñeco de resorte tan pronto aparezca un pariente, un coterráneo, un conocido. Sólo quienes trabajan ahí y han integrado estos lugares a su vida, se comportan como personas, sobre todo en el trato que se dispensan entre sí, bastante menos cuando se dirigen a las "sombras" que pasan y con quienes tienen que tratar…
***
El viajero y el suicida se dan cuenta de que lo que queda atrás, seguirá su curso sin ellos.
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El azul profundo del Mediterráneo en calma; el vibrante, intenso resplandor turquesa que escapaba de las olas, aquél día de mar gruesa.
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Los turistas vienen a las catedrales como a los restos de un gran dinosaurio. Circulan entre las costillas, toman fotos con flash  y desprecian el silencio. Atropellados, vienen y van, tratando de registrar detalles y rincones consignados en las guías. La idea de sentarse a respirar parece no existir para ellos: a lo sumo un descanso, unos minutos de reposo antes de seguir la marcha. Los lugares se visitan, no se habitan (aunque sea unos minutos o unas horas); se conocen pero no se viven.
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Los franceses venden vino, queso y palabras…
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Los franceses traen a la palabra lo que los italianos dicen con las manos.
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Horrible y lacerante certeza de que, de aquí en adelante, España será, como lo es ya, una nostalgia y un dolor encarnado.
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La Habana, con sólo mencionarla, sabe a poema.
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Una de las diferencias más palpables entre Madrid y París, es la presencia de lo que quizás impropiamente llamo “el barroco”. “Lo barroco”, tan determinante en Madrid, está casi ausente de París. El barroco: afirmación sensual y contorsión culpógena; afirmación y negación; contradicción, culpa … París, por su parte, es mucho más sobria y equilibrida; aún en sus delirios imperiales transmite un espíritu de sobriedad y de confianza en la razón.
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Dondequiera que voy encuentro dos ciudades superpuestas. Por un lado  la ciudad “globalizada” de los malls, la tv por cable y la Internet, odiosamente idéntica en todas partes (habitada, también hay que decirlo, por hombres y mujeres semejantes en cualquier país), y junto a ella, pero abandonada y en ruinas, “la otra ciudad”, la ciudad nacional de las clases medias y obreras.
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La dificultad, el desafío, estimulan la creatividad y obligan a que todo sea diferente. Por eso las ciudades fundadas en terrenos poco propicios, como San Francisco o Río de Janeiro, son las más bellas.
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A medio camino entre Macondo y Paris, Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Caminando por sus calles, uno comprende  que aquí haya surgido una de las principales escuelas psicoanalíticas. Y es que ser porteño es ser conciente de que se es algo que no se es.
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“Venus” es el nombre de batalla de esa esbelta travestida que cada sábado se maquilla maravillosa, alucinantemente, para venir a exhibirse al boulevard donde nos paseamos los turistas. Ella sabe muy bien en donde está parada, pues constantemente grita: “Don´t take that picture, damn. This is America; nothing is for free.”
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Los indígenas de Panajachel, duchos en el arte de hacerse pasar por idiotas.
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Un poco por mi facha, y otro por las gotas de sangre anglosajona que cargo, me resulta fácil palpar el desprecio y el odio apenas disfrazado que sienten los guatemaltecos por los gringos.
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Guatemala City: en las cercanías del hospital, proliferan, prósperas, las funerarias…
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¡Qué dicha interminable la de Odiseo, que durante diez años viajó de regreso a casa!

viernes, octubre 21, 2011

Una de Pound

"Haré declaraciones que pocas personas se pueden permitir porque pondrían en peligro sus ingresos o su prestigio en sus mundos profesionales, y sólo están al alcance de un escritor por libre. Dada mi libertad, puede que sea un tonto al usarla, pero sería un canalla si no lo hiciera."

Ezra Pound

viernes, septiembre 30, 2011

De "La caída" (Camus)

Tout a fait entre nous, la servitude, souriante de préférance, est donc inévitable. Mais nous ne devons pas le reconnaitre. Celui qui ne peut s´empecher d´avoir des esclaves, ne vaut-il pas mieux quíl les apelle hommes libres? Pour le principe d´abord, et puis pour ne pas les désespérer. On leur doit bien cette compensation, n´est-ce pas? De cette manniére, ils continueront de sourire et nous garderons notre bonne consciencience. Sans quoi, nous serions forcés de revenir sur nous-memes, nous deviendrions fous de douleur, ou meme modestes, tout es a craindre.

Aquí entre nos: la servidumbre, de preferencia sonriente, es inevitable. Pero no debemos admitirlo. A quien tiene esclavos, ¿no le  conviene llamarlos seres libres? Por cuestión de principios, de entrada, pero también para que no desesperen. Les debemos esa deferencia, ¿no es así? De esta forma conservarán su sonrisa y nosotros la buena conciencia, sin la cual nos veríamos obligados a mirarnos  y enloqueceríamos de dolor, o quizás nos volveríamos humildes, algo temible.

sábado, septiembre 24, 2011

Cita citable

Hacer las cosas de este modo, sólo para ver qué pasa, sin grandes motivaciones, es la única actitud que un poco después, al cabo de unos minutos, hace que surja del mundo algo de futuro. Sin sombra duda, el futuro no está de ninguna manera en los deseos. En un deseo, si queremos ser benévolos, está quintaesenciada la asquerosidad de un pasado que te adhiere a algo que te parece enteramente tuyo, cuando, por el contrario, es fortuito como todo lo demás.

Ugo Cornia
Sobre la felicidad a ultranza

miércoles, septiembre 14, 2011

¿QUÉ ES UNA HISTORIA?


Tras muchos años de fabular historias que a veces devienen relatos escritos y otras veces relatos audiovisuales, he venido decantando una visión personal de “lo que es una historia.” Digo que se trata de una visión personal no porque crea que hay algo de original en ella, sino porque me he acercado a ella mediante una reflexión nacida de la experiencia  más que de lecturas  sobre el tema.


Mi enunciación de lo que es una historia resulta extremadamente sencilla: “una historia es un relato donde algo le sucede a alguien.”

Un  relato es una relación de hechos representados en un lenguaje, sea la palabra (oral o escrita), la imagen audiovisual o la escenificación teatral o danzaria. Puesto que hablamos de una representación,  por “alguien” debemos entender  un personaje, es decir, una construcción significativa que solo tiene entidad y sentido en el marco del sistema de representaciones del relato. Desde luego, los personajes y los hechos de una historia pueden ser ficticios  o hacer referencia a sucesos y personas objetivamente existentes; asimismo, los personajes pueden ser individuales o colectivos. (El personaje principal de un relato puede ser “El pueblo de Fuenteovejuna”, la familia Buendía o el Príncipe Hamlet.)

Puntualizadas estas obviedades, cabe preguntarnos: ¿qué significa, en definitiva, que “algo le suceda a alguien”? O dicho en otras palabras: ¿qué debe de ocurrir para que algo nos suceda? (Y aquí extiendo deliberadamente la interrogante a personajes y seres humanos…)

El sujeto/personaje y el Deseo

A cada instante nos suceden cosas -respiramos, parpadeamos, nos movemos, salivamos, hablamos- y no por ello consideramos que “nos pasó algo”. La primera tentación sería decir entonces que “para que algo nos suceda”, debe tratarse de cosas excepcionales, fuera de lo común; sin embargo, solo de vez en cuándo tropezamos y caemos en la calle, vamos donde el dentista o a un funeral, y no por ello consideramos que, por sí mismos, estos acontecimientos den pie a un relato.

Una segunda tentativa sería señalar que “para que algo nos suceda”, debe tratarse de cosas importantes, pero eso nos obligaría a preguntarnos qué cosas pueden considerarse  universalmente “importantes”: ganar la lotería puede ser un acontecimiento importantísimo en la vida de alguien e irrelevante en la de otra persona, y respirar puede ser algo totalmente trivial o investirse de la mayor importancia.

¿Qué significa, entonces, que algo nos suceda?

Que nos suceda algo quiere decir que se trata de algo significativo. Decir que algo es significativo implica necesariamente a un sujeto, pues los hechos solo tienen significación para los sujetos: es la subjetividad la que atribuye valor y sentido a los actos propios y ajenos y a los acontecimientos en los que se ve involucrada. De modo que para que haya una historia, debe haber un personaje al que le sucede algo significativo para sí mismo o para otros personajes del relato.

Dicho esto, podemos todavía preguntarnos: ¿pero cuándo nos ocurren cosas significativas?

Desde mi perspectiva, hechos significativos son aquellos en los que el sujeto  adquiere o  pierde algo a lo que está vinculado mediante su Deseo, o bien logra conservarlo tras una lucha con fuerzas surgidas de su entorno.

Desde luego, el objeto de Deseo puede tomar mil rostros: el amor de un ser, la venganza de una ofensa, el dinero, la autodestrucción, la superación de barreras físicas, psíquicas o emocionales, la constitución de una familia, la emancipación, la independencia, la justicia, la libertad, el conocimiento, la paz interior, el poder y la gloria, la fama y la fortuna, la aniquilación de un enemigo, la amistad, el ascenso o el éxito social, la sobrevivencia en una situación adversa, un bel morir, etcétera, etcétera. Lo relevante, en cualquier caso, es que en las historias hay un sujeto/personaje que triunfará o fracasará en su cometido de obtener o conservar su objeto de Deseo.  

Se dirá que lo dicho aquí no es una ley universal, y es cierto. Relatos hay que narran historias en las que nada ocurre, pero en ellas precisamente lo que ocurre es que nada ocurre o, dicho con mayor precisión, se trata de historias en donde nada ocurre ahí donde algo debería ocurrir.  El contenido de la historia es, por decirlo así, lo que no ocurre, la agonía  y muerte del Deseo.

Al hablar de Deseo no lo hacemos desde una perspectiva psicológica o psicoanalítica  particular, y si  distinguimos la palabra con una mayestática mayúscula es tan solo para significar que, en aquello que el sujeto/personaje desea, está comprometido algo profundo y relevante para él; algo que hace a su idea de sí mismo y de su lugar en el mundo.

Por otro lado, cabe preguntarnos por la relación entre el Deseo y la libertad. Con amarga, y tal vez sabia ironía, decía Schopenhauer que somos libres de hacer lo que queremos pero no de querer lo que queremos… Así, la tragedia, la comedia o el drama del Deseo vendrían a ser también la tragedia, el drama o la comedia de la libertad humana, pero esa es otra discusión que nos aleja de nuestra pregunta inicial.

La doble temporalidad y el arte del relato

Si una historia nos relata el fracaso o el éxito o de uno o varios sujetos/personajes en relación con su Deseo, esto crea una temporalidad: ya se trate del objeto de deseo que se revela como una epifanía, o de la amenaza que irrumpe en el mundo del sujeto/personaje, en donde reinaba la comunión con su objeto de Deseo, asistimos ahí al inicio de una historia. Lo que ocurra entre ese punto y el final, cuando ya no queden dudas acerca del logro o el fracaso del personaje en su propósito, constituirá el marco temporal de la historia.

Desde luego,  el relato -la relación o representación de los hechos mediante un lenguaje-, no necesariamente 
replicará ese decurso, creándose una doble temporalidad: la de la historia o “los hechos” y la del relato o relación.

Contar una historia, todos la contamos; hacer de ello un arte, es otra historia.

El manejo de esta doble temporalidad es uno de los aspectos fundamentales del arte de relatar historias, junto con otros elementos como las sugerencias, las ambigüedades y los símbolos…

Pero el tema de esta breve reflexión es la naturaleza de las historias y no el arte de relatarlas. Por eso la cerramos aquí.

domingo, septiembre 11, 2011

Sueños (Los días y sus dones, 1980 - 2001)


Varias cucarachas caen en una telaraña. Con fantástica velocidad, la araña las envuelve y se apresta a devorarlas. Al lado de donde sucede esto, descubro uno, dos, tres, varios hermosísimos escarabajos azules, fosforescentes, y un gran escarabajo “torito” como los de mi infancia. Tomo en mis manos uno de los escarabajos resplandescientes, se lo muestro a alguien que me acompaña dentro de la habitación. Acerco el insecto a la ventana y el viento desprende y trae hacia mí nubecillas de polvo y polen de sus pies. Pienso que me fertilizan. Lo acerco a la ventana y lo dejo ir.
***
Frente a un templo,  me encuentro con una larga hilera de gente que desciende hacia los sótanos. Entre ellos reconozco a mis muertos queridos. Feliz, los saludo y me abrazo con ellos. Alguien  me invita a unirme a la fila, pero le respondo que no puedo hacerlo y así nos despedimos. Me alejo y por fin llego a la fachada del templo. Ingrávido,  me elevo hacia lo alto de una de las torres, hasta colocarme ante una ventanilla. Dentro, del otro lado, está Jesucristo. Me sobrecoge la fuerza y claridad y bondad de ese rostro. Tiene en sus manos, y me lo muestra como quien no quiere la cosa, un viejo libro. El Libro. Con su bella sonrisa, Jesús me pregunta: “¿Qué quieres de mi?”  Y le respondo: “Nada, nada. Pero es maravilloso contemplar un rostro así.”  Enseguida, con gran gozo, me hago consciente mientras duermo.
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Un toro y un hermoso pájaro se descubren y se miran asombrados. Se acercan lentamente y yo siento la extrañeza, la fascinación que despierta el otro en cada uno de ellos. Entonces el toro saca un revólver y lo apunta contra el ave, pero en lugar de disparar, lo dirige de inmediato contra su propia cabeza y entonces sí dispara y cae fulminado. Quedo paralizado de horror sin poder reaccionar.
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Una mujer angelical extirpa gusanos que se habían enquistado en mis uñas. Estoy a punto de ver mi sombra, o mejor dicho, de descubrir una profunda identidad que iba a revelárseme proyectándose en el sueño como si fuese mi sombra, pero como si recibiera una cachetada, despierto por temor a ver la sombra del diablo.
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Sueño que las aguas negras de una iglesia se desbordan y afloran, fétidas, a la calle. A pocos metros de ahí, en la plaza, se celebra un carnaval.
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Mientras duermo, escucho en mi interior “A Love Supreme” y cada una de las notas del sax masajea suave y placenteramente mi cerebro. Dormido, alcanzo a maravillarme por el hecho de que recuerde cada una de las notas de Coltrane. El solo de sax sube de intensidad y yo me elevo al éxtasis. “Dios”, pienso.
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Sueño que estoy enloqueciendo. Me desdoblo, me veo frente a mi, me tiendo la mano y me paso electricidad durante el apretón. Alguien me dice: “Te veo mal…” Yo le respondo que pase lo que pase, no me droguen con medicamentos. Miro con enorme tristeza unas figuritas artesanales mientras pienso que me gustaría hacer cosas como esas. Todo está permeado de una tristeza sin fin, de un abandono terrible. Veo la rama de un árbol cortada de cuajo. Todo es fragmentario e incoherente, como si yo fuea un condenado a muerte y por ello mismo nada me importara pero todo tuviera mayor relieve.
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Una bruja me pide que me identifique con alguno de los objetos que ha desplegado frente a mí: una cebolla, un frasco, etc. Después de mucho pensarlo, yo lo hago con un plato frágil y vacío.
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Sueño: “Ahora que ha llegado a la mitad de su camino, se siente solo: no puede librarse de sí mismo…”
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Sueño: El policía de adentro  me pone, literalmente, esposas en el cráneo.
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Sueño: los animales utilizados en experimentos crean en venganza un ser terrible, poderoso y malévolo.
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Sueño: “es el amor sembrando primaveras”.
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Aterrorizado, sueño con un inmenso sol negro que permanece oculto a nosotros detrás del sol.
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Sueño: el Buda es como una prostituta: todo el mundo lo detesta pero todo el mundo quiere ser como él.”
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Sueño que no puedo escribir porque vivo en medio de cajas, polvo, sombra. Mientras duermo, pienso: “no eran las ratas invadiendo el espacio de los hombres, sino los hombres invadiendo el espacio de las ratas…”
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“La soledad ya no es opción”. Despierto con estas palabras en mis labios.
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Sueño: la obra está inconclusa. El movimiento es espiral.
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Sueño: un hombre es “virgen” hasta que encuentra a su arquetipo femenino.
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Sueño: “la dignidad de lo humano reside en su voluntad de saber.”
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Sueño: “Un país es su situación actual más sus sueños…”
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Sueño: "El sí-mismo es lo que está en permanente reposo".
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En sueños, un tipo toca el arpa y canta maravillosamente en la entrada de una ciudad terrenal y asombrosa. Me dice que “los objetivos del Ñandarque” son erotizar la realidad y otras cosas insólitas.
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Sueño: un sistema matemático que sólo es válido en algunas regiones del Universo.
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El espacio que habitan los personajes de mis sueños tiene tres dimensiones. Sin embargo, a nuestros ojos esto resulta una incongruencia, una estupidez.
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Sueño: la importancia de los acontecimientos la determinan la cantidad de personas a la que estos afectan y la permanencia en el tiempo de esos efectos.
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Busco espacio para dormir en una casa medio ruinosa. Ahí hay fantasmas, demonios y espíritus que integran una especie de tribunal y me interrogan con dureza, con severidad. Sentencian que la intensidad que pretendo es excesiva.
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Alguien me habla del “centro del mundo” y yo llego por azar a él. En el medio de una pequeña pileta de poca profundidad, hay una fuente de agua, con un respaldar semioculto. Cuando me siento ahí, descubro frente a mi unos hermosísimos bajorrelieves, de belleza casi sobrenatural, que solo son visibles desde ese punto. Representan dragones, serpientes, santos, caminos de ascensión y caída, y en algunos puntos tiene engastadas piedras preciosas. Entonces una descarga de energía sube violentamente por mi cuerpo y me abofetea la cabeza, intensa y placenteramente.
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Sueño: “ni siquiera todo nos parece demasiado: es aquí en donde falla el límite”
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Sueño: “Este tiempo caótico y multitudinario exige de nosotros una inmensa claridad”.
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Sueño: “la paz tiene su guerra…”
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Sueño: "Vas a verter un día los treinta posibles racimos de rocío..."
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Sueño: Federico García Lorca me explica que no es lo mismo hablar uno de su experiencia de algo universal, que hablar simplemente de uno.
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¿Quién escribe el guión de tus sueños?

miércoles, septiembre 07, 2011

la actitud

...una alegre pero concentrada despreocupación, que exteriormente podría parecerse a la indolencia, pero que por lo demás es radicalmente diferente de ella, tal vez incluso su opuesta, pues en la indolencia la voluntad es prisionera del desinterés por las acciones y de una falsa indiferencia hacia sus resultados, mientras que en aquella lo que domina es un compromiso al mismo tiempo profundo y distanciado con nuestras acciones, y la impasibilidad hacia sus resultados.

domingo, septiembre 04, 2011

bola de cristal

Y te asomabas a la Web con la misma ansiosa expectación que a una bola de cristal, no con ánimo de conocer el futuro, sino el pasado y el presente.

miércoles, agosto 31, 2011

SOLEMNIDAD (Los días y sus dones, 1980-2001)

Por alguna razón tendemos a tomar más en serio lo solemne, lo grave y lo patético, como si esa sola condición lo acercara más a “la verdad”. Pero nuestras pequeñas verdades de cada día pueden expresarse en diferentes registros emocionales y lingüísticos sin alterar su contenido.

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Hay quienes piensan que reir es prohibido en el trabajo.

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Mi escritura salta sin cesar de una liviandad juguetona a una patética grandilocuencia.

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Lo aburrido de lo solemne es que es aburrido. (¡Fuera de aquí, estúpido solemne, lunático aburrido!)

sábado, julio 30, 2011

DOS APUNTES

Basura es todo aquello que nadie reclama como propio.

Me interesa el lenguaje de la mente.