martes, diciembre 27, 2011

Vida (Los días y sus dones, 1980-2001)


La vida parece evolucionar en el sentido de una libertad creciente.
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Si la vida es una consecuencia natural (y hasta inevitable, según dicen los biólogos ahora) de la existencia de la materia,  debemos preguntarnos si esta “voluntad de vida” (de autoorganización) inherente a la materia, es manifestación de una Voluntad. En otras palabras: si hay una tendencia natural hacia la vida en el Universo, es este último el que cambia de sentido y de significado, convirtiéndose en el escenario donde coexisten (¿y compiten?) tendencias hacia la integración creciente y hacia la desintegración, quietud o inmovilidad.
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Al menos desde un punto de vista, la vida produce el sonido de una uña cuando rasga el pizarrón: por un lado está el discurrir del tiempo, el tumultuoso avance hacia la disolución; por el otro, el poderoso instinto de permanecer y perpetuarse…
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Si le abrimos el cuerpo a cualquier persona, encontraremos las tripas y los intestinos repletos de mierda, y mil cosas desagradables y oscuras, y más allá, el corazón palpitante afirmándose en su ciega voluntad de vivir. De la misma forma, si le destapamos el psiquismo a cualquiera, encontraremos también tripas y odios y miedos, y cosas gelatinosas y oscuras, pero siempre, un poco más allá, la indeclinable vocación de aferrarse a la vida a cualquier precio, por todos los medios.
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Recordar que la vida es un desafío, una apuesta insensatamente hermosa contra la voracidad de lo inerte.
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Somos polvo estelar. Nuestros átomos están aquí desde el inicio. No olvidarlo jamás. Y las leyes del Universo operan en nosotros como en todo lo demás.
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En el mes de abril, en la zona norte de Costa Rica, soy testigo del espectáculo sobrecogedor que  ofrece la migración de una especie de halcón o gavilán: cientos de miles de ellos vuelan hacia el norte, a gran altura, llenando el cielo durante varios días. Al atardecer descienden sobre las zonas boscosas formando gigantescos remolinos de aves, y en la mañana, cuando el sol calienta, se elevan para continuar su viaje. Ante un fenómeno natural de esta magnitud, siento un curioso alivio al comprender que  nuestros delirios y nuestras cuitas poco cuentan.

domingo, diciembre 18, 2011

CONSENSO Y LITERATURA EN COSTA RICA


A diferencia de otros países de América y el mundo, donde los hombres y mujeres de letras tienen un papel relevante en la escena cultural y en el debate político, esto no ocurre en Costa Rica. A menudo nos preguntamos por qué. 

Salvo en dos breves momentos de nuestra historia -la formación de la república liberal y la formación de la “segunda república”- las relaciones entre el poder político y simbólico y los hombres y mujeres de letras han estado signadas por la desconfianza, la indiferencia y la hostilidad.

En tales momentos de “fundación” de instituciones, algunos escritores y escritoras se convirtieron en  “intelectuales orgánicos” de los movimientos políticos emergentes, como es el caso de  Ricardo Fernández Guardia, Magón y Aquileo Echeverría, vinculados de diferentes formas a la institucionalidad liberal de fines del siglo XIX, o como Alberto Cañas, Samuel Rovinsky y Carmen Naranjo, vinculados orgánicamente a la institucionalidad socialdemócrata emergente a mediados del siglo pasado.

Desde luego, en el devenir de nuestra historia otros hombres y mujeres de letras asumieron actitudes críticas, escépticas o distantes del poder  y la institucionalidad, como es el caso de Joaquín García Monge, Carmen Lyra, Max Jiménez y Yolanda Oreamuno, entre otros acérrimos críticos del régimen liberal, o como aquellos escritores vinculados al Partido Comunista en  el trance de la Guerra Civil del 48 (CALUFA, Fabián Dobles, Adolfo Herrera García, Joaquín Gutiérrez), y muchos otros que irrumpieron en la escena literaria durante el período propiamente socialdemócrata de nuestra historia (hasta los años 80), como José León Sánchez, Alfonso Chase, Virginia Grütter, Jorge Debravo, etcétera. Desde luego, muchos más se mantuvieron indiferentes hacia el acontecer político nacional o asumieron posiciones ambivalentes, acercándose y alejándose de las instancias de poder político y cultural según el momento o sus  intereses personales, y naturalmente la misma tónica se mantiene hasta el día de hoy.

Consenso, literatura e identidad nacional

Por razones históricas, sociales y políticas que no vienen al caso aquí,  el consenso tiene en Costa Rica un papel determinante para la preservación del orden social y, por ello mismo, la tolerancia al disenso es notoriamente baja. Esto se refleja en la escasa polémica y debate públicos y en la existencia secular de “instituciones” culturales como la “serruchada de piso”, como la bautizara Yolanda Oreamuno. El ostracismo conmovedor en el que vivió en Costa Rica Joaquín García Monge es otro ejemplo de ello.

La presión hacia el consenso -casi una “tiranía del consenso”, como la llamé en mi juventud- es pues una nota sobresaliente del régimen de convivencia en nuestro país.

Esta, a mi entender, es la explicación fundamental de la invisibilidad de los hombres y mujeres de letras en la escena cultural y política del país. En cualquier caso, el disenso es mejor tolerado en manifestaciones culturales como las artes plásticas,  la danza o la música -cuyo potencial crítico requiere de mayores elementos para ser interpretado-, que en la literatura, cuyo lenguaje, tejido con conceptos y palabras, resulta por naturaleza más explícito, menos ambiguo.

Sin embargo, por las mismas razones que el potencial crítico de la literatura resulta  amenazador para un régimen de convivencia basado en el consenso, sus posibilidades de convocatoria y de suscitar adhesión resultan también más asequibles que las de otras manifestaciones artístico-culturales.

Ejemplo de lo anterior es la re-lectura  que de las obras de Dobles, Gutiérrez y Fallas realizó la intelectualidad socialdemócrata para ilustrar la tesis de la “democracia rural” como sustrato de la nación costarricense, tal y como lo muestra Carlos Cortés en su novela-ensayo “La gran novela perdida”.

Veneno disolvente y néctar embriagador, la palabra es peligrosa y al mismo tiempo indispensable para crear y socializar imágenes, ideas y sentimientos acerca de quiénes somos, de lo que somos, hemos sido y queremos ser.

En el contexto de la globalización de los mercados y la mundialización de las comunicaciones instantáneas, con el consecuente debilitamiento de lo nacional en los planos simbólico y político, la palabra -las palabras-, las imágenes y los relatos creados por las mujeres y los hombres de letras, adquieren mayor importancia. Para existir en el terreno político, las naciones requieren de un correlato en el plano de la representación simbólica. Careciendo de él, la adhesión y el sentido de pertenencia de los habitantes de una comunidad se debilitan de manera inexorable,  poniendo en entredicho la viabilidad política de la nación.

Así las cosas, las élites políticas y los hombres y mujeres de letras de este país, deberían   replantear sus relaciones. Para ello, aquellas deben renunciar a su temor e intolerancia atávicas al disenso, asumiendo que la palabra crítica y discrepante es un componente indispensable para la construcción de una nueva representación de lo nacional. Se acabaron los tiempos en que la nación se administraba como una finquita patrimonio de unos pocos. Unos y otros debemos perder el miedo a disentir y a expresarlo, apostando porque los lazos de convivencia forjados en el curso de dos siglos de vida independiente, serán más fuertes que cualquier diferencia. Pues ventiladas en el debate público, las diferencias pueden llegar a unirnos más que a separarnos.


viernes, diciembre 16, 2011

HONGOS A LA LUNA LLENA

1/2 kilo de setas
Vino blanco o vino de arroz
Una mujer, preferiblemente con pechos grandes.

Lavar las setas cuidadosamente.
Dejarlas reposar
una noche completa
bajo la luz
de la luna llena.

Invitar a la mujer a beber el vino.
Convidarla a comer las setas.

Hundir el alma en ella.

viernes, diciembre 09, 2011

COINCIDENCIAS

Del poeta costarricense Fernando Luján (1912-1967) supe por primera vez hace pocos años, cuando Víctor Hurtado publicó en el suplemento "Ancora" del diario "La Nación" (Costa Rica) una pequeña selección de sus poemas. Hace un par de meses me encontré en una librería de viejo con un ejemplar de su "Tierra Marinera", libro publicado por primera vez en 1940, que la Editorial Costa Rica reeditó póstumamente el mismo año de la muerte del poeta. 

Ahí encuentro una breve sección titulada "El jardín del niño", que incluye, entre otros, estos poemas:

EL COLIBRÍ

¡El príncipe del jardín!

Por ti se visten las rosas
con su traje carmesí.

Colibrí.

A todas besas y a todas
prometes tu corazón.

Rondaflor.

¡Pero ellas saben que no
te casarás, picaflor!


LOS ZOPILOTES

¡Qué tristes son en invierno,
parados en los tejados,
los zopilotes negros.

¡Lindos se ven en sus vuelos,
cuando están bien encumbrados
por el cielo azul de enero!


EL MARTÍN PESCADOR

Parado en su verde rama
está el martín-péscador.

- ¡Pronto, martín, al agua,
que se asoma un pez de plata
bajo los juncos en flor!

Además de disfrutar y admirar la sencillez de su lenguaje y la belleza de sus imágenes, los traigo a cuento porque hace ya bastantes años -allá por 1997, creo-, escribí también una breve colección de poemas dedicados a los pájaros de Costa Rica, que desde la infancia -cuando cruelmente los mataba- admiro y amo. Aquí van algunos:


ZOPILOTE

      i

Por más que lo intento
no puedo imaginarte polluelo

¡Ay zopilote!

Vos tenés que nacer
ya viejo

      ii

Qué simple es la hermosura
de tu vuelo

Por eso me duele
y no quiero verte

Revolviendo el basurero


EL COLIBRI

Nervioso en el alambre
Se relame
Después de la amapola

¿Tu lengua no es rosada?

Debería


PAJARO BOBO

Qué triste y solitario estás
Calladito
en la rama del cafeto

Nunca te escuché cantar

Pero una de tus plumas basta





miércoles, diciembre 07, 2011

DESMONTO MI BIBLIOTECA

Lo último que desmonto de mi biblioteca es la sección de poesía, los libros de los que más me cuesta desprenderme y, al mismo tiempo, los que frecuento menos regularmente... Parece una contradicción pero cualquier lector de poesía sabe que no es así. La poesía late, no se agota, palpita; uno se asoma, abreva en sus aguas y  cuando regresa el poema es otro, uno también y solo el poema lo sabe, lo revela en comunión secreta. Además, esa delicia de abrir un libro en cualquier página y recibir sin más una cachetada, una caricia, una revelación, una palabra como si siempre hubiera estado ahí, esperando por vos.

FOGATAS

Toros del monte, fieros,
levantan cuernos de fuego.

Por el monte van  los toros
asediados por el viento,
llevan altos cuernos de oro
y sus cuerpos de humo negro.

¡Por el monte, toros fieros,
con sus cuernos de oro y fuego!

                         Fernando Luján, (1912, 1967)
                           De Tierra Marinera (1940)

lunes, noviembre 14, 2011

Viajes (Los días y sus dones, 1980-2001)


Los aeropuertos son un limbo y en ellos todos somos "almas en pena": en tanto que lugares de paso, la identidad personal queda momentáneamente en suspenso, esperando la oportunidad de saltar como un muñeco de resorte tan pronto aparezca un pariente, un coterráneo, un conocido. Sólo quienes trabajan ahí y han integrado estos lugares a su vida, se comportan como personas, sobre todo en el trato que se dispensan entre sí, bastante menos cuando se dirigen a las "sombras" que pasan y con quienes tienen que tratar…
***
El viajero y el suicida se dan cuenta de que lo que queda atrás, seguirá su curso sin ellos.
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El azul profundo del Mediterráneo en calma; el vibrante, intenso resplandor turquesa que escapaba de las olas, aquél día de mar gruesa.
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Los turistas vienen a las catedrales como a los restos de un gran dinosaurio. Circulan entre las costillas, toman fotos con flash  y desprecian el silencio. Atropellados, vienen y van, tratando de registrar detalles y rincones consignados en las guías. La idea de sentarse a respirar parece no existir para ellos: a lo sumo un descanso, unos minutos de reposo antes de seguir la marcha. Los lugares se visitan, no se habitan (aunque sea unos minutos o unas horas); se conocen pero no se viven.
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Los franceses venden vino, queso y palabras…
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Los franceses traen a la palabra lo que los italianos dicen con las manos.
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Horrible y lacerante certeza de que, de aquí en adelante, España será, como lo es ya, una nostalgia y un dolor encarnado.
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La Habana, con sólo mencionarla, sabe a poema.
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Una de las diferencias más palpables entre Madrid y París, es la presencia de lo que quizás impropiamente llamo “el barroco”. “Lo barroco”, tan determinante en Madrid, está casi ausente de París. El barroco: afirmación sensual y contorsión culpógena; afirmación y negación; contradicción, culpa … París, por su parte, es mucho más sobria y equilibrida; aún en sus delirios imperiales transmite un espíritu de sobriedad y de confianza en la razón.
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Dondequiera que voy encuentro dos ciudades superpuestas. Por un lado  la ciudad “globalizada” de los malls, la tv por cable y la Internet, odiosamente idéntica en todas partes (habitada, también hay que decirlo, por hombres y mujeres semejantes en cualquier país), y junto a ella, pero abandonada y en ruinas, “la otra ciudad”, la ciudad nacional de las clases medias y obreras.
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La dificultad, el desafío, estimulan la creatividad y obligan a que todo sea diferente. Por eso las ciudades fundadas en terrenos poco propicios, como San Francisco o Río de Janeiro, son las más bellas.
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A medio camino entre Macondo y Paris, Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Caminando por sus calles, uno comprende  que aquí haya surgido una de las principales escuelas psicoanalíticas. Y es que ser porteño es ser conciente de que se es algo que no se es.
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“Venus” es el nombre de batalla de esa esbelta travestida que cada sábado se maquilla maravillosa, alucinantemente, para venir a exhibirse al boulevard donde nos paseamos los turistas. Ella sabe muy bien en donde está parada, pues constantemente grita: “Don´t take that picture, damn. This is America; nothing is for free.”
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Los indígenas de Panajachel, duchos en el arte de hacerse pasar por idiotas.
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Un poco por mi facha, y otro por las gotas de sangre anglosajona que cargo, me resulta fácil palpar el desprecio y el odio apenas disfrazado que sienten los guatemaltecos por los gringos.
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Guatemala City: en las cercanías del hospital, proliferan, prósperas, las funerarias…
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¡Qué dicha interminable la de Odiseo, que durante diez años viajó de regreso a casa!

viernes, octubre 21, 2011

Una de Pound

"Haré declaraciones que pocas personas se pueden permitir porque pondrían en peligro sus ingresos o su prestigio en sus mundos profesionales, y sólo están al alcance de un escritor por libre. Dada mi libertad, puede que sea un tonto al usarla, pero sería un canalla si no lo hiciera."

Ezra Pound

viernes, septiembre 30, 2011

De "La caída" (Camus)

Tout a fait entre nous, la servitude, souriante de préférance, est donc inévitable. Mais nous ne devons pas le reconnaitre. Celui qui ne peut s´empecher d´avoir des esclaves, ne vaut-il pas mieux quíl les apelle hommes libres? Pour le principe d´abord, et puis pour ne pas les désespérer. On leur doit bien cette compensation, n´est-ce pas? De cette manniére, ils continueront de sourire et nous garderons notre bonne consciencience. Sans quoi, nous serions forcés de revenir sur nous-memes, nous deviendrions fous de douleur, ou meme modestes, tout es a craindre.

Aquí entre nos: la servidumbre, de preferencia sonriente, es inevitable. Pero no debemos admitirlo. A quien tiene esclavos, ¿no le  conviene llamarlos seres libres? Por cuestión de principios, de entrada, pero también para que no desesperen. Les debemos esa deferencia, ¿no es así? De esta forma conservarán su sonrisa y nosotros la buena conciencia, sin la cual nos veríamos obligados a mirarnos  y enloqueceríamos de dolor, o quizás nos volveríamos humildes, algo temible.

sábado, septiembre 24, 2011

Cita citable

Hacer las cosas de este modo, sólo para ver qué pasa, sin grandes motivaciones, es la única actitud que un poco después, al cabo de unos minutos, hace que surja del mundo algo de futuro. Sin sombra duda, el futuro no está de ninguna manera en los deseos. En un deseo, si queremos ser benévolos, está quintaesenciada la asquerosidad de un pasado que te adhiere a algo que te parece enteramente tuyo, cuando, por el contrario, es fortuito como todo lo demás.

Ugo Cornia
Sobre la felicidad a ultranza

miércoles, septiembre 14, 2011

¿QUÉ ES UNA HISTORIA?


Tras muchos años de fabular historias que a veces devienen relatos escritos y otras veces relatos audiovisuales, he venido decantando una visión personal de “lo que es una historia.” Digo que se trata de una visión personal no porque crea que hay algo de original en ella, sino porque me he acercado a ella mediante una reflexión nacida de la experiencia  más que de lecturas  sobre el tema.


Mi enunciación de lo que es una historia resulta extremadamente sencilla: “una historia es un relato donde algo le sucede a alguien.”

Un  relato es una relación de hechos representados en un lenguaje, sea la palabra (oral o escrita), la imagen audiovisual o la escenificación teatral o danzaria. Puesto que hablamos de una representación,  por “alguien” debemos entender  un personaje, es decir, una construcción significativa que solo tiene entidad y sentido en el marco del sistema de representaciones del relato. Desde luego, los personajes y los hechos de una historia pueden ser ficticios  o hacer referencia a sucesos y personas objetivamente existentes; asimismo, los personajes pueden ser individuales o colectivos. (El personaje principal de un relato puede ser “El pueblo de Fuenteovejuna”, la familia Buendía o el Príncipe Hamlet.)

Puntualizadas estas obviedades, cabe preguntarnos: ¿qué significa, en definitiva, que “algo le suceda a alguien”? O dicho en otras palabras: ¿qué debe de ocurrir para que algo nos suceda? (Y aquí extiendo deliberadamente la interrogante a personajes y seres humanos…)

El sujeto/personaje y el Deseo

A cada instante nos suceden cosas -respiramos, parpadeamos, nos movemos, salivamos, hablamos- y no por ello consideramos que “nos pasó algo”. La primera tentación sería decir entonces que “para que algo nos suceda”, debe tratarse de cosas excepcionales, fuera de lo común; sin embargo, solo de vez en cuándo tropezamos y caemos en la calle, vamos donde el dentista o a un funeral, y no por ello consideramos que, por sí mismos, estos acontecimientos den pie a un relato.

Una segunda tentativa sería señalar que “para que algo nos suceda”, debe tratarse de cosas importantes, pero eso nos obligaría a preguntarnos qué cosas pueden considerarse  universalmente “importantes”: ganar la lotería puede ser un acontecimiento importantísimo en la vida de alguien e irrelevante en la de otra persona, y respirar puede ser algo totalmente trivial o investirse de la mayor importancia.

¿Qué significa, entonces, que algo nos suceda?

Que nos suceda algo quiere decir que se trata de algo significativo. Decir que algo es significativo implica necesariamente a un sujeto, pues los hechos solo tienen significación para los sujetos: es la subjetividad la que atribuye valor y sentido a los actos propios y ajenos y a los acontecimientos en los que se ve involucrada. De modo que para que haya una historia, debe haber un personaje al que le sucede algo significativo para sí mismo o para otros personajes del relato.

Dicho esto, podemos todavía preguntarnos: ¿pero cuándo nos ocurren cosas significativas?

Desde mi perspectiva, hechos significativos son aquellos en los que el sujeto  adquiere o  pierde algo a lo que está vinculado mediante su Deseo, o bien logra conservarlo tras una lucha con fuerzas surgidas de su entorno.

Desde luego, el objeto de Deseo puede tomar mil rostros: el amor de un ser, la venganza de una ofensa, el dinero, la autodestrucción, la superación de barreras físicas, psíquicas o emocionales, la constitución de una familia, la emancipación, la independencia, la justicia, la libertad, el conocimiento, la paz interior, el poder y la gloria, la fama y la fortuna, la aniquilación de un enemigo, la amistad, el ascenso o el éxito social, la sobrevivencia en una situación adversa, un bel morir, etcétera, etcétera. Lo relevante, en cualquier caso, es que en las historias hay un sujeto/personaje que triunfará o fracasará en su cometido de obtener o conservar su objeto de Deseo.  

Se dirá que lo dicho aquí no es una ley universal, y es cierto. Relatos hay que narran historias en las que nada ocurre, pero en ellas precisamente lo que ocurre es que nada ocurre o, dicho con mayor precisión, se trata de historias en donde nada ocurre ahí donde algo debería ocurrir.  El contenido de la historia es, por decirlo así, lo que no ocurre, la agonía  y muerte del Deseo.

Al hablar de Deseo no lo hacemos desde una perspectiva psicológica o psicoanalítica  particular, y si  distinguimos la palabra con una mayestática mayúscula es tan solo para significar que, en aquello que el sujeto/personaje desea, está comprometido algo profundo y relevante para él; algo que hace a su idea de sí mismo y de su lugar en el mundo.

Por otro lado, cabe preguntarnos por la relación entre el Deseo y la libertad. Con amarga, y tal vez sabia ironía, decía Schopenhauer que somos libres de hacer lo que queremos pero no de querer lo que queremos… Así, la tragedia, la comedia o el drama del Deseo vendrían a ser también la tragedia, el drama o la comedia de la libertad humana, pero esa es otra discusión que nos aleja de nuestra pregunta inicial.

La doble temporalidad y el arte del relato

Si una historia nos relata el fracaso o el éxito o de uno o varios sujetos/personajes en relación con su Deseo, esto crea una temporalidad: ya se trate del objeto de deseo que se revela como una epifanía, o de la amenaza que irrumpe en el mundo del sujeto/personaje, en donde reinaba la comunión con su objeto de Deseo, asistimos ahí al inicio de una historia. Lo que ocurra entre ese punto y el final, cuando ya no queden dudas acerca del logro o el fracaso del personaje en su propósito, constituirá el marco temporal de la historia.

Desde luego,  el relato -la relación o representación de los hechos mediante un lenguaje-, no necesariamente 
replicará ese decurso, creándose una doble temporalidad: la de la historia o “los hechos” y la del relato o relación.

Contar una historia, todos la contamos; hacer de ello un arte, es otra historia.

El manejo de esta doble temporalidad es uno de los aspectos fundamentales del arte de relatar historias, junto con otros elementos como las sugerencias, las ambigüedades y los símbolos…

Pero el tema de esta breve reflexión es la naturaleza de las historias y no el arte de relatarlas. Por eso la cerramos aquí.

domingo, septiembre 11, 2011

Sueños (Los días y sus dones, 1980 - 2001)


Varias cucarachas caen en una telaraña. Con fantástica velocidad, la araña las envuelve y se apresta a devorarlas. Al lado de donde sucede esto, descubro uno, dos, tres, varios hermosísimos escarabajos azules, fosforescentes, y un gran escarabajo “torito” como los de mi infancia. Tomo en mis manos uno de los escarabajos resplandescientes, se lo muestro a alguien que me acompaña dentro de la habitación. Acerco el insecto a la ventana y el viento desprende y trae hacia mí nubecillas de polvo y polen de sus pies. Pienso que me fertilizan. Lo acerco a la ventana y lo dejo ir.
***
Frente a un templo,  me encuentro con una larga hilera de gente que desciende hacia los sótanos. Entre ellos reconozco a mis muertos queridos. Feliz, los saludo y me abrazo con ellos. Alguien  me invita a unirme a la fila, pero le respondo que no puedo hacerlo y así nos despedimos. Me alejo y por fin llego a la fachada del templo. Ingrávido,  me elevo hacia lo alto de una de las torres, hasta colocarme ante una ventanilla. Dentro, del otro lado, está Jesucristo. Me sobrecoge la fuerza y claridad y bondad de ese rostro. Tiene en sus manos, y me lo muestra como quien no quiere la cosa, un viejo libro. El Libro. Con su bella sonrisa, Jesús me pregunta: “¿Qué quieres de mi?”  Y le respondo: “Nada, nada. Pero es maravilloso contemplar un rostro así.”  Enseguida, con gran gozo, me hago consciente mientras duermo.
***
Un toro y un hermoso pájaro se descubren y se miran asombrados. Se acercan lentamente y yo siento la extrañeza, la fascinación que despierta el otro en cada uno de ellos. Entonces el toro saca un revólver y lo apunta contra el ave, pero en lugar de disparar, lo dirige de inmediato contra su propia cabeza y entonces sí dispara y cae fulminado. Quedo paralizado de horror sin poder reaccionar.
***
Una mujer angelical extirpa gusanos que se habían enquistado en mis uñas. Estoy a punto de ver mi sombra, o mejor dicho, de descubrir una profunda identidad que iba a revelárseme proyectándose en el sueño como si fuese mi sombra, pero como si recibiera una cachetada, despierto por temor a ver la sombra del diablo.
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Sueño que las aguas negras de una iglesia se desbordan y afloran, fétidas, a la calle. A pocos metros de ahí, en la plaza, se celebra un carnaval.
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Mientras duermo, escucho en mi interior “A Love Supreme” y cada una de las notas del sax masajea suave y placenteramente mi cerebro. Dormido, alcanzo a maravillarme por el hecho de que recuerde cada una de las notas de Coltrane. El solo de sax sube de intensidad y yo me elevo al éxtasis. “Dios”, pienso.
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Sueño que estoy enloqueciendo. Me desdoblo, me veo frente a mi, me tiendo la mano y me paso electricidad durante el apretón. Alguien me dice: “Te veo mal…” Yo le respondo que pase lo que pase, no me droguen con medicamentos. Miro con enorme tristeza unas figuritas artesanales mientras pienso que me gustaría hacer cosas como esas. Todo está permeado de una tristeza sin fin, de un abandono terrible. Veo la rama de un árbol cortada de cuajo. Todo es fragmentario e incoherente, como si yo fuea un condenado a muerte y por ello mismo nada me importara pero todo tuviera mayor relieve.
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Una bruja me pide que me identifique con alguno de los objetos que ha desplegado frente a mí: una cebolla, un frasco, etc. Después de mucho pensarlo, yo lo hago con un plato frágil y vacío.
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Sueño: “Ahora que ha llegado a la mitad de su camino, se siente solo: no puede librarse de sí mismo…”
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Sueño: El policía de adentro  me pone, literalmente, esposas en el cráneo.
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Sueño: los animales utilizados en experimentos crean en venganza un ser terrible, poderoso y malévolo.
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Sueño: “es el amor sembrando primaveras”.
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Aterrorizado, sueño con un inmenso sol negro que permanece oculto a nosotros detrás del sol.
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Sueño: el Buda es como una prostituta: todo el mundo lo detesta pero todo el mundo quiere ser como él.”
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Sueño que no puedo escribir porque vivo en medio de cajas, polvo, sombra. Mientras duermo, pienso: “no eran las ratas invadiendo el espacio de los hombres, sino los hombres invadiendo el espacio de las ratas…”
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“La soledad ya no es opción”. Despierto con estas palabras en mis labios.
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Sueño: la obra está inconclusa. El movimiento es espiral.
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Sueño: un hombre es “virgen” hasta que encuentra a su arquetipo femenino.
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Sueño: “la dignidad de lo humano reside en su voluntad de saber.”
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Sueño: “Un país es su situación actual más sus sueños…”
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Sueño: "El sí-mismo es lo que está en permanente reposo".
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En sueños, un tipo toca el arpa y canta maravillosamente en la entrada de una ciudad terrenal y asombrosa. Me dice que “los objetivos del Ñandarque” son erotizar la realidad y otras cosas insólitas.
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Sueño: un sistema matemático que sólo es válido en algunas regiones del Universo.
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El espacio que habitan los personajes de mis sueños tiene tres dimensiones. Sin embargo, a nuestros ojos esto resulta una incongruencia, una estupidez.
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Sueño: la importancia de los acontecimientos la determinan la cantidad de personas a la que estos afectan y la permanencia en el tiempo de esos efectos.
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Busco espacio para dormir en una casa medio ruinosa. Ahí hay fantasmas, demonios y espíritus que integran una especie de tribunal y me interrogan con dureza, con severidad. Sentencian que la intensidad que pretendo es excesiva.
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Alguien me habla del “centro del mundo” y yo llego por azar a él. En el medio de una pequeña pileta de poca profundidad, hay una fuente de agua, con un respaldar semioculto. Cuando me siento ahí, descubro frente a mi unos hermosísimos bajorrelieves, de belleza casi sobrenatural, que solo son visibles desde ese punto. Representan dragones, serpientes, santos, caminos de ascensión y caída, y en algunos puntos tiene engastadas piedras preciosas. Entonces una descarga de energía sube violentamente por mi cuerpo y me abofetea la cabeza, intensa y placenteramente.
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Sueño: “ni siquiera todo nos parece demasiado: es aquí en donde falla el límite”
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Sueño: “Este tiempo caótico y multitudinario exige de nosotros una inmensa claridad”.
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Sueño: “la paz tiene su guerra…”
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Sueño: "Vas a verter un día los treinta posibles racimos de rocío..."
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Sueño: Federico García Lorca me explica que no es lo mismo hablar uno de su experiencia de algo universal, que hablar simplemente de uno.
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¿Quién escribe el guión de tus sueños?

miércoles, septiembre 07, 2011

la actitud

...una alegre pero concentrada despreocupación, que exteriormente podría parecerse a la indolencia, pero que por lo demás es radicalmente diferente de ella, tal vez incluso su opuesta, pues en la indolencia la voluntad es prisionera del desinterés por las acciones y de una falsa indiferencia hacia sus resultados, mientras que en aquella lo que domina es un compromiso al mismo tiempo profundo y distanciado con nuestras acciones, y la impasibilidad hacia sus resultados.

domingo, septiembre 04, 2011

bola de cristal

Y te asomabas a la Web con la misma ansiosa expectación que a una bola de cristal, no con ánimo de conocer el futuro, sino el pasado y el presente.

miércoles, agosto 31, 2011

SOLEMNIDAD (Los días y sus dones, 1980-2001)

Por alguna razón tendemos a tomar más en serio lo solemne, lo grave y lo patético, como si esa sola condición lo acercara más a “la verdad”. Pero nuestras pequeñas verdades de cada día pueden expresarse en diferentes registros emocionales y lingüísticos sin alterar su contenido.

***

Hay quienes piensan que reir es prohibido en el trabajo.

***

Mi escritura salta sin cesar de una liviandad juguetona a una patética grandilocuencia.

***

Lo aburrido de lo solemne es que es aburrido. (¡Fuera de aquí, estúpido solemne, lunático aburrido!)

sábado, julio 30, 2011

DOS APUNTES

Basura es todo aquello que nadie reclama como propio.

Me interesa el lenguaje de la mente.

sábado, junio 04, 2011

LOS ESCRITOS DE ERIK SATIE

Mi amiga Carolina León, adepta y también conocedora de la vida y obra del gran compositor Erik Satie (1866-1925), me ha prestado un libro con escritos, poemas y anotaciones varias que hacía Satie en sus partituras. Entre los escritos reunidos en el libro -todos fascinantes- no puedo dejar de transcribir, a pesar de su extensión, este que reúne las "indicaciones de carácter" que consignaba Satie en sus partituras para orientar a los intérpretes. Los editores del libro las reunieron y agruparon en orden alfabético. ¡Extraordinario, sorprendente y muy divertido!

INDICACIONES DE CARÁCTER
A flote
A la napolitana
Abra la cabeza
Acariciador
Aconséjese atentamente
Acribillado
Acumulativamente
Adoptar aire falso
Afectando demasiada importancia
Afirmativo
Agitado
Alegremente
Alegría moderada
Alto
Aminorar con amabilidad
Aminorar con bondad
Aminore mentalmente
Ampliando la cabeza
Ampliarse
Amplíe su impresión
Amplio de miras
Apaciblemente
Apague
Arrulle
Atentamente
Atrase despacio, sin ambages
Atrase una hora
Bailando
Bajamente
Bastante alerta
Bastante encendido
Bastante frío
Beba
Blanco
Brutal
Caeremoniousus
Caiga hasta el debilitamiento
Calmado sin lentitud
Calmado y profundamente suave
Cante
Cante seriamente
Casi invisible
Claustralmente
Como un animal
Como un ruiseñor con dolor de muelas
Como una suave petición
Con asombro
Con ceremonia
Con convicción y tristeza rigurosa
Con deferencia
Con dos manos
Con el rabillo de la mano
Con el rabillo del pensamiento
Con energía
Con entusiasmo
Con fascinación
Con fuerza
Con la cabeza
Con la mano en el corazón
Con lentitud
Con más soltura
Con mucha seriedad y una gravedad cortés
Con mucho cuidado
Con precaución y lento
Con sencillez
Con ternura
Con tristeza
Con tristeza y fatalidad
Cn un candor recatado pero conveniente
Con un profundo olvido del presente
Con una gran bondad
Con una justa cólera
Con una ligera intimidad
Con una sana superioridad
Con una tímida devoción
Con una tímida piedad
Concentrarse en la renuncia
Convencer
Corpulentus
Corra
Cuidadosamente
De cuerpo
De lejos
De lejos y con aburrimiento
De lo alto de usted mismo
De manera que obtenga un hueco
De dientes afuera
De un soplo
De una manera muy particular
De reojo y contenido por adelantado
Despegado sin aridez
Determinado
Doble cuidadosamente
Doble lentamente
Empapar
Empaparse
En blanco e inmóvil
En el gaznate
En el más profundo silencio
En la boca del estómago
En llamas
En lo mejor
En pleno pecho
Engordar
Enigmático
Epotus
Establecerse
Esté como encendido
Evite toda exaltación sácrílega
Exaltado
Fisiognómico
Flotando
Fríamente
Fuera y doloroso
Graciosamente
Grandioso
Guiñando el ojo
Hábilmente
Haga como yo
Hipócritamente
Ignorar la propia presencia
Illusorius
Imitativus
Impasible
Importante
Indudable
Inflexible
Interrogue
Intimidar
Invitarse
Irónicamente
La cabeza entre las manos
La espalda encorvada
La mano sobre la cabeza de su alma
Lacado como un chino
Lágrimas en los dedos
Latoso
Lechuguino
Lento y doloroso
Lento y grave
Lento y triste
Ligero
Ligero, pero decente
Los huesos secos y lejanos
Llano
Lleno de sutilidad, hágame caso
Llévelo más lejos
Llore como un sauce
Macilento de cuerpo
Más blanco
Más íntimamente
Más pesado todavía, si es posible
Melancólico
Mirándolo dos veces
Mirándose de lejos
Misma afirmación pero más interior
Misterioso y tierno
Moderado y muy aburrido
Modestamente
Mover hacia dentro
Muévase
Muy aburrido
Muy afectuoso
Muy blanco
Muy confuso
Muy conveniente
Muy cristianamente
Muy perdido
Muy reluciente
Muy sinceramente silencioso
Muy turco
Naturalmente
Necesariamente
Negligentemente
Negruzco
No cambie de fisonomía
No coma demasiado
No demasiado sangriento
No hable
No pierda el norte
No salga
No se atormente
No se engría
No sude
No tosa
No trague
Noblemente
Nocturnamente
Nocturnus
Obedecer
Obligatoriamente
Opacus
Oscuro
Paedagogus
Palidezca
Pálido y hierático
Paramirar de cerca, no más
Paso a paso
Paululum
Permanezco (poco) justo delante de usted
Pesado
Por completo
Positivamente
Postule ustedmismo
Preciosamente
Provéase de clarividencia
Que su emoción sea suave
Quédese atónito
Rasque
Rebote someramente
Rehuya el sonido
Respire
Retire la mano y métasela en el bolsillo
Sabiamente
Seco como un cuco
Ser visible un momento
Seriamente pero sin lágrimas
Siga sin perder el conocimiento
Siga recto
Sin grandiosidad
Sin irritarse
Sin lustre
Sin maldad
Sin nada de poesía
Sin orgullo
Sin ostentación
Sin pestañear demasiado
Sin prisas
Sin que el dedo se ponga colorado
Sin ruido, vuelva a hacerme caso
Sin temblar demasiado
Sobre la lengua
Sobre terciopelo amarillecido
Solo, durante un instante
Sonría
Súbase sobre sus dedos
Subitus
Substantialis
Supersticiosamente
Tan tranquilo
Temblar como una hoja
Tierno
Triste
Un poco caliente
Un poco cocido
Un poco rococó pero lento
Valientemente fácil y complacientemente solitario
Váyase
Vea
Verdaderamente
Virtuoso
Viscoso
Visible por un instante

lunes, mayo 30, 2011

UNA DE LEVRERO

Cree la gente, de modo casi unánime, que lo que a mí me interesa es escribir. Lo que me interesa es recordar, en el antiguo sentido de la palabra (=despertar). Ignoro si recordar tiene relación con el corazón, como la palabra cordial, pero me gustaría que fuera así.

La gente incluso suele decirme: "Ahí tiene un argumento para una de sus novelas", como si yo anduvier a la pesca de argumentos para novelas y no a la pesca de mí mismo. Si escribo es para recordar, para despertar el alma dormida, avivar el seso y descubrir su caminos secretos; mis narraciones son en su mayoría trozos de la memoria del alma y no invenciones.

El alma tiene su propia percepción y en ella viven cosas de nuestra vigilia pero también cosas particulares y exclusivas de ella, pues participa de un conocimiento universal de orden superior, al cual nuestra conciencia no tiene acceso en forma directa. De modo que la visión del alma, de las cosas que suceden dentro y fuera de nosotros, es mucho más completa que lo que puede percibir el yo, tan estrecho y limitado.
(...)

Claro que no sé hasta dónde mi alma es mía; más bien yo pertenezco al alma y esta alma no está, como señala más de un filósofo, necesariamente dentro de mí. Es simplemente algo que no conozco; el yo no es otra cosa que una parte modificada, en función de cierta conciencia práctica, de un vasto mas que me trasciende y sin duda no me pertenece; un especimen surgido, o emergente, de un vasto mar de ácidos nucleicos. Pero qué hay detrás, cuál es el impulso que se expresa mediante el ácido. Ese deseo, esa curiosidad, esas voracidad subyacente en las partículas materiales."

Mario Levrero
(Montevideo, 1940-2004)
El discurso vacío.
(2007)

domingo, mayo 22, 2011

MADRID

La última vez que estuve aquí por más de una semana fue en 1993, hace casi veinte años. Desde entonces he vuelto varias veces, casi siempre por pocos días, casi siempre para visitar amigos. Desde la primera vez, en el verano de 1985, me sentí a gusto en esta ciudad. Bueno, no es cierto, no es exáctamente así. Recuerdo que en aquél primer encuentro me sentí avasallado, humillado por la amplitud de algunas calles y la imponencia de cierta arquitectura. Más que la vieja arquitectura imperial de los Habsburgos, fue lo masivo de los edificios de Gran Vía y Alcalá lo que me apabuyó. Recuerdo particularmente -curiosa impresión, curioso también que el recuerdo permanezca intacto- que las verjas de esos edificios me resultaron ofensivas. Miraba los enormes trabajos de hierro en las ventanas del Banco de España, del edificio de Correos, de los viejos edificios del Paseo del Prado y de Castellana, y me decía con indisimulado reconcomio que toda esa riqueza era fruto de la expoliación colonial de América.




Regresé por mucho más tiempo en 1993 y entonces me familiaricé con la ciudad. Tuve la suerte de permanecer 9 meses aquí, becado por la AECI, para estudiar guión cinematográfico. Eran los estertores finales del gobierno de Felipe González. Tuve la dicha de vivir cerca del Retiro y me tocó en suerte que los becarios tuviésemos entonces entrada libre a los museos del Estado; por ello pude visitar tantas veces como quise El Prado. Lo mismo que con la música, son pocos los pintores con quienes se entabla un amor a primera vista, y es cierto que en general hay que desconfiar de esos amores. Yo me enamoré despacio, a fuerza de visitas reiteradas, de Velázquez y del Bosco, de la Anunciación de Fray Angélico y de las madonas de Rafaél.






Como cualquier becario en Madrid, hacíamos vida de estudiantes y la mayor parte de nuestra actividad nocturna se desarrollaba en Chueca y Lavapies. En mi curso éramos varios becarios provenientes de América Latina -Ecuador, Colombia, Venezuela y Costa Rica- y desde luego un número mayor de españoles. Afirmar que durante aquellos meses me sentí "madrileño" sería exagerado y quizás sea más justo decir que me sentí "como en casa".


Hace pocos días, le comentaba a un amigo haber visto entonces un batallón de jóvenes conscriptos haciendo sus prácticas de "la mili" en El Retiro, y registrar como algo especial y llamativo el hecho de que entre ellos hubiera un joven negro. Recuerdo también haber visto en alguna caminata nocturna a otro joven de evidente origen africano trabajando en la recolección municipal de la basura.




Tras estas semanas de estadía acá, lo que más ha llamado mi atención es sin duda el incremento de la presencia de migrantes de todo el mundo. Madrid está en trance de convertirse en una ciudad cosmopolita y multicultural. Lo más notorio son los chinos que se establecieron en Lavapies. Decenas, centenares de comercios chinos de ropa y de los productos más variados... Están también, desde luego, los rumanos y los búlgaros, los subsaharianos de diferentes orígenes, los latinoamericanos que entonces empezábamos a venir y los magrebíes y gitanos que ya estaban aquí. Los gitanos, que entonces constituían la nota dominante entre las poblaciones "foráneas", pasaron hoy, según me parece, a segundo o tercer plano, pero quizás estoy equivocado.




A propósito de todo esto, me decía hace algunos días Alfonso -un salonero de mediana edad, trato amable y voz dulce que trabaja en una cantina popular en la zona de Chueca-: "No estábamos preparados, simplemente no estábamos preparados para todo esto..." Lo decía casi como una disculpa, como una justificación, para convencerme de que no hay maldad ni xenofobia en la gente de acá sino más bien ignorancia e impotencia, y que estos procesos de asimilación e integración requieren tiempo y esfuerzos.




Creo, sinceramente, que Alfonso tiene razón y da en el clavo. Madrid -la gente de Madrid- no estaba preparada para la globalización y todos sus efectos.




¿Pero acaso lo estaba alguien?




No hay lugar del mundo que no haya sufrido los impactos del signo de los tiempos, aunque estos efectos sean diferentes según el lugar. ¿Acaso estaban preparados los chinos para lo que les cayó encima? ¿Acaso lo estaban los mexicanos, los hindúes o los costarricenses?




Aunque difieran las formas en que la llamada "globalización" afecta a los pueblos, naciones y culturas, todas tienen en común una exposición masiva, arrolladora, a lo otro, a lo extraño, a lo diferente... En los países del llamado "primer mundo" este contacto es presencial y se concreta mediante las migraciones; en el caso del resto de países, la exposición tiene lugar mediante la invasión de productos, costumbres y signos extraños, en virtud de la apertura de los mercados y la imposición de los medios de comunicación globalizados.




Para unos y para otros la "globalización" tiene un efecto "modernizador" -entiéndase, disolvente- en el sentido de arrasar con costumbres, referentes y tradiciones.




Y no, para eso nadie estaba preparado y con eso todos tenemos que lidiar.




-Alfonso, anda, pónme otro vermú...

domingo, abril 24, 2011

SOCIALISMO (Los días y sus dones, 1980-2001)

Tras el hundimiento del “socialismo histórico” me dice V.: “Es como si hubieras creído que tu madre era una santa y descubrieras que era una puta.”
***
Encuentro casual y cervezas con el escritor Joaquín Gutiérrez. Le pregunto cómo ha vivido el derrumbe del mundo socialista y me responde: la clase obrera rusa era ladrona, borracha e indisciplinada. Les hizo falta pasar por los horrores del capitalismo naciente para apreciar lo que tenían con los soviets… Yo lo escucho sin poder creerlo. ¡Ahora resulta que los responsables y causantes del fracaso socialista fueron los obreros!
***
No olvidar que la revolución es –también–, mirarse en el espejo más terrible: cada día.
***
Sin afán de ser pesimista: ¿cómo esperar que los pueblos se sacudan la opresión si la sola subsistencia es un acto de heroísmo?
***
Entre las mentiras más exitosas de fin de siglo, se cuenta la que afirma que la debacle del socialismo acabó con las utopías. Lo que nadie nos explica es que la sociedad en la que vivimos se sustenta en otra utopía. Sí: la utopía tecnológica, el cuentito de que las computadoras y la Internet y la exploración espacial y otras cosas por el estilo van a resolver nuestra situación como por arte de magia, y todos vamos a vivir felices y como hermanitos. La arcadia tecnológica es tan ilusoria como su prima-hermana, la utopía política. Ante el ocaso (¿momentáneo?) de las utopías sociales, nos refugiamos en la utopía tecnológica. Así pues, la utopía ha muerto, ¡viva la utopía!

sábado, abril 02, 2011

TIEMPO

Mentiroso Impostor

Todo de nuevo

Y nada nuevo

Mentiroso Impostor

Todo idéntico

Y yo más viejo

abril 2011

jueves, marzo 17, 2011

PARTIR

(del Diccionario Interior)

El que parte, se parte: sabia esta lengua en cuyos pliegues se dibuja esta verdad.

Algo de nosotros queda en lo que queda, en los que quedan, y al partir, también nosotros nos partimos en pedazos.

Y como siempre estamos partiendo hacia alguna parte, siempre andamos divididos.

Ahora bien, siempre estamos partiendo pero habitualmente volvemos a nosotros, a los otros que son con nosotros, y así nos reunimos, aunque el que se fue y el que vuelve no sean el mismo, no sean lo mismo, de ahí el eterno desencuentro entre nosotros.

Esa es una cosa, pero está esta otra:

¿Qué de los que parten y luego ya no vuelven? ¿Los que se van definitivamente? Esos dejan un pedazo que continuará aleteando entre nosotros como el trozo languideciente arrancando a la cola de una lagartija. Los que no regresan no parten, se arrancan. Esa ilusión de un nuevo principio anima al que parte sabiendo que no volverá.

Hablo, aquí, de los que parten de su tierra hacia otras tierras, por ejemplo.

Pero está esto otro, también, lo obvio y sin embargo tan obviado: que todos partiremos.

¿Será -me pregunto a veces- que tras partir definitivamente nos reuniremos al fin?

Eso dicen, eso han dicho, los que dicen saber.
Tal vez el silencio y la nada nos acogen y esa es otra forma de reunirnos.

viernes, marzo 04, 2011

De "LOLITA" (II)

“She would try to relieve the pain of love by first roughly rubbing her dry lips against mine; then my darling would draw away with a nervous toss of her hair, and then again come darkly near and let me feed on her open mounth, while with a generosity that was ready to ofer her everything, my heart, my throat, my entrails, I gave her to hold in her awkward fist the scepter of my passion.”

“Trataría de librarse del dolor del deseo estampando de entrada y con firmeza su labios resecos contra los míos; luego mi amada se retiraría en medio de un nervioso balanceo de su cabello, para después regresar ominosamente permitiéndome abrevar de nuevo en su boca entreabierta, mientras con generosidad dispuesta a entregarle todo -mi corazón, mi cuello, mis entrañas-, yo ponía en su puño crispado el cetro de mi pasión.”

martes, marzo 01, 2011

lunes, febrero 28, 2011

DE "LOLITA" (Ejercicio de traducción)

3
Annabel tenía, como quien esto escribe, orígenes diversos: en su caso mitad inglesa, mitad holandesa. Hoy recuerdo sus rasgos mucho menos claramente que hace algunos años, antes de conocer a Lolita. Existen dos tipos de memoria visual: una en la que uno hábilmente recrea una imagen en el laboratorio de su mente, con los ojos abiertos (y ahí veo a Annabel en términos generales como estos: “piel color miel”, “brazos delgados”, “pelo castaño rizado”, “largos latigazos”, “gran boca lustrosa”), y otra en la que uno repentinamente evoca, con los ojos cerrados, en el oscuro interior de sus párpados, el objetivo, la réplica perfecta de un rostro amado, un pequeño fantasma a todo color (y así es como veo a Lolita.)
Permítanme entonces, primero que nada, describirles a Annabel, diciendo que era una adorable chiquilla algunos meses menor que yo. Sus padres eran viejos amigos de mi tía y tan enfermizos como ella. Habían alquilado una villa no lejos del Hotel Mirana. Calvo-castaño el Sr. Leigh y gorda y granulada la Sra. Leigh (nombre de soltera: Vanessa van Ness). ¡Cuánto los destestaba! Al inicio, Annabel y yo abordamos temas periféricos. Ella alzaba puñados de finísima arena que dejaba escurrir entre sus dedos. Nuestros cerebros estaban dirigidos como los de cualquier preadolescente inteligente de nuestra época y condición en Europa, y me pregunto cuánto de mérito personal cabe atribuir a nuestro interés por la pluralidad de mundos deshabitados, el tenis competitivo, el infinito, el solipsismo y otras cosas parecidas. La fragilidad y dulzura de los cachorros de cualquier especie nos causaba a ambos el mismo dolor intenso. Quería ser enfermera en algún país asiático devastado por la hambruna, yo deseaba convertirme en un espía famoso.
De pronto estábamos torpe, loca, desvergonzada, agonizantemente enamorados; desesperanzadamente también, debo decir, puesto que aquél frenético deseo de posesión mutua solo podría ser apaciguado empapándonos y asimilando cada partícula del alma y la carne del otro; pero henos ahí, sin posibilidad alguna de salir y noviar como hasta dos chiquillos de barriada hubieran podido hacer sin contratiempos. Luego de una tentativa loca nos encontramos una noche en su jardín (del cual diré más adelante); la única privacidad que nos permitían era no ser escuchados pero jamás quedábamos fuera de la vista en la parte más concurrida de la playa. Ahí, en la suavidad de la arena, alejados algunos metros de los adultos, nos explayábamos toda la mañana en el paroxismo inmóvil del deseo, y aprovechábamos cada bendito resquicio en el tiempo y el espacio para tocarnos: su mano, medio oculta bajo la arena, se escabullía hacia mí, sus delgados dedos castaños como sonámbulos más y más cerca cada vez; luego su rodilla opalescente iniciaba un largo y cauteloso viaje; a veces una barrera interpuesta por chicos menores nos brindaba suficiente refugio para mordisquear los labios salinos del otro; estos contactos incompletos condujeron nuestros inexpertos, jóvenes y saludables cuerpos a tal estado de exasperación que ni siquiera el agua fría y azul, bajo la cual todavía nos atenazábamos, nos brindaba sosiego.
Entre los tesoros que extravié en los vagabundeos de mi edad adulta, había una instantánea tomada por mi tía en la que aparecían Annabel, sus padres y el aburrido, torpe, envejecido cortejante de mi tía, un tal Dr. Cooper, reunidos alrededor de una mesa en la terraza de un café. Annabel no salió bien, sorprendida en el instante de doblarse sobre su chocolat glacé , y sus delgados hombros desnudos y la línea de su cabello es todo lo que la identificaba (tal y como recuerdo la fotografía) en medio de la veladura del sol dentro de la cual su perdida belleza se desvanecía; y yo, sentado algo aparte del resto, aparecía con una especie de escandaloso dramatismo; un irritable muchachito de cejas prominentes en camiseta deportiva oscura y bien tallados pantalones claros por la rodilla, sentado de perfil, con las piernas cruzadas y la mirada perdida. La fotografía fue tomada el último día de nuestro fatídico verano, apenas algunos minutos antes de nuestro segundo y último intento de remontar el destino. Bajo los más inverosímiles pretextos (era nuestra última oportunidad y ya nada importaba) nos escabullimos del café hacia la playa hasta una solitaria lengua de arena, y ahí, bajo la sombra violácea de unas rocas que formaban una especie de cueva, tuvimos una sesión de ávidas caricias, teniendo por único testigo los anteojos de sol abandonados por alguno de nosotros. Ya de rodillas, justo en el momento de tomar a mi amada, dos bañistas barbados -el viejo del mar y su hermano- emergieron de las olas profieriendo vulgares expresiones de apoyo, y cuatro meses después ella moriría de tifus en Corfú.

viernes, febrero 25, 2011

SENTIR

(Del Diccionario Interior)


i

Palpo. Lo ajeno se hace real, me toca, dialoga conmigo, se pone a mi nível, desmiente la creencia de que solo existo yo o a lo más otras sombras semejantes con las que me cruzo en el camino. (Existe, sospecho, una suerte de ley existencial que nos impele al solipsismo, que se compensa y equilibra mediante la evidencia tangible de lo otro que aportan mis sentidos.)

Palpo. Me abro a lo otro. Lo otro me interpela, me interroga. Se acerca, viene a mi -o voy a ello- y de ese encuentro surge la conciencia de mi ser, de ser algo semejante a eso que dialoga conmigo. La apenas-sombra que era yo mismo hace un momento adquiere, de pronto, vigor y densidad: la realidad de eso-otro que toco, que palpo, que siento, revela mi realidad.

No soy eso pero soy-como-eso, eso-es-como-yo.

¿Qué somos? ¿Somos lo mismo?


ii


Entonces aparece algo -alguien- que, como yo, trae esa interrogación estampada en su rostro; alguien que -como yo-, modula en sonidos esa misma duda: ¿Somos lo mismo? A diferencia de todo lo otro que me ha interrogado a través de los sentidos, esto que ahora toco, esto que ahora miro, con lo que dialogo ahora, trae la misma pregunta atravesada en sus sentidos.

Y es, paradójicamente, compartir esta duda -¿somos lo mismo?- lo que me lleva a reconocerte como mi igual, lo que me lleva a reconocerme en vos, lo que me confirma que somos lo mismo.

martes, febrero 22, 2011

ALBA MALVA

como una joven doncella
que emergiera de las aguas
se levanta
vestida de blanco
la mañana

me toma entre sus brazos
me despierta con sus besos
me suspende y sumerge
y no sé más quién soy

alba malva
rosa enconada
oscura y profunda

pura contradicción



febrero 2011

lunes, febrero 14, 2011

EL DETECTOR DE MIERDA

Me refiero, desde luego, al de Hemingway: “el primer y único requisito para ser un buen escritor, es tener un detector de mierda a prueba de balas…” Imposible no fascinarse con lo simple y preciso de la frase. (Simplicidad y precisión que, por lo demás, caracterizan el estilo de este autor…)
¿Pero qué es el “shit-detector”? (Solo formular la interrogación me avergüenza un poco y me recuerda la respuesta de Louis Armstrong a una periodista que le preguntó qué es el jazz: If you dare to ask it, babe, I´m afraid you´ll never know the answer…) En primera instancia y antes que nada, el shit-detector es la capacidad de reconocer lo falso, lo impostado, lo pre-fabricado -o como diría el piedrero de mi barrio, lo hediondo- en todo lo que nos rodea: personas, situaciones, discursos, etcétera.
Como un software malicioso, el shit-detector se instala en uno a raíz de un disloque, una disonancia, una desavenencia con la realidad: algo hay podrido en Dinamarca. No basta el éxito, no basta el dinero, no basta la felicidad comprada a plazos o de contado, en baratillo o por docena. El shit-detector es esa mala leche amarga que nos permite penetrar en los resquicios de las buenas conciencias y olfatear la podredumbre bajo la alfombra blanca o bajo el piso de tierra. Algo hay podrido en Dinamarca: no creo en tu inocencia, Adán de porcelana, Eva de melanina... Esa pose de santulona iluminada reservala para las vecinas en la verdulería, y la tuya de perdonavidas para los amigos en el club o en la cantina, porque aquí, desde siempre y hasta que alguien me demuestre lo contrario, todos tenemos las manos sucias…
Pero, como diría Cantinflas, “ahí está el detalle”: todos tenemos sucias las manos: empezando por mí. Sí, empezando por mí…
Fue Hemingway -y no yo- quien escogió la metáfora escatológica: la capacidad de olfatear y reconocer la mierda ajena surge y se desarrolla a partir de olfatear la propia. Ahí está el detalle. Ya lo decía algún personaje de Cien Años de Soledad refiriéndose despectivamente a otro: Efe safa efes defe lafas quefe tiefe nefen afas cofo defe sufu profo piafa miefer dafa…
Es a partir de olfatear la propia mierda que se desarrolla la capacidad de reconocer la ajena. Y de juzgarla. La mierda propia emerge, desde luego, en las poses, impostaciones e infinidad de falsedades en las que incurrimos, pero en tanto escritores, debemos ocuparnos ante todo de la que se materializa en nuestros discursos y palabras. Por eso, como decía no sé quién con muy buen tino, hacer una obra es, en gran medida, un trabajo de demolición. Hundirse en la contradicción de construir-se demoliendo-se.
Es de esta contradicción incesante, de esta agonía, de donde surge la libertad que permite a los creadores reconocer la falsedad y la impostación en lo que les rodea, y la que les da alguna autoridad moral para denunciarla. De otra forma sus palabras resultan doblemente huecas y más ridículas que las de aquellos que pretenden denunciar.

domingo, febrero 13, 2011

LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO

¿Quién no conoce el refrán que dice que las guerras sabemos cómo empiezan pero nunca cómo terminarán? Sin embargo en este caso jamás supimos cómo inició y sabemos, en cambio, que todo terminará mal, muy mal, si es que algún día termina … Ni los periodistas, ni los analistas ni los detectives ni los fiscales ni los policías, supieron desentrañar los signos, pues aquellos parecían asesinatos casuales -si cabe la expresión- venganzas o casos de violencia doméstica como tantos otros, cualquier cosa menos lo que resultó ser… Un cadáver por acá, un cuerpo mutilado por allá… Todo como había sido desde siempre y como estábamos acostumbrados desde hace siglos.
Fue después, al cabo de unas semanas, cuando se hizo evidente que las víctimas eran invariablemente personas muy obesas o flacas en extremo… Pero entonces ya era tarde, y el desprecio y el resentimiento alimentados durante décadas había prendido, y nada -ni los llamados de los líderes ni de los gobiernos-, lograron contener el estallido de odio cerval y primitivo.
Siempre fue así. Denme un motivo para matar y verás emerger en mí a un sicópata, a un auténtico asesino. Lo único que necesitamos es permiso. Permiso y legitimidad: Dios, la Patria, desde siempre fueron los mismos. ¿Pero esto? ¿Quién lo hubiera previsto?
Y así fue como los Gordos y los Flacos juraron combatir hasta el exterminio del enemigo.