lunes, septiembre 28, 2026

OBERTURA DE LA COSMOGONÍA AIRAKOTA (Los primeros tres musapi)



[I. El gran silencio]


De los primeros tiempos hemos de hablar;

de aquellos tiempos anteriores a todo movimiento,

antes de que existiera la Brillante Serpiente del Cielo

llena de cascabeles.


Con estas palabras evocaremos

el gran silencio que llenaba el cielo

antes de que alguna palabra se pronunciara,

antes de que algún pensamiento se uniera. 


Solo un huevo vacío lo llenaba todo,

un cascarón sin nada adentro.


Por su propia voluntad,

por su propio impulso

manifestaron su deseo de existir

Sue-onumu (Relámpago Nocturno) y Dim-Anem (Destello del Alba).


Por eso los llamamos los Primeros,

porque nadie los trajo ni decidió por ellos.


Y habiendo dos principios en el vacío sin límites 

antes de que existiera el cielo,

pudieron encontrarse,

pudieron comunicarse,

unir sus pensamientos.


Y así descubrieron que no había nada salvo ellos mismos

en la oscuridad que lo llenaba todo

antes de que surgiera la Brillante Serpiente del Cielo

llena de cascabeles.


Y los Primeros quisieron conocer su rostro,

y con ese fin 

terminaron de formarse dentro del Gran Huevo [1].


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[1] Sobre la densidad teológica del Proemio de la Creación, la Dra. Elena 

Volkova apunta: «Nos encontramos ante la piedra angular y el exordio teogónico 

de la cosmología airakota. El pasaje resuelve el misterio del origen absoluto 

mediante el mito del Huevo Primordial Vacío (itam-maru o cascarón sin nada 

adentro) y el autoengendramiento por pura voluntad existencial de Sue-onumu 

(«Relámpago Nocturno») y Dim-Anem («Destello del Alba»), a quienes la tradición 

invocará como Los Primeros o Padres del Cielo. Se trata de una teogonía de un 

notable refinamiento filosófico: el universo pre-creacional es concebido como 

un silencio absoluto y una oquedad informe anteriores a todo movimiento o 

palabra. En esta negrura primordial, la conciencia no surge por imposición o 

azar, sino a partir de la soledad y de la necesidad mutua de dos principios 

independientes que buscan “conocer su rostro”. Así, la comunicación, la unión 

de pensamientos y el deseo de existencia entre dos conciencias paralelas 

constituyen la fuerza motriz originaria que quiebra el vacío y desencadena la 

creación del firmamento y las aguas» (Volkova, 2018, pp. 114-116).

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[II. La Brillante Serpiente del Cielo]


De sí mismos se nutrían para crecer

Sue-onumu (Relámpago Nocturno) y Dim-Anem (Destello del Alba)

dentro del Gran Huevo,

de sus propios pensamientos y de la certeza de ser 

el origen de todo cuanto después 

habría de manifestarse y suceder.


Cuando hubieron madurado,

cuando estuvieron listos para manifestarse,

un relámpago rompió la noche en mil pedazos

anunciando que el momento había llegado,

y del Gran Huevo emergió la Brillante Serpiente del Cielo

llena de cascabeles [2].


Manifestó su esplendor en toda la extensión del firmamento.


Deslumbrados fueron Relámpago Nocturno y Destello del Alba

por la magnificencia de la Brillante Serpiente del Cielo

llena de cascabeles,

en cuyo resplandor habitan ambos, los Primeros.


«De modo que esto somos;

esto era lo que se gestaba

dentro del Gran Huevo

antes de que nos manifestáramos»,

se dijeron en su pensamiento

Relámpago Nocturno y Destello del Alba,

al contemplar por primera vez

la Gran Serpiente del Cielo

llena de cascabeles,

en cuyo resplandor habitan ellos.


De esta forma,

el esplendor de la Gran Serpiente del Cielo

llena de cascabeles,

es el reflejo visible de Relámpago Nocturno y Destello del Alba,

y la música de sus cascabeles cuando danzan,

reflejo del silencio

que reinaba dentro del Gran Huevo.


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[2] N. de los traductores: Dim Ojuma on Kuradiam, tranitam paji. 

Literalmente: «Brillante Serpiente del Mar de Arriba, pletórica de cascabeles 

(de nácar)». El término Kuradiam (kura = arriba + diam = mar) designa 

la bóveda celeste en la cosmología airakota. Tranitam identifica el 

idiófono ritual de conchas percutidas, y paji expresa el estado de abundancia 

pletórica, por ejemplo, de una floración.

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[III. Origen del mar, Arukdiam, y de la Serpiente de las Aguas, Ojuma-bia]


Tras contemplar por primera vez su rostro

reflejado en la Brillante Serpiente del Cielo 

llena de cascabeles,  

se dijeron en su pensamiento

Sue-onumu (Relámpago Nocturno) y Dim-Anem (Destello del Alba),

también llamados los Primeros:


«Tal como nosotros descubrimos nuestra belleza

y nuestra desmesura

en la Brillante Serpiente del Cielo 

llena de cascabeles,

es preciso que esta conozca su belleza

y su profundidad sin fondo».


Entonces hicieron caer el mar [3] desde los cielos.

Y en sus aguas se reflejó la profundidad sin fondo

de la Brillante Serpiente del Cielo 

llena de cascabeles.


Mirando aquello, reflexionaron entre sí los Primeros:


«Magnífica luce la Brillante Serpiente Cielo

llena de cascabeles cuando se refleja en el Mar,

mas no se curva, no se pliega ni se anuda,

no luce como una serpiente.

[Además,] sus aguas son salobres y deberían carecer de sabor 

como el Cielo vacío carece de toda característica».


Meditando en sus pensamientos sobre esto,

resolvieron crear a la Gran Serpiente de las Aguas (Ojuma-bia).


Para ello hicieron surgir primero

las altas cordilleras donde nacen los ríos

y las tierras llanas donde Ojuma-bia 

se enfurece y remansa.


Y al reconocerse una en la otra,

la Brillante Serpiente del Cielo 

llena de cascabeles, y

la Serpiente de las Aguas,

cobraron vida como por encantamiento. 


Y danzaron con ellas los Primeros,

Relámpago Nocturno y Destello del Alba.

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[3] Arukdiam, literalmente “mar de abajo”. (Trads).

viernes, septiembre 18, 2026

DESECHABLE

 Una civilización que hace de lo desechable un valor es, necesariamente, una civilizacion desechable.

domingo, septiembre 13, 2026

ALGO SOBRE LA I.A.

Puesto ninguna inteligencia artificial posee nada que se asemeje ni remotamente a la subjetividad, es imposible su resonancia con los seres humanos. Nuestra interacción con los modelos de lenguaje es estrictamente mecánica, aunque se trate de una “mecánica semiótica” o semiológica, es decir, basada en los significados de las palabras. Con los modelos de lenguaje y los centros de datos podemos intercambiar información, pero jamás tener resonancia. Sin embargo, los modelos son diseñados para producir la ilusión de que tal resonancia se produce, y de que con ellos podemos satisfacer una de las más profundas necesidades y móviles humanos: el anhelo de comunicación.  De ahí la adicción que producen. Irónicamente, la adicción no hace más que alejarnos y desconectarnos más y más de nuestros semejantes.

A VECES RECUERDO

A veces recuerdo que estoy vivo gracias a un avanzado dispositivo tecnológico conectado a mi corazón. Entonces me maravillo.

Otras veces recuerdo que estoy vivo gracias a un avanzado dispositivo tecnológico conectado a mi corazón, y  me horrorizo.

Pero lo más extraordinario es caer en cuenta de que siempre terminamos por normalizar lo extraordinario, hasta la vida misma. 

domingo, septiembre 06, 2026

IMAGINACIÓN E HISTORIA

 En ocasiones, leyendo textos sobre historia antigua ‒reinos caídos, sublevaciones, imperios emergentes, ambiciones, intrigas y traiciones palaciegas‒, uno tiene la impresión de que aquello pudo ser imaginado y escrito por alguien, incluso por uno mismo. Esto no es casual, antes bien, responde al hecho de que la historia es, en definitiva, el escenario donde la imaginación humana se proyecta, se realiza o se manifiesta… Imaginación e historia se espejan, pues en esta se materializan los anhelos, deseos y pasiones humanas, es decir, los delirios de la imaginación.

sábado, septiembre 05, 2026

EN LA HISTORIA


Quienquiera que viva lo suficiente, terminará por adquirir una suerte de perspectiva o de conciencia histórica, tan solo por los cambios societales que tiene que presenciar. Lo que no imaginaba es que esos cambios ocurrían tan rápido. Pienso por ejemplo en el proletariado. En el lapso de unas pocas décadas, vimos en Costa Rica como el viejo proletariado agroindustrial  e industrial se reducía drásticamente y aparecía el nuevo proletariado de la economía de plataformas: decenas de miles de trabajadores que, para integrarse al mercado, debieron aportar un activo de capital: una bicicleta, una motocicleta, un automóvil. Su impacto en el paisaje urbano y en el entramado vial es evidente, pero hay otros cambios asociados a esto. Por ejemplo, al adquirir este nuevo proletariado un vehículo para trabajar, la demanda sobre el transporte público cayó drásticamente, precipitando al sistema en una crisis. Adicionalmente, tras la pandemia del 2020 se generalizó el teletrabajo, profundizándola. Cerraron empresas de transporte, miles de trabajadores del sector quedaron desempleados y tuvieron como única opción integrarse al nuevo sector de la economía de plataformas, creándose un bucle de retroalimentación. Otra consecuencia: la salud pública. En vez de las enfermedades asociadas a las labores agroindustriales, se incrementaron dramáticamente los traumas y las mutilaciones como resultado de los accidentes viales, con el consecuente impacto sobre el sistema de salud y sobre el sistema previsional. No soy el más indicado para profundizar en estos temas, solo constato que en el breve lapso de una vida, somos testigos de cambios societales de profundo calado; darnos cuenta de ellos exige atención y reflexión.  

viernes, agosto 28, 2026

TRABAJAR PARA LAS MÁQUINAS

Simone Weil.
Foto tomada de la Web.

 Quizás no fue la primera hacerlo, pero creo que nadie, como Simone Weil, describió la desventura de estar sometida como obrera a las líneas de producción industrial, y el sentimiento de enajenación asociado a ello. Bajo ese sentimiento subyace la sensación de estar “trabajando para las máquinas”, es decir, subordinada a ellas y sujeta al ritmo impuesto por ellas. Los obreros son, literalmente, “devorados” por las máquinas y convertidos en un engranaje más de su funcionamiento. La era digital, particularmente con las inteligencias artificiales, ha refinado el mecanismo, al punto de que hoy, buena parte de la humanidad (si no la mayoría) trabajamos para las corporaciones creando valor y rentabilidad, sin ser conscientes de ello ni recibir a cambio un salario. La sofisticación es tanta, que trabajamos para los algoritmos al tiempo que nos servimos de ellos; es más, sirviéndonos de ellos, los perfeccionamos y creamos valor y rentabilidad para sus dueños.

sábado, agosto 15, 2026

EL HIPOTÁLAMO DEL TOPÓLOGO

El hipotálamo del topólogo
es esférico, casi circular

Pero se ensancha en los bordes
ranurados creando superficies estriadas
que se rozan sin tocarse

apenas a modo de saludo
de tenue insinuación

como caricia o susurro
que sale y enseguida se arrepiente
plegándose de vuelta
en contorsión simétrica

Luego el hipotálamo se cierra
a modo de túnel
conectando los días y las horas
con el parietal inferior
del cielo de la boca
donde las papilas estallan
como estrellas enlazadas
al aroma de la noche
al ladrido de los perros
y al vagabundeo sin fin
de los coleópteros ebrios de libertad
tras su largo exilio
en las entrañas de la tierra


En sus pliegues más sutiles
y todavía no resueltos
el hipotálamo del topólogo
se ensimisma
en profundas cavilaciones
sobre la luz del día
y sus remedios
o sobre el cañón del colorado
y sus abismos
o sobre el rocío amable
de la madrugada
sospechan epistemólogos
aseveran fisioterapistas
y todos quienes reflexionan
sobre el espinosso asunto

Ignoran
sin embargo
que el hipotálamo del topólogo
es simplemente anular
como el anillo encarnado
en la uña del dios de los antiguos
macabeos
o como la urna funeraria
en la que navegó Moisés
antes de ser rescatado
de las aguas del Nilo
por la hija del faraón

Anular
como las costas de Abisinia
o como la herida primordial
que sangra temblores de agua
en lo profundo del bosque

donde
descifro mis sueños
y con signos de humo escribo
estas visiones
estos titubeos

 

martes, abril 21, 2026

CERTEZAS E INCERTIDUMBRES

No recuerdo ahora dónde leí que los seres humanos estamos hechos para soportar cierto grado de incertidumbre, pero no demasiada, y cierto grado de certidumbres, pero tampoco en grado absoluto. Cualquiera de los extremos nos precipita en la ansiedad, la enfermedad y, eventualmente, hasta en la muerte. Puede haber sido Sábato, o tal vez Kundera, quien lo escribió.  En cualquier caso, a estas alturas de mi vida, tengo certeza absoluta de que los seres humanos, casi sin excepciones, somos capaces de las mayores crueldades, de las más infames canalladas; basta que las circunstancias nos coloquen en la situación apropiada para que nuestra locura sádica y destructiva se desate. La historia abunda en ejemplos. La antigua y la de hoy. Certeza absoluta es también que los mismos hombres y mujeres capaces de las mayores crueldades y horrores, pueden obrar otras veces inspirados por el amor, el altruismo y la generosidad. Nadie, o casi nadie, es siempre y en todas las circunstancias una sola cosa. La incertidumbre, entonces, surge de que ignoramos si este hombre concreto o esta mujer concreta que está frente a nosotros en este momento, actuará movido por un impulso o por el otro. Se supone que la ley y la civilización brindan algunas garantías de que lo peor no ocurrirá en cualquier momento, pero como es evidente, las fronteras son frágiles y rápidamente los santos pueden convertirse en bestias y las bestias en santos… Más aun ‒y sobre todo‒ cuando están convencidos de que actúan en defensa de una “causa justa”.

jueves, marzo 05, 2026

AMANECE

 Amanece

La Abuela reaviva el fuego

del día

Las llamas alumbran

calientan y cantan

El agua hierve

y el aroma del humo inunda la casa

La vida vuelve

como un animal que se despereza

La majestad del sol

apenas se anuncia

y cada cosa que existe 

despierta tocada por la gracia

jueves, diciembre 18, 2025

EL OUROBOROS TERMODINÁMICO

 


Un par de semanas de dedicación al estudio de la Termodinámica (no, obviamente, desde la perspectiva de un especialista, sino de quien busca una comprensión básica del tema) resultaron una experiencia fascinante. Mi foco de atención fue la Segunda Ley de la Termodinámica, también llamada “Ley de la Entropía” que, en forma sencilla, dice más o menos lo siguiente: puesto que, hasta donde sabemos, el universo es un sistema aislado que no intercambia energía con otros sistemas (es “el único” universo), debemos asumir que toda su energía está aquí, transformándose, desde el primer momento de su formación, es decir, que su energía se degrada y su entropía aumenta constantemente en el tiempo.

Que la entropía del universo aumenta significa que, a medida que el tiempo avanza, la energía que contiene y lo conforma explora, adopta y agota diversas formas para disiparse. En otras palabras, el universo como un todo es un conjunto de sistemas y de procesos que tienen lugar para disipar o degradar la energía potencial contenida en él. La entropía es el resultado de ese proceso, es decir, lo que queda a medida que la energía contenida en el sistema, agota sus formas para continuar disipando o degradando su potencial energético.  

Una consecuencia de este razonamiento, es que llegará un momento en que el universo en su conjunto habrá agotado todas sus posibilidades de transformación, es decir, un momento en que todo cuanto exista tendrá exactamente la misma temperatura y la misma forma (o, más precisamente, la misma “ausencia de forma”), con lo cual todos los procesos de creación y disipación habrán cesado. Es lo que los especialistas llaman “la muerte térmica” del universo.

¿Cómo es posible que la entropía del universo aumente constantemente, si todo cuanto ocurre a nuestro alrededor nos revela más bien fenómenos de creación de “orden” (u organización) de la materia y la energía? ¿No son acaso las galaxias conglomerados ordenados de miles de millones de estrellas? ¿Y no son las estrellas aglomeraciones inconmensurables de átomos que, sometidos a presiones impensables, generan nuevas formas de materia como los núcleos pesados y liberan energía organizada como radiaciones de luz? Y la vida misma, ¿no es también un maravilloso fenómeno de organización de átomos, moléculas y tejidos, que desemboca en la aparición de organismos increíblemente complejos?

Estos fenómenos son la realidad observable, pero para que esto ocurra, la energía que los impulsa ha perdido parte de su potencial transformador (se ha degradado), y parte de ella se ha disipado en el espacio como calor irrecuperable. Los fenómenos complejos (de los átomos a las galaxias a la vida) ordenan u organizan materia y energía, pero en ese proceso, hay una pérdida (disipación) de calor/energía, que se pierde en el universo.

Más todavía: desde una perspectiva termodinámica, el objetivo de todos estos fenómenos es, precisamente, disipar la energía: galaxias, estrellas, planetas, cometas, púlsares, organismos biológicos, etc., no son (o somos) otra cosa que formas en que, impulsada por las leyes de la Fisica, la materia se organiza con miras a disipar de la manera más eficiente posible la energía del cosmos.

Ahora bien, si el universo en su conjunto es un sistema aislado que no intercambia energía con “otros universos”, todo lo que observamos en él son, por el contrario, “sistemas abiertos” que constantemente están intercambiando energía y/o materia con su entorno.

La radiación electromagnética que emana de las estrellas, por ejemplo, es la forma en que se transforma y dispersa la energía que se genera dentro de ellas, y para formarse, las estrellas debieron aglutinar cantidades ingentes de gases y polvo estelar. En el orden biológico ocurre lo mismo: mediante la fotosíntesis, las plantas transforman una parte de la energía que reciben del sol en azúcares, mientras otra parte de esa energía se dispersa o se pierde en el espacio como calor inutilizable.

Si el universo es el único sistema aislado, todo lo demás ocurre o tiene lugar en un estado de desequilibrio energético y calórico en el que, por una parte, algo (un sistema) toma materia o energía de su entorno para organizarla y degradarla o disiparla de la manera más eficiente posible. Este movimiento de tomar energía, organizarla y disiparla se observa en todos los planos de la realidad, desde la mecánica cuántica de partículas, a la física atómica, a la química molecular, a la vida orgánica y los sistemas sociales. Cada uno de estos planos, niveles o escalas de la realidad presupone e incorpora a los anteriores.

Por ello, desde la perspectiva de la termodinámica y, más específicamente, de los sistemas complejos o Ciencia de la Complejidad, puede decirse que el mundo observable se organiza de manera crecientemente compleja (lo que los especialistas llaman “sistemas anidados”). Los estudiosos de la Complejidad han identificado patrones mediante los cuales los fenómenos (físicos, biológicos, sociales) adquieren complejidad o se degradan hacia formas menos complejas.

El primero y más importante de estos patrones, revela que cuando aumenta la complejidad de un sistema, emergen características que resultaban impredecibles a partir de sus elementos constituyentes. Por ello, desde la perspectiva de la Complejidad y los sistemas complejos, el todo es siempre más complejo que las partes (es imposible predecir las cualidades de un sistema complejo a partir de los elementos que intervienen en él). Estas “cualidades o patrones emergentes” son el núcleo mismo del estudio de la Complejidad.

Además, en su tránsito hacia formas de organización más complejas, los sistemas parecen tantear o explorar distintas alternativas antes de encontrar un patrón estable. Los especialistas llaman a esto “espacio de fases” o “cuenca de atracción”, y al estado de estabilidad, lo denominan “atractor”.

Desde esta perspectiva, y para poner un ejemplo, los homínidos y las otras especies homo fueron el tránsito por el “espacio de fases” o la “cuenca de atracción” hacia el homo sapiens, que ha resultado un estado de relativa estabilidad del género homo.  Pero, atención: no es que la especie humana fuera el destino teleológico de los homínidos o estuviera inscrita en la evolución de la vida terrestre, más bien las condiciones de la biosfera y los ecosistemas existentes determinaron las condiciones para que el homo sapiens fuera una adaptación exitosa y eficiente, es decir, las condiciones constriñen la evolución de los sistemas hacia formas estables de mayor complejidad.

Pero volvamos a la termodinámica. Si todo fenómeno de creación de orden local implica forzosamente degradación de la energía potencial del sistema y aumento de la entropía general, hemos de concluir, en primer lugar, que todo fenómeno de creación es, en definitiva, un fenómeno de transformación y, además, un fenómeno de disipación energética y, por tanto, de “destrucción” del cosmos.

Al tiempo que el universo está en un proceso de constante transformación, degrada o disipa su potencial energético y aumenta su entropía. No hay creación sin destrucción; creación y destrucción son fenómenos correlativos y tienen lugar en el mismo acto y en el mismo momento.

        Esta conclusión desafía nuestra lógica y el entendimiento científico del mundo, mas sin embargo, fue captada y descrita con precisión por símbolos o sistemas filosófico-religiosos desde la antigüedad.

Dos ejemplos sobresalientes de ello son el Trimurti o la Danza Nataraja, de la cosmovisión védica hindú, donde el cosmos es el resultado de una eterna danza en la que intervienen Brahma, el Creador, Vishnu, el Preservador, y Shiva, el Destructor. Todo lo visible es el resultado de esta Danza cósmica en la que permanentemente participan los tres Principios.

No menos preciso e igualmente fascinante y poético, resulta el antiguo símbolo del Ouroboros, el Dragón que se Devora, de origen al parecer egipcio aunque con resonancias y equivalentes en muchas culturas en todo el orbe, y que ejerció particular fascinación a los alquimistas europeos. En el Ouroboros vemos con claridad la imagen de algo que se alimenta de sí mismo y que, por tanto, toma forma al tiempo que se consume o se destruye. Si todo cuanto ocurre o existe tiene la finalidad de degradar la energía potencial de un sistema (el universo, en última instancia), es también una manifestación o una materialización del potencial de esa energía. Y es ahí donde aparece la belleza.

Podríamos decir que una cualidad emergente de los sistemas complejos es la belleza, pero también, la capacidad de apreciarla. Si bien es cierto que desde una perspectiva termodinámica el único objetivo de todo lo que ocurre es disipar la energía del cosmos y aumentar su entropía, en el proceso, de forma inesperada e impredecible, emergió la belleza y aparecieron criaturas capaces de sobrecogerse con ella.


viernes, diciembre 12, 2025

LA MUERTE YA NO ES LO QUE ERA

“¿Y cómo así”, dirán algunos, “el rostro de la Pelona es siempre el mismo: gélido y hediondo.” Pues no. Resulta que no. Hasta no hace mucho, morirse era volver a la tierra, “porque polvo eres y en polvo te convertirás”, es decir, alimentar con nuestros despojos la fecundidad terrenal, pues nos veíamos como frutos, luego de haber sido semillas, destinados a regresar a la tierra para que el ciclo continuara… Sin ir más lejos: el mismísimo Yavhé-Dios nos modeló con barro muy terrenal. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, en las ciudades superpobladas por habitantes conectados a la Internet, la muerte ya no sabe tierra, a Tierra, sino a cosmos, a Cosmos, a polvo estelar, a luz galáctica, a Energía Primordial. Los tiempos han cambiado y los Nuevos Sacerdotes -físicos y cosmólogos- poseedores de la Última Palabra, de la explicación definitiva sobre el funcionamiento del universo, nos hablan de mecánica cuántica y de colapso gravitacional, y también la Muerte -vieja compañera de andanzas- cambia de rostro o de máscara y asume, cada vez más, la investidura de fenómeno galáctico o de transmutación estelar --nada más trascendental que un cielo estrellado--. No me burlo ni critico esto -todos necesitamos y buscamos consuelo-, solo anoto la curiosa mutación de la muerte a la que asistimos.

martes, noviembre 25, 2025

FORMA Y CONTENIDO

En literatura, lo que cuentas es cómo lo cuentas. Lo que cuentas no existe “fuera” de como lo estás contando porque lo que estás creando es un hecho literario, sin realidad más allá de las palabras que has enlazado. Lo que cuenta es cómo lo cuentas.

jueves, noviembre 13, 2025

TÍA HILDA

¡Cuánta alegría me daba su sola presencia!

Y su risa: ¡Cómo iluminaba alrededor!

 

Uno desconoce

el significado cabal de la palabra “nunca”

hasta que un ser amado muere.

 

Solo entonces

el cuervo oscuro de Poe

aparece en el dintel de la mente

y sentencia su rotundo

“¡Nunca más!”


(2021)

  

UN APUNTE

La belleza me despertó, o desperté a la belleza, alrededor de mis 14 años. Como si algo me sacudiera por dentro, experimenté de pronto una forma de conexión con todo lo que me rodeaba. Aquella noche había salido a caminar por las calles solitarias de mi barrio. La luna plateada iluminaba las nubes fugaces. Noche fría, tal vez de enero. Y así, caminando sin rumbo ni propósito fijo bajo el cielo nocturno, la belleza de la noche me hirió sin aviso previo, despertándome a la conciencia rotunda, irrevocable, de mi soledad y de mi unidad con lo que me rodea; conciencia de un exilio, pero también promesa muda… Solo ahora me pregunto qué parte o qué dimensión de mi ser experimentó aquello, y solo puedo responder que no fue una parte de mí mismo -no mi conciencia, no mi cuerpo, no mis sentidos-, sino aquello que los organiza, que los unifica -la integridad o totalidad de mi ser. ¿El mundo me estaba hablando? ¿La belleza es su lenguaje?  ¡Qué grande y hermoso misterio!

(2020)

domingo, noviembre 09, 2025

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

 

En 1940 el escritor italiano Dino Buzatti publicó “El desierto de los tártaros”, una inquietante novela que relata la desesperante espera de Giovanni Drogo, un joven oficial italiano destacado en una remota guarnición en los desiertos del norte, donde la vida gravita alrededor de un posible ataque de los tártaros. Inspirado por esta obra, cuarenta años después el escritor sudafricano J.M. Coetzee publicó su novela “Esperando a los bárbaros”, en la que el protagonista ‒el Magistrado‒, es designado para impartir justicia en un asentamiento en la Frontera, donde su vida aletargada discurre bajo la amenaza difusa de una posible invasión de los bárbaros. Metafóricamente, ambas obras dan forma a uno de los temores más arraigados en la mentalidad de Occidente (y quizás de la humanidad entera): la irrupción repentina de una fuerza disolvente y salvaje del exterior que reduce a escombros el orden existente. Sin embargo, a la luz de lo que ocurre en los Estados Unidos, en buena parte de Europa y de eso que llamamos “el mundo occidental”, tal parece que los bárbaros no se encontraban más allá de las fronteras del imperio, sino que calladamente crecían en su interior. Las imágenes del asalto al Capitolio de los Estados Unidos, el 6 de enero de 2021, ya eran clara evidencia de esto, y lo que hemos visto después lo confirma: la instauración de la posverdad, el menosprecio de la ciencia, el conocimiento, y de muchas de las instituciones y valores que son el fundamento de lo solemos llamar “la civilización” (o al menos “esta civilización”) son la prueba irrefutable. Los bárbaros no vendrían del norte ni serían extranjeros: surgirían de las entrañas mismas del imperio, llevando por estandarte la ignorancia, el odio y el resentimiento

martes, octubre 28, 2025

QUETZALCOATL, LA SERPIENTE VOLADORA

 


Como centroamericano, conocí desde joven el símbolo de Quetzalcoatl - Gucumatz. El nombre del personaje mítico y héroe civilizador de los pueblos mesoamericanos se traduce, según los entendidos, como “la Serpiente Emplumada”, pero nunca resoné con esa imagen que me resulta opaca y artificiosa. ¿Pero qué puede objetar alguien que nada sabe de nahuatl ni de lenguas mayas? En el camino aprendí algo filosofía y, sobre todo, algo de símbología, y hoy creo que la fórmula que mejor traduce el sentido del símbolo de Quetzalcoatl, es “la Serpiente Voladora”, que evoca claramente el relámpago y donde los opuestos se reconcilian y asoma la unidad.

 

viernes, octubre 17, 2025

 

La hermosa madrugada

con su viento sonoro

su silencio espeso

y sus ideas claras

 

me abraza

como una madre

 

y me canta

una canción de cuna

 

para despertar

 

(2010)

martes, abril 15, 2025

SOMBRAS DE AQUELLAS LUCES

 

El dios Tohil. Acuarela de Diego Rivera, 1931

La Consagración de la Primavera y el ritual del sacrificio en El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias

Si una palabra ha traído calamidades al Nuevo Mundo, esa es sin duda “modernización”. En nombre de sucesivas modernizaciones se han cometido entre nosotros todas las canalladas, todos los desmanes, todas las arbitrariedades: asesinatos, fusilamientos, encarcelamientos, revueltas, asonadas, revoluciones, reformas, golpes de estado, contrarrevoluciones, destierros, éxodos, purgas, expropiaciones, nacionalizaciones, privatizaciones, industrializaciones y súmele Ud. lo que se le ocurra. Probablemente sea lo mismo en otros mundos del Tercer Mundo, pero aquí hablo del Nuevo, que es el mío, el nuestro.

Modernizar es traer a la modernidad algo que de suyo no es moderno. El descubrimiento, la conquista y la colonización del Nuevo Mundo fueron hitos fundamentales de la modernidad europea, es decir, del proceso de reconfiguración y expansión capitalista durante el “Renacimiento” y después de él. ¿Cómo podríamos nosotros ser modernos si somos el resultado de la modernidad de otros?  Comedia fatal, trabalenguas tragicómico de nuestro sino.

La “modernización” ha sido para nosotros el espejismo de un oasis en el desierto de nuestras ilusiones, la Tierra Prometida siempre un poco más lejos, siempre por alcanzar, el canto de sirenas en pos del cual navegamos hacia nuestro siguiente fracaso.

Alguna vez, la pintora guatemalteco-alemana Nan Cuz anotó que “cuanto más intensa es la luz, más profundas las sombras que arroja.” Las Luces europeas proyectan sus sombras sobre los mundos colonizados por ellos. Esas sombras somos nosotros.

Si la modernidad es para nosotros esquiva e inalcanzable, ¿cómo dar cuenta de ella, cómo expresarla o reflejarla en la literatura?

La lengua es territorio común que compartimos colonizadores y colonizados. Darío descubrió que era posible ser moderno siendo al mismo tiempo profundamente nicaragüense y elegantemente afrancesado, pues en la lírica hispana “lo antiguo” estaba bien definido, bien delimitado por varios siglos de tradición. En la novelística, en cambio, los contornos de “lo antiguo” eran más imprecisos,  pues ¿quién podría decir que Don Quijote de la Mancha es antiguo si es tantas cosas a la vez?

Antes de plantearse el problema de “lo moderno” y como expresarlo, nuestros novelistas tuvieron que abordar la cuestión más básica de quiénes somos. Para responderla surgieron criollismos y costumbrismos primero, naturalismos y realismos después, los grandes estilos o abordajes narrativos que dominaron el siglo XIX, todos más o menos teñidos por la exaltación romántica de un pasado noble y puro o por la insinuación de atavismos bestiales.

Durante las primeras décadas del siglo XX los artistas y los escritores de las metrópolis europeas y las élites intelectuales del mundo entero tuvieron que abordar el desafío de cómo dar forma en el lenguaje ‒en los lenguajes‒ a esa realidad explosiva, cambiante y profundamente contradictoria que les planteaba el horizonte del Progreso sin fin ni retroceso, la electrificación deslumbrante y el maquinismo creciente, el positivismo y el marxismo mesiánicos en medio del capitalismo arrollador donde ”todo lo sólido se desvanece en el aire”, entre otros desafíos.

Rusia compartía con los mundos colonizados por los europeos la condición de subordinación y marginalidad respecto al capitalismo que emanaba de Europa y, cada vez más, también de los Estados Unidos. Para responder a tal desafío los rusos habían alumbrado sus vanguardias artísticas y pronto tendrían su Revolución de Octubre, seguida luego por la implosión del terror estalinista.

En este contexto Igor Stravinsky compone La Consagración de la Primavera para la serie de los «Ballets Rusos» de Serguéi Diáguilev. Con coreografía de Nijinski, el ballet se estrenó en París ‒¿dónde si no?‒ en mayo de 1913. La obra lleva por subtítulo Imágenes de la Rusia pagana en dos partes, la primera de las cuales es “Adoración de la Tierra”, y la segunda “El Sacrificio”, pues el ballet escenifica el sacrificio de una doncella como culminación del “rito de la primavera”.

Según explican los entendidos, la obra musical rompe con el posromanticismo reinante en la época e inaugura el modernismo en la música culta u orquestal europea, y se caracteriza por sus experimentaciones rítmicas, melódicas y armónicas, en las que roza por momentos la atonalidad a partir de ritmos ancestrales y melodías tradicionales rusas. El modernismo rupturista de la obra parte entonces de la elaboración de materiales propios de la cultura tradicional rusa, tal como haría Picasso en esos mismos años con la pintura africana.

El Señor Presidente y el baile de Tohil

Cuando Miguel Ángel Asturias llegó a Paris por primera vez en 1923, la reputación de La Consagración de la Primavera como obra capital de la música modernista estaba firmemente establecida, y poca duda cabe de que él debió escucharla. Durante su estadía en Paris, Asturias cursó estudios de Antropología en La Sorbona por medio de los cuales tuvo su primer contacto con las cosmogonías americanas, particularmente con la maya. También se relacionó con los círculos surrealistas, cuya influencia es manifiesta desde las primeras páginas de su novela El Señor Presidente: “A veces, el sollozar de una ciega que se soñaba cubierta de moscas, colgando de un clavo, como la carne en las carnicerías.”

Aunque El Señor Presidente no se publicó hasta 1946, la novela fue escrita entre 1922 y 1932.  Según consigna el autor en la última página de la obra, empezó a escribirla en Guatemala en 1922 y continuó haciéndolo en París entre 1925 y 1932.

Recordemos brevemente su argumento: anticipándose al llamado “efecto mariposa” de la teoría del caos, la trama tiene como punto de partida un hecho fortuito, el asesinato del coronel José Parrales a manos del Pelele, un mendigo deficiente mental. A partir de ello van tejiéndose implicaciones que involucran poco a poco a los restantes personajes, con consecuencias nefastas para casi todos ellos.  

Si bien se trata de una obra coral en la que no es posible señalar un personaje protagónico o central, el rescate de Camila Canales ‒hija de un general del ejército caído en desgracia‒  y su romance con Miguel Cara de Ángel ‒amigo cercano y oscuro colaborador del Señor Presidente‒ se convierte poco a poco en el eje de la trama, aunque a menudo nos asomamos al asunto por los ojos de otros personajes. Asimismo, poco a poco descubrimos que detrás de todo cuanto ocurre está la mano omnipotente y siniestra del Señor Presidente, “que todo lo sabe”, como repite varias a lo largo del libro.

“El baile de Tohil”, capítulo XXXVII de la obra, narra la última entrevista entre el Señor Presidente y Miguel Cara de Ángel, próximo a caer en desgracia, quien ya intuye la suerte que le aguarda. Al término de la entrevista, Cara de Ángel es asaltado inesperadamente por la visión de un antiguo ritual: “Cuatro sombras sacerdotales señalaban las esquinas del patio, las cuatro vestidas de musgo de adivinaciones fluviales (…)” Enseguida irrumpen los retumbos de tambores ancestrales “y muchos hombres untados de animales entraron saltando en filas de maíz. (…) Los hombres bailaban para no quedar pegados a la tierra con el sonido del tún, para no quedar pegados al viento con el sonido del tún, alimentando la hoguera con la trementina de sus frentes.”  Tohil, en efecto, es divinidad del fuego entre los quichés, pero también está asociada con la guerra y con los sacrificios, el mismo sacrificio en torno al cual gira La Consagración de la Primavera.

Entre los danzantes emerge un hombrecillo (Asturias describe detalladamente su atuendo alucinante) que devora una brasa encendida privando a la humanidad del fuego sagrado. “Un grito se untó a la oscuridad que trepaba a los árboles y se oyeron cerca y lejos las voces plañideras de las tribus que abandonadas en la selva, ciega de nacimiento, luchaban con sus tripas ‒animales del hambre‒, con sus gargantas ‒pájaros de la sed‒ y su miedo, y sus vascas, y sus necesidades corporales, reclamando a Tohil, Dador del Fuego, que les devolviera el ocote encendido de la luz.” Tohil acude en medio del re-tun-tun de los tambores y los retumbos bajo la tierra y exige sacrificios a cambio de devolver el fuego a los hombres.

De esta forma se sella el pacto entre Tohil y los hombres, obligados desde entonces a rendirle sacrificios a la deidad a cambio del sagrado fuego:

 “¡Estoy contento! Sobre hombres cazadores de hombres puedo asentar mi gobierno. No habrá ni verdadera muerte ni verdadera vida. ¡Que se me baile la jícara!

Y cada cazador-guerrero tomó una jícara, sin despegársela del aliento que le repellaba la cara, al compás del tún, del retumbo y del tún de los tumbos y del tún de las tumbas, que le bailaban los ojos a Tohil.”

En definitiva, en este punto decisivo de la novela, Asturias pasa a narrar la escenificación de un ballet que a su vez escenifica un ritual sacrifical, tal y como ocurre en La Consagración de la Primavera.  

Desde luego es imposible saber con certeza si la música y el argumento de la obra de Stravinsky jugaron algún papel en la concepción de esta reveladora y decisiva escena de la novela de Asturias, pero las resonancias entre ellas son sugerentes, así como el hecho de que en su búsqueda de la siempre elusiva modernidad, ambos creadores volvieran sus ojos hacia cosmogonías y ritos ancestrales. Somos las Sombras de aquellas Luces.  

 

viernes, marzo 07, 2025

OPTIMISMO PLATÓNICO

La dialéctica platónica es ese método filosófico que partiendo del célebre “solo sé que nada sé”, pretende conducirnos, a través de sucesivas preguntas, hasta un jubiloso “¡eureka!”, hasta un “no sabía que sabía”. Dicho de otra forma, postula que asumiendo nuestra ignorancia sobre cualquier asunto (con el fin de purgarnos de opiniones y creencias previas), y realizando las preguntas adecuadas, seremos capaces mediante el razonamiento o ejercicio de la razón de acceder al verdadero conocimiento de las cosas. Detrás de esta postura están los supuestos de que el mundo real es cognoscible y además de que todo lo que existe es “conforme a la razón”. El logos o razón es por decirlo así el código divino subyacente a todo lo real y es accesible al ser humano. Como se ve, hay aquí un optimismo radical, casi diría conmovedor.