lunes, noviembre 14, 2011

Viajes (Los días y sus dones, 1980-2001)


Los aeropuertos son un limbo y en ellos todos somos "almas en pena": en tanto que lugares de paso, la identidad personal queda momentáneamente en suspenso, esperando la oportunidad de saltar como un muñeco de resorte tan pronto aparezca un pariente, un coterráneo, un conocido. Sólo quienes trabajan ahí y han integrado estos lugares a su vida, se comportan como personas, sobre todo en el trato que se dispensan entre sí, bastante menos cuando se dirigen a las "sombras" que pasan y con quienes tienen que tratar…
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El viajero y el suicida se dan cuenta de que lo que queda atrás, seguirá su curso sin ellos.
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El azul profundo del Mediterráneo en calma; el vibrante, intenso resplandor turquesa que escapaba de las olas, aquél día de mar gruesa.
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Los turistas vienen a las catedrales como a los restos de un gran dinosaurio. Circulan entre las costillas, toman fotos con flash  y desprecian el silencio. Atropellados, vienen y van, tratando de registrar detalles y rincones consignados en las guías. La idea de sentarse a respirar parece no existir para ellos: a lo sumo un descanso, unos minutos de reposo antes de seguir la marcha. Los lugares se visitan, no se habitan (aunque sea unos minutos o unas horas); se conocen pero no se viven.
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Los franceses venden vino, queso y palabras…
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Los franceses traen a la palabra lo que los italianos dicen con las manos.
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Horrible y lacerante certeza de que, de aquí en adelante, España será, como lo es ya, una nostalgia y un dolor encarnado.
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La Habana, con sólo mencionarla, sabe a poema.
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Una de las diferencias más palpables entre Madrid y París, es la presencia de lo que quizás impropiamente llamo “el barroco”. “Lo barroco”, tan determinante en Madrid, está casi ausente de París. El barroco: afirmación sensual y contorsión culpógena; afirmación y negación; contradicción, culpa … París, por su parte, es mucho más sobria y equilibrida; aún en sus delirios imperiales transmite un espíritu de sobriedad y de confianza en la razón.
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Dondequiera que voy encuentro dos ciudades superpuestas. Por un lado  la ciudad “globalizada” de los malls, la tv por cable y la Internet, odiosamente idéntica en todas partes (habitada, también hay que decirlo, por hombres y mujeres semejantes en cualquier país), y junto a ella, pero abandonada y en ruinas, “la otra ciudad”, la ciudad nacional de las clases medias y obreras.
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La dificultad, el desafío, estimulan la creatividad y obligan a que todo sea diferente. Por eso las ciudades fundadas en terrenos poco propicios, como San Francisco o Río de Janeiro, son las más bellas.
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A medio camino entre Macondo y Paris, Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Caminando por sus calles, uno comprende  que aquí haya surgido una de las principales escuelas psicoanalíticas. Y es que ser porteño es ser conciente de que se es algo que no se es.
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“Venus” es el nombre de batalla de esa esbelta travestida que cada sábado se maquilla maravillosa, alucinantemente, para venir a exhibirse al boulevard donde nos paseamos los turistas. Ella sabe muy bien en donde está parada, pues constantemente grita: “Don´t take that picture, damn. This is America; nothing is for free.”
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Los indígenas de Panajachel, duchos en el arte de hacerse pasar por idiotas.
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Un poco por mi facha, y otro por las gotas de sangre anglosajona que cargo, me resulta fácil palpar el desprecio y el odio apenas disfrazado que sienten los guatemaltecos por los gringos.
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Guatemala City: en las cercanías del hospital, proliferan, prósperas, las funerarias…
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¡Qué dicha interminable la de Odiseo, que durante diez años viajó de regreso a casa!

viernes, octubre 21, 2011

Una de Pound

"Haré declaraciones que pocas personas se pueden permitir porque pondrían en peligro sus ingresos o su prestigio en sus mundos profesionales, y sólo están al alcance de un escritor por libre. Dada mi libertad, puede que sea un tonto al usarla, pero sería un canalla si no lo hiciera."

Ezra Pound

viernes, septiembre 30, 2011

De "La caída" (Camus)

Tout a fait entre nous, la servitude, souriante de préférance, est donc inévitable. Mais nous ne devons pas le reconnaitre. Celui qui ne peut s´empecher d´avoir des esclaves, ne vaut-il pas mieux quíl les apelle hommes libres? Pour le principe d´abord, et puis pour ne pas les désespérer. On leur doit bien cette compensation, n´est-ce pas? De cette manniére, ils continueront de sourire et nous garderons notre bonne consciencience. Sans quoi, nous serions forcés de revenir sur nous-memes, nous deviendrions fous de douleur, ou meme modestes, tout es a craindre.

Aquí entre nos: la servidumbre, de preferencia sonriente, es inevitable. Pero no debemos admitirlo. A quien tiene esclavos, ¿no le  conviene llamarlos seres libres? Por cuestión de principios, de entrada, pero también para que no desesperen. Les debemos esa deferencia, ¿no es así? De esta forma conservarán su sonrisa y nosotros la buena conciencia, sin la cual nos veríamos obligados a mirarnos  y enloqueceríamos de dolor, o quizás nos volveríamos humildes, algo temible.

sábado, septiembre 24, 2011

Cita citable

Hacer las cosas de este modo, sólo para ver qué pasa, sin grandes motivaciones, es la única actitud que un poco después, al cabo de unos minutos, hace que surja del mundo algo de futuro. Sin sombra duda, el futuro no está de ninguna manera en los deseos. En un deseo, si queremos ser benévolos, está quintaesenciada la asquerosidad de un pasado que te adhiere a algo que te parece enteramente tuyo, cuando, por el contrario, es fortuito como todo lo demás.

Ugo Cornia
Sobre la felicidad a ultranza

miércoles, septiembre 14, 2011

¿QUÉ ES UNA HISTORIA?


Tras muchos años de fabular historias que a veces devienen relatos escritos y otras veces relatos audiovisuales, he venido decantando una visión personal de “lo que es una historia.” Digo que se trata de una visión personal no porque crea que hay algo de original en ella, sino porque me he acercado a ella mediante una reflexión nacida de la experiencia  más que de lecturas  sobre el tema.


Mi enunciación de lo que es una historia resulta extremadamente sencilla: “una historia es un relato donde algo le sucede a alguien.”

Un  relato es una relación de hechos representados en un lenguaje, sea la palabra (oral o escrita), la imagen audiovisual o la escenificación teatral o danzaria. Puesto que hablamos de una representación,  por “alguien” debemos entender  un personaje, es decir, una construcción significativa que solo tiene entidad y sentido en el marco del sistema de representaciones del relato. Desde luego, los personajes y los hechos de una historia pueden ser ficticios  o hacer referencia a sucesos y personas objetivamente existentes; asimismo, los personajes pueden ser individuales o colectivos. (El personaje principal de un relato puede ser “El pueblo de Fuenteovejuna”, la familia Buendía o el Príncipe Hamlet.)

Puntualizadas estas obviedades, cabe preguntarnos: ¿qué significa, en definitiva, que “algo le suceda a alguien”? O dicho en otras palabras: ¿qué debe de ocurrir para que algo nos suceda? (Y aquí extiendo deliberadamente la interrogante a personajes y seres humanos…)

El sujeto/personaje y el Deseo

A cada instante nos suceden cosas -respiramos, parpadeamos, nos movemos, salivamos, hablamos- y no por ello consideramos que “nos pasó algo”. La primera tentación sería decir entonces que “para que algo nos suceda”, debe tratarse de cosas excepcionales, fuera de lo común; sin embargo, solo de vez en cuándo tropezamos y caemos en la calle, vamos donde el dentista o a un funeral, y no por ello consideramos que, por sí mismos, estos acontecimientos den pie a un relato.

Una segunda tentativa sería señalar que “para que algo nos suceda”, debe tratarse de cosas importantes, pero eso nos obligaría a preguntarnos qué cosas pueden considerarse  universalmente “importantes”: ganar la lotería puede ser un acontecimiento importantísimo en la vida de alguien e irrelevante en la de otra persona, y respirar puede ser algo totalmente trivial o investirse de la mayor importancia.

¿Qué significa, entonces, que algo nos suceda?

Que nos suceda algo quiere decir que se trata de algo significativo. Decir que algo es significativo implica necesariamente a un sujeto, pues los hechos solo tienen significación para los sujetos: es la subjetividad la que atribuye valor y sentido a los actos propios y ajenos y a los acontecimientos en los que se ve involucrada. De modo que para que haya una historia, debe haber un personaje al que le sucede algo significativo para sí mismo o para otros personajes del relato.

Dicho esto, podemos todavía preguntarnos: ¿pero cuándo nos ocurren cosas significativas?

Desde mi perspectiva, hechos significativos son aquellos en los que el sujeto  adquiere o  pierde algo a lo que está vinculado mediante su Deseo, o bien logra conservarlo tras una lucha con fuerzas surgidas de su entorno.

Desde luego, el objeto de Deseo puede tomar mil rostros: el amor de un ser, la venganza de una ofensa, el dinero, la autodestrucción, la superación de barreras físicas, psíquicas o emocionales, la constitución de una familia, la emancipación, la independencia, la justicia, la libertad, el conocimiento, la paz interior, el poder y la gloria, la fama y la fortuna, la aniquilación de un enemigo, la amistad, el ascenso o el éxito social, la sobrevivencia en una situación adversa, un bel morir, etcétera, etcétera. Lo relevante, en cualquier caso, es que en las historias hay un sujeto/personaje que triunfará o fracasará en su cometido de obtener o conservar su objeto de Deseo.  

Se dirá que lo dicho aquí no es una ley universal, y es cierto. Relatos hay que narran historias en las que nada ocurre, pero en ellas precisamente lo que ocurre es que nada ocurre o, dicho con mayor precisión, se trata de historias en donde nada ocurre ahí donde algo debería ocurrir.  El contenido de la historia es, por decirlo así, lo que no ocurre, la agonía  y muerte del Deseo.

Al hablar de Deseo no lo hacemos desde una perspectiva psicológica o psicoanalítica  particular, y si  distinguimos la palabra con una mayestática mayúscula es tan solo para significar que, en aquello que el sujeto/personaje desea, está comprometido algo profundo y relevante para él; algo que hace a su idea de sí mismo y de su lugar en el mundo.

Por otro lado, cabe preguntarnos por la relación entre el Deseo y la libertad. Con amarga, y tal vez sabia ironía, decía Schopenhauer que somos libres de hacer lo que queremos pero no de querer lo que queremos… Así, la tragedia, la comedia o el drama del Deseo vendrían a ser también la tragedia, el drama o la comedia de la libertad humana, pero esa es otra discusión que nos aleja de nuestra pregunta inicial.

La doble temporalidad y el arte del relato

Si una historia nos relata el fracaso o el éxito o de uno o varios sujetos/personajes en relación con su Deseo, esto crea una temporalidad: ya se trate del objeto de deseo que se revela como una epifanía, o de la amenaza que irrumpe en el mundo del sujeto/personaje, en donde reinaba la comunión con su objeto de Deseo, asistimos ahí al inicio de una historia. Lo que ocurra entre ese punto y el final, cuando ya no queden dudas acerca del logro o el fracaso del personaje en su propósito, constituirá el marco temporal de la historia.

Desde luego,  el relato -la relación o representación de los hechos mediante un lenguaje-, no necesariamente 
replicará ese decurso, creándose una doble temporalidad: la de la historia o “los hechos” y la del relato o relación.

Contar una historia, todos la contamos; hacer de ello un arte, es otra historia.

El manejo de esta doble temporalidad es uno de los aspectos fundamentales del arte de relatar historias, junto con otros elementos como las sugerencias, las ambigüedades y los símbolos…

Pero el tema de esta breve reflexión es la naturaleza de las historias y no el arte de relatarlas. Por eso la cerramos aquí.

domingo, septiembre 11, 2011

Sueños (Los días y sus dones, 1980 - 2001)


Varias cucarachas caen en una telaraña. Con fantástica velocidad, la araña las envuelve y se apresta a devorarlas. Al lado de donde sucede esto, descubro uno, dos, tres, varios hermosísimos escarabajos azules, fosforescentes, y un gran escarabajo “torito” como los de mi infancia. Tomo en mis manos uno de los escarabajos resplandescientes, se lo muestro a alguien que me acompaña dentro de la habitación. Acerco el insecto a la ventana y el viento desprende y trae hacia mí nubecillas de polvo y polen de sus pies. Pienso que me fertilizan. Lo acerco a la ventana y lo dejo ir.
***
Frente a un templo,  me encuentro con una larga hilera de gente que desciende hacia los sótanos. Entre ellos reconozco a mis muertos queridos. Feliz, los saludo y me abrazo con ellos. Alguien  me invita a unirme a la fila, pero le respondo que no puedo hacerlo y así nos despedimos. Me alejo y por fin llego a la fachada del templo. Ingrávido,  me elevo hacia lo alto de una de las torres, hasta colocarme ante una ventanilla. Dentro, del otro lado, está Jesucristo. Me sobrecoge la fuerza y claridad y bondad de ese rostro. Tiene en sus manos, y me lo muestra como quien no quiere la cosa, un viejo libro. El Libro. Con su bella sonrisa, Jesús me pregunta: “¿Qué quieres de mi?”  Y le respondo: “Nada, nada. Pero es maravilloso contemplar un rostro así.”  Enseguida, con gran gozo, me hago consciente mientras duermo.
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Un toro y un hermoso pájaro se descubren y se miran asombrados. Se acercan lentamente y yo siento la extrañeza, la fascinación que despierta el otro en cada uno de ellos. Entonces el toro saca un revólver y lo apunta contra el ave, pero en lugar de disparar, lo dirige de inmediato contra su propia cabeza y entonces sí dispara y cae fulminado. Quedo paralizado de horror sin poder reaccionar.
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Una mujer angelical extirpa gusanos que se habían enquistado en mis uñas. Estoy a punto de ver mi sombra, o mejor dicho, de descubrir una profunda identidad que iba a revelárseme proyectándose en el sueño como si fuese mi sombra, pero como si recibiera una cachetada, despierto por temor a ver la sombra del diablo.
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Sueño que las aguas negras de una iglesia se desbordan y afloran, fétidas, a la calle. A pocos metros de ahí, en la plaza, se celebra un carnaval.
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Mientras duermo, escucho en mi interior “A Love Supreme” y cada una de las notas del sax masajea suave y placenteramente mi cerebro. Dormido, alcanzo a maravillarme por el hecho de que recuerde cada una de las notas de Coltrane. El solo de sax sube de intensidad y yo me elevo al éxtasis. “Dios”, pienso.
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Sueño que estoy enloqueciendo. Me desdoblo, me veo frente a mi, me tiendo la mano y me paso electricidad durante el apretón. Alguien me dice: “Te veo mal…” Yo le respondo que pase lo que pase, no me droguen con medicamentos. Miro con enorme tristeza unas figuritas artesanales mientras pienso que me gustaría hacer cosas como esas. Todo está permeado de una tristeza sin fin, de un abandono terrible. Veo la rama de un árbol cortada de cuajo. Todo es fragmentario e incoherente, como si yo fuea un condenado a muerte y por ello mismo nada me importara pero todo tuviera mayor relieve.
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Una bruja me pide que me identifique con alguno de los objetos que ha desplegado frente a mí: una cebolla, un frasco, etc. Después de mucho pensarlo, yo lo hago con un plato frágil y vacío.
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Sueño: “Ahora que ha llegado a la mitad de su camino, se siente solo: no puede librarse de sí mismo…”
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Sueño: El policía de adentro  me pone, literalmente, esposas en el cráneo.
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Sueño: los animales utilizados en experimentos crean en venganza un ser terrible, poderoso y malévolo.
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Sueño: “es el amor sembrando primaveras”.
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Aterrorizado, sueño con un inmenso sol negro que permanece oculto a nosotros detrás del sol.
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Sueño: “el Buda es como una prostituta: todo el mundo lo detesta pero todo el mundo quiere ser como él.”
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Sueño que no puedo escribir porque vivo en medio de cajas, polvo, sombra. Mientras duermo, pienso: “no eran las ratas invadiendo el espacio de los hombres, sino los hombres invadiendo el espacio de las ratas…”
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“La soledad ya no es opción”. Despierto con estas palabras en mis labios.
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Sueño: la obra está inconclusa. El movimiento es espiral.
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Sueño: un hombre es “virgen” hasta que encuentra a su arquetipo femenino.
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Sueño: “la dignidad de lo humano reside en su voluntad de saber.”
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Sueño: “Un país es su situación actual más sus sueños…”
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Sueño: "El sí-mismo es lo que está en permanente reposo".
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En sueños, un tipo toca el arpa y canta maravillosamente en la entrada de una ciudad terrenal y asombrosa. Me dice que “los objetivos del Ñandarque” son erotizar la realidad y otras cosas insólitas.
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Sueño: un sistema matemático que sólo es válido en algunas regiones del Universo.
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El espacio que habitan los personajes de mis sueños tiene tres dimensiones. Sin embargo, a nuestros ojos esto resulta una incongruencia, una estupidez.
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Sueño: la importancia de los acontecimientos la determinan la cantidad de personas a la que estos afectan y la permanencia en el tiempo de esos efectos.
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Busco espacio para dormir en una casa medio ruinosa. Ahí hay fantasmas, demonios y espíritus que integran una especie de tribunal y me interrogan con dureza, con severidad. Sentencian que la intensidad que pretendo es excesiva.
***
Alguien me habla del “centro del mundo” y yo llego por azar a él. En el medio de una pequeña pileta de poca profundidad, hay una fuente de agua, con un respaldar semioculto. Cuando me siento ahí, descubro frente a mi unos hermosísimos bajorrelieves, de belleza casi sobrenatural, que solo son visibles desde ese punto. Representan dragones, serpientes, santos, caminos de ascensión y caída, y en algunos puntos tiene engastadas piedras preciosas. Entonces una descarga de energía sube violentamente por mi cuerpo y me abofetea la cabeza, intensa y placenteramente.
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Sueño: “ni siquiera todo nos parece demasiado: es aquí en donde falla el límite”
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Sueño: “Este tiempo caótico y multitudinario exige de nosotros una inmensa claridad”.
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Sueño: “la paz tiene su guerra…”
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Sueño: "Vas a verter un día los treinta posibles racimos de rocío..."
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Sueño: Federico García Lorca me explica que no es lo mismo hablar uno de su experiencia de algo universal, que hablar simplemente de uno.
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¿Quién escribe el guión de tus sueños?

miércoles, septiembre 07, 2011

la actitud

...una alegre pero concentrada despreocupación, que exteriormente podría parecerse a la indolencia, pero que por lo demás es radicalmente diferente de ella, tal vez incluso su opuesta, pues en la indolencia la voluntad es prisionera del desinterés por las acciones y de una falsa indiferencia hacia sus resultados, mientras que en aquella lo que domina es un compromiso al mismo tiempo profundo y distanciado con nuestras acciones, y la impasibilidad hacia sus resultados.

domingo, septiembre 04, 2011

bola de cristal

Y te asomabas a la Web con la misma ansiosa expectación que a una bola de cristal, no con ánimo de conocer el futuro, sino el pasado y el presente.

miércoles, agosto 31, 2011

SOLEMNIDAD (Los días y sus dones, 1980-2001)

Por alguna razón tendemos a tomar más en serio lo solemne, lo grave y lo patético, como si esa sola condición lo acercara más a “la verdad”. Pero nuestras pequeñas verdades de cada día pueden expresarse en diferentes registros emocionales y lingüísticos sin alterar su contenido.

***

Hay quienes piensan que reir es prohibido en el trabajo.

***

Mi escritura salta sin cesar de una liviandad juguetona a una patética grandilocuencia.

***

Lo aburrido de lo solemne es que es aburrido. (¡Fuera de aquí, estúpido solemne, lunático aburrido!)

sábado, julio 30, 2011

DOS APUNTES

Basura es todo aquello que nadie reclama como propio.

Me interesa el lenguaje de la mente.

sábado, junio 04, 2011

LOS ESCRITOS DE ERIK SATIE

Mi amiga Carolina León, adepta y también conocedora de la vida y obra del gran compositor Erik Satie (1866-1925), me ha prestado un libro con escritos, poemas y anotaciones varias que hacía Satie en sus partituras. Entre los escritos reunidos en el libro -todos fascinantes- no puedo dejar de transcribir, a pesar de su extensión, este que reúne las "indicaciones de carácter" que consignaba Satie en sus partituras para orientar a los intérpretes. Los editores del libro las reunieron y agruparon en orden alfabético. ¡Extraordinario, sorprendente y muy divertido!

INDICACIONES DE CARÁCTER
A flote
A la napolitana
Abra la cabeza
Acariciador
Aconséjese atentamente
Acribillado
Acumulativamente
Adoptar aire falso
Afectando demasiada importancia
Afirmativo
Agitado
Alegremente
Alegría moderada
Alto
Aminorar con amabilidad
Aminorar con bondad
Aminore mentalmente
Ampliando la cabeza
Ampliarse
Amplíe su impresión
Amplio de miras
Apaciblemente
Apague
Arrulle
Atentamente
Atrase despacio, sin ambages
Atrase una hora
Bailando
Bajamente
Bastante alerta
Bastante encendido
Bastante frío
Beba
Blanco
Brutal
Caeremoniousus
Caiga hasta el debilitamiento
Calmado sin lentitud
Calmado y profundamente suave
Cante
Cante seriamente
Casi invisible
Claustralmente
Como un animal
Como un ruiseñor con dolor de muelas
Como una suave petición
Con asombro
Con ceremonia
Con convicción y tristeza rigurosa
Con deferencia
Con dos manos
Con el rabillo de la mano
Con el rabillo del pensamiento
Con energía
Con entusiasmo
Con fascinación
Con fuerza
Con la cabeza
Con la mano en el corazón
Con lentitud
Con más soltura
Con mucha seriedad y una gravedad cortés
Con mucho cuidado
Con precaución y lento
Con sencillez
Con ternura
Con tristeza
Con tristeza y fatalidad
Cn un candor recatado pero conveniente
Con un profundo olvido del presente
Con una gran bondad
Con una justa cólera
Con una ligera intimidad
Con una sana superioridad
Con una tímida devoción
Con una tímida piedad
Concentrarse en la renuncia
Convencer
Corpulentus
Corra
Cuidadosamente
De cuerpo
De lejos
De lejos y con aburrimiento
De lo alto de usted mismo
De manera que obtenga un hueco
De dientes afuera
De un soplo
De una manera muy particular
De reojo y contenido por adelantado
Despegado sin aridez
Determinado
Doble cuidadosamente
Doble lentamente
Empapar
Empaparse
En blanco e inmóvil
En el gaznate
En el más profundo silencio
En la boca del estómago
En llamas
En lo mejor
En pleno pecho
Engordar
Enigmático
Epotus
Establecerse
Esté como encendido
Evite toda exaltación sácrílega
Exaltado
Fisiognómico
Flotando
Fríamente
Fuera y doloroso
Graciosamente
Grandioso
Guiñando el ojo
Hábilmente
Haga como yo
Hipócritamente
Ignorar la propia presencia
Illusorius
Imitativus
Impasible
Importante
Indudable
Inflexible
Interrogue
Intimidar
Invitarse
Irónicamente
La cabeza entre las manos
La espalda encorvada
La mano sobre la cabeza de su alma
Lacado como un chino
Lágrimas en los dedos
Latoso
Lechuguino
Lento y doloroso
Lento y grave
Lento y triste
Ligero
Ligero, pero decente
Los huesos secos y lejanos
Llano
Lleno de sutilidad, hágame caso
Llévelo más lejos
Llore como un sauce
Macilento de cuerpo
Más blanco
Más íntimamente
Más pesado todavía, si es posible
Melancólico
Mirándolo dos veces
Mirándose de lejos
Misma afirmación pero más interior
Misterioso y tierno
Moderado y muy aburrido
Modestamente
Mover hacia dentro
Muévase
Muy aburrido
Muy afectuoso
Muy blanco
Muy confuso
Muy conveniente
Muy cristianamente
Muy perdido
Muy reluciente
Muy sinceramente silencioso
Muy turco
Naturalmente
Necesariamente
Negligentemente
Negruzco
No cambie de fisonomía
No coma demasiado
No demasiado sangriento
No hable
No pierda el norte
No salga
No se atormente
No se engría
No sude
No tosa
No trague
Noblemente
Nocturnamente
Nocturnus
Obedecer
Obligatoriamente
Opacus
Oscuro
Paedagogus
Palidezca
Pálido y hierático
Paramirar de cerca, no más
Paso a paso
Paululum
Permanezco (poco) justo delante de usted
Pesado
Por completo
Positivamente
Postule ustedmismo
Preciosamente
Provéase de clarividencia
Que su emoción sea suave
Quédese atónito
Rasque
Rebote someramente
Rehuya el sonido
Respire
Retire la mano y métasela en el bolsillo
Sabiamente
Seco como un cuco
Ser visible un momento
Seriamente pero sin lágrimas
Siga sin perder el conocimiento
Siga recto
Sin grandiosidad
Sin irritarse
Sin lustre
Sin maldad
Sin nada de poesía
Sin orgullo
Sin ostentación
Sin pestañear demasiado
Sin prisas
Sin que el dedo se ponga colorado
Sin ruido, vuelva a hacerme caso
Sin temblar demasiado
Sobre la lengua
Sobre terciopelo amarillecido
Solo, durante un instante
Sonría
Súbase sobre sus dedos
Subitus
Substantialis
Supersticiosamente
Tan tranquilo
Temblar como una hoja
Tierno
Triste
Un poco caliente
Un poco cocido
Un poco rococó pero lento
Valientemente fácil y complacientemente solitario
Váyase
Vea
Verdaderamente
Virtuoso
Viscoso
Visible por un instante

lunes, mayo 30, 2011

UNA DE LEVRERO

Cree la gente, de modo casi unánime, que lo que a mí me interesa es escribir. Lo que me interesa es recordar, en el antiguo sentido de la palabra (=despertar). Ignoro si recordar tiene relación con el corazón, como la palabra cordial, pero me gustaría que fuera así.

La gente incluso suele decirme: "Ahí tiene un argumento para una de sus novelas", como si yo anduvier a la pesca de argumentos para novelas y no a la pesca de mí mismo. Si escribo es para recordar, para despertar el alma dormida, avivar el seso y descubrir su caminos secretos; mis narraciones son en su mayoría trozos de la memoria del alma y no invenciones.

El alma tiene su propia percepción y en ella viven cosas de nuestra vigilia pero también cosas particulares y exclusivas de ella, pues participa de un conocimiento universal de orden superior, al cual nuestra conciencia no tiene acceso en forma directa. De modo que la visión del alma, de las cosas que suceden dentro y fuera de nosotros, es mucho más completa que lo que puede percibir el yo, tan estrecho y limitado.
(...)

Claro que no sé hasta dónde mi alma es mía; más bien yo pertenezco al alma y esta alma no está, como señala más de un filósofo, necesariamente dentro de mí. Es simplemente algo que no conozco; el yo no es otra cosa que una parte modificada, en función de cierta conciencia práctica, de un vasto mas que me trasciende y sin duda no me pertenece; un especimen surgido, o emergente, de un vasto mar de ácidos nucleicos. Pero qué hay detrás, cuál es el impulso que se expresa mediante el ácido. Ese deseo, esa curiosidad, esas voracidad subyacente en las partículas materiales."

Mario Levrero
(Montevideo, 1940-2004)
El discurso vacío.
(2007)

domingo, mayo 22, 2011

MADRID

La última vez que estuve aquí por más de una semana fue en 1993, hace casi veinte años. Desde entonces he vuelto varias veces, casi siempre por pocos días, casi siempre para visitar amigos. Desde la primera vez, en el verano de 1985, me sentí a gusto en esta ciudad. Bueno, no es cierto, no es exáctamente así. Recuerdo que en aquél primer encuentro me sentí avasallado, humillado por la amplitud de algunas calles y la imponencia de cierta arquitectura. Más que la vieja arquitectura imperial de los Habsburgos, fue lo masivo de los edificios de Gran Vía y Alcalá lo que me apabuyó. Recuerdo particularmente -curiosa impresión, curioso también que el recuerdo permanezca intacto- que las verjas de esos edificios me resultaron ofensivas. Miraba los enormes trabajos de hierro en las ventanas del Banco de España, del edificio de Correos, de los viejos edificios del Paseo del Prado y de Castellana, y me decía con indisimulado reconcomio que toda esa riqueza era fruto de la expoliación colonial de América.




Regresé por mucho más tiempo en 1993 y entonces me familiaricé con la ciudad. Tuve la suerte de permanecer 9 meses aquí, becado por la AECI, para estudiar guión cinematográfico. Eran los estertores finales del gobierno de Felipe González. Tuve la dicha de vivir cerca del Retiro y me tocó en suerte que los becarios tuviésemos entonces entrada libre a los museos del Estado; por ello pude visitar tantas veces como quise El Prado. Lo mismo que con la música, son pocos los pintores con quienes se entabla un amor a primera vista, y es cierto que en general hay que desconfiar de esos amores. Yo me enamoré despacio, a fuerza de visitas reiteradas, de Velázquez y del Bosco, de la Anunciación de Fray Angélico y de las madonas de Rafaél.






Como cualquier becario en Madrid, hacíamos vida de estudiantes y la mayor parte de nuestra actividad nocturna se desarrollaba en Chueca y Lavapies. En mi curso éramos varios becarios provenientes de América Latina -Ecuador, Colombia, Venezuela y Costa Rica- y desde luego un número mayor de españoles. Afirmar que durante aquellos meses me sentí "madrileño" sería exagerado y quizás sea más justo decir que me sentí "como en casa".


Hace pocos días, le comentaba a un amigo haber visto entonces un batallón de jóvenes conscriptos haciendo sus prácticas de "la mili" en El Retiro, y registrar como algo especial y llamativo el hecho de que entre ellos hubiera un joven negro. Recuerdo también haber visto en alguna caminata nocturna a otro joven de evidente origen africano trabajando en la recolección municipal de la basura.




Tras estas semanas de estadía acá, lo que más ha llamado mi atención es sin duda el incremento de la presencia de migrantes de todo el mundo. Madrid está en trance de convertirse en una ciudad cosmopolita y multicultural. Lo más notorio son los chinos que se establecieron en Lavapies. Decenas, centenares de comercios chinos de ropa y de los productos más variados... Están también, desde luego, los rumanos y los búlgaros, los subsaharianos de diferentes orígenes, los latinoamericanos que entonces empezábamos a venir y los magrebíes y gitanos que ya estaban aquí. Los gitanos, que entonces constituían la nota dominante entre las poblaciones "foráneas", pasaron hoy, según me parece, a segundo o tercer plano, pero quizás estoy equivocado.




A propósito de todo esto, me decía hace algunos días Alfonso -un salonero de mediana edad, trato amable y voz dulce que trabaja en una cantina popular en la zona de Chueca-: "No estábamos preparados, simplemente no estábamos preparados para todo esto..." Lo decía casi como una disculpa, como una justificación, para convencerme de que no hay maldad ni xenofobia en la gente de acá sino más bien ignorancia e impotencia, y que estos procesos de asimilación e integración requieren tiempo y esfuerzos.




Creo, sinceramente, que Alfonso tiene razón y da en el clavo. Madrid -la gente de Madrid- no estaba preparada para la globalización y todos sus efectos.




¿Pero acaso lo estaba alguien?




No hay lugar del mundo que no haya sufrido los impactos del signo de los tiempos, aunque estos efectos sean diferentes según el lugar. ¿Acaso estaban preparados los chinos para lo que les cayó encima? ¿Acaso lo estaban los mexicanos, los hindúes o los costarricenses?




Aunque difieran las formas en que la llamada "globalización" afecta a los pueblos, naciones y culturas, todas tienen en común una exposición masiva, arrolladora, a lo otro, a lo extraño, a lo diferente... En los países del llamado "primer mundo" este contacto es presencial y se concreta mediante las migraciones; en el caso del resto de países, la exposición tiene lugar mediante la invasión de productos, costumbres y signos extraños, en virtud de la apertura de los mercados y la imposición de los medios de comunicación globalizados.




Para unos y para otros la "globalización" tiene un efecto "modernizador" -entiéndase, disolvente- en el sentido de arrasar con costumbres, referentes y tradiciones.




Y no, para eso nadie estaba preparado y con eso todos tenemos que lidiar.




-Alfonso, anda, pónme otro vermú...

domingo, abril 24, 2011

SOCIALISMO (Los días y sus dones, 1980-2001)

Tras el hundimiento del “socialismo histórico” me dice V.: “Es como si hubieras creído que tu madre era una santa y descubrieras que era una puta.”
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Encuentro casual y cervezas con el escritor Joaquín Gutiérrez. Le pregunto cómo ha vivido el derrumbe del mundo socialista y me responde: la clase obrera rusa era ladrona, borracha e indisciplinada. Les hizo falta pasar por los horrores del capitalismo naciente para apreciar lo que tenían con los soviets… Yo lo escucho sin poder creerlo. ¡Ahora resulta que los responsables y causantes del fracaso socialista fueron los obreros!
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No olvidar que la revolución es –también–, mirarse en el espejo más terrible: cada día.
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Sin afán de ser pesimista: ¿cómo esperar que los pueblos se sacudan la opresión si la sola subsistencia es un acto de heroísmo?
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Entre las mentiras más exitosas de fin de siglo, se cuenta la que afirma que la debacle del socialismo acabó con las utopías. Lo que nadie nos explica es que la sociedad en la que vivimos se sustenta en otra utopía. Sí: la utopía tecnológica, el cuentito de que las computadoras y la Internet y la exploración espacial y otras cosas por el estilo van a resolver nuestra situación como por arte de magia, y todos vamos a vivir felices y como hermanitos. La arcadia tecnológica es tan ilusoria como su prima-hermana, la utopía política. Ante el ocaso (¿momentáneo?) de las utopías sociales, nos refugiamos en la utopía tecnológica. Así pues, la utopía ha muerto, ¡viva la utopía!

sábado, abril 02, 2011

TIEMPO

Mentiroso Impostor

Todo de nuevo

Y nada nuevo

Mentiroso Impostor

Todo idéntico

Y yo más viejo

abril 2011

jueves, marzo 17, 2011

PARTIR

(del Diccionario Interior)

El que parte, se parte: sabia esta lengua en cuyos pliegues se dibuja esta verdad.

Algo de nosotros queda en lo que queda, en los que quedan, y al partir, también nosotros nos partimos en pedazos.

Y como siempre estamos partiendo hacia alguna parte, siempre andamos divididos.

Ahora bien, siempre estamos partiendo pero habitualmente volvemos a nosotros, a los otros que son con nosotros, y así nos reunimos, aunque el que se fue y el que vuelve no sean el mismo, no sean lo mismo, de ahí el eterno desencuentro entre nosotros.

Esa es una cosa, pero está esta otra:

¿Qué de los que parten y luego ya no vuelven? ¿Los que se van definitivamente? Esos dejan un pedazo que continuará aleteando entre nosotros como el trozo languideciente arrancando a la cola de una lagartija. Los que no regresan no parten, se arrancan. Esa ilusión de un nuevo principio anima al que parte sabiendo que no volverá.

Hablo, aquí, de los que parten de su tierra hacia otras tierras, por ejemplo.

Pero está esto otro, también, lo obvio y sin embargo tan obviado: que todos partiremos.

¿Será -me pregunto a veces- que tras partir definitivamente nos reuniremos al fin?

Eso dicen, eso han dicho, los que dicen saber.
Tal vez el silencio y la nada nos acogen y esa es otra forma de reunirnos.

viernes, marzo 04, 2011

De "LOLITA" (II)

“She would try to relieve the pain of love by first roughly rubbing her dry lips against mine; then my darling would draw away with a nervous toss of her hair, and then again come darkly near and let me feed on her open mounth, while with a generosity that was ready to ofer her everything, my heart, my throat, my entrails, I gave her to hold in her awkward fist the scepter of my passion.”

“Trataría de librarse del dolor del deseo estampando de entrada y con firmeza su labios resecos contra los míos; luego mi amada se retiraría en medio de un nervioso balanceo de su cabello, para después regresar ominosamente permitiéndome abrevar de nuevo en su boca entreabierta, mientras con generosidad dispuesta a entregarle todo -mi corazón, mi cuello, mis entrañas-, yo ponía en su puño crispado el cetro de mi pasión.”

martes, marzo 01, 2011

REVELACIÓN

Ya se nos va a ir el mundo entre las manos.
Somos tiempo de esta guerra.