domingo, septiembre 11, 2011

Sueños (Los días y sus dones, 1980 - 2001)


Varias cucarachas caen en una telaraña. Con fantástica velocidad, la araña las envuelve y se apresta a devorarlas. Al lado de donde sucede esto, descubro uno, dos, tres, varios hermosísimos escarabajos azules, fosforescentes, y un gran escarabajo “torito” como los de mi infancia. Tomo en mis manos uno de los escarabajos resplandescientes, se lo muestro a alguien que me acompaña dentro de la habitación. Acerco el insecto a la ventana y el viento desprende y trae hacia mí nubecillas de polvo y polen de sus pies. Pienso que me fertilizan. Lo acerco a la ventana y lo dejo ir.
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Frente a un templo,  me encuentro con una larga hilera de gente que desciende hacia los sótanos. Entre ellos reconozco a mis muertos queridos. Feliz, los saludo y me abrazo con ellos. Alguien  me invita a unirme a la fila, pero le respondo que no puedo hacerlo y así nos despedimos. Me alejo y por fin llego a la fachada del templo. Ingrávido,  me elevo hacia lo alto de una de las torres, hasta colocarme ante una ventanilla. Dentro, del otro lado, está Jesucristo. Me sobrecoge la fuerza y claridad y bondad de ese rostro. Tiene en sus manos, y me lo muestra como quien no quiere la cosa, un viejo libro. El Libro. Con su bella sonrisa, Jesús me pregunta: “¿Qué quieres de mi?”  Y le respondo: “Nada, nada. Pero es maravilloso contemplar un rostro así.”  Enseguida, con gran gozo, me hago consciente mientras duermo.
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Un toro y un hermoso pájaro se descubren y se miran asombrados. Se acercan lentamente y yo siento la extrañeza, la fascinación que despierta el otro en cada uno de ellos. Entonces el toro saca un revólver y lo apunta contra el ave, pero en lugar de disparar, lo dirige de inmediato contra su propia cabeza y entonces sí dispara y cae fulminado. Quedo paralizado de horror sin poder reaccionar.
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Una mujer angelical extirpa gusanos que se habían enquistado en mis uñas. Estoy a punto de ver mi sombra, o mejor dicho, de descubrir una profunda identidad que iba a revelárseme proyectándose en el sueño como si fuese mi sombra, pero como si recibiera una cachetada, despierto por temor a ver la sombra del diablo.
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Sueño que las aguas negras de una iglesia se desbordan y afloran, fétidas, a la calle. A pocos metros de ahí, en la plaza, se celebra un carnaval.
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Mientras duermo, escucho en mi interior “A Love Supreme” y cada una de las notas del sax masajea suave y placenteramente mi cerebro. Dormido, alcanzo a maravillarme por el hecho de que recuerde cada una de las notas de Coltrane. El solo de sax sube de intensidad y yo me elevo al éxtasis. “Dios”, pienso.
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Sueño que estoy enloqueciendo. Me desdoblo, me veo frente a mi, me tiendo la mano y me paso electricidad durante el apretón. Alguien me dice: “Te veo mal…” Yo le respondo que pase lo que pase, no me droguen con medicamentos. Miro con enorme tristeza unas figuritas artesanales mientras pienso que me gustaría hacer cosas como esas. Todo está permeado de una tristeza sin fin, de un abandono terrible. Veo la rama de un árbol cortada de cuajo. Todo es fragmentario e incoherente, como si yo fuea un condenado a muerte y por ello mismo nada me importara pero todo tuviera mayor relieve.
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Una bruja me pide que me identifique con alguno de los objetos que ha desplegado frente a mí: una cebolla, un frasco, etc. Después de mucho pensarlo, yo lo hago con un plato frágil y vacío.
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Sueño: “Ahora que ha llegado a la mitad de su camino, se siente solo: no puede librarse de sí mismo…”
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Sueño: El policía de adentro  me pone, literalmente, esposas en el cráneo.
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Sueño: los animales utilizados en experimentos crean en venganza un ser terrible, poderoso y malévolo.
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Sueño: “es el amor sembrando primaveras”.
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Aterrorizado, sueño con un inmenso sol negro que permanece oculto a nosotros detrás del sol.
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Sueño: el Buda es como una prostituta: todo el mundo lo detesta pero todo el mundo quiere ser como él.”
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Sueño que no puedo escribir porque vivo en medio de cajas, polvo, sombra. Mientras duermo, pienso: “no eran las ratas invadiendo el espacio de los hombres, sino los hombres invadiendo el espacio de las ratas…”
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“La soledad ya no es opción”. Despierto con estas palabras en mis labios.
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Sueño: la obra está inconclusa. El movimiento es espiral.
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Sueño: un hombre es “virgen” hasta que encuentra a su arquetipo femenino.
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Sueño: “la dignidad de lo humano reside en su voluntad de saber.”
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Sueño: “Un país es su situación actual más sus sueños…”
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Sueño: "El sí-mismo es lo que está en permanente reposo".
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En sueños, un tipo toca el arpa y canta maravillosamente en la entrada de una ciudad terrenal y asombrosa. Me dice que “los objetivos del Ñandarque” son erotizar la realidad y otras cosas insólitas.
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Sueño: un sistema matemático que sólo es válido en algunas regiones del Universo.
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El espacio que habitan los personajes de mis sueños tiene tres dimensiones. Sin embargo, a nuestros ojos esto resulta una incongruencia, una estupidez.
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Sueño: la importancia de los acontecimientos la determinan la cantidad de personas a la que estos afectan y la permanencia en el tiempo de esos efectos.
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Busco espacio para dormir en una casa medio ruinosa. Ahí hay fantasmas, demonios y espíritus que integran una especie de tribunal y me interrogan con dureza, con severidad. Sentencian que la intensidad que pretendo es excesiva.
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Alguien me habla del “centro del mundo” y yo llego por azar a él. En el medio de una pequeña pileta de poca profundidad, hay una fuente de agua, con un respaldar semioculto. Cuando me siento ahí, descubro frente a mi unos hermosísimos bajorrelieves, de belleza casi sobrenatural, que solo son visibles desde ese punto. Representan dragones, serpientes, santos, caminos de ascensión y caída, y en algunos puntos tiene engastadas piedras preciosas. Entonces una descarga de energía sube violentamente por mi cuerpo y me abofetea la cabeza, intensa y placenteramente.
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Sueño: “ni siquiera todo nos parece demasiado: es aquí en donde falla el límite”
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Sueño: “Este tiempo caótico y multitudinario exige de nosotros una inmensa claridad”.
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Sueño: “la paz tiene su guerra…”
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Sueño: "Vas a verter un día los treinta posibles racimos de rocío..."
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Sueño: Federico García Lorca me explica que no es lo mismo hablar uno de su experiencia de algo universal, que hablar simplemente de uno.
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¿Quién escribe el guión de tus sueños?