jueves, noviembre 19, 2020

EL CEIBO FURTIVO (Visiones de un cosmos autopoiésico)




 

He arrancado un mundo de mi pecho

para poder decir,

como el primer humano:

«¡Esto es!»

 

En este gran mundo,

¿quién amanece? Yo amanezco.

Canción tradicional bribri.

 

Oh, gran astro,

¿qué sería de tu felicidad

si no estuviéramos aquellos

para quienes brillas?

 

Friedrich Nietzsche

«Así hablaba Zaratustra»


La filosofía es en realidad nostalgia,

un deseo apremiante de encontrarse

en todas partes como en  casa.

 

Novalis

Fragmentos

 

  

Introducción

Durante la mayor parte de mi vida adulta he buscado algo que no sé qué es, presa de la incomodidad y el desasosiego, a menudo sufriendo sin comprender el motivo, como si caminara en penumbras sobre un piso irregular o inestable y por ello mismo rara vez pudiera relajarme o sentirme plenamente tranquilo.

                Es verdad que no han faltado momentos dichosos, muchos en soledad, en medio de la naturaleza, otras veces contemplando una pintura o respirando en un jardín, apreciando un edificio, escuchando música o mirando una película, leyendo o escribiendo un libro… También he sentido esa dicha en la plenitud gozosa del abrazo amistoso, en la hondura del encuentro erótico e, incluso, en la espejeante conversación con una persona desconocida.   Pero, tras la efervescencia del instante, reinstalado en el curso de lo que no puedo denominar de otra forma que “mi vida”, retorna aquella sensación…

                Hago un esfuerzo por acercarme a ella y alumbrar su oscuro rostro con palabras… Incompletud, precariedad, carencia, temor, inseguridad, insatisfacción, son las primeras que vienen a mi mente. Desde luego, ese sentimiento, esa sensación, permanece la mayoría del tiempo en la antesala de mi conciencia, velada por las tareas y las obligaciones, las rutinas y los mandatos que hacen de mí una persona más o menos “funcional”… Solo en ocasiones, cuando ese andamio cruje o se tambalea, asoma el sentimiento en toda su magnitud.

                ¿De dónde viene esa incomodidad, esa insatisfacción? ¿No basta acaso con estar vivo? (En mi caso, además, sin padecer mayores incomodidades ni privaciones, hay que decirlo…) ¿No es acaso la Tierra nuestro hogar, nuestro sitio en el universo, así sea de manera temporal o transitoria? ¿Acaso esa precariedad, esa insatisfacción, esa sensación de inestabilidad y peligro es inherente a la condición de estar vivo?

                Tengo la certeza de que el sentimiento al que me refiero es compartido por muchas personas. Así lo confirman numerosas miradas que sorprendo en las calles, en la soledad de los parques, gestos fugaces y anónimos arrebatados al vértigo de los días, captados a hurtadillas. Así lo sugieren, también, numerosos relatos que leo en los libros o veo en los filmes, las letras de muchas canciones y poemas, el vértigo de armonías y melodías provenientes de todas las latitudes... Se trata de un malestar que Freud y muchos de sus contemporáneos en Europa entrevieron hace ya más de un siglo.

A menudo escucho voces de personas que aseguran conocer el remedio para mis males metafísicos, nunca mejor dicho. Dios, lo llaman, y al camino para llegar a él, lo llaman fe.    También yo he querido creer, he buscado abrazar una fe en algunos momentos de mi vida, pero a pesar de mis deseos, la revelación no ha ocurrido.

                Desde luego, no pretendo carecer de toda fe, de alguna fe. Y no me refiero sólo a las pequeñas creencias que nos ayudan a vivir día a día –no sufriré un accidente ni caeré enfermo de gravedad; no sobrevenderá una catástrofe inesperada que aniquile el planeta ni me abducirán alienígenas degenerados–, sino también a ese confuso, voluble e impreciso sistema de creencias que llamamos “cosmovisión” o “visión de mundo.”        

Para bien y para mal, la cosmovisión o visión de mundo que heredé y en la que me formé es la de la llamada modernidad occidental, estrechamente relacionada con la revolución científica y tecnológica que se originó en Europa en los siglos XVII y XVIII, con el desarrollo de la física newtoniana y, más atrás, con la llamada “revolución copernicana” que colocó al sol en el centro de nuestro sistema planetario. De Europa se expandió a los Estados Unidos y al resto del mundo por medio del colonialismo político, transformando el planeta a una velocidad y a una escala hasta entonces desconocida. Esa visión de mundo está estrechamente relacionada con el capitalismo moderno y con la democracia como forma de gobierno en Europa y en los Estados Unidos; con las sucesivas revoluciones industriales y tecnológicas; con la configuración de un sistema económico y político de alcance planetario cada vez más integrado; con las dos mayores conflagraciones bélicas que ha sufrido la humanidad y con muchas, o casi todas, las de escala más reducida en los últimos siglos.  Junto a descubrimientos científicos sorprendentes y desarrollos técnicos innegables, ha sembrado miseria, destrucción y confusión en todas partes, pero muy particularmente en los países y regiones colonizados por ellos. Como observara con agudeza la pintora guatemalteco-alemana Nan Cuz, “…cuanto más intensa la luz, más oscuras las sombras que arroja.”

Aunque expulsó a la Tierra del centro del sistema solar, esta cosmovisión colocó finalmente al Hombre -más que a la Mujer, desde luego- en el centro del universo. El cosmos, desde siempre sagrado y en estrecha relación con el origen y los destinos humanos, se convirtió, al cabo de pocos siglos, en un desierto de dimensiones inconmensurables, pero carente de sentido... La naturaleza y los restantes seres vivientes del planeta, fueron poco a poco reducidos a la mera condición de “objetos”, de “cosas”. Como el Rey que encuentra el Principito en su viaje interestelar, la especie humana es hoy soberana de un planeta que nadie más habita, de una “Tierra baldía”, como profetizó T.S. Eliot.

Paralelo a la cosificación del mundo, corrió la cosificación de los animales e, incluso, de los seres humanos, aunque por un resto de decoro esto no lo admitan públicamente los defensores del estatus quo. Por último, todo indica que estamos en trance de deificar a las cosas. Es profundamente significativo que el pueblo bribri, en Costa Rica, asimilara el Dios de los extranjeros a su "deidad de las herramientas". Para ellos, nosotros rendimos culto al "dios de las herramientas"; habida cuenta de nuestro modo de vida, no parecen andar muy desencaminados. La profecía marxista de los fetiches coincide plenamente con la del Popol Vuh: “Y se pusieron todos a hablar: sus comales, sus ollas, sus piedras de moler. Todos se levantaron y les golpearon las caras.”

Tras la “muerte de Dios” certificada por Nietzsche, pero ejecutada metódicamente con antelación en los laboratorios de las ciencias y las cátedras filosofía moderna, la especie humana devino en la única fuente de sentido para sí misma y para el resto del universo. Esta cosmovisión -y la episteme asociada a ella- han conducido a la humanidad a acuciantes encrucijadas que hoy parecen amenazar nuestro futuro como especie, la más evidente de todas, la ambiental.

Dichosamente surgen aquí y allá indicios de una nueva cosmovisión. Estos se advierten tanto en el campo de las ciencias, como en el de la filosofía, las religiones, la política y las artes. En las páginas que siguen aspiro a sumar mis esfuerzos en esa dirección.  No pretendo decir algo que no haya sido escrito, pensado o imaginado antes por otros, pero sí aspiro a decirlo según lo comprendo, lo entiendo y lo sospecho en este momento.  Desde joven tuve el convencimiento de que lo importante no es tanto la novedad del hallazgo, como el deslumbramiento que produce el acto de conocimiento.

Desde luego, parto del bagaje de lecturas y experiencias de mi vida entera, en el curso de la cual he leído con curiosidad y devoción, con asombro y avidez, con indiferencia y hastío, a autores de diversas disciplinas, en forma desordenada, intuitiva y nada sistemática.

La lista de deudas y agradecimientos es interminable, pero me siento particularmente afortunado por haber cruzado en mi camino con obras de Platón y Parménides, de Nietzsche y Alexánder Skutch, de Mircea Eliade y Henry Corbin, de Gilbert Durand y Marcilio Fisino, de Lao Tse y Hans Jonas, entre otros. Más recientemente han sido de gran utilidad algunos textos de Fritjof Capra, Ilia Prigogine, Richard Tarnas y Juan Arnau, así como también algunos artículos de Humberto Maturana y Francisco Varela sobre la autopoiesis y la biología de la intencionalidad. A esta larga y heteróclita lista habría que agregar algunas obras anónimas, pero fundamentales, como el I Ching, el Popol Vuh, la Biblia, los Evangelios Apócrifos, el Corpus Hermeticum, entre otras. El diálogo con algunas personas cercanas ha sido un estímulo  importante, entre ellas, mi esposa Laura,  mi madre, Leticia, y mis buenos y queridos amigos Jorge Jiménez, Kike Molina, Dorelia Barahona, Silvia Castro, Andrés Marote y Gonzalo Elizondo.

Con todo, mis únicas credenciales son las ideas que aventuro y los argumentos con que las defiendo. En cualquier caso, lo que sigue no es un tratado ni un ensayo académico, sino una suerte de ensayo filosófico-poético, a la manera de los antiguos. Esta es la forma en que puedo y elijo representarme y explicarme el mundo, según mis conocimientos y mi entendimiento, en plenitud de mi madurez.  

Si la infancia es el amanecer de una vida, la madurez el mediodía y la vejez el ocaso, como dicta la tradición, durante la última etapa avanzamos de frente hacia el sol del poniente. A diferencia de lo que ocurre en la niñez, no hay sombras que enturbien la visión, pero sí el deslumbramiento de lo vivido y aprendido en el camino y del final que se vislumbra.

 

1

Antes no había nada, solo vacío.

Y lo vacío se infló como globo y se condensó como nube y adentro se desató una tormenta.

Llovió con rayería siete instantes seguidos. 

Para que la lluvia tuviera donde caer, se formó la tierra bajo el firmamento.

Y de la tierra nacieron valles y montañas donde fluyeron los ríos.

Y de los ríos surgieron los mares.

Y de su respiración nació el viento.

Pero faltaba el fuego.

  

2

Se atrajeron y repelieron las primeras partículas siguiendo su instinto, y se abrazaron tan estrechamente, en tan gran número se unieron, que el suelo que pisaban se hundió bajo su peso.

Pero no se precipitaron al abismo, pues en ese instante se inflamaron y les nacieron alas de fuego.

Y se elevaron los primeros soles que alumbraron el cielo.

 

 

3

En la inmensa oscuridad brillaron los primeros soles, las primeras estrellas.

Como luciérnagas se atrajeron e iniciaron una danza que todavía celebran.

Desde lejos, otros soles las imitaron e iniciaron su festejo.

                Y la noche se llenó de danzas y de fuegos.

 

4

Copularon las estrellas, fundiéndose y separándose y volviéndose a fundir, una vez y otra, engendrando cada vez nubes de polvo y gases que se comprimieron en planetas, cometas y asteroides, donde nuevas formas de la materia se recombinan y encuentran.

 

5

La memoria del relámpago habitaba los mares, los ríos y el viento, y los tres se unieron en el río de las nubes.

De ahí se descargó un relámpago sobre las aguas adormecidas.

Los elementos que la lluvia había precipitado del cielo se agitaron en lo hondo, se atrajeron y repelieron siguiendo apetencias más fuertes que ellos.

Y donde había dos, hubo seis. Y donde había seis, hubo diez. Y se multiplicaron los elementos.

 

 

6

A la deriva en los mares del espacio tiempo se trenzan y anudan los elementos.

A veces se asocian y complementan, otras veces se repelen y rechazan.

En su abrazo van constituyendo un “esto” que se distingue de un “aquello”, un “algo” que se distingue de un “lo otro”.

 

7

Las moléculas orgánicas se acoplan formando cuerpos cada vez más ricos y complejos.

Lo que no se atrae, se repele, es la primera ley que obedecemos.

Así se diversifican y polarizan los elementos.

Pero ahí donde se encuentran éstos, no es un medio indiferente y neutro, pues les aporta o les arrebata componentes.

Por eso, algunos elementos se pliegan sobre sí mismos, pero permanecen abiertos para intercambiar con su medio.   

 

8

Al principio se trata de intercambios tímidos, descargas y moléculas que atraviesan membranas tenues y todavía en proyecto como si brotaran de un sueño o de un deseo (que a menudo son lo mismo.)

Muchas fórmulas se ensayan, pero solo algunas logran su cometido.

¿Pero, qué sería de lo aprendido, si no fuese posible transmitirlo?

El cuerpo inventa la memoria y la memoria codifica al cuerpo para reproducirlo.

Así aparece el ácido desoxirribonucleico.

 

9

Esas entidades que lentamente toman forma en el hirviente océano del planeta, ya son formas vivientes.

El metano y el dióxido de carbono reinan en la atmósfera, pero ellas producen oxígeno.

El tiempo era entonces abundante -siempre lo ha sido-, y durante miles de millones de años, mientras la tierra se apacigua y enfría, son las únicas formas de vida.

Así, el oxígeno reemplaza al metano y al dióxido de carbono en la atmósfera, y la vida se transforma y prepara su nido.  

 

10

Pero reconsideremos lo sucedido.

¿Acaso esa necesidad de organizarse, palpable ya desde el inicio, no es señal o indicativo de algo? Atrevámonos a sugerirlo.

Y algo más:  lo que ha ocurrido obedece a un férreo determinismo, a inflexibles leyes inscritas en los elementos mismos, pero igualmente palpables son el azar y la indeterminación.

Así, el cosmos se conforma empujado por la férrea necesidad y jalonado por el puro indeterminismo.  

 

11

Ahora que nuevas formas vivientes colonizan el planeta, esto se percibe con más claridad: aunque su actividad sea puro reflejo, impulso y reacción, asoma un deseo de movilizarse con libertad: arriba, abajo; adelante, atrás; derecha, izquierda: la antesala de un sistema nervioso y de un cerebro capaces de organizar y dirigir conductas y comportamientos, aunque esos términos resulten todavía excesivos.

Con la naciente autonomía de lo viviente asistimos a una autodeterminación emergente.

 

12

Otra cosa importante ha sucedido: para lo viviente, el mundo se ha convertido en fuente de información.

Cada ser viviente instituye un “adentro” y un “afuera” y depende del medio donde se encuentra. Por eso, necesita conocerlo con la mayor precisión posible.

En ese esfuerzo adaptativo, lo viviente desarrolla y diversifica sus sentidos, sus fuentes de información.

 

13

Dondequiera que haya vida, hay conciencia de un cuerpo y de un mundo donde ese cuerpo se encuentra. Los sentidos informan a la conciencia y la conciencia da formas al mundo.

El mundo de un paramecio no tiene colores, sombras ni sonidos, probablemente solo presión, temperatura y densidad, y en él existen partículas que incorpora, descompone y expulsa. Nosotros no existimos en su mundo ni él apenas en el nuestro.

El mundo de una babosa seguramente se compone de luz y oscuridad, humedad y sequedad, mensajes químicos y formas blandas que invitan a ser devoradas. A veces asoman sombras, y a veces la aniquilan.

¿Cómo se representa un murciélago a un humano? Sin duda, de un modo muy distinto al que este se percibe a sí mismo.  

Cada forma viviente integra en su mundo aquello que pueda resultarle útil o necesario.

(Es probable que, de todas las formas vivientes en nuestro planeta, el cielo estrellado solo exista en el mundo humano…)  

 

14

En las otras formas vivientes que conocemos, la conciencia parece estar permanentemente absorbida por el mundo. Los individuos tienen noción de ser, porque el mundo los hace conscientes con sus datos y estímulos. Los datos que obtienen del mundo presente los hacen conscientes.

Con nosotros es distinto. La conciencia humana recibe datos del mundo, pero también recibe y procesa imágenes surgidas de la conciencia. La conciencia se convierte en otra fuente de información para la conciencia. La conciencia se objetiva y se hace autoconsciente.

 

15

Muchos mamíferos sueñan cuando están dormidos, pero sus sueños se desvanecen tan pronto despiertan. Entonces su conciencia vuelve a absorberse en el mundo presente.

En nuestro caso, las imágenes de los sueños permanecen en la conciencia cuando despertamos y coexisten con los datos que la conciencia obtiene del mundo. De esta forma, la conciencia descubre que, además del mundo presente, algo más existe en el mundo: la conciencia misma.

 

16

                Además de las que nos traen los sueños, otro tipo de imágenes a veces asaltan a nuestra conciencia, dormidos o despiertos: las ideas.

                Hoy tenemos una idea muy equivocada de las ideas, pensamos que son palabras, conceptos, porque estamos totalmente imbuidos en la cultura escrita. Pero, ante todo y primero que nada, las ideas son imágenes que asaltan a nuestra conciencia y se imponen sobre los datos que esta recibe del mundo presente.

 

17

El lenguaje es la técnica de suscitar imágenes en la conciencia mediante sonidos. Primero, articulamos sonidos; luego designamos objetos, lugares, acciones y seres y, por último, los evocamos mediante imágenes sonoras.

La autoconciencia posibilita el lenguaje y, a su vez, el lenguaje potencia la autoconciencia. Una y otro solo son concebibles en especies gregarias como la nuestra.

 

 

18

Dondequiera que en el planeta haya fuego, los seres vivientes huirán, si pueden hacerlo.

                Pero hubo aquellos que, donde los demás huían, giraron sobre sí mismos y caminaron en sentido contrario.

Hicieron esto porque los torturaba el frío, porque habían experimentado el calor del fuego y porque “vieron” (en sueños, o tal vez “como en un sueño”) la imagen del fuego calentándolos.

El dominio del fuego señala el despertar de otra forma de conciencia en el planeta. Por primera vez, una forma viviente contradijo sus instintos y siguió una imagen, una “idea” nacida de su conciencia.

O las cavernas.

Nadie ha visto nunca a un primate refugiarse dentro de una cueva, ¿por qué lo hicieron los homínidos, seres de las praderas por excelencia?

                Porque en su conciencia alumbraron la imagen, la idea, de un refugio techado y cubierto. Así, mucho antes de desarrollar los medios tecnológicos para construirlos, se posesionaron de las cavernas.

Con el despertar de la autoconciencia asistimos al advenimiento de un nuevo grado de autonomía, de libertad, para lo viviente.

 

19

Si algo radicalmente nuevo ha irrumpido en la conciencia -una idea, una imagen, un sueño-, el continuo del tiempo se ha roto, instituyéndose un “antes” y un “después”, un pasado y un futuro. Las ideas y los sueños nos despertaron del sueño del eterno presente a la autoconciencia del antes y el después, del tiempo y la finitud.

Con el fuego y las cavernas irrumpió algo nuevo no solo en la conciencia, sino también en el mundo de aquellos seres. Así se inicia en nuestro planeta la antroposfera, la trans-formación del mundo por una forma de vida autoconsciente.  Desde luego, la antrosposfera está inscrita en el entorno de lo viviente del cual emerge.

Y si algo ha ocurrido una vez, puede volver a ocurrir, y seguramente ocurrirá de nuevo, tarde o temprano.

 

20

Podemos llamar inteligentes a las conductas de acercarse al fuego para dominarlo y calentarse con él y de buscar refugio en las cavernas, porque apuntan en un sentido, en una dirección: la emancipación de los determinismos del medio, la ampliación de la autonomía para lo viviente.

Pero no todas las ideas (o imágenes) que brotan de nuestra conciencia alcanzan su cometido, muchas son contraproducentes o simplemente fallidas, y las que no lo son, casi siempre deben perfeccionarse para lograr su propósito.

En el campo de las ideas, lo mismo que en el de la evolución adaptativa de las formas vivientes, asistimos a innumerables tentativas fallidas.

La especie humana es potencialmente inteligente, o, dicho de otra forma, la autoconciencia propende a la inteligencia.

 

21

                Por medio de las ideas y los sueños, las formas vivientes cobran conciencia de la conciencia como fenómeno en el mundo.

Llamemos “mente” a esa forma de conciencia que se desdobla para hacerse autoconsciente y descubrirse en el mundo.

De manera análoga a la conciencia, que integra los datos de los sentidos corporales y da formas al mundo presente, la mente integra y da formas a las imágenes y a las ideas que emergen de la conciencia y con ellas produce re-presentaciones del mundo.

La mente integra en forma de símbolos las imágenes que produce la conciencia. Los símbolos (y sus verbalizaciones, los mitos), son la síntesis que la mente ofrece a la conciencia para re-presentarse, es decir, para hacerse comprensible a sí misma y al mundo donde se encuentra.

Cuando los cuerpos se hacen símbolo, danzamos.

Y cuando los sonidos se convierten en símbolo, nacen la música y los cantos.

Danza, música y canto: las raíces del ritual.

 

22

El mundo con el que las formas vivientes se relacionan y en el que están inmersas nunca es indiferente, ajeno o neutro para la conciencia, está investido de valor y significado: una colonia de amebas prosperará en un medio favorable, pero sucumbirá en uno adverso. De la misma manera, cualquier representación elaborada por la mente presupone valoraciones -aunque no las enuncie ni las haga explícitas.

Mundo y mente, mente y mundo, se implican recíprocamente.

No hay explicación sin implicación.

 

23

ALGUNAS FORMAS QUE LA CONCIENCIA DA AL ESPACIO Y AL TIEMPO

(Los símbolos)

 

 

EL ESPACIO

 

 

EL TIEMPO

 

EL ETHOS

Adentro / Afuera

Inicio / Final

Seguro / Peligroso

Penetrante / Envolvente

Largo / Corto

Conocido / Desconocido

Unido / Separado

Permanente / Impermanente

Deseable / Temible

Desplegado / Replegado

Retorno / Retirada / Retorno

Acogedor / Hostil

Presente / Ausente

Constante  / Inconstante

Alerta / Distendido

Animado / Inanimado

Regular / Irregular

Similar / Diferente

Ingerido / Expulsado

Rápido / Lento

Auspicioso / Ominoso

Lleno / Vacío 

Ahora / Antes / Después

Agitado / Calmo

Único / Múltiple

 

Bueno /malo

Arriba / Abajo

 

Orden / Caos

Derecha / Centro / Izquierda

 

 

Adelante / Atrás

 

 

Claro / Oscuro

 

 

Caliente / Frío

 

 

Pesado / Liviano

 

 

 Grande / Pequeño

 

 

Abierto / Cerrado

 

 

Mucho / Poco

 

 

Completo / Incompleto

 

 

Creciente / Decreciente

 

 

Fluido / Denso

 

 

Único / Múltiple

 

 

Continuo / Discontinuo

 

 

Masculino / Femenino

 

 

 

 

24

                Si traducimos ese conjunto de formas en acciones o verbos según los sentidos que suelen adoptar en los símbolos y en los mitos, y los agrupamos siguiendo un criterio de afinidad o proximidad semántica, encontraremos los siguientes

 

CONJUNTOS O PROCESOS ARQUETÍPICOS

(Los verbos del ser)

1- Emerger, Aflorar, Elevar, Irrumpir, Surgir, Penetrar, Manifestar, Expulsar, Romper, Afirmar…

 

2- Descender, Carecer, Faltar, Mermar, Languidecer, Extraviar, Perder, Envejecer, Perecer, Extinguir…

3- Desear, Demandar, Requerir, Urgir, Indagar, Preguntar, Llamar, Invocar…

4- Buscar, Enviar, Explorar, Viajar, Relacionar, Comunicar, Transmitir, Transferir, Vincular, Enlazar…

5- Encontrar, Descubrir, Hallar, Aparecer, Revelar, Conocer, Responder…  

6- Alojar, Acoger, Agregar, Capturar, Retener, Atrapar, Completar, Incorporar, Integrar, Juntar, Unir…

7- Nutrir, Alimentar, Absorber, Devorar, Ingerir, Engullir, Disolver, Disgregar, Desaparecer…

8- Oponer, Combatir, Contener, Resistir, Rechazar, Proteger, Sostener, Mantener, Negar…  

9- Separar, Ordenar, Distinguir, Aclarar, Organizar …  

10- Engendrar, Concebir, Gestar, Formar, Cristalizar, Crear, Inventar, Idear, Imaginar, Urdir, Elaborar, Construir…  

11- Regresar, Reunir, Volver, Completar, Crecer, Madurar…  

12- Propagar, Perdurar, Acumular, Diseminar, Persistir, Expandir, Conquistar, Reproducir…   

 

Desde luego, cualquier agrupación tiene siempre algo de arbitrario y algunos términos podrían encontrar cabida en más de un sitio; asimismo, el número de conjuntos podría reducirse o ampliarse según el criterio de quien intente el ejercicio. 

Los símbolos recogen la memoria de la conciencia, como el ADN recoge la memoria del cuerpo en su aventura planetaria: dioses y diosas, demonios e inframundos, cielos y héroes, simbolizan la epopeya de la vida y la conciencia.

Forzando, tal vez demasiado, la analogía entre el ADN y el mundo simbólico, podría decirse que estos doce conjuntos son las “letras” con las que se escribe la memoria simbólica de la vida en nuestro planeta, según la produce y registra la mente humana.

  

25

                La conciencia se representa a sí misma como luz, es decir, la conciencia aparece como luz en la conciencia.

                Por eso, entre otras razones, el sol y el relámpago ha sido desde antiguo símbolos de la divinidad.

 

26

En el proceso cósmico, distinguimos un férreo determinismo que se manifiesta desde las primeras formas de la energía, junto a un eje de indeterminación que también se manifiesta desde las formas primeras de la energía (i.e. indeterminación cuántica.)

El grado de libertad de un átomo de hidrógeno es aproximadamente cero; el de una molécula orgánica, es prácticamente idéntico; el de las primeras formas vivientes, muy reducido… Parece difícil objetar que la conducta de un jaguar o de un mono araña son más “indeterminadas” (más libres, menos predecibles, más autodeterminadas) que la de una zompopa, una estrella de mar o un árbol de jocotes.  Conforme las formas vivientes amplían su mundo y su conciencia, ganan autonomía, autodeterminación y libertad.

Con la autoconciencia esa libertad se amplía, al punto que los seres humanos transformamos el mundo circundante en antroposfera. Esta transformación es evidencia palpable de la autonomía creciente de las formas vivientes…

               

27

          Desde las primeras radiaciones y energías producto de la singularidad en el origen de este Universo, pasando por las partículas elementales y subatómicas a los átomos de hidrógeno y carbono, en continua y progresiva diversificación, hasta las moléculas orgánicas que desembocan en la vida y la conciencia, y de esta a la autoconciencia orientada a la inteligencia, el cosmos genera formas entre el determinismo casi total de la energía y la autonomía (autodeterminación) creciente de las formas vivas.  

En lo que resulta casi un juego de palabras, podemos decir que el uni-verso se di-versifica

 

28

                 Lo propio de la mente es abstraer y relacionar. Partiendo de las experiencias de la conciencia individual y de contenidos transmitidos culturalmente, la mente abstrae y relaciona conceptos e imágenes. Abstraer es integrar: las experiencias se integran en conceptos más amplios, o bien en imágenes polisémicas y complejas.

                La mente establece relaciones entre esas abstracciones y con ellas elabora representaciones explicativas del mundo y de su situación. La teoría de la relatividad cumple, desde este punto de vista, la misma función que el poema babilónico o el relato bribri de la creación.

                Por su naturaleza abstracta, estas representaciones son intemporales. Aunque se originan en el espacio y en el tiempo, “existen fuera del tiempo” o, dicho con mayor sencillez, “el tiempo no las modifica ni las afecta.”

                El ejemplo más claro de esto son las formas geométricas. La idea de un triángulo equilátero, de una pirámide o de una esfera, es la misma siempre, y quienquiera, dondequiera y cuando sea que se las represente, lo hará en su mente de la misma manera.  Otro tanto puede decirse de la idea de Dios: un ser todopoderoso, creador del universo, es algo que cualquiera puede representarse en su mente, y quienquiera que lo haga, dondequiera y cuando quiera que se encuentre, alumbrará  más o menos la misma idea.

                Las ideas y las imágenes simbólicas de la mente son “intemporales”, “existen” más allá del espacio y el tiempo, pero son producidas histórica y culturalmente: como sabemos, la idea de un Dios único, todopoderoso y creador ex nihilo del universo, no existía en la mente de los habitantes de América a la llegada de los conquistadores europeos, ni la idea de Huitzilopochtli existía en la mente de los españoles que conquistaron México, ni el concepto de los quarks en la de un científico europeo del siglo XVII.

De este modo, las ideas y los símbolos surgidos de la mente son intemporales, pero al mismo tiempo son producidos y reproducidos histórica, cultural e individualmente.

 

29

                Retrocedamos en el tiempo y tratemos de ponernos en el lugar de aquellos homínidos (o aquellas homínidas) a quienes se les reveló la idea de utilizar el fuego para calentarse o de buscar refugio en las cavernas. Resulta fácil imaginar el estremecimiento y la conmoción que debió causarles esto.

Basta leer la autobiografía o la correspondencia de científicos, místicos y filósofos a lo largo de todos los tiempos, para encontrar testimonios de ese estremecimiento, del sentido de lo “inefable” y lo trascendente que tiene para la conciencia la revelación de las ideas y los símbolos, pues una cosa es acceder a ellos por la transmisión cultural, y otra muy diferente que estos “se revelen” directamente a la conciencia.  Por cierto que estas “revelaciones” suelen tener lugar entre la vigilia y el sueño, cuando la conciencia no está absorbida por los datos de los sentidos corporales y puede abrirse a la captación de las ideas e imágenes surgidas de la mente. La experiencia de lo simbólico tiene siempre algo de revelación y es la fuente de todas las doctrinas -incluida la científica.

Por este motivo, las experiencias mentales de lo simbólico de un chamán siberiano, de un místico sufí, cristiano, budista o hinduista, de Sócrates, Parménides, Johannes Kepler, Juan Jacobo Rousseau o Niels Bohr, son muy diferentes en sus contenidos, pero igualmente verdaderas y auténticas.

   

30

La experiencia de lo simbólico es común a los humanos. Por tanto, con la misma certeza con la que puede decirse que la vida y la conciencia son fenómenos cósmicos, debe afirmarse que la mente y la inteligencia también lo son o, lo que viene a ser lo mismo, el cosmos es también un fenómeno mental.

                El proceso cósmico consiste en la producción permanente de formas mentales, formas vivientes, formas materiales y formas energéticas, a partir de las energías liberadas en la singularidad del origen. (Podemos agregar aquí las formas sociales que se producen en la historia de especies como la nuestra.)

El cosmos es un proceso de autoformación permanente.

               

31

                La interpretación que aquí esbozamos revela el proceso cosmológico como la producción permanente de formas que asumen grados crecientes de autodeterminación, conciencia y libertad.   

Formas de vida más conscientes, más autodeterminadas y libres que las autoconscientes, serían formas mentales de vida, que además serían formas plenamente inteligentes (a diferencia de las formas autoconscientes, que solo tenemos destellos o vislumbres de inteligencia.)

Si la forma humana coexiste en nuestro planeta con formas de vida no autoconscientes (y con todas las formas de autoorganización de la energía y la materia cósmica de las que surge la vida), ¿no es concebible que, de existir formas vivientes con mayores grados de autonomía y consciencia, coexistieran, a su vez, con la vida autoconsciente?

Cabe preguntarse cómo percibiríamos nosotros esas formas mentales de vida en caso de que existieran. De manera análoga a lo que ocurre con el mundo físico, al que la conciencia da formas mediante los sentidos, seguramente nuestra mente le daría sus propias formas:

Si una doncella roza una piedra

¿qué siente la piedra?

¿Otra piedra?

                 En efecto, a lo desconocido solo podemos representárnoslo por lo conocido.

 

32

Si hemos interpretado correctamente lo que sabemos, para inferir de ello lo que ignoramos, el proceso cosmológico consiste en la producción de formas crecientemente autodeterminadas, conscientes y libres, a partir de las energías liberadas en la singularidad del origen.

            El eje determinismo / autodeterminación revela el proceso cósmico como un campo de tensiones o, dicho con mayor propiedad, como un campo polarizado.

            Sabemos que uno de esos polos es la energía, tal como la describe hoy la ciencia física, a saber, fermiones, bosones y demás partículas elementales informando la materia.  Casi todo cuanto ahí ocurre responde al más férreo determinismo, aunque lo indeterminado también encuentra cabida.

En consecuencia, el otro polo del campo cósmico lo ocuparía una fuerza en la que la autodeterminación, la conciencia y la libertad alcanzarían su máxima expresión. Se trataría de una fuerza no física, es decir, no espacio-temporal, sino mental, que interviene y participa activamente en la constante in-formación del cosmos. (Tal vez, el aspecto hasta hoy inexplicado de la curvatura del espacio-tiempo obedezca a la naturaleza no espacio temporal, no física, de esa fuerza.)

Entonces, ante nuestra mirada maravillada, el proceso cosmológico se revelaría como un despliegue o manifestación de “energía inteligente”, es decir, como la incesante producción de formas dentro un campo polarizado entre la pura energía y la inteligencia pura: energía e inteligencia se revelan, se conforman, se identifican y “re-conocen” en cada fenómeno cósmico. 

Más que de la causalidad o la causación como la entienden la filosofía y las ciencias, todos los fenómenos cósmicos seríamos el resultado de la conformación de esas dos fuerzas o principios en diferentes coordenadas de ese campo polarizado entre la energía y la inteligencia, entre el espacio-tiempo y la mente. 

No somos seres, sino aconte-seres en la gran manifestación del cosmos.

El misterio del que nada puede decirse, es la unidad original de energía e inteligencia y sus razones para manifestarse en el cosmos.

 

noviembre, 2020

domingo, noviembre 15, 2020

zumbido

En sueños

he escuchado

el zumbido del colibrí

que sobrevuela


la mente

jueves, octubre 29, 2020

koan

 Si una doncella

acaricia con su mano

una piedra,

¿qué siente la piedra?

¿Otra piedra?

viernes, octubre 23, 2020

hallazgo

Esta mañana

encontré en mi jardín

un puñado de estrellas

que dejó la noche 

como regalo.

miércoles, octubre 14, 2020

visión

Somos

como frágiles casitas

dentro de otra Casa

cuya luz nos alumbra

y nos habita.

sábado, octubre 10, 2020

OCHO APUNTES



Yo no sé si los seres humanos somos "los reyes de la creación" o "los reyes del planeta", pero así nos lo hemos creído y nos comportamos en consecuencia. Y por cierto que nos hemos revelado como reyes crueles, sádicos y desalmados -sobre todo en los últimos siglos-, en vez de generosos, bondadosos y compasivos. ¿Quién soportaría a reyes así?

                                                                                ***

La gracia y el perdón existen, pero tenemos que llegar a ellas, es decir, descubrirlas o, cuando menos,  llegar a una posición desde donde sean "visibles"...

                                                                                ***

Hay algunos pesimistas que, en su afán por tener la razón, incluso alimentan las catástrofes que anuncian.

***

Hay algo inquietante y revelador en el hecho de que los bribris -uno de los pueblos amerindios de Costa Rica- asimilaran nuestro Dios -el Dios de los extranjeros- a su "Dios de las herramientas". Para ellos, nosotros rendimos culto al "dios de las herramientas". Y visto nuestro modo de vida, no parecen andar muy desencaminados.

***

...y en la penumbra palpitante de la noche, brillan, como joyas dormidas, los deseos...

***

...como caracoles enclaustrados en su concha...

                                                                                ***

Son tan pocas las cosas que en definitiva sabemos con certeza, que más importante que tener razón, es encontrar mi razón o, para decirlo mejor, encontrar mi motivo: ganar el derecho de bailar ante la muerte nuestra propia, única y personalísima danza -como enseña Juan Matus- o el de cifrar en vida nuestro propio símbolo -como pregona Henry Corbin-. Y agregaría Bugs Bunny: that´s all, folks!

                                                                                    ***

Es una ironía, y fuente de muchas de nuestras desventuras, el que la especie humana tienda en su despliegue histórico a diferenciarse en pueblos, etnias y culturas (de la misma forma en que propende a la individuación), al tiempo que atávicamente desconfía, rechaza y teme lo diferente.


miércoles, octubre 07, 2020

EL DESEO

 A veces

parece  un niño  enloquecido

que dispara su revólver de juguete

en todas direcciones

 

y no  un cometa

que se eleva airoso

desplegando al viento

su cola  


                        2012

 

domingo, octubre 04, 2020

RITMO

 


Este ritmo tiene algo de mambo

tiene algo de samba

y tiene algo de tango.

Retumba, arremete,

se encrespa

y de pronto se suspende

para hacer una pirueta

coqueta.

Este ritmo nos penetra

o más bien lo montamos

como a toro bravo.

Este ritmo nos habita

y con él bailamos con las nubes,

los ríos y los astros.

viernes, octubre 02, 2020

AQUÍ MISMO

 



 Aquí mismo me enmontaño en mis sueños

en pos de la cumbre más alta

donde pasar la noche y aguardar

el alba.

Aquí mismo bailo mi acertijo

en compás de cuatro tiempos

y al ritmo

de mi respiración.

Aquí mismo cabalgo hacia el abismo

y mi cabeza se despeña

hacia la nada.

Y aquí mismo resucito con vos.

Aquí mismo. 


                                               Octubre 2020

sábado, septiembre 26, 2020

LA ENCANTADORA DE FLORES

 



      


                        A Mabel Morvillo

 

Con tus palabras despiertan las flores

de su largo sueño.

Y sonríen asombradas.

Y se dejan acariciar

por el sol y el viento.

Bajito

les cantás canciones

o les contás un cuento.

Y ellas

te escuchan encantadas

y te piden más.

Y vos reís

Reís y les contás

otro cuento.

miércoles, septiembre 23, 2020

ENCUENTRO


Cual sombra de un almendro

llueve luz de lo alto y me envuelve.

Es Ella, que velándose se revela

y ocultándose, se muestra.

(No podría ser de otra manera,

pues tanta luz, tanta belleza,

cegaría a cualquiera.)

Presintiéndola, me presentía;

conociéndome, la conocía.

Lo que antes fue dolor, ahora es gozo.

Al hacerme hombre, me humaniza.

 

Setiembre, 2020

martes, septiembre 22, 2020

NACER NECESARIO



Me despertó Amor

con una cachetada dulce

y su mirada honda

como silencio.


Me estremeció su rayo

mas no supe reconocerlo

y su recuerdo permaneció

como fermento.


En ocasiones me hablaba

en sueños. Otras veces era yo

quien lo buscaba sin saberlo


en la rosa de un colibrí

o en la caricia suave del viento...

Y hoy, de nuevo, por fin lo encuentro.


setiembre, 2020

viernes, septiembre 04, 2020

ANTE EL MAR

 Que son los MARES | Descubre como se clasifican y su significado

                                                    A Mauricio Molina.

Amargo mar

que guardás en tu regazo

todo lo que ha sido,

lo que será y lo que ahora mismo es,

sin que de tus anchos labios salga

más que espuma evanescente

o la lengua muerta de un alga,

No me digás, no me contés,

no quiero saber…,

Sino tan solo hundirme

en el continuo flujo del presente,

en las olas incesantes del ahora

y ahí nadar,

Nadar hacia la nada sin memoria,

donde todo es…,

Mar,

maravilloso mar

que todo lo conocés y lo contenés

                                                            4/9/20


jueves, agosto 27, 2020

EL TIGRE DE LA NOCHE

 

                                                                                              Para Gilda Pacheco

Devoró tu noble corazón el tigre de la noche.

Sigiloso y certero saltó sobre tu cuerpo

como una flecha.

Él no conoce la piedad.

Él no sabe de amistades.

Él no tiene hijos que lo lloren.

Acecha y salta sobre su presa

cuando menos se lo espera.

Es su naturaleza.

Él habita estos montes mucho antes que nosotros

viniéramos.

Sus garras rasgaron tu carne.

Sus colmillos rompieron tus huesos.

Sació su hambre y siguió su marcha

hacia el río cuyas aguas

nunca se secan.

Nosotros

te recordaremos junto a la hoguera.

Es duro, hermana, decirte adiós

ahora que los colibríes despiertan.

Silencio.

Ya se levanta el sol.

                                                                              27/8/20

 

miércoles, agosto 26, 2020

 Mariposa Reina (Danaus gilippus) · iNaturalist Panamá

Aquella mariposa

                            Y este pensamiento

¿Latían como posibilidad

en el origen del tiempo?

¡Qué largo sueño

debieron dormir

para llegar a este momento!

lunes, agosto 17, 2020

LA PUERTA EN EL AGUA

La sonrisa secreta del gozo

es complicidad

sospecha

intuición

acuerdo

 

Todo a la vez

 

Sobre la sábana se dibuja una sombra

¿O es un cuerpo bajo ella?

 

La puerta en el agua

¿A dónde nos lleva?

 

La sonrisa secreta del gozo

es sutil

misteriosa y bella.


Setiembre 2002

 


miércoles, agosto 05, 2020

MÁS ALLÁ DE TU NOMBRE

Del lado de la música

sopla 

                   el viento


Y del agua de lo profundo

que solo la luna genera

emerge 

                 


el silencio



viernes, julio 24, 2020

FLOR DE GUARUMO


Durante el día alimentás a los pájaros

Y por la noche a los murciélagos


Estrella de mar encumbrada

en el cielo

Hablás la tierra de

mi lengua

y no me reconocería

sin tu rostro.


Mi asombro rima

con tu belleza



lunes, mayo 04, 2020

LLAMADO


El tambor bantú
Redobla dentro de mí.

Su llamado de siglos
Cruza océanos.

¡No te detengas, hermano!
¡Sigue tocando!

Hoy celebramos
A los ancestros lejanos.

Hoy también
Soy africano.


miércoles, abril 29, 2020

COMPLEJIDAD Y BELLEZA (A propósito del haikú)

Mirá tu rostro
Tembloroso en la gota
Y atrás el cielo

¿Cuánta complejidad cabe en diecisiete sílabas? ¿Cuánta belleza? Este es el desafío del haikú, tal y como lo entiendo y lo intento ahora. 

¿Pero acaso  belleza y complejidad se corresponden? 

Quisiera pensar que sí, que ambas responden a la interacción armónica  de diferentes planos, niveles u órdenes de la realidad: cielo/tierra; objetivo/subjetivo; tiempo/espacio; naturaleza/sociedad; vegetal/mineral; superior/medio/inferior; estaciones del año/tiempo subjetivo; masculino/femenino, etc., etc. etc. Belleza y complejidad como interpenetración de lo que experimentamos como ontológicamente distinto, pero que es contenido o armonizado por un orden que se nos revela, aunque no podamos explicarlo ni racionalizarlo. 

Cada línea del haikú contiene una imagen o una idea completa que interactúa por roce, por contigüidad, por oposición o por contraste con las otras dos.  

La ubicación espacial de cada imagen (arriba/centro/abajo) es parte integral de la concepción del poema y contribuye a su significado.

La mirada, la emoción o el pensamiento reflexivo –es decir, el sujeto humano- siempre está presente, implícita o explícitamente.  

De esta forma, la suma de las tres imágenes sugiere o insinúa una visión del mundo o una idea que trasciende la suma de las partes/versos/imágenes.

Por otro lado, me parece distinguir, desde el punto de vista de su construcción o su funcionamiento interno, al menos dos tipos de haikús: aquellos en los que una sola energía, originada en un verbo, recorre el poema y lo impulsa hacia su desenlace o su culminación:

En la alborada
Escucho el viento soplar
Y vuelo lejos

(Irónicamente, hay aquí hasta tres verbos: "escucho", "soplar y "vuelo"; no obstante, es la energía del viento que sopla lo que atraviesa el poema y lo impulsa hacia el salto al vacío final...)

El otro tipo de haikú funciona más bien por la adición de tres imágenes, cada una contenida en sí misma, cada una con su propia energía. Su seguidilla o concatenación desemboca en una especie de vacío, una suerte de silencio como efecto final:

Primeras lluvias
Copulan abejones
¡Dicha inmensa!   

domingo, abril 26, 2020

ÁRBOL DE HAIKÚS

Pintura japonesa – Estilo de la escuela Kano - Pintura y Artistas


Primeras lluvias
Copulan abejones
¡Dicha inmensa!


La lluvia breve

Humedece la tierra

Renaceremos

En el silencio
Frágil como un cristal
Bailan recuerdos

Mira tu rostro
Tembloroso en la gota
Y atrás el cielo


En plena noche  
Abejones se buscan
¿Nos hallaremos?

En la alborada
Escucho el viento soplar
Y vuelo lejos


El sol enciende
Arrullo de chicharras
Modorra sin fin


Como pájaros
Me despiertan al alba
Cantos de haikú


Triste náufrago
Del río de la noche
Trepo a la luna


Mediados de abril
Dan fruto los güitites
Sinfonía de cantos

Tarde de lluvia
Borrosa en la ventana
Pasa mi niñez


Como un grillo
Embriagado de estrellas
Canto mi asombro


Sueño mis sueños
Y cuando abro los ojos
Es Dios quien sueña


lunes, abril 20, 2020

SANGUIJUELAS


Sanguijuelas chupasangre son los recuerdos.

De sus ojos vidriosos emergen destellos que me hechizan.

Los miro y me miran: el encuentro de dos tiempos.

Las sanguijuelas vienen de donde sopla el viento
y están rotas por dentro.

(Todo nace de su opuesto.)

¿Qué nos une, además del miedo?


De El Diccionario Interior

viernes, abril 17, 2020

HUMEDAD



Humedad secreta que fluyes en lo oscuro, encuentra tu camino hacia lo hondo y profundo, escúrrete entre las ruinas cavernosas, las derruidas sombras de la tierra, y horada, con la perseverancia que te caracteriza, el camino hacia la luz.

Humedad lechosa que flotas y te espesas en el umbral del alba, elévate una vez más hacia lo alto y precipítate en las tardes sin fin, para deslumbrarnos con la lluvia y su misterio elemental, siempre renovado.

En ese fluir, en ese recorrido incesante se gesta y circula la vida. Por eso digo que eres el rostro más sutil de Dios. Pero Dios tiene muchos rostros.

Incluso cuando te encarnas en lo humano te asemejas a Él, vestida de rojo en forma de sangre o en la infinitamente sutil sequedad de la lágrima, la blancura tímida del semen o la secreción de la vagina ardiente en el umbral del placer.

Te celebro, hermana. En esta página testifico tu tenacidad de río, tu hondura de océano y tu delicia de remanso.

¿Cómo, de ser apenas sospecha en la bruma, llegas a tanto? ¿Qué ocurre para que el vaho se materialice y tome forma de salto? Ese es tu misterio, ese es tu secreto y por eso nos rendimos y te reverenciamos.

De El diccionario interior.

miércoles, abril 15, 2020

DÍAS EXTRAÑOS (4 haikus y un epigrama del coronavirus)

Revoloteamos
mariposas adentro:
confinamiento


Suenan hermosos
violines. ¿Naufraga la
civilización?


Ni las hormigas
trabajan. ¡Pero nunca
callen, cigarras!


Días extraños.
Me rodean las sombras.
Azul el cielo.



EPIGRAMA

Como a un niño embrutecido
que desde la playa mira crecer
la amenazante ola
convencido de que jamás
podrá llegar a él

así a Trump el virus

Oh amigos


sábado, abril 11, 2020

PEREC Y YO

A propósito de la lectura de La vida instrucciones de uso


Con Perec, lo mío fue amor a primera vista. Era 1998 y yo, ignorante como soy, jamás había escuchado su nombre ni leído algo suyo. En alguna librería de San José tropecé con un ejemplar de Las Cosas (Les choses, une histoire des anées soixante, 1965), la primera novela del autor, en la edición de Anagrama. Por costumbre y al descuido miré la solapa y di con la fotografía del autor. De inmediato despertó mi curiosidad y mi simpatía. Parecía árabe, pero era francés; también tenía facciones que hacían pensar en ancestros africanos, pero la breve nota biográfica me hizo saber que sus orígenes eran más bien centroeuropeos y judíos, y que sus padres habían muerto asesinados en los campos de concentración nazis. Compré el libro y esa misma noche empecé a leerlo.
 Las primeras páginas me desconcertaron: aquellas minuciosas descripciones de espacios y objetos que parecían seguir el movimiento de una cámara cinematográfica casi lograron desanimarme. No obstante, había en la escritura una cadencia, una sapiencia, una propiedad irresistibles. Poco a poco se desplegaron los personajes y sus circunstancias históricas e individuales; cuanto más avanzaba la lectura, más tenía la sensación de estar asistiendo a un descubrimiento. Al más que evidente talento literario del autor, se sumaba una ironía implacable pero delicada, así como también eso que mi esposa y sus colegas llaman, ¿cómo si no?, “mirada sociológica”. En Las cosas me asomé a las contradicciones morales de aquella juventud que poco después protagonizaría el Mayo Francés: el deseo de confort y de ascenso social, el esnobismo y el cosumismo nacientes, alentados por las presiones de la “americanización” que entonces avanzaba galopante por el orbe.  
Quise leer más y poco después me hice con una copia de El secuestro (La disparition, 1969).  Su lectura, en la magnífica traducción de un equipo de especialistas (publicada, nuevamente, por Anagrama), fue una experiencia divertida e intrigante. Detrás de la trama disparatada y vagamente policial, para mí resultó claro desde el principio que en este libro el espíritu juguetón y provocador de Perec era el protagonista. Además, durante la lectura asistí a una suerte de revelación: por largos pasajes, sentí que Perec había supeditado todo a la sonoridad de las palabras: las frases tenían sentido, seguían una especie de hilo argumental (difuso, absurdo, pero innegable), aunque lo que las conducía o, mejor dicho, lo que las producía, era su efecto sonoro, su eufonía, por así decirlo.  Muchas veces, cuando leía, escuchaba música, sin que importara mucho el sentido de lo que estaba leyendo. Solo en el caso de algunos poetas –García Lorca, Darío– me había ocurrido algo semejante. Fue una epifanía, una revelación.
Ese mismo año de 1998 inicié la escritura de mi novela El Nudo. Las dos lecturas de Perec fueron determinantes para su concepción y su escritura. En cuanto a la concepción, El Nudo es (o pretende ser), como Las Cosas, una suerte de crónica generacional, en la que el exceso, la exageración y la fábula se ponen al servicio de la veracidad. Entre muchas otras cosas, la literatura es un ejercicio de condensación, y para resumir en un centenar de páginas el retrato de una generación, los principales personajes deben, de alguna forma, resumir nuestras impresiones de muchas personas que hemos conocido u observado. ¿Dónde termina el individuo y empieza el arquetipo? Es una pregunta que todavía me hago y que me parece fundamental para el oficio literario. 
Perec también fue determinante en la escritura de esa novela pues, animado por lo que había experimentado leyendo El secuestro, hubo momentos en que me abandoné y dejé que la musicalidad de las palabras tomara las riendas del proceso creativo. A mi juicio, esos son los pasajes más logrados de la novela: “(…) nunca había ido tan lejos, tan hondo, en el arte miserable de fornicar con la muerte y rumiar durante meses su canción, hecha con palabras inconexas y con silencios largos y sucios como los cabellos de un cadáver. Masticaba su desdicha haciendo con ella una pasta amarga, un líquido espeso que bebía a sorbitos, con paciencia asesina y rencor depurado.” O este otro: “Reservada pero amable, aplicada y cuidadosa cuando se trataba de ensayar con el bisturí o de enyesar un hueso roto, demostró tener un talento especial para el trato con los niños, y pensó, durante un tiempo, dedicarse a la pediatría. Hizo su internado en el Hospital de San Isidro de El General. Ahí se interesó en el tratamiento de un raro virus tropical, poco documentado en la literatura médica. Su hipótesis consistía en relacionar el virus con un serotipo bastante extendido en las zonas templadas –especialmente en Canadá y en las Islas Azores–, mucho mejor documentado y con sus vectores y reservorios bien establecidos.”
Por Perec, con Perec y gracias a Perec, descubrí que el proceso creativo no tenía que ser necesariamente angustioso o doloroso, como había aprendido yo de las fuentes más bien “neorrománticas” de las que hasta entonces me había nutrido, y que el juego, la diversión, el placer, el ars combinatoria, podían tener lugar en él.  Más aun: Perec y su obra ponían en entredicho mi idea de la literatura como medio de investigación de las subjetividades, es decir, lo que en sentido amplio llamamos “literatura psicológica”. El suyo es otro juego. En cierta forma –lo pienso ahora–, la lectura de Perec me reconectaba con uno de mis dioses tutelares de la primera juventud, Julio Cortázar, cuya obra leí con avidez desde finales de mi adolescencia hasta bien entrada la década de mis veinte años.
Enterado de mi fascinación por Perec, mi buen amigo Carlos Cortés me regaló una copia de la novela póstuma e inconclusa 53 días y otra de la que es considerada su obra cumbre: La vida instrucciones de uso (La vie mode d´emploi, 1978). Por mi parte, aprovechando algún viaje a España, me hice con copias de algunas de sus obras “menores” (varias de ellas publicadas solo póstumamente), como Lo infraordinario, La cámara oscura, Un hombre que duerme, Nací o El aumento, que leí fragmentaria y perezosamente en el curso de los años siguientes. Con cada una de ellas, volví a sorprenderme y confirmé el carácter único de Perec como escritor. Para entonces, ya sabía del grupo Oulipo (acrónimo de «Ouvroir de littérature potentielle», «Taller de literatura potencial»), al que perteneció Perec, de sus propósitos de reinventar y expandir los límites y las posibilidades de la escritura a partir de la experimentación, y leí algunas obras de Queneau y de Calvino. Así pues, entendí que muchos de los hallazgos de Perec que me habían maravillado no eran fortuitos, sino resultado de un programa y de la experimentación sistemática.
Considerándome el menos fetichista de los lectores (ignoro casi todo de la vida de los autores y las autoras que amo y jamás he leído biografías ni visitado tumbas ni museos personales), sentí la necesidad de hacer una excepción, y en algún viaje a Francia aproveché para visitar la urna donde yacen las cenizas de Perec en el cementerio de Pere Lachaise, en París.  En ese mismo viaje, siguiendo el ejemplo de otro de mis buenos amigos, el escritor Miguel Albero, me hice con una copia de la primera edición de Les Choses y, en cierto momento en que precisé crear una cuenta de correos, escogí el perecgeorges@ que utilizo hasta hoy (desde luego “georgesperec”, así como sus variantes obvias, “georges.perec”, “georges_perec”, etc. habían sido usurpadas antes por otros.)

Mi ejemplar de la primera edición de Les Choses

Hace cinco o seis años inicié la lectura La vida instrucciones de uso, pero tras algunas decenas de páginas, la abandoné. A estas alturas de la vida, sería imperdonable desconocer que también las lecturas tienen su momento… y que este puede llegar o no hacerlo.
La vida instrucciones de uso.
En estos meses, mientras la pandemia del Coronavirus se gestaba en China, tomé nuevamente el libro para tantear si le había llegado su hora, y desde las primeras páginas supe que así era. Mientras la pandemia de expandía por Europa y por América, yo avanzaba en mi lectura, y cuando las medidas de confinamiento se impusieron en mi país, ya iba bien avanzado en las casi 600 páginas del libro (nuevamente, Anagrama.) De modo que he aprovechado este encierro involuntario para terminarlo y compartir algunas impresiones de esta obra mayor de uno de mis escritores-fetiche.
Empiezo con dos generalidades. Desde las primeras páginas, nos damos cuenta de que esta es una novela que promete mucho, es decir, que ambiciona mucho, que aspira o apunta a mucho. No es casualidad que se la considere la obra mayor de Perec y que recibiera uno de los premios literarios más prestigiosos de Francia (el Médicis). También bastan las primeras páginas para darnos cuenta de que la lectura de este libro no será fácil.  De la misma forma en que Perec hace de cada uno de sus libros una obra única –nunca me he sentido más tentado de escribir “un artefacto” único–, nuestra experiencia previa como lectores resultará de escasa utilidad para su lectura. Quizás, toda obra verdaderamente original nos plantea un desafío de lectura. Más aun, toda obra verdaderamente original nos enseña a leer de nuevo, porque nos propone una nueva forma de leer nuestro mundo, lo que nos rodea. ¿Acaso no lo hacen Don Quijote de la Mancha y Fausto; acaso no lo hacen Mrs. Dalloway, Lolita o Gran Sertón: veredas; acaso no lo hacen Los pasos perdidos y Cien años de soledad? (Añada usted los títulos que desee a la lista, según su gusto y experiencia personal.)


El absoluto y su imposibilidad
Desde el inicio, los lectores de La vida instrucciones de uso descubrimos que el tema o el motivo a partir del cual Perec construye su libro, es la vida de los habitantes de un edificio situado en el Nro. 11 de la calle Simón-Crubellier, en el distrito 17 de París. Partiendo de ahí, todas las inquietudes, obsesiones, manías, intereses y talentos de Perec se harán presentes: desde la matemática a la historia –tanto la Historia con mayúscula como numerosas historias particulares–, pasando por la pintura, la literatura, el coleccionismo, la sociología, la antropología, la filosofía, la economía, el humor, los oficios… y, desde luego, también las cosas, los objetos materiales, la “cultura material”, que tiene una presencia por momentos apabullante en sus páginas.
Tal y como le ocurre a dos de los personajes en torno a los cuales se organiza el libro –Valéne, un pintor que aspira a retratar los habitantes y espacios del edificio que es tema de la obra, y Bartlebooth, un millonario diletante que se impone la tarea absurda de armar 500 rompecabezas que representan acuarelas previamente pintadas por él, y luego destruirlos sin dejar rastro de ellos–, la tarea que se propone Perec es también ambiciosa e inalcanzable: retratar, como Valéne, a los personajes que habitan el edificio, y como Bartlebooth, hacerlo asomándose fragmentariamente (en una especie de un rompecabezas) a sus vidas. En este sentido, la obra es una especie de “puesta en abismo”, como le gusta decir a los franceses, es decir, la obra intenta hacer algo que intentan hacer algunos de los personajes de la obra.
Tanto Valéne como Bartlebooth fracasarán en sus propósitos. ¿Fracasa también Perec? Más allá de lo que como lectores opinemos acerca de este libro, pienso que el hecho de que ninguno de los personajes ideados por el autor (¿a modo de alter-ego?) consiga su objetivo, constituye en sí mismo un lacónico y resignado comentario de Perec acerca de la imposibilidad de lograr el cometido que se ha propuesto.    
 La “centralidad” de los Bartlebooth y de Valéne es muy relativa. En la mirada de Perec, ninguno de ellos es más importante que los restantes habitantes del edificio. Ellos dos, y el tercer personaje “central”, Wrinkler –un artesano a cargo de fabricar los rompecabezas que deberá armar Bartlebooth–, definen apenas el “marco” o estructura narrativa a partir de la cual nos asomaremos a las vidas de todos los habitantes del edificio… y de muchos, muchos personajes más que aparecen en la obra por tener alguna relación con ellos. Y cuando digo “alguna relación con ellos”, quiero decir en realidad cualquier tipo de relación con ellos, pues Perec  nos transportará, por ejemplo, a la vida de los personajes que habitan las páginas de un libro que lee alguno de los habitantes del edificio, o a sus ancestros familiares, o a personas con quienes tuvieron relación en algún momento de sus vidas. De esta forma, por medio de los habitantes del edificio y de los objetos presentes en las diferentes estancias del mismo, Perec nos trasporta a infinidad de tiempos y lugares.
El Aleph: un instante, todos los instantes; un lugar, todos los lugares.
 Como en cualquier obra narrativa, en La vida instrucciones de uso el tiempo es un asunto ineludible y central. De la misma forma en que el edificio de la calle Simón-Crubellier 11 es el espacio que a modo de vórtice articula todas las historias que contiene el libro, la concepción del tiempo en la obra apunta a la convergencia de todos los instantes en uno solo; una especie de El Aleph en el que Perec, aventuro, homenajea a su muy admirado Borges.
Si desde el inicio de la lectura sabemos que el edificio actúa como el vórtice que atraviesa todas las historias contenidas en el libro, la convergencia temporal es, por el contrario, un descubrimiento tardío para los lectores (no hago de spoiler revelando esto). Así, daría la impresión de que Perec nos propone en esta obra una versión ampliada, dilatada, magnificada del célebre cuento del autor argentino y universal.
 Si la intención del autor de ofrecernos una visión caleidoscópica y total de la vida de los habitantes del edificio quizás no se cumple (debido, precisamente, a su imposibilidad práctica e inclusive conceptual), al menos el rompecabezas que nos propone la obra se completa o se cierra a la perfección, de la misma forma en que Bartlebooth consigue finalizar 438 de los 500 rompecabezas que inicialmente se propuso armar.
Lo extravagante, lo insólito, lo absurdo, lo puramente ficcional y el dato histórico rigurosamente recogido y tratado, el coleccionismo maniático, la furia denotativa abrumadoramente precisa –la enumeración obsesiva, digámoslo claro–, el despliegue imaginativo y, también, el despliegue de conocimientos en los campos más variados, todas las virtudes, obsesiones y debilidades del gran Georges Perec convergen en este magnífico Aleph para dicha de quienes lo admiramos y lo amamos. 




martes, marzo 03, 2020

EL SENTIDO


CONVERSABA LA OTRA NOCHE con mi hermano Alfredo Aguilar sobre la dificultad de expresar o de traducir en palabras lo que le da sentido a nuestra existencia. Hace muchos años, en mi juventud, pensaba que esto debía ser algo así como una profunda idea filosófica, una convicción política o una creencia religiosa; algo que iluminara cada uno de nuestros actos y nos revelara su relación con la totalidad del universo… Hoy pienso que lo que le da sentido a nuestra existencia es lo que nos hace levantarnos cada día y desear vivir, y que la dificultad de expresarlo en palabras reside, precisamente, en su sencillez y en que se trata de cosas que realizamos cotidianamente, a menudo sin darnos cuenta: prestar atención a nuestros seres queridos, dedicarle algo de tiempo a una actividad que nos gusta, en fin, cosas que ni siquiera consideramos dignas de relatar. Por eso a menudo quedamos perplejos cuando nos preguntan "qué has hecho?" y no podemos responder nada interesante o llamativo, aunque en el día a día nuestra vida, nuestra pequeña e insignificante vida, esté llena de sentido…

martes, diciembre 31, 2019

SILENCIO

Ante la intoxicación de palabras e imágenes que sufrimos, solo cabe el silencio y la esperanza de que comunique algo. Pero el silencio no basta, eso es claro. Entonces la paradoja, la contradicción de volver a la palabra.  

lunes, diciembre 16, 2019

ESCRIBIR

Aun cuando lo haya hecho respondiendo a obsesiones, compulsiones, búsquedas inconscientes, vanidades conscientes y otros impulsos contradictorios, escribir ha sido en mi vida un acto de suprema libertad, quizás el mayor, y solo el silencio puede igualarlo en intensidad y plenitud. 

lunes, septiembre 02, 2019

PARA SUBIR AL MONTE FUJI


Para subir al monte Fuji
no basta el arrojo de la gota
que se precipita
ni el temple de la espada 
que vuela.

Es preciso sonreír
como un niño de meses
y reverenciar
el paso del viento.

miércoles, julio 10, 2019

Las piedras y el polvo


Las piedras se convierten en polvo, y el polvo en piedras, ¿o no es verdad?.