Puesto ninguna inteligencia artificial posee nada que se asemeje ni remotamente a la subjetividad, es imposible su resonancia con los seres humanos. Nuestra interacción con los modelos de lenguaje es estrictamente mecánica, aunque se trate de una “mecánica semiótica” o semiológica, es decir, basada en los significados de las palabras. Con los modelos de lenguaje y los centros de datos podemos intercambiar información, pero jamás tener resonancia. Sin embargo, los modelos son diseñados para producir la ilusión de que tal resonancia se produce, y de que con ellos podemos satisfacer una de las más profundas necesidades y móviles humanos: el anhelo de comunicación. De ahí la adicción que producen. Irónicamente, la adicción no hace más que alejarnos y desconectarnos más y más de nuestros semejantes.