lunes, mayo 10, 2010

CULTURA Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

                        

Desde la segunda mitad del siglo pasado, pero en especial a partir de las últimas décadas, los países industrializados impulsaron el desarrollo de tecnologías digitales capaces de brindar –lenguaje binario mediante– soporte electromagnético y apoyo de velocísimos microprocesadores de información, a operaciones mentales como el cálculo y la memoria. Una vez más, el control sobre la producción de esas tecnologías permanece en manos de un grupo muy reducido de naciones económicamente poderosas y tecnológicamente avanzadas.

En años recientes las tecnologías digitales conocieron numerosas aplicaciones en casi todos los campos de la actividad humana, y las industrias culturales no son la excepción.

Aquí, el primer impacto tuvo lugar en la esfera de la producción. El registro y procesamiento digital de imágenes, sonidos y textos, modificó la producción de libros, discos, revistas, diarios, filmes e imágenes televisivas. Las artes gráficas, la fotografía y el video digital, revelan el alcance de esta tecnología como soporte de la información.

Por otro lado, el desarrollo de las tecnologías digitales modificó profundamente el escenario planetario de las comunicaciones. Entre las transformaciones más importantes –por la amplitud y rapidez de su expansión– se encuentra el surgimiento de la WWW, la Red de redes o el ciberespacio –llámeselo como se prefiera.

En el ciberespacio, la comunicación asume características particulares. Mencionemos, de entrada, cuatro: su carácter multimediático (o para ser más precisos, la posibilidad de reunir en un mismo medio diversos lenguajes), su carácter interactivo, la expansión del universo de los receptores potenciales y su velocidad
o rapidez.

Si bien es cierto que el cine y la televisión reúnen diversos lenguajes (fotográfico, musical), las posibilidades de suma y combinación de lenguajes se multiplican en la Red al considerar la segunda característica mencionada arriba, es decir, la interactividad de la comunicación.

Tal interactividad debe entenderse en dos sentidos diferentes: en primer lugar, como el carácter no lineal de la comunicación, que puede ser interrumpida, reconducida o retomada en cualquier momento por el receptor. Escapando de la linealidad temporal, se amplían las posibilidades de incorporar diferentes lenguajes en un mismo mensaje: de la palabra escrita puede pasarse a las imágenes en movimiento y de ellas regresar a la palabra oral (mensaje de voz) para ir luego a la música, etcétera.

En el ciberespacio, "interactividad" significa además la posibilidad de comunicación multidireccional. Dicho en los viejos términos, aquí los "receptores" pueden interactuar con los "emisores" y entre sí, relativizando estas categorías. En este sentido, la interactividad depende del medio empleado.

Pues el ciberespacio tiene sus propios medios de comunicación: el email, la página web, el chat, el portal, el blog, las redes sociales, etcétera. De ellos, no todos tienen las mismas posibilidades de interactividad, aunque todos tienen alguna. Desde esta perspectiva el ciberespacio no es tanto un medio de comunicación como un "entorno" en el que ella ocurre, en el que operan diversos medios.

A diferencia de los libros, discos y filmes –bienes culturales de producción industrial por excelencia– la comunicación en el ciberespacio no depende de la cantidad de copias cuya distribución y acceso están geográficamente limitados. En ese sentido, puede hablarse de una expansión del universo potencial de receptores, de la misma forma como el impreso o la copia fonográfica representaron eso en relación con la palabra oral y con la música interpretada. Sin embargo, acceder al ciberespacio presupone la alfabetización –literal y tecnológica– de las personas; presupone, además, el acceso a una herramienta –el computador u otro dispositivo similar, como la telefonía avanzada– y a ciertas condiciones socio-tecnológicas –la conectividad–. De modo que, lejos de ser intrínsecamente democrática y abierta –como pregonan algunos apólogos– aumentan las condiciones o requisitos para acceder a la comunicación. Esta expansión debe ser considerada entonces en su justa perspectiva.

La rapidez de la comunicación en el ciberespacio también debe matizarse. Si bien es cierto que algunos medios electrónicos favorecen la comunicación en tiempo real poniendo en circulación los mensajes de manera instantánea, esto ocurría ya con medios como la televisión y la radiodifusión. Y, como en estos casos, la rapidez depende de la posibilidad de los destinatarios de acceder efectivamente al medio.

Por último, el desarrollo de las tecnologías digitales impactó también en los lenguajes empleados: las condiciones de la comunicación en el ciberespacio transformaron –están transformando– el lenguaje escrito y el lenguaje audiovisual, que ahí tienden a comprimirse y a simplificarse. Asimismo, exploraciones artísticas en las artes plásticas, la cinematografía y la música revelan estas posibilidades. Tal y como el habla se modifica en la escritura, diríamos, parafraseando a McLuhan, que "el medio modifica el lenguaje".

En síntesis, en escasas dos décadas las tecnologías digitales transformaron los soportes, los medios y los lenguajes de la comunicación. Ello no significa que los medios de comunicación preexistentes estén condenados a desaparecer pues, hasta hoy, más que superponerse, los nuevos medios se suman a los anteriores enriqueciendo las posibilidades de la comunicación.

Naturalmente todo ello tiene implicaciones importantes para la producción, circulación y difusión de bienes culturales.

Desde la perspectiva de los diversos sujetos históricos y sociales significa, ante todo, que existen nuevos y poderosos medios de los cuales servirse en el proceso incesante –e inevitable– de recrear su identidad. Más todavía: significa el reto, el imperativo, casi diríamos la obligación, de ponerse a la altura de los tiempos, so riesgo de invisibilizarse en el gran escenario de la comunicación global. Ya sabemos a lo que condujo la Muralla China, y a algo parecido conducirá la mucho más modesta muralla cubana.

Desde la perspectiva del Estado, las comunicaciones en el ciberespacio plantean diferentes retos. Además del debate político y ético sobre las restricciones a los contenidos (pornografía infantil, incitación al odio racial, terrorismo, etcétera), surge la pregunta sobre el rol que el ciberespacio está llamado a cumplir en la difusión y reproducción de los bienes culturales, y a la forma como el Estado debe de posicionarse frente a ello. ¿Se trata de generar las capacidades tecnológicas en los diversos "sujetos sociales" para acceder al ciberespacio, o más bien impulsar, desde el Estado, la circulación "bienes culturales" representativos de las diversas identidades que conforman la nación? ¿El Estado y sus agencias "hablando" sobre lo Bribri y el boyeo, o los boyeros y los bribris recreándose en el ciberespacio? ¿Acaso son excluyentes estas opciones?

Por otro lado, es preciso comprender que, como toda mediación tecnológica, la del ciberespacio supone también un efecto transformador sobre quienes acceden a ella. Para bien y para mal, nadie es el mismo antes y después.

La intensidad creciente de las comunicaciones en el ciberespacio plantea un desafío adicional al Estado-nación, pues en la gran babel global que es la Red, las narrativas, símbolos y representaciones de lo nacional se invisibilizan y se desdibujan. Frente a este hecho, ¿cabe acaso retornar a la más directa de las comunicaciones, la presencial? ¿Presagia la expansión del ciberespacio el retorno del teatro y de otras representaciones escénicas y cuasi rituales –la danza, los deportes–, así como la vuelta a los museos y a los sitios histórico-patrimoniales como acción cultural preeminente del Estado?

Una vez más, más que excluyentes, las opciones tal vez son igualmente necesarias, pues según dicen, la Historia camina sobre dos patas que a menudo parecen contradictorias.

viernes, mayo 07, 2010

RETOS (Los días y sus dones, 1980-2001)

Que el reconocimiento de la realidad y de tus propios límites no te lleve al conformismo o, peor aún, a la indiferencia y a la imbecilidad: ese es el desafio.

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Lo hermoso se hizo en mí… Al menos una vez y aunque fuera brevemente, lo hermoso se hizo en mí y me siento orgulloso por ello.

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Por supuesto que la destructividad está profundamente arraigada y extendida por donde quiera que uno mire, pero el dilema, la disyuntiva que se nos plantea siempre, es si vamos a reafirmarnos en ella, o si estamos dispuestos a luchar por algo diferente.

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Aspiro a transformar el desconcierto –siempre abundante, puesto que no hay duda de que somos bichos desconcertantes–, no en amargura, sino en un cierto asombro escéptico.

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La sociedad de consumo establece una relación perversa con los artistas, pues al individualizarlos, en una cultura que impone el anonimato y la homogeneidad, estimula su vanidad de una manera retorcida. (No en vano las multitudes andan gritando: "¡Yo soy, yo soy!"). Pero, por otra parte, los excluye y los niega. Los artistas son la alteridad del Sistema, su negación. La pregunta es cómo no ser cómplice ni quedar atrapado en esa ambivalencia, pues cuanto menos traumática sea esa relación, menos energía chupará del creador.

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Los fantasmas están ahí para enfrentarlos.

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Para cruzar el río se necesita mucho más que valor. El primer paso es fundamental, pero sin la perseverancia, la claridad y la decisión sostenidas, todos los progresos realizados se perderán sin remedio y muy pronto te descubrirás en la misma orilla, más atemorizado y confundido que al principio.

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¡Hay que dejar de creer en las soluciones mágicas!

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Buscar eso que de único e irrepetible hay en cada uno de nosotros.

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Un guerrero sabe lo que hace en todo momento, y por qué.

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Un doble movimiento: hacer simple lo complejo; complejo, lo simple.

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Uno debe transformarse en un laboratorio viviente.

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Que no pase un día sin que hayas intentado mirar sin pensamientos.

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Las tres opciones más claras que nuestra sociedad ofrece a –y por tanto, los tres destinos más frecuentes de– quienes fueron dotados con algún talento, inteligencia o sensibilidad, son el cinismo, la psicopatía en cualquier hoja de su vistoso abanico, y –naturalmente–, la frustración. Cualquiera que escape a estos destinos merece mi admiración entusiasta.

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Saber que se pisan arenas movedizas y atreverse a dar un paso. Eso es valor.

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Poner al servicio de lo que amamos y de lo que creemos nuestros conocimientos y habilidades es más difícil de lo que parece.


sábado, abril 24, 2010

Los tres mundos



Esta es una fotografía en alto contraste del bajorrelieve esculpido en el dorso de un metate precolombino guanacasteco. Los tres círculos corresponden a las patas del metate. Además de su riqueza simbólica y de su belleza plástica, me maravilla la forma como, en el diseño, se aprovecharon las patas del metate para delimitar los tres planos o niveles cósmicos: las dos patas inferiores, delimitan el sub-mundo y lo separan del mundo humano, y la pata superior, que funciona también como corona solar, significante del mundo superior. ¡Hermosísimo!

viernes, abril 23, 2010

La cruz

Aquí se cruzan lo temporal y lo eterno

lo horizontal y lo vertical

y ahí estamos

todos

mientras vivimos

clavados

martes, abril 20, 2010

la política

La política es el único juego que es, al mismo tiempo, individual y colectivo: todos los jugadores -incluyéndote- pueden cambiar de bando en cualquier momento .

viernes, abril 16, 2010

In memoriam, Jorge Arturo Venegas




Lo que ha sido, es.

Nada puede borrar eso

Ni vos. Ni yo. Ni el tiempo. Ni los desencuentros

Pasado y presente tienen la misma entidad.

En silencio me recojo a pensarte.

¿Por quién doblan las campanas?

¿Por los que fuimos, por el que fui?

¿Por las amistades perdidas?

Amigo de entonces:

¿Por quién doblan las campanas?

Mi corazón te pregunta

en silencio.

BIENES E INDUSTRIAS CULTURALES EN COSTA RICA

Sin la pintura que la engalana, la carreta típica costarricense sería tan solo otra carreta más… con algunas particularidades técnicas, pero tan solo otra carreta más. Valoramos un grabado de Amighetti por las emociones, ideas y asociaciones que produce en nosotros, y no tanto por las horas de trabajo o los materiales que invirtió el pintor para hacerlo. La riqueza de Gentes y gentecillas radica en la representación que nos ofrece de la sociedad costarricense de mediados del siglo pasado y no en el movimiento económico producido por las ediciones que se han hecho de la novela de CALUFA. La Casona de Santa Rosa tiene para nosotros valor como vestigio arquitectónico de una época y por lo que representa en la historia del país.

Más allá de su utilidad práctica y de su valor monetario, la importancia de ciertos objetos la determina lo que representan y lo que generan en nosotros. A esto llamamos el valor cultural de ciertos objetos, a los que llamamos a su vez “bienes culturales.” Si por las leyes del mercado fuera, la Casona de Santa Rosa habría sido demolida hace mucho y en su lugar se alzaría un hotel. Existen, además, bienes culturales inmateriales, como tradiciones y costumbres.

Los “bienes culturales” son aquellos productos de la actividad humana que valoramos ante todo por las representaciones del mundo que ofrecen y por los valores estéticos y éticos que transmiten o producen.. Desde luego, los bienes culturales además suelen tener utilidad práctica y valor monetario, pero ni una ni otro constituyen la razón primordial de nuestro aprecio. La frontera que separa los bienes culturales de otros bienes es dinámica. Los fusiles y cañones de la Campaña Nacional tienen para nosotros valor cultural aunque originalmente fueran producidos con la muy práctica finalidad de matar.

Cuando afirmamos que algo tiene valor porque nos representa o por lo que nos produce, decimos algo acerca de nosotros mismos, afirmamos algo acerca de lo que somos y de quiénes somos. Cuando hablamos del valor cultural de un objeto, necesariamente hay alguien, “un sujeto social” que concede tal valor a ese objeto y no a otros. En los siglos XV y XVI los españoles convirtieron en lingotes de oro toneladas de la más fina orfebrería indígena, mientras que hace pocos años el Talibán dinamitó en Afganistán dos antiquísimas esculturas budistas. Y, para no ir tan lejos, es probable que muchas de las más apreciadas poesías bribrís nos dejen indiferentes a casi todos los costarricenses no indígenas, por carecer los elementos necesarios para comprenderlas y apreciarlas. Los bienes culturales son materializaciones de nuestra identidad y contribuyen a afirmarla y a definirla.

Lo cierto es que somos, al mismo tiempo, guanacastecos (o limonenses, o josefinos) y costarricenses, centroamericanos y ciudadanos del mundo, y estos planos a menudo entran en contradicción. Así, por ejemplo, la representación o la idea de lo que es “ser costarricense” muchas veces excluye o riñe con la representación que un limonense o una guanacasteca tienen acerca de lo que es ser limonense o ser guanacasteca. De la misma forma, la idea que un joven herediano criado en la era del Ipod y de la Internet tiene acerca del país y el mundo, con seguridad difiere de la de un campesino de la zona norte.

A diferencia de una sociedad regida por el poder teocrático o por cualquier otro poder centralizado –en donde toda desviación de la representación única u oficial del mundo es severamente sancionada–, la sociedad democrática moderna parte del reconocimiento de la diversidad de sujetos, visiones, historias e intereses que conforman cualquier comunidad humana.

Partiendo de este principio, las políticas culturales del Estado –y en general toda acción cultural suya–, tiene como finalidad incidir en la producción, conservación, distribución y circulación de los bienes culturales en el territorio de un país. Ello supone articular los planos de lo local, de lo nacional y de lo global en una misma política: aquellos bienes culturales representativos de lo nacional deben existir y circular en el espacio local, de la misma forma como lo bienes culturales representativos de lo local deben existir y circular en el espacio nacional. Asimismo, lo global o internacional debe de existir y circular en el espacio local y en el espacio nacional y, por último, lo nacional y lo local deben de circular también en el espacio global.

En cualquier caso las identidades son dinámicas, se recrean incesantemente pues, de permanecer fijas mirando tan solo hacia el pasado, corren peligro de convertirse en quebradizas estatuas de sal que el flujo del tiempo disolverá inexorablemente. Parafraseando al poeta y músico Jaime Gamboa, es indispensable mirar para atrás, pero ante todo para saber de dónde venimos. No tanto para saber quiénes somos, sino de dónde venimos.

Industrias culturales.

Desde el siglo XIX, pero sobre todo a partir del siglo pasado, existen bienes culturales cuya producción se realiza industrialmente. Las llamadas industrias culturales –audiovisual, editorial, discográfica y, más recientemente, la de los videojuegos–, son cada vez más importantes por su poder mediático, por su alcance y difusión masivos. Y, desde luego, por la magnitud de la actividad económica que generan. Los productos de estas industrias son, de un lado, mercancías como cualquier otra –producidas bajo un régimen industrial y masivo que requiere de grandes inversiones de capital y de capital humano muy especializado–, y del otro comparten con otros bienes culturales la condición de ser, ante todo, representaciones de la realidad.

Los países industrializados y post industrializados tienen enormes ventajas en lo que respecta a estas industrias. Si naciones como la nuestra llegaron tarde y sin ninguna posibilidad de éxito al régimen industrial en sentido amplio, esto es doblemente cierto en lo que respecta a las industrias culturales: más sofisticadas, más especializadas y cuyos productos distan de ser de primera necesidad. Aún países como China y Francia imponen restricciones a la circulación de los productos extranjeros de estas industrias en sus territorios, argumentando que, de otra forma, se debilitaría su sentido de identidad como naciones, aunque sin duda también para proteger sus propias industrias. Este es el famoso argumento de la “excepción cultural” levantado por Francia a la apertura comercial. Además, tal y como ocurrió con los proyectos de industrialización impulsados en Centroamérica en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, el análisis más elemental revela que existe una limitación casi insalvable en cuanto a la escala de los mercados. Ello pensando en Centroamérica como región, no digamos ya en Costa Rica como nación.

Las políticas de apertura comercial y atracción de inversiones impulsadas en las últimas décadas por los gobiernos del país resultaron exitosas en diversos campos, incluyendo las industrias de alta tecnología. Los empeños por atraer inversiones en el campo de las industrias culturales no han sido tan consistentes ni sus resultados comparables a aquellos. Aún suponiendo que los esfuerzos en este campo podrían ser más exitosos y derivar en beneficios para la economía del país, el Estado costarricense debe plantearse el asunto de las industrias culturales no solo desde el punto de vista de la atracción de empresas e inversiones extranjeras, sino también de la producción local o, al menos, con referentes y contenidos relacionados con la realidad del país.

¿Es razonable plantearnos como nación producir bienes culturales a escala industrial?¿Qué significa –si significa algo– la frase “plantearnos como nación”, en un contexto en el que la producción de casi todas las mercancías tiene características cada vez más internacionales? Asumiendo que tenemos la capacidad creativa y técnica para producirlos –y que accedemos a los capitales para hacerlo–, ¿para quién o para quiénes vamos a producir? ¿Cómo competir por mercados? ¿Con quiénes aliarnos y en qué términos hacerlo?

Los vínculos históricos, idiomáticos y culturales que nos unen con Hispanoamérica son poderosos y sin duda abren un camino con posibilidades. No obstante, salvo en el caso de la industria editorial –en donde, por razones obvias, existe un mercado cautivo- Hispanoamérica entera como región tiene una posición marginal y constituye un mercado franco para las naciones con industrias culturales más poderosas –señaladamente los Estados Unidos-, que además mantienen el control sobre aspectos estratégicos del negocio como la distribución, la comercialización, derechos de autoría, etc. Además, en la región existen naciones que nos aventajan por décadas en experiencia en este campo y, más allá de los discursos y de algún gesto político, cada quién se esfuerza por levantar cabeza y defender lo suyo, como lo demuestra la industria editorial española. (No es casual que no exista ninguna iniciativa comparable al programa Ibermedia para la industria editorial.)

Al lado de los aspectos puramente comerciales –que, como hemos visto, plantean ya retos importantes– deben de considerarse también los aspectos políticos y estratégicos del asunto. A diferencia de lo que ocurre con otros sectores (como el vestido o los calzado), la renuncia a la producción y circulación nacional de bienes culturales industriales tiene implicaciones para la cohesión y el sentido de comunidad histórica necesarios para seguir siendo una nación: si no nos miramos, si no nos escuchamos, si no nos leemos, peligramos de olvidar de dónde venimos y quiénes somos, aunque ese “ser” sea histórico y dinámico.

En la última década, el país ha experimentado un crecimiento notable –cuantitativo y cualitativo- en el aspecto técnico y creativo –es decir, en el capital humano– necesario para las llamadas industrias culturales. Así lo demuestran experiencias musicales y audiovisuales de creadores costarricenses en el extranjero, así como el testimonio de productores extranjeros que han sacado provecho del talento nacional.

La atracción de inversiones extranjeras –particularmente estadounidenses–, podría contribuir a financiar la producción local dirigida a la comunidad histórico-lingüística hispanoamericana. De esta forma, Costa Rica sacaría partido de su exitosa experiencia reciente en la atracción de inversiones y de sus excelentes relaciones con los Estados Unidos, sin renunciar a producir localmente y buscando colocar sus producciones en los mercados hispanoamericanos –que en cuanto a bienes culturales son nuestro mercado natural– y fortaleciendo, de paso, su sentido de identidad como nación. Una vez más, se trata de jugar inteligente, de sacar partido de nuestras ventajas históricas y estratégicas. Algo así como nadar entre dos aguas, entre mares y entre continentes: enlace y sinergia.

Esto requiere de una firme decisión política y de la acción concertada de diversos sectores sociales y agencias gubernamentales. Resta averiguar si los tiempos están maduros para una empresa de esta envergadura y con estas características.

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viernes, abril 09, 2010

POESÍA (Los días y sus dones, 1980-2001)

La poesía como exploración de los límites de lo posible.
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Poetizar es dotar de significado al mundo, darle sentido, metaforizarlo: el árbol, la sombra, el crepúsculo, ya no son solamente árbol, sombra y crepúsculo, sino imágenes de la vida interior, de la vida “espiritual”. Se reunifica así lo objetivo y lo subjetivo, el ser y el mundo.
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En el 'haikú', así como en buena parte de la poesía china, el efecto poético se crea por 'sustracción': el poema quiere decir (y dice) lo que no dice.
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El carácter de revelación que tiene un poema para el lector cuando la comunicación se establece.
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Todo acto poético es un acto fallido.
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De las limitaciones de la poesía testimonial: en ella el objeto poético siempre está mediatizado por el poeta, siempre hay un "yo" afirmando su vivencia, diciéndonos: "viví", "sentí", "vi", "pensé". En las antípodas de la poesía testimonial y de toda forma de exteriorismo –salvo la poesía oriental, en donde poeta y mundo, interior y exterior se conjugan maravillosamente–, estaría Huidobro con su rosa floreciendo en el poema.
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La poesía no consiste en decir con bonitas palabras lo mismo de todos los días. Hay un logos poético.
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Dice M.: sobrio pero no seco; grave pero no solemne.
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Regresa la vieja reflexión: que la poesía puede ser refugio de la vida-vivida, de lo concreto, de lo real-cotidiano; resistencia frente al lenguaje ambiguo y homogenizante del poder en donde las diferencias se desdibujan en la generalidad y la abstracción.
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El "desarraigo de los sentidos" que postuló Rimbaud como precepto estético, se ha transformado en "esquizofrenia voluntaria": el poeta debe fraccionarse, debe multiplicarse y dejar de ser, como lo hizo Pessoa o como Roque Dalton en Taberna. Hay que ser más posibilidades, más puntos de vista, más puntos de sentimiento…
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Roque Dalton es tal vez el mayor poeta vivo de los poetas muertos centroamericanos… (Perdón, Darío, con todo y tu elefantiásico cerebro disecado, como vos no hay dos: sos casa aparte.)
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Nada más odioso que una poética: decir que la poesía debe de ser algo es una contradicción en los términos.

miércoles, marzo 17, 2010

PINTURA (Los días y sus dones, 1980-2001)

La pintura es como el vino: la mitad del gusto consiste en hablar sobre ella.
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La relación –tan clara–, entre las pinturas de Georges De la Tour y de Velázquez… Esa agudísima penetración psicológica en medio de un esteticismo exasperante; la imposibilidad de sustraerse a la tradición cortesana y palaciega pero la actitud profundamente crítica ante ella; los personajes por fin humanizados, ya no exaltados ni magnificados por la emoción, sino aprehendidos aguda, y a veces amorosamente, por una mirada comprensiva, escéptica y serena. Es el lado luminoso de la modernidad: el individuo como ser trascendente e histórico, racional y corporal a la vez. Así, “El Ciego” de De la Tour aparece enaltecido en toda su miserable existencia.
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Los personajes de Leonardo da Vinci saben un secreto gozoso.
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Durante los siglos SXVI y XVII toda la pintura europea tiende a la “psicologización”, y para la psicología la atmósfera es todo: crear una atmósfera es crear un universo emocional. Los personajes de Vermeer están siempre íntimamente ocupados en algo, ajenos al pintor, y es así como el artista crea la atmósfera. En Rembrandt el claroscuro es lo que nos da la medida de su tensión emocional.
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La “madona” de Volterra, sobrecogida por la magnitud de lo que le espera, apenas madre y ya consciente del drama que ha de sufrir, sin ningún asomo de beatitud ni santidad, gravemente vuelta sobre sí misma.
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Plantearse como dilema el cultivar una pintura decorativa o no hacerlo, me parece una equivocación. El único, el verdadero dilema para el artista, hoy y siempre, es el de ceder al vacío del silencio o afirmarse en la voluntad de crear.
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Es un lugar común pero hay que repetirlo: la gran pintura tiene algo que escapa a las palabras; esa “magia”, ese “misterio” del que todo el mundo habla y que resulta imposible (además de inútil) definir. Uno tiene la impresión de no es algo en la composición, en los modelos ni en los colores –ni siquiera la suma de todo ello–, y que más bien se trata de la capacidad de transmitirnos “la verdad” de un personaje, de un momento, de una situación, sea lo que sea que esto signifique.

martes, febrero 09, 2010

DIVIDE Y VENCERÁS

Como todos nos creemos analistas políticos y entrenadores de fútbol, aquí van mis consideraciones sobre la pasada contienda electoral en Costa Rica:
En términos de la conducta política de una nación, las posibilidades son sorprendentemente reducidas: continuar por donde venimos o aventurar un cambio Si los partidarios del cambio se dividen entre dos, los que defienden la continuidad duplican sus posibilidades de éxito Tras el susto de la elección pasada y del referéndum del TLC, los sectores económicamente más poderosos comprendieron que la única forma de debilitar al PAC sería fortaleciendo al ML. Por ello la campaña del ML dispuso de tantos recursos. Imagino que, a cambio del dinero, se exigió al ML deponer sus arrestos más radicales e ideologizados para que su oferta política resultara potable entre sectores más amplios.

El gran acierto de la campaña del ML fue arrebatar, desde el inicio, la consigna del cambio al PAC. Solo unos pocos gatos entienden que las diferencias programáticas y de visión de país entre el PAC y el ML son enormes; la gran mayoría solo valora que, si desea algún cambio, debe votar por alguno de ellos.

Aunque a muchos les pese, la aprobación a la gestión de Oscar Arias es grande. Para que el llamado al cambio se impusiera, la gente habría tenido que tener la sensación de haber tocado fondo, de que las cosas están muy mal y de que no podía seguirse por el mismo camino. Este sentimiento era mucho más poderoso en la elección pasada, tras los escándalos de corrupción. La prueba es que de sumarse los votos de los dos partidos que apelaban al cambio, apenas se habría igualado al PLN. Por otra parte, la candidata vencedora hizo una campaña correcta, sin correr grandes riesgos ni cometer errores, y proyectó una imagen convincente de persona seria, sensata y capaz.

A mi juicio, estos factores combinados explican el resultado de la pasada elección.

El espacio político tripartito dividido entre un partido de centro izquierda (PAC), un partido de centro-derecha (PLN) y un partido de derecha (ML) que empezó a insinuarse tras los escándalos de corrupción de los expresidentes, es hoy una sólida realidad y cambiará, de aquí adelante, las estrategias de los principales partidos políticos.

Avizoro que, tras el desgaste de ocho años en el poder, el PLN llegará a la próxima elección mucho más debilitado que esta vez. La pregunta, entonces, es quién capitalizará de mejor manera el deseo de cambio, o si este esquema tripartito favorece inexorablemente al partido de gobierno, que además ocupa el centro del espectro ideológico y político, y que puede siempre puede apelar a la estrategia de “divide y vencerás”.

sábado, febrero 06, 2010

LED ZEPPELIN EN LA ESPIRAL

Tenía tal vez 12 años y mi hermano mayor se encerraba en la sala de la casa con sus amigos para escuchar música a todo volumen. Eran los años 70, el apogeo de la “música progresiva”: Pink Floyd, Genesis, Emerson Lake and Palmer, Yes, Led Zeppelin. Como perros con el ulular de una sirena, los demás miembros de la familia nos metíamos bajo la cama, nos encerrábamos para no escuchar. La música de mi hermano era causa de conflictos familiares. Mi hermano era causa de conflictos familiares. Mi familia era causa de conflictos familiares.

A veces, cuando él no estaba en casa, yo me escabullía a la sala y ponía sus discos a escondidas. Otras veces, cuando él escuchaba música, yo merodeaba y, curioso pero a regañadientes, me dejaba envolver por ella. No sé si me gustaba. Me desconcertaba, no la entendía. Al mismo tiempo me sentía inevitablemente atraído por aquellos sonidos que, de una forma confusa, entendía que eran la música de la época.

Salvo Pink Floyd, cuya música seguí escuchando durante mi juventud y aprendí a apreciar, no volví a escuchar ninguno de aquellos discos, exceptuando la esporádica emisión de una canción de Led Zeppelin en la radio. (Generalmente “Escaleras al cielo”, claro está.) Durante muchos años mis gustos musicales se orientaron sobre todo hacia la clásica y el jazz, aunque siempre he escuchado todo.

De un tiempo para acá empecé a sentir el deseo de reencontrarme con aquella vieja música que nunca supe si llegó a gustarme. En especial tenía ganas de escuchar Led Zeppelin, ojalá su segundo disco, aquel de “Mucho, mucho amor.”

Por fin, hace pocas semanas, me hice con varios de sus discos y, desde entonces, los he estado escuchando con regularidad.

Desde luego, he quedado maravillado con su música, esa explosión energía, ingenio y creatividad. Su libertad insolente y al mismo tiempo rigurosa y experimental. Me alucina pensar que cuando grabaron esos discos eran chicos de veintipocos años. Su capacidad de crear diferentes texturas y atmósferas en una sola pieza; su apropiación del blues y otros ritmos norteamericanos que están a la base del rock. El cabrón de la batería, el Bonham ese… ¡Qué animal! Entiendo perfectamente que, tras su muerte, los demás se rehusaran a tocar sin él, pues su aporte al grupo es fundamental. Y Page y Plant, claro…

En fin, todo eso es verdad, pero no es esto de lo que quiero hablar.

Lo que me ha sorprendido -¡y maravillado!- es la sensación de regreso, de reencuentro, de retorno a algo íntimamente conocido que experimenté, que experimento cuando escucho a Led Zeppelin. Es como si su música siempre hubiera estado conmigo, como si nunca me hubiera abandonado (o yo no la hubiera abandonado). Tengo la impresión de conocer esa música –aún las canciones que no había escuchado- de una manera profunda y personal, como si me hablara en una clave íntima.

¿De dónde vienen estas sensaciones, estas emociones? ¿Del hecho de que Led Zeppelin me transporta directamente a la infancia? ¿El tiempo recobrado, entonces, o al menos acariciado? ¿O tan siquiera la ilusión de regresar?

No lo sé, no lo creo. Porque no es el niño de entonces quien los escucha, el que vuelve a escucharlos: es yo, soy ahora, desde la distancia de una vida. Es la vuelta de tuerca, el círculo que regresa pero en su trayecto ha conquistado un respiro, un ápice de libertad. El niño que no los entendía, que los temía, que no sabía si tenía derecho a gustar de esa música, quedó atrás. Gané la libertad para dejar que esa música me hablara como acaso lo hizo siempre aunque entonces no lo supiera o no lo pudiera aceptar.

viernes, febrero 05, 2010

De "La Caida" (Camus)

"Comme, a l´état de veille, et pour peu qu´on se connaisse, on n´apercoit pas de raison valables pour que l´immortalité soit conféreé á un singe salace, il faut bien se procurer des succédanés de cette immortalité. Parce que je desirais la vie éternelle, je couchais donc avec des putains et je buvais pendant des nuits. Le matin, bien sur, j´avais dans la bouche le gout amer de la condition mortelle."

"Como, en estado de vigilia, y por poco que nos conozcamos, caemos en la cuenta de que no hay razones válidas para que la inmortalidad le sea concedida a un mono lascivo, es preciso encontrarle sucedáneos a esta inmortalidad. Puesto que deseaba la vida eterna, me acostaba con putas y bebía durante noches enteras. Por la mañana, desde luego, tenía en mi boca la amargura de la condición mortal."

jueves, febrero 04, 2010

DIARIO 1

desnudo frente a la computadora
el cepillo de dientes en mi boca

tres personas visitaron mi blog en Ecuador

¿desde cuándo me interesa eso?

borroso atrás

la ventana el lenguetazo del sol el viento enero

lunes, febrero 01, 2010

PATRIA (Los días y sus dones, 1980-2001)

La extraña –y poderosa– sensación de útero protector que me produce Costa Rica, como un lugar “fuera del mundo”.
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Tu país es donde no te sentís obligado a explicarle a todo el mundo qué estás haciendo ahí.
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La pregunta es qué vamos a ser en el futuro: costarricenses de primera o gringos de segunda…
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Escuchado en un autobús en San José: “Allá en Cielo Roto está lloviendo sabroso”
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¿Por qué existe el ser y no la nada? (Heiddegger)
¡Por dicha! (Un tico).
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En Costa Rica, los únicos que se ganan la vida con sus palabras son los políticos.
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La reforma al Estado costarricense en la década de los 40 fue a un tiempo progresista y modernizante. Progresista en lo social, modernizante en lo económico. A su término, el Estado patriarcal había desaparecido para ser reemplazado por otro tipo de Estado que, a falta de mejor palabra, podemos llamar "pa­ternal". La figura del patriarca bondadoso y severo, cuyo mejor representante fue tal vez don Ricardo Jiménez, desapareció en los pasillos del Seguro Social y en las filas ante las ventanillas de la Banca Estatal. Estamos en la inmediata posguerra, el último período de expansión del Imperio. ¿Qué tiene que hacer ahí la vieja oligarquía liberal, de bombín o chapó?
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Demasiado fácilmente se estableció que la afirmación de la nacionalidad costarricense se llevó a cabo en la Guerra del 1856. Sin embargo el fusilamiento de Francisco Morazán, 14 años antes, evidencia ya una voluntad soberana indiscutible.
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Para hacer dinero en Costa Rica habría que montar una industria de tintes para pelo.
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Muy fácil criticar el carácter populista de la democracia costa­rricense, es cierto, pero ¿qué hacés para hacerla más real, profunda, efectiva, verdadera? Viendo los toros desde la barrera, todos los gatos son pardos y el torero más audaz un pendejo... De modo que cuidado te descubrís un día señalando como defecto principal de este régimen lo que se hace y no lo que se deja de hacer.
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En Costa Rica son más bien pocos los tontos que, por tener más, se creen más que los otros, y pocos también los tontos que, por tener menos, se sienten menos que los demás.
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Durante la segunda mitad del siglo XX, la política en Costa Rica se movió entre un partido sin periódico y un periódico sin partido.
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La prueba más palpable de nuestro aldeanismo centroamericano, es la desintegración.
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Está claro que los costarricenses seremos centroamericanos o no seremos nada. Está claro que los costarricenses seguiremos siendo nada.
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La extrema cercanía, envolvente y a veces levemente servil, con que los costarricenses abrazamos a los extraños, extranjeros y desconocidos, se compensa con un trato más bien reservado y distante en la auténtica intimidad. Por el contrario, la distancia un poco irónica y autosuficiente que los argentinos imponen a los desconocidos, se compensa con una intimidad calurosa y fraterna.

miércoles, enero 06, 2010

PALABRAS (Los dias y sus dones, 1980-2001)

“Solo las palabras verdaderas merecen existir, porque sólo ellas son mejores que el silencio”. (J. C. Onetti.)
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Como toda obra humana, el lenguaje es susceptible de destruirse, es vulnerable. Para que la comunicación sea posible es necesaria la complicidad entre las partes, el acuerdo tácito en el poder de la palabra.
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Con los años he tomado conciencia de que las palabras son equívocas y frágiles, pero también de su poder y hermosura.
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Yo quiero acariciar las palabras.
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Me cobijo en el silencio como en la penumbra. Hay algo acogedor, íntimo y fértil en la soledad que me abraza entonces. Hilvano palabras, deshilacho pensamientos, rumio sensaciones. Todo tiene su tiempo y este es el más secretamente mío, cuando no soy nada más que este pausado deambular, esta errancia en busca de espejismos que me den sustento. Soy fuerte entonces porque soy sólo un silencio que respira, una pausa entre dos grietas que se abren. Las palabras hablan por mi boca. Soy una cuerda en donde vibra el mundo, una cosa ínfima y grandiosa en su insignificancia. Elegí la palabra, las palabras me eligieron. Vivo en su precariedad airosa, en su reino de jilgueros.
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Tal vez es cierto que las palabras son inevitablemente equívocas, pero en el silencio, o más bien en la mudez, el equívoco es mayor, pues ni siquiera tenemos la aproximación que ellas nos brindan para entendernos.
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¡Nada que decir y sin embargo esta irresistible voluptuosidad de sucumbir a la palabra!
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Que con nombrarlas las cosas resplandezcan.

viernes, diciembre 11, 2009

EL DILUVIO UNIVERSAL, novela de Guillermo Barquero

Sin pretender hacer teoría del asunto, diría que las novelas pueden ser difíciles por su complejidad formal, por ser oscuras o confusas en el abordaje de su tema o por abordar asuntos poco gratos que, en general, preferimos obviar o ignorar. Creo que este último es el caso de “El diluvio universal”, primera novela del escritor costarricense Guillermo Barquero (1979).
En sus 280 páginas, “El diluvio universal” nos introduce en el mundo de Rafael Martínez, personaje principalísimo –mas bien único- de la novela. ¿Y quién es Rafael Martínez? Rafael Martínez iba a ser, sería, soñaba con ser, un eminente científico, un microbiólogo destacado que se dedicaría a la investigación pura en los temas de su interés.
De él sabemos que se crió en un ambiente familiar triste, marcado por el suicidio de una hermana, por el amor de su abuela y por la ausencia de su padre –la palabra “padre” no aparece una sola vez en la novela–; sabemos que fue un estudiante aventajado, que tuvo contacto con institutos de investigación de países del primer mundo y que su ingreso al entorno de la investigación de punta parecía inminente; sabemos que recibió una herencia que le permitió viajar por Europa, que tuvo un único amor y que la muerte le arrebató a su joven esposa en un accidente. Sabemos también, desde el inicio, que todo ello lo condujo al alcoholismo, a la pobreza –casi a la miseria–, y que su vida actual discurre entre la dipsomanía y la ilusa esperanza de que algún día reencontrará el destino que acarició y que no supo exactamente cómo ni cuándo escapó de sus manos.
Este universo oscuro, decadente, no es en ningún momento considerado con compasión o ironía. Cualquiera de estas dos aproximaciones abriría una válvula de escape sobre la atmósfera asfixiante del texto. Pero Guillermo Barquero prefirió una mirada fría, casi “entomológica” sobre su personaje.
Quienes lean el libro no me reprocharán haber contado esto, pues “El diluvio universal” es cualquier cosa menos una novela en que el argumento sea lo esencial. Diría que casi todas las cosas importantes en el libro escapan a la brevísima sinopsis que acabo de esbozar.
¿Qué es entonces lo esencial en esta novela? ¿Cuáles son las cosas importantes en ella?
Para responder, es necesario preguntarnos dónde transcurre la acción de la novela. En mi opinión, la acción de esta novela se desarrolla fundamentalmente en tres planos:
1) En el intracuerpo del protagonista.
2) En la memoria y la imaginación del protagonista.
3) En el lenguaje mismo.
La vocación científica del protagonista lo lleva a tener una hiperconciencia de su organismo, de la vida celular, de los órganos internos de su cuerpo, y la novela está atravesada por referencias constantes a este plano de la realidad: lo intracorporal. (Un acierto la pintura de Francis Bacon en la portada). Estamos pues ante una novela en la que lo escatológico tiene una presencia importante, casi fundamental. Hay una complacencia del narrador –a veces narrador protagonista, a veces narrador testigo, a veces narrador omnisciente– en nombrar, casi diríamos en “tocar” lo primario, lo elemental, lo oscuro, lo vedado de la vida orgánica. Paralelo a ello, el protagonista está obsesionado desde su niñez con la muerte, con la idea de su muerte, lo que vuelve doblemente escatológica la obra.
En cuanto a la memoria y la imaginación, gran parte de lo que el autor nos presenta en las páginas de su libro no son las acciones ni los pensamientos del protagonista ni –digámoslo así– la situación general del personaje, sino más bien recuerdos o fragmentos de recuerdos, imágenes oscuras de la conciencia cuyo origen no resulta siempre preciso: la memoria, la imaginación o una mezcla de ambas. No se trata, pues, de una novela estrictamente realista. Pero sobre esto volveré más adelante.
En cuanto al lenguaje, la novela es torrencial, en perfecta sintonía con el título. Asistimos en ella a un diluvio de palabras, un diluvio que a mi juicio tiene resonancias e inspiración barroca. Las citas y referencias a Quevedo no resultan casuales, ni el hecho de que los capítulos tengan un encabezado a la usanza de las novelas del Siglo de Oro. Además de barroca en su lenguaje, la novela es también, a veces, ligeramente culterana –palabras y tropos de uso infrecuente, a veces en desuso– y no está exenta del lenguaje científico del protagonista.
i) Escatológica en algunas de las materias que toca, ii) barroca y a veces culterana en su lenguaje y iii) en los límites del realismo, son algunas de las características de esta novela.
Sobre los límites del realismo en los que se mueve la novela, hay un aspecto que también me parece oportuno comentar. Si bien desde las primeras páginas, desde los primeros párrafos, la novela nos introduce en el intracuerpo, en la imaginación y la memoria del personaje principal, todo parece quedar enmarcado dentro de los márgenes de un “realismo” que admite esos planos de la realidad. Sin embargo, en el último tercio de la obra, el autor salta sobre este código estético, cambia los términos del “contrato de lectura” con sus lectores y la novela adquiere un tono diferente, alegórico en algún sentido, cercano a la literatura del absurdo, en otro.
Para uno, como lector, este cambio de los códigos después de 200 páginas de lectura no resulta fácil de encajar. Y esa es otra dificultad que la novela nos plantea.
Además de estas características, si se quiere relacionadas con lo narrativo del texto, me gustaría también referirme brevemente al plano ideológico de la novela, es decir, a las ideas y conceptos que se abordan o plantean en ella.
Tal y como alabé lo acertado de la portada de esta edición, debo decir que discrepo del texto de la contratapa. En él se afirma que la referencia cristiana subyacente en el título es fortuita. Nada más lejos de la verdad.
La novela en su totalidad es un airado reclamo, un desesperado grito contra el Padre –contra el Padre Celestial, aunque no por sutiles las relaciones entre religión y psicología son menos evidentes– por su abandono, por su ausencia, por el castigo de existir en un mundo del que Él se ha retirado. En efecto, se trata de un mundo sin Dios. Un mundo en el que el castigo es la inexistencia de Dios pero el pecado no resulta para nada claro. De hecho, parte de la búsqueda del protagonista –una búsqueda a ciegas, desesperada– es la búsqueda de la Culpa. Hay quienes buscan el Perdón mediante la expiación, y hay quienes buscan la Culpa mediante la autodestrucción. El protagonista necesita saber cuál ha sido su pecado: otra resonancia con la literatura barroca, con el Lope de “¡Ay, mísero de mí…!”
Pero no solo ello: ante la ausencia de Dios, la ciencia, como búsqueda alterna de sentido, también ha fracasado. El protagonista se pasea ante los restos derruidos de dos deidades: Dios y la Ciencia, y es incapaz de dotar de sentido a su existencia.
Estamos, pues, ante un mundo eminentemente nihilista.
En un universo como este, la muerte es una liberación y la aniquilación una promesa: la promesa de la purificación para iniciar un nuevo ciclo. Y aquí es donde la metáfora o el símbolo del Diluvio Universal entra a jugar plenamente.
¿Es, en definitiva, nihilista esta novela? No lo sé. Sí y no. Al recurrir al símbolo de la purificación, abre una ventana a la renovación, aunque creo que el autor eligió ser ambiguo en este aspecto.
Estoy seguro de que Guillermo Barquero es conciente de las dificultades y los riesgos que he venido enumerando, y creo también que ha querido asumirlos. “El Diluvio Universal” es, en definitiva, una novela ambiciosa, estética y literariamente hablando, y es también una novela escrita sin concesiones al lector, que exige mucho de nosotros y nos pone a prueba.
Estamos, entonces, ante una novela de riesgo, de apuesta estética. Y este es, a mis ojos, un mérito importante. Cada lector deberá hacer su balance y decidir cuántos y cuáles de estos riesgos la obra sorteó con éxito y en cuáles otros sucumbió en su intento. Pero de eso se trata la literatura y las artes: de hacer apuestas, de tomar riesgos, de explorar caminos por los que otros no habían transitado.
Guillermo Barquero lo hace en esta novela y por ello merece mi saludo y reconocimiento.


viernes, diciembre 04, 2009

TRES O CUATRO CITAS DE MARTÍ

"Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece." (Para mí, la más extraordinaria lección de pedagogía que haya escuchado. Incluso una lección de política social: crear oportunidades para que se revele lo mejor de las personas.)

"La colonia continuó viviendo en la república..." (Idea clave a la que había también llegado por mi cuenta. Las repúblicas americanas heredaron la estructura racista, excluyente y depredadora del régimen colonial. Desde entonces cargamos con eso.)

"Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador." (Es que el injerto del modelo republicano/liberal/ilustrado fue automático en América Latina. Lo que en Europa fue un parto de siglos, aquí se impuso en décadas y como algo natural, necesario e inevitable. Y así nos ha ido...)

"Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pesdestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de persia y derramando champaña." (Aunque nuestras repúblicas ya no sean selváticas, sería bueno recordarle esto a tantos poetas y escritorzuelos de por aquí... A mi también, en otra época...)

De Nuestra América (1891)

lunes, noviembre 30, 2009

DESPEDIDA

"Me das
la muerte y
me das
la vida y

ambas
las acepto
igual"

me contagia
en su abrazo
final

el poeta
Felipe Granados (1976-2009)