sábado, junio 04, 2011

LOS ESCRITOS DE ERIK SATIE

Mi amiga Carolina León, adepta y también conocedora de la vida y obra del gran compositor Erik Satie (1866-1925), me ha prestado un libro con escritos, poemas y anotaciones varias que hacía Satie en sus partituras. Entre los escritos reunidos en el libro -todos fascinantes- no puedo dejar de transcribir, a pesar de su extensión, este que reúne las "indicaciones de carácter" que consignaba Satie en sus partituras para orientar a los intérpretes. Los editores del libro las reunieron y agruparon en orden alfabético. ¡Extraordinario, sorprendente y muy divertido!

INDICACIONES DE CARÁCTER
A flote
A la napolitana
Abra la cabeza
Acariciador
Aconséjese atentamente
Acribillado
Acumulativamente
Adoptar aire falso
Afectando demasiada importancia
Afirmativo
Agitado
Alegremente
Alegría moderada
Alto
Aminorar con amabilidad
Aminorar con bondad
Aminore mentalmente
Ampliando la cabeza
Ampliarse
Amplíe su impresión
Amplio de miras
Apaciblemente
Apague
Arrulle
Atentamente
Atrase despacio, sin ambages
Atrase una hora
Bailando
Bajamente
Bastante alerta
Bastante encendido
Bastante frío
Beba
Blanco
Brutal
Caeremoniousus
Caiga hasta el debilitamiento
Calmado sin lentitud
Calmado y profundamente suave
Cante
Cante seriamente
Casi invisible
Claustralmente
Como un animal
Como un ruiseñor con dolor de muelas
Como una suave petición
Con asombro
Con ceremonia
Con convicción y tristeza rigurosa
Con deferencia
Con dos manos
Con el rabillo de la mano
Con el rabillo del pensamiento
Con energía
Con entusiasmo
Con fascinación
Con fuerza
Con la cabeza
Con la mano en el corazón
Con lentitud
Con más soltura
Con mucha seriedad y una gravedad cortés
Con mucho cuidado
Con precaución y lento
Con sencillez
Con ternura
Con tristeza
Con tristeza y fatalidad
Cn un candor recatado pero conveniente
Con un profundo olvido del presente
Con una gran bondad
Con una justa cólera
Con una ligera intimidad
Con una sana superioridad
Con una tímida devoción
Con una tímida piedad
Concentrarse en la renuncia
Convencer
Corpulentus
Corra
Cuidadosamente
De cuerpo
De lejos
De lejos y con aburrimiento
De lo alto de usted mismo
De manera que obtenga un hueco
De dientes afuera
De un soplo
De una manera muy particular
De reojo y contenido por adelantado
Despegado sin aridez
Determinado
Doble cuidadosamente
Doble lentamente
Empapar
Empaparse
En blanco e inmóvil
En el gaznate
En el más profundo silencio
En la boca del estómago
En llamas
En lo mejor
En pleno pecho
Engordar
Enigmático
Epotus
Establecerse
Esté como encendido
Evite toda exaltación sácrílega
Exaltado
Fisiognómico
Flotando
Fríamente
Fuera y doloroso
Graciosamente
Grandioso
Guiñando el ojo
Hábilmente
Haga como yo
Hipócritamente
Ignorar la propia presencia
Illusorius
Imitativus
Impasible
Importante
Indudable
Inflexible
Interrogue
Intimidar
Invitarse
Irónicamente
La cabeza entre las manos
La espalda encorvada
La mano sobre la cabeza de su alma
Lacado como un chino
Lágrimas en los dedos
Latoso
Lechuguino
Lento y doloroso
Lento y grave
Lento y triste
Ligero
Ligero, pero decente
Los huesos secos y lejanos
Llano
Lleno de sutilidad, hágame caso
Llévelo más lejos
Llore como un sauce
Macilento de cuerpo
Más blanco
Más íntimamente
Más pesado todavía, si es posible
Melancólico
Mirándolo dos veces
Mirándose de lejos
Misma afirmación pero más interior
Misterioso y tierno
Moderado y muy aburrido
Modestamente
Mover hacia dentro
Muévase
Muy aburrido
Muy afectuoso
Muy blanco
Muy confuso
Muy conveniente
Muy cristianamente
Muy perdido
Muy reluciente
Muy sinceramente silencioso
Muy turco
Naturalmente
Necesariamente
Negligentemente
Negruzco
No cambie de fisonomía
No coma demasiado
No demasiado sangriento
No hable
No pierda el norte
No salga
No se atormente
No se engría
No sude
No tosa
No trague
Noblemente
Nocturnamente
Nocturnus
Obedecer
Obligatoriamente
Opacus
Oscuro
Paedagogus
Palidezca
Pálido y hierático
Paramirar de cerca, no más
Paso a paso
Paululum
Permanezco (poco) justo delante de usted
Pesado
Por completo
Positivamente
Postule ustedmismo
Preciosamente
Provéase de clarividencia
Que su emoción sea suave
Quédese atónito
Rasque
Rebote someramente
Rehuya el sonido
Respire
Retire la mano y métasela en el bolsillo
Sabiamente
Seco como un cuco
Ser visible un momento
Seriamente pero sin lágrimas
Siga sin perder el conocimiento
Siga recto
Sin grandiosidad
Sin irritarse
Sin lustre
Sin maldad
Sin nada de poesía
Sin orgullo
Sin ostentación
Sin pestañear demasiado
Sin prisas
Sin que el dedo se ponga colorado
Sin ruido, vuelva a hacerme caso
Sin temblar demasiado
Sobre la lengua
Sobre terciopelo amarillecido
Solo, durante un instante
Sonría
Súbase sobre sus dedos
Subitus
Substantialis
Supersticiosamente
Tan tranquilo
Temblar como una hoja
Tierno
Triste
Un poco caliente
Un poco cocido
Un poco rococó pero lento
Valientemente fácil y complacientemente solitario
Váyase
Vea
Verdaderamente
Virtuoso
Viscoso
Visible por un instante

lunes, mayo 30, 2011

UNA DE LEVRERO

Cree la gente, de modo casi unánime, que lo que a mí me interesa es escribir. Lo que me interesa es recordar, en el antiguo sentido de la palabra (=despertar). Ignoro si recordar tiene relación con el corazón, como la palabra cordial, pero me gustaría que fuera así.

La gente incluso suele decirme: "Ahí tiene un argumento para una de sus novelas", como si yo anduvier a la pesca de argumentos para novelas y no a la pesca de mí mismo. Si escribo es para recordar, para despertar el alma dormida, avivar el seso y descubrir su caminos secretos; mis narraciones son en su mayoría trozos de la memoria del alma y no invenciones.

El alma tiene su propia percepción y en ella viven cosas de nuestra vigilia pero también cosas particulares y exclusivas de ella, pues participa de un conocimiento universal de orden superior, al cual nuestra conciencia no tiene acceso en forma directa. De modo que la visión del alma, de las cosas que suceden dentro y fuera de nosotros, es mucho más completa que lo que puede percibir el yo, tan estrecho y limitado.
(...)

Claro que no sé hasta dónde mi alma es mía; más bien yo pertenezco al alma y esta alma no está, como señala más de un filósofo, necesariamente dentro de mí. Es simplemente algo que no conozco; el yo no es otra cosa que una parte modificada, en función de cierta conciencia práctica, de un vasto mas que me trasciende y sin duda no me pertenece; un especimen surgido, o emergente, de un vasto mar de ácidos nucleicos. Pero qué hay detrás, cuál es el impulso que se expresa mediante el ácido. Ese deseo, esa curiosidad, esas voracidad subyacente en las partículas materiales."

Mario Levrero
(Montevideo, 1940-2004)
El discurso vacío.
(2007)

domingo, mayo 22, 2011

MADRID

La última vez que estuve aquí por más de una semana fue en 1993, hace casi veinte años. Desde entonces he vuelto varias veces, casi siempre por pocos días, casi siempre para visitar amigos. Desde la primera vez, en el verano de 1985, me sentí a gusto en esta ciudad. Bueno, no es cierto, no es exáctamente así. Recuerdo que en aquél primer encuentro me sentí avasallado, humillado por la amplitud de algunas calles y la imponencia de cierta arquitectura. Más que la vieja arquitectura imperial de los Habsburgos, fue lo masivo de los edificios de Gran Vía y Alcalá lo que me apabuyó. Recuerdo particularmente -curiosa impresión, curioso también que el recuerdo permanezca intacto- que las verjas de esos edificios me resultaron ofensivas. Miraba los enormes trabajos de hierro en las ventanas del Banco de España, del edificio de Correos, de los viejos edificios del Paseo del Prado y de Castellana, y me decía con indisimulado reconcomio que toda esa riqueza era fruto de la expoliación colonial de América.




Regresé por mucho más tiempo en 1993 y entonces me familiaricé con la ciudad. Tuve la suerte de permanecer 9 meses aquí, becado por la AECI, para estudiar guión cinematográfico. Eran los estertores finales del gobierno de Felipe González. Tuve la dicha de vivir cerca del Retiro y me tocó en suerte que los becarios tuviésemos entonces entrada libre a los museos del Estado; por ello pude visitar tantas veces como quise El Prado. Lo mismo que con la música, son pocos los pintores con quienes se entabla un amor a primera vista, y es cierto que en general hay que desconfiar de esos amores. Yo me enamoré despacio, a fuerza de visitas reiteradas, de Velázquez y del Bosco, de la Anunciación de Fray Angélico y de las madonas de Rafaél.






Como cualquier becario en Madrid, hacíamos vida de estudiantes y la mayor parte de nuestra actividad nocturna se desarrollaba en Chueca y Lavapies. En mi curso éramos varios becarios provenientes de América Latina -Ecuador, Colombia, Venezuela y Costa Rica- y desde luego un número mayor de españoles. Afirmar que durante aquellos meses me sentí "madrileño" sería exagerado y quizás sea más justo decir que me sentí "como en casa".


Hace pocos días, le comentaba a un amigo haber visto entonces un batallón de jóvenes conscriptos haciendo sus prácticas de "la mili" en El Retiro, y registrar como algo especial y llamativo el hecho de que entre ellos hubiera un joven negro. Recuerdo también haber visto en alguna caminata nocturna a otro joven de evidente origen africano trabajando en la recolección municipal de la basura.




Tras estas semanas de estadía acá, lo que más ha llamado mi atención es sin duda el incremento de la presencia de migrantes de todo el mundo. Madrid está en trance de convertirse en una ciudad cosmopolita y multicultural. Lo más notorio son los chinos que se establecieron en Lavapies. Decenas, centenares de comercios chinos de ropa y de los productos más variados... Están también, desde luego, los rumanos y los búlgaros, los subsaharianos de diferentes orígenes, los latinoamericanos que entonces empezábamos a venir y los magrebíes y gitanos que ya estaban aquí. Los gitanos, que entonces constituían la nota dominante entre las poblaciones "foráneas", pasaron hoy, según me parece, a segundo o tercer plano, pero quizás estoy equivocado.




A propósito de todo esto, me decía hace algunos días Alfonso -un salonero de mediana edad, trato amable y voz dulce que trabaja en una cantina popular en la zona de Chueca-: "No estábamos preparados, simplemente no estábamos preparados para todo esto..." Lo decía casi como una disculpa, como una justificación, para convencerme de que no hay maldad ni xenofobia en la gente de acá sino más bien ignorancia e impotencia, y que estos procesos de asimilación e integración requieren tiempo y esfuerzos.




Creo, sinceramente, que Alfonso tiene razón y da en el clavo. Madrid -la gente de Madrid- no estaba preparada para la globalización y todos sus efectos.




¿Pero acaso lo estaba alguien?




No hay lugar del mundo que no haya sufrido los impactos del signo de los tiempos, aunque estos efectos sean diferentes según el lugar. ¿Acaso estaban preparados los chinos para lo que les cayó encima? ¿Acaso lo estaban los mexicanos, los hindúes o los costarricenses?




Aunque difieran las formas en que la llamada "globalización" afecta a los pueblos, naciones y culturas, todas tienen en común una exposición masiva, arrolladora, a lo otro, a lo extraño, a lo diferente... En los países del llamado "primer mundo" este contacto es presencial y se concreta mediante las migraciones; en el caso del resto de países, la exposición tiene lugar mediante la invasión de productos, costumbres y signos extraños, en virtud de la apertura de los mercados y la imposición de los medios de comunicación globalizados.




Para unos y para otros la "globalización" tiene un efecto "modernizador" -entiéndase, disolvente- en el sentido de arrasar con costumbres, referentes y tradiciones.




Y no, para eso nadie estaba preparado y con eso todos tenemos que lidiar.




-Alfonso, anda, pónme otro vermú...

domingo, abril 24, 2011

SOCIALISMO (Los días y sus dones, 1980-2001)

Tras el hundimiento del “socialismo histórico” me dice V.: “Es como si hubieras creído que tu madre era una santa y descubrieras que era una puta.”
***
Encuentro casual y cervezas con el escritor Joaquín Gutiérrez. Le pregunto cómo ha vivido el derrumbe del mundo socialista y me responde: la clase obrera rusa era ladrona, borracha e indisciplinada. Les hizo falta pasar por los horrores del capitalismo naciente para apreciar lo que tenían con los soviets… Yo lo escucho sin poder creerlo. ¡Ahora resulta que los responsables y causantes del fracaso socialista fueron los obreros!
***
No olvidar que la revolución es –también–, mirarse en el espejo más terrible: cada día.
***
Sin afán de ser pesimista: ¿cómo esperar que los pueblos se sacudan la opresión si la sola subsistencia es un acto de heroísmo?
***
Entre las mentiras más exitosas de fin de siglo, se cuenta la que afirma que la debacle del socialismo acabó con las utopías. Lo que nadie nos explica es que la sociedad en la que vivimos se sustenta en otra utopía. Sí: la utopía tecnológica, el cuentito de que las computadoras y la Internet y la exploración espacial y otras cosas por el estilo van a resolver nuestra situación como por arte de magia, y todos vamos a vivir felices y como hermanitos. La arcadia tecnológica es tan ilusoria como su prima-hermana, la utopía política. Ante el ocaso (¿momentáneo?) de las utopías sociales, nos refugiamos en la utopía tecnológica. Así pues, la utopía ha muerto, ¡viva la utopía!

sábado, abril 02, 2011

TIEMPO

Mentiroso Impostor

Todo de nuevo

Y nada nuevo

Mentiroso Impostor

Todo idéntico

Y yo más viejo

abril 2011

jueves, marzo 17, 2011

PARTIR

(del Diccionario Interior)

El que parte, se parte: sabia esta lengua en cuyos pliegues se dibuja esta verdad.

Algo de nosotros queda en lo que queda, en los que quedan, y al partir, también nosotros nos partimos en pedazos.

Y como siempre estamos partiendo hacia alguna parte, siempre andamos divididos.

Ahora bien, siempre estamos partiendo pero habitualmente volvemos a nosotros, a los otros que son con nosotros, y así nos reunimos, aunque el que se fue y el que vuelve no sean el mismo, no sean lo mismo, de ahí el eterno desencuentro entre nosotros.

Esa es una cosa, pero está esta otra:

¿Qué de los que parten y luego ya no vuelven? ¿Los que se van definitivamente? Esos dejan un pedazo que continuará aleteando entre nosotros como el trozo languideciente arrancando a la cola de una lagartija. Los que no regresan no parten, se arrancan. Esa ilusión de un nuevo principio anima al que parte sabiendo que no volverá.

Hablo, aquí, de los que parten de su tierra hacia otras tierras, por ejemplo.

Pero está esto otro, también, lo obvio y sin embargo tan obviado: que todos partiremos.

¿Será -me pregunto a veces- que tras partir definitivamente nos reuniremos al fin?

Eso dicen, eso han dicho, los que dicen saber.
Tal vez el silencio y la nada nos acogen y esa es otra forma de reunirnos.

viernes, marzo 04, 2011

De "LOLITA" (II)

“She would try to relieve the pain of love by first roughly rubbing her dry lips against mine; then my darling would draw away with a nervous toss of her hair, and then again come darkly near and let me feed on her open mounth, while with a generosity that was ready to ofer her everything, my heart, my throat, my entrails, I gave her to hold in her awkward fist the scepter of my passion.”

“Trataría de librarse del dolor del deseo estampando de entrada y con firmeza su labios resecos contra los míos; luego mi amada se retiraría en medio de un nervioso balanceo de su cabello, para después regresar ominosamente permitiéndome abrevar de nuevo en su boca entreabierta, mientras con generosidad dispuesta a entregarle todo -mi corazón, mi cuello, mis entrañas-, yo ponía en su puño crispado el cetro de mi pasión.”

martes, marzo 01, 2011

REVELACIÓN

Ya se nos va a ir el mundo entre las manos.
Somos tiempo de esta guerra.

lunes, febrero 28, 2011

DE "LOLITA" (Ejercicio de traducción)

3
Annabel tenía, como quien esto escribe, orígenes diversos: en su caso mitad inglesa, mitad holandesa. Hoy recuerdo sus rasgos mucho menos claramente que hace algunos años, antes de conocer a Lolita. Existen dos tipos de memoria visual: una en la que uno hábilmente recrea una imagen en el laboratorio de su mente, con los ojos abiertos (y ahí veo a Annabel en términos generales como estos: “piel color miel”, “brazos delgados”, “pelo castaño rizado”, “largos latigazos”, “gran boca lustrosa”), y otra en la que uno repentinamente evoca, con los ojos cerrados, en el oscuro interior de sus párpados, el objetivo, la réplica perfecta de un rostro amado, un pequeño fantasma a todo color (y así es como veo a Lolita.)
Permítanme entonces, primero que nada, describirles a Annabel, diciendo que era una adorable chiquilla algunos meses menor que yo. Sus padres eran viejos amigos de mi tía y tan enfermizos como ella. Habían alquilado una villa no lejos del Hotel Mirana. Calvo-castaño el Sr. Leigh y gorda y granulada la Sra. Leigh (nombre de soltera: Vanessa van Ness). ¡Cuánto los destestaba! Al inicio, Annabel y yo abordamos temas periféricos. Ella alzaba puñados de finísima arena que dejaba escurrir entre sus dedos. Nuestros cerebros estaban dirigidos como los de cualquier preadolescente inteligente de nuestra época y condición en Europa, y me pregunto cuánto de mérito personal cabe atribuir a nuestro interés por la pluralidad de mundos deshabitados, el tenis competitivo, el infinito, el solipsismo y otras cosas parecidas. La fragilidad y dulzura de los cachorros de cualquier especie nos causaba a ambos el mismo dolor intenso. Quería ser enfermera en algún país asiático devastado por la hambruna, yo deseaba convertirme en un espía famoso.
De pronto estábamos torpe, loca, desvergonzada, agonizantemente enamorados; desesperanzadamente también, debo decir, puesto que aquél frenético deseo de posesión mutua solo podría ser apaciguado empapándonos y asimilando cada partícula del alma y la carne del otro; pero henos ahí, sin posibilidad alguna de salir y noviar como hasta dos chiquillos de barriada hubieran podido hacer sin contratiempos. Luego de una tentativa loca nos encontramos una noche en su jardín (del cual diré más adelante); la única privacidad que nos permitían era no ser escuchados pero jamás quedábamos fuera de la vista en la parte más concurrida de la playa. Ahí, en la suavidad de la arena, alejados algunos metros de los adultos, nos explayábamos toda la mañana en el paroxismo inmóvil del deseo, y aprovechábamos cada bendito resquicio en el tiempo y el espacio para tocarnos: su mano, medio oculta bajo la arena, se escabullía hacia mí, sus delgados dedos castaños como sonámbulos más y más cerca cada vez; luego su rodilla opalescente iniciaba un largo y cauteloso viaje; a veces una barrera interpuesta por chicos menores nos brindaba suficiente refugio para mordisquear los labios salinos del otro; estos contactos incompletos condujeron nuestros inexpertos, jóvenes y saludables cuerpos a tal estado de exasperación que ni siquiera el agua fría y azul, bajo la cual todavía nos atenazábamos, nos brindaba sosiego.
Entre los tesoros que extravié en los vagabundeos de mi edad adulta, había una instantánea tomada por mi tía en la que aparecían Annabel, sus padres y el aburrido, torpe, envejecido cortejante de mi tía, un tal Dr. Cooper, reunidos alrededor de una mesa en la terraza de un café. Annabel no salió bien, sorprendida en el instante de doblarse sobre su chocolat glacé , y sus delgados hombros desnudos y la línea de su cabello es todo lo que la identificaba (tal y como recuerdo la fotografía) en medio de la veladura del sol dentro de la cual su perdida belleza se desvanecía; y yo, sentado algo aparte del resto, aparecía con una especie de escandaloso dramatismo; un irritable muchachito de cejas prominentes en camiseta deportiva oscura y bien tallados pantalones claros por la rodilla, sentado de perfil, con las piernas cruzadas y la mirada perdida. La fotografía fue tomada el último día de nuestro fatídico verano, apenas algunos minutos antes de nuestro segundo y último intento de remontar el destino. Bajo los más inverosímiles pretextos (era nuestra última oportunidad y ya nada importaba) nos escabullimos del café hacia la playa hasta una solitaria lengua de arena, y ahí, bajo la sombra violácea de unas rocas que formaban una especie de cueva, tuvimos una sesión de ávidas caricias, teniendo por único testigo los anteojos de sol abandonados por alguno de nosotros. Ya de rodillas, justo en el momento de tomar a mi amada, dos bañistas barbados -el viejo del mar y su hermano- emergieron de las olas profieriendo vulgares expresiones de apoyo, y cuatro meses después ella moriría de tifus en Corfú.

viernes, febrero 25, 2011

SENTIR

(Del Diccionario Interior)


i

Palpo. Lo ajeno se hace real, me toca, dialoga conmigo, se pone a mi nível, desmiente la creencia de que solo existo yo o a lo más otras sombras semejantes con las que me cruzo en el camino. (Existe, sospecho, una suerte de ley existencial que nos impele al solipsismo, que se compensa y equilibra mediante la evidencia tangible de lo otro que aportan mis sentidos.)

Palpo. Me abro a lo otro. Lo otro me interpela, me interroga. Se acerca, viene a mi -o voy a ello- y de ese encuentro surge la conciencia de mi ser, de ser algo semejante a eso que dialoga conmigo. La apenas-sombra que era yo mismo hace un momento adquiere, de pronto, vigor y densidad: la realidad de eso-otro que toco, que palpo, que siento, revela mi realidad.

No soy eso pero soy-como-eso, eso-es-como-yo.

¿Qué somos? ¿Somos lo mismo?


ii


Entonces aparece algo -alguien- que, como yo, trae esa interrogación estampada en su rostro; alguien que -como yo-, modula en sonidos esa misma duda: ¿Somos lo mismo? A diferencia de todo lo otro que me ha interrogado a través de los sentidos, esto que ahora toco, esto que ahora miro, con lo que dialogo ahora, trae la misma pregunta atravesada en sus sentidos.

Y es, paradójicamente, compartir esta duda -¿somos lo mismo?- lo que me lleva a reconocerte como mi igual, lo que me lleva a reconocerme en vos, lo que me confirma que somos lo mismo.

martes, febrero 22, 2011

ALBA MALVA

como una joven doncella
que emergiera de las aguas
se levanta
vestida de blanco
la mañana

me toma entre sus brazos
me despierta con sus besos
me suspende y sumerge
y no sé más quién soy

alba malva
rosa enconada
oscura y profunda

pura contradicción



febrero 2011

lunes, febrero 14, 2011

EL DETECTOR DE MIERDA

Me refiero, desde luego, al de Hemingway: “el primer y único requisito para ser un buen escritor, es tener un detector de mierda a prueba de balas…” Imposible no fascinarse con lo simple y preciso de la frase. (Simplicidad y precisión que, por lo demás, caracterizan el estilo de este autor…)
¿Pero qué es el “shit-detector”? (Solo formular la interrogación me avergüenza un poco y me recuerda la respuesta de Louis Armstrong a una periodista que le preguntó qué es el jazz: If you dare to ask it, babe, I´m afraid you´ll never know the answer…) En primera instancia y antes que nada, el shit-detector es la capacidad de reconocer lo falso, lo impostado, lo pre-fabricado -o como diría el piedrero de mi barrio, lo hediondo- en todo lo que nos rodea: personas, situaciones, discursos, etcétera.
Como un software malicioso, el shit-detector se instala en uno a raíz de un disloque, una disonancia, una desavenencia con la realidad: algo hay podrido en Dinamarca. No basta el éxito, no basta el dinero, no basta la felicidad comprada a plazos o de contado, en baratillo o por docena. El shit-detector es esa mala leche amarga que nos permite penetrar en los resquicios de las buenas conciencias y olfatear la podredumbre bajo la alfombra blanca o bajo el piso de tierra. Algo hay podrido en Dinamarca: no creo en tu inocencia, Adán de porcelana, Eva de melanina... Esa pose de santulona iluminada reservala para las vecinas en la verdulería, y la tuya de perdonavidas para los amigos en el club o en la cantina, porque aquí, desde siempre y hasta que alguien me demuestre lo contrario, todos tenemos las manos sucias…
Pero, como diría Cantinflas, “ahí está el detalle”: todos tenemos sucias las manos: empezando por mí. Sí, empezando por mí…
Fue Hemingway -y no yo- quien escogió la metáfora escatológica: la capacidad de olfatear y reconocer la mierda ajena surge y se desarrolla a partir de olfatear la propia. Ahí está el detalle. Ya lo decía algún personaje de Cien Años de Soledad refiriéndose despectivamente a otro: Efe safa efes defe lafas quefe tiefe nefen afas cofo defe sufu profo piafa miefer dafa…
Es a partir de olfatear la propia mierda que se desarrolla la capacidad de reconocer la ajena. Y de juzgarla. La mierda propia emerge, desde luego, en las poses, impostaciones e infinidad de falsedades en las que incurrimos, pero en tanto escritores, debemos ocuparnos ante todo de la que se materializa en nuestros discursos y palabras. Por eso, como decía no sé quién con muy buen tino, hacer una obra es, en gran medida, un trabajo de demolición. Hundirse en la contradicción de construir-se demoliendo-se.
Es de esta contradicción incesante, de esta agonía, de donde surge la libertad que permite a los creadores reconocer la falsedad y la impostación en lo que les rodea, y la que les da alguna autoridad moral para denunciarla. De otra forma sus palabras resultan doblemente huecas y más ridículas que las de aquellos que pretenden denunciar.

domingo, febrero 13, 2011

LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO

¿Quién no conoce el refrán que dice que las guerras sabemos cómo empiezan pero nunca cómo terminarán? Sin embargo en este caso jamás supimos cómo inició y sabemos, en cambio, que todo terminará mal, muy mal, si es que algún día termina … Ni los periodistas, ni los analistas ni los detectives ni los fiscales ni los policías, supieron desentrañar los signos, pues aquellos parecían asesinatos casuales -si cabe la expresión- venganzas o casos de violencia doméstica como tantos otros, cualquier cosa menos lo que resultó ser… Un cadáver por acá, un cuerpo mutilado por allá… Todo como había sido desde siempre y como estábamos acostumbrados desde hace siglos.
Fue después, al cabo de unas semanas, cuando se hizo evidente que las víctimas eran invariablemente personas muy obesas o flacas en extremo… Pero entonces ya era tarde, y el desprecio y el resentimiento alimentados durante décadas había prendido, y nada -ni los llamados de los líderes ni de los gobiernos-, lograron contener el estallido de odio cerval y primitivo.
Siempre fue así. Denme un motivo para matar y verás emerger en mí a un sicópata, a un auténtico asesino. Lo único que necesitamos es permiso. Permiso y legitimidad: Dios, la Patria, desde siempre fueron los mismos. ¿Pero esto? ¿Quién lo hubiera previsto?
Y así fue como los Gordos y los Flacos juraron combatir hasta el exterminio del enemigo.

domingo, enero 16, 2011

El necio edifica sobre terreno inadecuado y maldice cuando su casa se desploma.

viernes, diciembre 10, 2010

SIMBOLOS (Los días y sus dones, 1980-2001)

La serpiente no tiene la culpa: la serpiente es la culpa.
***
Quetzalcoátl es simbolizado en el amanecer, y por tanto en el Este, porque en él confluyen la serpiente-noche y el vuelo-sol.
***
La gran luna de las pasiones egoístas.
***
Hay que nadar hacia lo abierto.
***
Las catedrales como representación del cosmos donde todo tenía que tener –simbólicamente– cabida y lugar.
***
La desventaja del símbolo y la alegoría, es que la diversidad alucinante de lo concreto se pierde en ellos.

viernes, noviembre 19, 2010

ABUELITA IXMUCANÉ

Cuida nuestros pasos por la tierra

Tráenos viento fresco en las mañanas soleadas
y no olvides nuestro alimento
Maíz y frijoles
Nueces y algas
Hongos y frutas
Pescados y aves

Todo lo que brota de tu vientre incansable
aunque seas vieja como la barranca o el ceibo

El asombro que nos produces no conoce límites y no cesa

Tu risa es fresca como el ojo de agua
Y tus lágrimas viejas como las piedras

No olvides darnos sombra en los días calurosos
Y concédenos un rayo de sol en las tardes más frescas

Tu nos conoces bien

Nos has visto crecer

Alentaste a nuestros padres y a nuestros abuelos
y los acogiste cuando sus fuerzas se extinguieron

Sabes de nuestra fragilidad

Por eso nos cuidas
Por eso te invocamos y queremos

Abuela vieja y venerable
con el rostro curtido y las venas saltonas

Vieja y amada Ixmucané
Cuida de nosotros
Amén

lunes, noviembre 08, 2010

Sonoro viento
Silencio
Ideas claras

La madrugada canta
una canción de cuna

Para despertar

viernes, octubre 22, 2010

CITA CITABLE

He escrito y escribo movido por impulsos contrarios: para penetrar en mí y para huir de mí, por amor a la vida y para vengarme de ella, por ansia de comunión y para ganarme unos centavos, para preservar el gesto de una persona amada y para conversar con un desconocido, por deseo de perfección y para desahogarme, para detener al instante y para echarlo a volar. En suma, para vivir y para sobrevivir.

Octavio Paz
Prólogo al Vol. I
Obras Completas.

miércoles, octubre 20, 2010

CÓDIGO DE BARRAS

Allá se juega bola; aquí se juega barra. Esta que jugamos en las gradas es nuestra mejenga, la única que nos queda jugar, porque estudios ya no, o casi no, o solo algunos y a ratos -con todas esas mariconadas que piden en el INA- y brete solo a veces. Por eso la jugamos con pasión, de a de veras, con ganas. Aquí es donde jugamos nosotros, donde nos la jugamos también. Allá en la cancha están los otros que ganan de a millón; aquí nosotros que quisiéramos estar allá. Ellos eran como nosotros, algunos de ellos. Nosotros somos como ellos cuando ganamos, cuando ganan y gritamos todos, celebrando el goooool.
Allá está el árbitro; acá la policía. Todos uniformados. Árbitro hijuesumadre, tombo tal por cual. Así es la vara. La ley... Vos sabés qué hago con la ley…
Nosotros no entrenamos pero nuestro juego también empieza antes del juego, cuando nos reunimos en el parque. Ahí empieza el vacilón, la vara, la barra. Ya uno sabe cómo es, sabe quienes vienen y quiénes no, sabe que desde ahí, mucho antes del partido, los tombos van a estar enjachando… Pero mientras uno no infrinja la ley no pueden pitarle faul. Güichos que tienen que estar ahí, jaibos que tienen que cuidarnos. Salados.
La otra vara bonita es que somos un equipo. Uno para todos y todos para uno. Es como allá, como las vacas esas que juegan bola. Parecido. O mejor. Porque aquí a la hora de los guamazos es en serio. Aquí no es como allá, no es jugando. Somos verdaderos compas. Uno es parte de un equipo donde se juega el pellejo, el pellejillo. Aquí la pellejeamos.
Aquí de verdad le tenemos amor a la camiseta; no como allá, que se la cambian a según soplen los vientos. Y si es de arriarse, nos arriamos; uno para todos y todos para uno. Así es la vara acá.
Y cuando termina la mejenga allá, la nuestra sigue, al menos un rato más. Sigue en los buses, en la calle, hasta volver al barrio, a la barriada. Somos como un remolino que pasa y azota la ciudad. Que nos sientan. Que sepan que existimos. No nos quieren ver pero existimos.