[I. El gran silencio]
De los primeros tiempos hemos de hablar;
de aquellos tiempos anteriores a todo movimiento,
antes de que existiera la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles.
Con estas palabras evocaremos
el gran silencio que llenaba el cielo
antes de que alguna palabra se pronunciara,
antes de que algún pensamiento se uniera.
Solo un huevo vacío lo llenaba todo,
un cascarón sin nada adentro.
Por su propia voluntad,
por su propio impulso
manifestaron su deseo de existir
Sue-onumu (Relámpago Nocturno) y Dim-Anem (Destello del Alba).
Por eso los llamamos los Primeros,
porque nadie los trajo ni decidió por ellos.
Y habiendo dos principios en el vacío sin límites
antes de que existiera el cielo,
pudieron encontrarse,
pudieron comunicarse,
unir sus pensamientos.
Y así descubrieron que no había nada salvo ellos mismos
en la oscuridad que lo llenaba todo
antes de que surgiera la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles.
Y los Primeros quisieron conocer su rostro,
y con ese fin
terminaron de formarse dentro del Gran Huevo [1].
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[1] Sobre la densidad teológica del Proemio de la Creación, la Dra. Elena
Volkova apunta: «Nos encontramos ante la piedra angular y el exordio teogónico
de la cosmología airakota. El pasaje resuelve el misterio del origen absoluto
mediante el mito del Huevo Primordial Vacío (itam-maru o cascarón sin nada
adentro) y el autoengendramiento por pura voluntad existencial de Sue-onumu
(«Relámpago Nocturno») y Dim-Anem («Destello del Alba»), a quienes la tradición
invocará como Los Primeros o Padres del Cielo. Se trata de una teogonía de un
notable refinamiento filosófico: el universo pre-creacional es concebido como
un silencio absoluto y una oquedad informe anteriores a todo movimiento o
palabra. En esta negrura primordial, la conciencia no surge por imposición o
azar, sino a partir de la soledad y de la necesidad mutua de dos principios
independientes que buscan “conocer su rostro”. Así, la comunicación, la unión
de pensamientos y el deseo de existencia entre dos conciencias paralelas
constituyen la fuerza motriz originaria que quiebra el vacío y desencadena la
creación del firmamento y las aguas» (Volkova, 2018, pp. 114-116).
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[II. La Brillante Serpiente del Cielo]
De sí mismos se nutrían para crecer
Sue-onumu (Relámpago Nocturno) y Dim-Anem (Destello del Alba)
dentro del Gran Huevo,
de sus propios pensamientos y de la certeza de ser
el origen de todo cuanto después
habría de manifestarse y suceder.
Cuando hubieron madurado,
cuando estuvieron listos para manifestarse,
un relámpago rompió la noche en mil pedazos
anunciando que el momento había llegado,
y del Gran Huevo emergió la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles [2].
Manifestó su esplendor en toda la extensión del firmamento.
Deslumbrados fueron Relámpago Nocturno y Destello del Alba
por la magnificencia de la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles,
en cuyo resplandor habitan ambos, los Primeros.
«De modo que esto somos;
esto era lo que se gestaba
dentro del Gran Huevo
antes de que nos manifestáramos»,
se dijeron en su pensamiento
Relámpago Nocturno y Destello del Alba,
al contemplar por primera vez
la Gran Serpiente del Cielo
llena de cascabeles,
en cuyo resplandor habitan ellos.
De esta forma,
el esplendor de la Gran Serpiente del Cielo
llena de cascabeles,
es el reflejo visible de Relámpago Nocturno y Destello del Alba,
y la música de sus cascabeles cuando danzan,
reflejo del silencio
que reinaba dentro del Gran Huevo.
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[2] N. de los traductores: Dim Ojuma on Kuradiam, tranitam paji.
Literalmente: «Brillante Serpiente del Mar de Arriba, pletórica de cascabeles
(de nácar)». El término Kuradiam (kura = arriba + diam = mar) designa
la bóveda celeste en la cosmología airakota. Tranitam identifica el
idiófono ritual de conchas percutidas, y paji expresa el estado de abundancia
pletórica, por ejemplo, de una floración.
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[III. Origen del mar, Arukdiam, y de la Serpiente de las Aguas, Ojuma-bia]
Tras contemplar por primera vez su rostro
reflejado en la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles,
se dijeron en su pensamiento
Sue-onumu (Relámpago Nocturno) y Dim-Anem (Destello del Alba),
también llamados los Primeros:
«Tal como nosotros descubrimos nuestra belleza
y nuestra desmesura
en la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles,
es preciso que esta conozca su belleza
y su profundidad sin fondo».
Entonces hicieron caer el mar [3] desde los cielos.
Y en sus aguas se reflejó la profundidad sin fondo
de la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles.
Mirando aquello, reflexionaron entre sí los Primeros:
«Magnífica luce la Brillante Serpiente Cielo
llena de cascabeles cuando se refleja en el Mar,
mas no se curva, no se pliega ni se anuda,
no luce como una serpiente.
[Además,] sus aguas son salobres y deberían carecer de sabor
como el Cielo vacío carece de toda característica».
Meditando en sus pensamientos sobre esto,
resolvieron crear a la Gran Serpiente de las Aguas (Ojuma-bia).
Para ello hicieron surgir primero
las altas cordilleras donde nacen los ríos
y las tierras llanas donde Ojuma-bia
se enfurece y remansa.
Y al reconocerse una en la otra,
la Brillante Serpiente del Cielo
llena de cascabeles, y
la Serpiente de las Aguas,
cobraron vida como por encantamiento.
Y danzaron con ellas los Primeros,
Relámpago Nocturno y Destello del Alba.
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[3] Arukdiam, literalmente “mar de abajo”. (Trads).