Me deshumanizo cuando niego tu humanidad; me convierto en bestia cuando reduzco al otro a la condición de bestia: los europeos frente a los amerindios
y los africanos en los albores de nuestra era... Pero también: unos africanos frente
a otros pueblos africanos, unos pueblos amerindios frente a otros; los chinos y los egipcios y los japoneses y los griegos frente a... Aquí
no caben idealizaciones románticas. Los nazis frente a los judíos, los terroristas –de todos los signos o ideologías– frente a sus víctimas inocentes; mi seca indiferencia ante la
desgracia del prójimo. La moral de la tribu frente a la incipiente, frágil,
precaria conciencia de nuestra identidad como especie y de nuestro destino común. ¿Acaso la historia de la humanidad es algo más que una obstinada negación de nuestra común humanidad?
Una bitácora del día a día, mes a mes, año a año, con textos incómodos o inconexos, de esos que no encuentran cabida en otro sitio, hasta que la muerte u otro bicho o alimaña se aparezca o nos separe... perecgeorges@gmail.com
miércoles, noviembre 02, 2016
miércoles, septiembre 07, 2016
EL TRABAJO
En San
Francisco, California, vi una vez a un lustrabotas que se recogía para rezar
antes de iniciar su jornada de trabajo.
En el mercado de
Coyoacán, México, me conmovió hasta las lágrimas un viejo mendigo que silbaba
para que la gente le diera dinero.
Ahora me llena
un silencio gozoso y pido la palabra.
(2012)
viernes, julio 01, 2016
Señor de la Buena Muerte
Señor de
la Buena Muerte,
concédeme
la gracia
de una
muerte dulce,
de una
muerte amable.
Así como
la Vida ha sido generosa
en horas espléndidas,
sea tu
hora un don que agradezca
y me
reconcilie con la existencia.
Que mis células y mis moléculas
se desintegren
mansamente
llevando asombro
y gratitud a la Tierra;
que mi
dicha por todo lo vivido alimente
a las
plantas y a los pájaros y a los insectos;
que sea de
provecho mi tránsito
por la
insondable y magnífica danza
de las
estrellas.
Julio, 2016
miércoles, junio 17, 2015
DINOSAURIOS Y PÁJAROS
¿Obedeciendo a qué impulso
se convirtieron tan torpes reptares
en estos vuelos,
se convirtieron tan torpes reptares
en estos vuelos,
y los ásperos chillidos
en dulces cantos?
en dulces cantos?
¿Latía en la memoria
de aquellas células
el obstinado afán de ser lo opuesto?
el obstinado afán de ser lo opuesto?
(Anverso y reverso, mariposa y gusano,
fijación por palpar las dos orillas lejanas
aunque entre ellas se abra el abismo
de una extinción...)
¿Viaja el
futuro en nuestros cuerpos?
¿Llamamos espíritu a eso?
¿Llamamos espíritu a eso?
Junio, 2015
martes, marzo 24, 2015
LA OBSESIÓN DEL ASCO - Francisco Rodríguez
Dentro del ámbito ensayo
costarricense, restringido desde hace décadas
a las investigaciones de talante académico, resulta un acontecimiento feliz la
publicación de un nuevo libro de aforismos de Francisco Rodríguez. “La obsesión del asco” es el título de esta,
su sexta entrega en el género. Reúne aquí su producción de entre los años 2002
y 2007. El pensamiento profundo, inconformista y provocador de este autor
josefino nacido en 1956 y afincado desde hace más de dos décadas en
Ciudad Quesada, asoma aquí a su madurez. Rodríguez retoma en este libro muchos
de los temas que lo han obsesionado a lo largo de su vida y a los que se mantiene
fiel desde sus primeras publicaciones: la muerte, el cuerpo, la enfermedad, Dios,
el poder, el crimen, la convivencia social, el mal, la escritura misma, entre
otros. Además, continúa su diálogo íntimo con numerosos autores antiguos,
modernos y contemporáneos de distintas disciplinas, en particular la filosofía
y la sociología (disciplina esta última en la que Rodríguez se formó):
Nietzsche, Spinoza y Foucault son algunos de los más frecuentados en esta
ocasión. A veces los glosa, a veces los
rebate y otras se sirve de ellos como trampolines para aventurar sus propias dudas
y pensamientos. Destaco esto para anotar que, si bien Rodríguez desdeña la
rígida (y a menudo aburrida) legalidad académica, es un lector voraz y un
conocedor a fondo del pensamiento occidental. No es un advenedizo que balbucee
ocurrencias creyendo descubrir el agua tibia. En las 135 páginas del libro
encontraremos, además de reflexiones propias y glosas a los pensadores que
acompañan al autor en su melancólica y solitaria trayectoria, anotaciones y
apuntes de otra índole, desde el comentario irónico de las conductas propias y
ajenas, al apunte psicológico, a la provocación y el terrorismo intelectual… En
la tradición de Cioran, Rivarol y de otros aforistas, Rodríguez es además un
estilista, un escritor obsesionado por la precisión y la belleza de la palabra
de la que se sirve.
Pocas veces será tan
justo afirmar que estamos ante un libro visceral.
“Hay una inteligencia cerebral como existe una inteligencia visceral o salival.
La inteligencia circula en la sangre como la inmensidad parpadeante en la
telaraña eléctrica del Cosmos. El cuerpo destella y nada en inteligencia, como
los cetáceos se mecen en el vaivén tranquilo del mar…” (p. 30)
Ya la palabra “asco”
que relampaguea en el título alude a lo corpóreo y, si abrimos las páginas del
libro y auscultamos sus epígrafes, encontraremos una confirmación: todos, o
casi todos, hacen referencia al cuerpo, a la enfermedad y a la muerte…
Aunque el autor se
reconoce como un escéptico sin mayores esperanzas respecto al ser humano y a
nuestro cometido en este mundo (¿acaso existe otro?), a menudo asoma un afán,
incluso desesperado, por encontrar respuestas a las perennes preguntas de los
niños y de la Filosofía: ¿quiénes somos? ¿por qué y para qué estamos aquí? Con
frecuencia lo veremos lanzar rabiosos puñetazos e invectivas al fantasma de
Dios –el Dios del monoteísmo judeocristiano-, y en no pocas ocasiones estas nos
dejarán la impresión de ser los airados reclamos de un niño abandonado por sus
padres al anochecer en una estación del tren…
Los más de quinientos
aforismos reunidos en la obra no están
divididos en secciones que orienten a los lectores de los temas que el autor
abordará, y aparecen simplemente numerados, algunos con un breve encabezado en
mayúsculas a manera de título. A pesar de ello, quienes transiten de principio
a fin por las páginas de este magnífico libro, advertirán que, más allá de las
contradicciones, del aparente caos o arbitrariedad, existe una sutil ilación,
un delicado argumento que organiza y estructura el pensamiento… Quizás sea esto
una suerte de metáfora, un comentario lacónico del viaje espiritual del autor, que nos revela de esta forma que su
intensa búsqueda existencial asoma a
puerto, encuentra por fin respuestas… La
“gigantesca discordia resplandeciente” que, en palabras de Quevedo, es el
Universo, no es Caos, aunque la contradicción y las violencias cataclísmicas le
sean inherentes. “La verdad”, nos dice Rodríguez, “sería el estado de reposada
fortaleza (e integridad) espiritual ante la presencia de la muerte. Es aceptar transformar
el hecho de morir en un fenómeno más de la realidad cósmica, de cuya vastedad
somos un asombrado espejo.” (p. 119)
Desde luego, no
coincido siempre con Francisco. ¿Cómo podría ser de otra manera? Este es un
libro personal, que da cuenta de un itinerario espiritual, de la búsqueda de
una respuesta más allá de lo puramente intelectual --una respuesta vital,
existencial--, a las preguntas de
siempre. La obra de Francisco Rodríguez
es uno de los secretos mejor guardados en nuestra aldea, y sus selectos y
entusiastas lectores nos debatimos entre el deseo egoísta de mantenerlo en esta
condición que nos hace sentir privilegiados, o compartir con otros el revulsivo
fecundo de su pensamiento.
lunes, febrero 09, 2015
lunes, febrero 02, 2015
Punto ciego
Tal y como existe un punto ciego a la mirada, la muerte se sitúa en un "punto ciego" para la conciencia. La muerte de los otros llega a nuestra conciencia como cualquier dato de los sentidos, pero no le ofrece a ella dato alguno acerca de su propia finitud. Sin duda, parte del horror que nos infunde la muerte deriva del supuesto absurdo de que la conciencia registrará su extinción y perdurará de alguna forma a ella (¡tan inconcebible nos resulta la extinción!) pero, como han dicho los epicúreos de la antiguedad a hoy, "cuando tú existes, ella no está; cuando ella está, tú no existes..."
viernes, enero 30, 2015
jueves, enero 22, 2015
SENTIDO Y SIGNIFICADO
El del significado es un fenómeno cognitivo; el del sentido, un fenómeno vivencial, que interpela a la totalidad de uno mismo, a la totalidad del ser. La creación de sentido consiste en vivir (actuar) de acuerdo con el significado que uno da a las situaciones, a los seres y a las cosas...
viernes, enero 02, 2015
domingo, noviembre 09, 2014
martes, octubre 07, 2014
martes, septiembre 30, 2014
¿Cuánto dura un instante?
Una vida es
un conjunto de experiencias, la suma de ellas constituye lo que al cabo
llamaremos “mi vida”. Desde luego, esta solo es una perspectiva, una forma de
considerar el asunto, otras existen… Nadie puede dar cuenta de su vida (menos
aún de la vida de otros), pues el espesor del tiempo, su densidad,
resultan ilimitados. ¿Cuánto dura un
instante? ¿Cuál es el alcance de una experiencia?
No
obstante, sabemos que los instantes pasan
y que las experiencias se suceden. Tal y como descubrió respecto del espacio
Zenón de Elea, un instante puede descomponerse hasta el infinito. Fue así como
el memorioso Funes nos reveló que el
relato de una vida tomaría al menos tanto tiempo como vivirla. Y agregaría yo:
y aun así quedaría incompleto, pues restaría el relato de la experiencia de
morir, el punto final del capítulo o de la novela –sobre el asunto existen
opiniones encontradas–.
Por ello
comparto la perspectiva de Víctor Frankl y otros pensadores que han puesto de
manifiesto que el asunto medular de la existencia humana, es el significado o el sentido que damos a
lo que vivimos. No obstante, con ello el asunto se complica pues, con la idea
de “significado”, introducimos también la de alguien, un sujeto, que ordena,
valora, discrimina e interpreta las experiencias. Mas como anotara Schopenhauer hace más de un siglo, cuando la palabra “hombre” todavía significaba “ser humano”, “un
hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere”. O,
parafraseando a Lacan, ¿cómo afirmar
“yo quiero” si yo mismo soy efecto o consecuencia del deseo de otros, no solo
en el sentido literal (el linaje, la genealogía), sino también, en sentido
amplio, producto y efecto de mi época, de mi tiempo histórico? Así resulta que,
en tanto sujeto de mi deseo y de mi voluntad, yo no soy yo.
Sea como
sea (aún por la ilusión de ser
sujetos), afirmamos constantemente: “yo quiero” y también “no quiero”, “sí” y “no”, las dos
palabras más importantes de cuantas existen, como nos enseña Nietzsche en su Zarathustra.
Acaso sería
más justo decir, como lo hicieron los filósofos existencialistas a mediados del
siglo pasado, que somos un proyecto, un constante hacernos: más que sujetos
acabados, somos un camino, una dirección… Puede que seamos efecto del deseo de
otros, pero en algún momento, o progresivamente, aceptamos vivir, y con ello el
desafío de hacer algo con esto que somos… Eso que poco a poco
se afirma y emerge, que se manifiesta ante los otros mediante actos y palabras,
y ante nosotros mismos, además, como sentimientos y pensamientos, eso es lo que somos…
Sin
embargo, existe una parcela enorme de nuestra experiencia de la que nunca nos
constituimos en sujetos, de la que jamás diremos “yo soy eso”, no porque no hayamos elegido esas experiencias
(siempre es posible elegir la forma como interpretamos, el sentido que damos, a aquello se nos impone), sino más bien
porque algo, alguien, ¿qué?, ¿nosotros mismos?, decide que eso no es relevante y lo excluye de la historia, del relato y de la
experiencia significativa: sueños, temores inconfesables, actos reflejos y
fallidos y el largo etcétera que Freud y sus amigos han estudiado durante más
de un siglo…
A ello
debemos agregar todas las experiencias que ignoramos o excluimos porque
no logramos interpretarlas de manera satisfactoria. Nuestra capacidad de
conceder valor y sentido a lo que vivimos depende, en buena medida, de la
existencia de un marco (conceptual y valorativo) que nos permita interpretarlo.
Tal es una función de las religiones, los mitos, los sistemas de creencias y de
pensamiento, incluyendo el “sentido común” y el pensamiento científico.
De la misma
forma en que solo un pequeño porcentaje del ADN de los genes contiene
información relevante para la reproducción, se diría que más del ochenta por
ciento de nuestras experiencias son, o al menos parecen, inútiles, en este “ser
haciéndonos” que es nuestra historia, la historia de quienes decimos ser.
¿Cómo explorar
esa zona constituida por experiencias que hemos descartado por razones
diversas, no siempre las mismas? Un relato de las experiencias relegadas por el
sujeto, excluidas del sentido, ¿cómo hacerlo? O también: acercarse a la
experiencia propia como si fuera de otro,
¿es posible esto?
Cualquier
tentativa de entender lo que somos ha de contemplar las dos dimensiones: la que
está a la luz, por decirlo de alguna forma, y la de todo lo que hemos
descartado porque desquicia nuestra idea de lo que somos, porque no logramos
comprenderlo o porque, por algún otro motivo, no tiene cabida en el relato que
hemos construido acerca de nosotros mismos.
martes, agosto 05, 2014
PÁJARO Y TORO
Toro alado. Origami de Daniel Naranjo
Entre un pájaro espantapájaros y un toro suicida se
teje el dolor de mis quebrantos. El toro no soporta la belleza del pájaro, pues
lo hace sentir monstruoso hasta el suicidio; el pájaro está escindido entre el
deseo de plenitud y una oscura idea del deber que lo ata, y es así como siendo
pájaro, es también espantapájaros.
Pero yo
soy el toro, soy el pájaro y el espantapájaros.
Soy
toro, búfalo y bisonte: La energía de la tierra me atraviesa y, como el gran
toro que pintó Picasso en el Guernica, tengo el culo abierto y mi agujero
expuesto, pero también mi verga poderosa y buena, pura como la tierra y como el
viento. Soy el toro por siempre enamorado de la luna. Junto al río rasgo la
arena hasta estampar mi huella. Casi naranjas mis ojos, el vaho de mi aliento
brilla en la noche de búhos y estrellas, mientras cometas chisporrotean por el
cielo.
Y soy
el pájaro partido en dos, escindido entre el deseo de belleza, plenitud, libertad y goce, y la condena que me ata a la
muerte del deseo. Preso de espaldas a la dicha, hermano de mi enemigo,
condenado por la antigua bula que sentencia: “¡Jamás serás mío!”
Hoy pájaro
rompo mi cadena y mi condena, la maciza torre se desploma hecha añicos. Libre
por fin el toro vuelo hacia el pájaro y juntos avanzamos hacia la enredadera de
frutos y dorados caminos.
Pájaro y toro por fin
unidos.
(1997)
lunes, agosto 04, 2014
CUERPO Y TEXTO
Las
palabras que leemos son apenas la
superficie exterior de un texto, la piel que lo contiene y envuelve. Bajo ellas está el
esqueleto que lo organiza y estructura.
Y entre ambos los personajes, las
acciones y las situaciones narrativas, es decir, el sistema nervioso, los
músculos y los órganos que le dan vida.
lunes, julio 28, 2014
RESPIRACIÓN ARTIFICIAL
Hacía años le traía ganas a esta novela de Piglia. El libro está recomendado por una
reputación bien cimentada, más de tres décadas después de haber visto la luz
(1980), y no por la evanescente espuma de las listas de ventas. Días atrás encontré
un buen ejemplar (Anagrama, 2001) en los puestos de libros usados de la calle de la Condesa,
en el D.F.., y sin pensarlo mucho me hice con él.
“¿Hay una historia?” Es la pregunta que abre el libro. Y, en seguida,
uno de los personajes/narradores responde: “Si hay una historia empieza hace
tres años…” Todo el relato será, en cierta forma, una búsqueda de esa historia
o, mejor dicho, una búsqueda de los límites
de la historia, de aquello que la cierre o la defina, pero estos límites se
escapan sin cesar, pues la historia se abre siempre a una dimensión nueva,
transmutando lo que suponíamos era el objeto del relato en algo distinto. Por
ello me parece que la mejor aproximación a la idea de este novela (o quizás valga decir, a su estructura), es la
de una fuga, en el sentido musical del término. Al final de cuentas, cuando el libro se cierra, cuando la respuesta a la pregunta inicial parece llegar, la pregunta ya es otra, la historia es otra, aunque no sepamos exactamente cuál.
Respiración artificial es un libro que nunca deja de hacerse, que mientras leemos parece siempre en formación, lo que constituye un desafío y un placer para ciertos lectores, entre los que desde ya me cuento. Cierto: se respira a veces un exceso de autoconciencia literaria, como lo pone de manifiesto la extensa y provocadora discusión sobre la literatura argentina con que inicia la segunda parte del libro, y por momentos asoma también la sensación incómoda de que el autor pretende demostrar a toda costa que es muy listo (que es más listo que nosotros). ¿Pero qué vamos a hacerle? Piglia es muy listo, es más listo que nosotros, no hay duda de ello, como lo prueban las no menos lúcidas ni menos provocadoras disquisiciones sobre el fracaso, la filosofía y otros tópicos que pueblan las páginas de esa segunda parte titulada, de manera a un tiempo provocadora y sugerente, Descartes. No menos sugerente es su juego con la idea de un encuentro de Hitler y Kafka en Praga, 1910, y su impacto para la literatura del escritor, aunque desde luego también aquí los límites e interacciones entre el discurso de la ficción y la supuesta verdad histórica constituyen el punto central de su abordaje: ¿cuál brinda "respiración artificial" y cuál la recibe?
Respiración artificial es un libro que nunca deja de hacerse, que mientras leemos parece siempre en formación, lo que constituye un desafío y un placer para ciertos lectores, entre los que desde ya me cuento. Cierto: se respira a veces un exceso de autoconciencia literaria, como lo pone de manifiesto la extensa y provocadora discusión sobre la literatura argentina con que inicia la segunda parte del libro, y por momentos asoma también la sensación incómoda de que el autor pretende demostrar a toda costa que es muy listo (que es más listo que nosotros). ¿Pero qué vamos a hacerle? Piglia es muy listo, es más listo que nosotros, no hay duda de ello, como lo prueban las no menos lúcidas ni menos provocadoras disquisiciones sobre el fracaso, la filosofía y otros tópicos que pueblan las páginas de esa segunda parte titulada, de manera a un tiempo provocadora y sugerente, Descartes. No menos sugerente es su juego con la idea de un encuentro de Hitler y Kafka en Praga, 1910, y su impacto para la literatura del escritor, aunque desde luego también aquí los límites e interacciones entre el discurso de la ficción y la supuesta verdad histórica constituyen el punto central de su abordaje: ¿cuál brinda "respiración artificial" y cuál la recibe?
Después de lo dicho, alguien podría, legítimamente, preguntar: ¿Pero más allá de lo formal,
de lo literario, cuál es el asunto de este libro, de qué quiere hablarnos? La
respuesta ha de apuntar, necesariamente,
a la construcción del relato o, con mayor precisión, de la Historia como
relato. ¿Cómo se construye el relato de la historia y, más precisamente, el relato de la historia nacional? Traición, exilio,
utopía, son palabras recurrentes en boca de los diversos
relatores/escritores/corresponsales con cuyas voces se construye el texto. ¿Cuál es la distancia que separa a un héroe de un traidor? Un silencio. Una palabra. Puesto que el relato de la historia está construido con silencios vergonzantes o malintencionados y con palabras alucinadas o interesadas, es preciso sospechar, desconfíar. ¿Pero llegamos algún día a conocer "lo real"? Y en ese caso, ¿es posible dar cuenta de ello y cómo hacerlo?
Aquí se hace inevitable recordar que el libro fue publicado por primera vez durante los años de la dictadura militar en la Argentina, lo que le confiere nuevos sentidos y convierte su relativo (o aparente) carácter críptico, en una insinuación de resistencia política, como ocurre con tantas obras aparecidas en el ambiente sofocante de regímenes opresivos.
Pero si Respiración artificial
no fuera entretenido -más aún, si no fuera divertido-, sería un buen libro, un libro valiente para algunos, oportuno para otros, pero no sería genial. Pero además de inteligente, inquietante y provocador, es también divertido, y por ello
me parece genial. Aquí se hace inevitable recordar que el libro fue publicado por primera vez durante los años de la dictadura militar en la Argentina, lo que le confiere nuevos sentidos y convierte su relativo (o aparente) carácter críptico, en una insinuación de resistencia política, como ocurre con tantas obras aparecidas en el ambiente sofocante de regímenes opresivos.
jueves, julio 24, 2014
EL YO
La cola cercenada
de una lagartija
sabe que no
es
nada más furiosamente
reivindicativo
que lo que sospecha de
su falsedad
nada teme más
a la verdad
que la mentira
diciembre 2011
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