domingo, agosto 05, 2007

HISTORIA (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

Puesto que la historia humana es una y es única, todos somos parte de ella. Pero en el “tercer mundo” somos desposeídos de nuestra historia particular, y de esa forma nos desgajamos de la “historia universal”. De ahí nuestro terrible sentimiento de orfandad.
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La “cultura occidental” es asiática, oriental, europea, africana, y luego también amerindia, etc… Es una síntesis (parcial, pero viable y exitosa) de todo lo precedente.
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La razón histórica del Estado centralista es el temor al “desmembramiento”, a la desintegración. Por eso sólo los estados fuertes, es decir, institucionalmente consolidados, pueden darse el “lujo” de descentralizarse.
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Los grandes proyectos históricos traen consigo una renovación del lenguaje, y la modernidad no es la excepción. Yo contemplo fascinado los vestigios de la Antiguedad en nuestra lengua, con la sospecha o la ilusión de que ahí se encuentra algún secreto. Una forma de abordar la historia es precisamente como una “arqueología del lenguaje”.
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Los países del norte de Europa son una prueba de que secularización y puritanismo no son excluyentes. Por el contrario, lo que se sustrae de la esfera de la influencia eclesial, son las relaciones económicas y políticas, pero la vida privada y familiar es redefenida de acuerdo con los más estrictos códigos de la moral religiosa. Así, la transacción puede resumirse de la siguiente manera: menos religiosidad en la vida pública, a cambio de más religiosidad en la vida privada…
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Los hispanos que conquistaron y colonizaron América lo hicieron como una forma de liberación del Padre, la Ley, el Límite y la Autoridad, pero a la vez, en nombre de todo ello… Esta es una de las contradicciones fundantes de nuestra realidad. La doble moral es así consustancial a Hispanoamérica.
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Es probable que no sean las contradicciones sociales, sino el mismo desarrollo tecnológico que le dio origen, lo que acabe con el mundo burgués, signado por la producción industrial y el estado-nación como forma de organización política.
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El “delirio redentor” de los estadounidenses es una marca de fundación, pues está presente en el fanatismo religioso de los “peregrinos” expulsados de Europa.
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En río revuelto ganancia de pescadores, y la mejor prueba de ello es Napoleón Bonaparte, que en nombre de la libertad se proclamó emperador.
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Hay quienes dicen que el siglo XX no inventó ninguna ideología política. Falso: inventó el nazi-facismo, y su influencia atraviesa todo el siglo.
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El Y2K, llamado también el “error del milenio”, no fue descuido ni casualidad, sino una concreción de la representación del tiempo que prevalece en la era informática, o más bien, en la era tecnológica: el tiempo es percibido y vivido como inmediatez, y somos incapaces de proyectarnos al futuro.
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Tendemos a creer que la arrogancia de la civilización occidental no tiene parangón en la historia, pero basta leer las inscripciones de Nabucodonosor o de Alejandro Magno –para no citar a algunos emperadores chinos–, para caer en cuenta de que, en el campo de la estupidez, somos herederos de una larga tradición.
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¿Cómo aceptar –vivir consciente de– la permanente arena movediza sobre la que estamos parados? Nada es verdad/todo es posible; lo único que veo son "puntos de vista" diferentes, pero la solidez, el asidero, ¿dónde está? En todo caso, la afirmación sobre las arenas movedizas no se refiere tanto a la relatividad del discurso, como a la incertidumbre de la acción: construimos sobre las que creemos bases sólidas, pero no pasa mucho antes que las fisuras, goteras, hendiduras en el techo y la pared, nos hagan ver que la firmeza del piso era ilusoria, que esta torre también hay que destruirla, pues desde sus bases, desde sus cimientos mismos, está falseada…
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El desafío consiste en construir afirmando los aciertos y superando los errores. Esto significa que la destrucción es parte del proceso creador, y que toda la sabiduría consite en distinguir los aciertos de los errores, lo que está bien de lo que está mal. Por eso, aún en la “destrucción” debe prevalecer la voluntad creadora. La ruptura utópica, el “borrón y cuenta nueva”, es suicida, puesto que nos priva de lo único que tenemos con seguridad: la herencia del pasado, con sus horrores y miserias, pero también con sus aciertos decantados por la historia.

domingo, julio 22, 2007

MARACA

Perfecto falo sonoro
cargado de la Semilla

Sagrado instrumento
en manos de las doncellas

viernes, junio 29, 2007

Violencia, arrepentimiento, perdón... (Toma 2)

Acaso, para completarse, tal “purificación del pasado” requiere al menos de otros dos elementos: la gratitud y algo que –a falta de mejor palabra– llamo “satisfacción”. De la misma forma en que la gratitud y el perdón son complementarios, lo son el arrepentimiento y la satisfacción. El arrepentimiento y el perdón nos redimen de la violencia sufrida o inflingida; la gratitud y la satisfacción nos reconcilian con los bienes recibidos y entregados.

jueves, junio 21, 2007

Violencia, arrepentimiento, perdón, justicia.

Como una planta maldita, la violencia se reproduce entre nosotros. En nosotros. Nos alimentamos con sus frutos y, sin percatarnos apenas, la multiplicamos y reproducimos cada día. ¿Cómo librarnos? ¿Cómo purificarnos y no ser más sus semillas? Solo el arrepentimiento y el perdón nos libran. Estos actos, consistentes simplemente en ponernos en el lugar del otro, son formas de eso que hoy llamamos “empatía”.

Solo si comprendemos las consecuencias de nuestras acciones, colocándonos en el lugar de aquellos a quienes hemos violentado, nos libramos del círculo de la violencia. Solo si comprendemos las causas que llevaron a actuar así a quienes nos violentaron, nos libramos del círculo de la violencia.

Solo colocándonos en el lugar del otro cesa la violencia y se crean las condiciones para que surja la justicia.

jueves, junio 14, 2007

El Enterrador

Llegar hasta donde él no ha sido fácil: debí atravesar la Ciudad por la noche sin extraviarme.
Su rostro de color ceniza me impresiona. También me impresionan su pulcritud, su seriedad, su carácter reservado y distante.
Desentendiéndose del cadáver que aguarda a un lado, me explica con devoción la forma de preparar el mortero: tras calentar en el fuego la pasta , se amasa rítmica, prolongadamente con una mano, mientras la mano libre replica el movimiento semejante a una pulsación...

martes, mayo 22, 2007

Pregunta

¿Los pensamientos ocurren o tienen lugar en el tiempo?

Filosofía (Los días y sus dones, 1980-2001)

Yo era un niño filósofo, fue después que me pervertí.
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Para el pensamiento cartesiano “sólo lo absoluto es verdadero”, en el sentido de que sólo podemos tener por cierto lo que es siempre y absolutamente de determinada manera; de ahí el carácter racional y abstracto de su método y de sus conclusiones. Sin embargo, así nos perdemos del amplio y decisivo universo de las “pequeñas verdades” relativas a un lugar, a un tiempo y a una situación; el universo de lo concreto, dueño también de sus revelaciones y secretos.
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La ventaja de la poesía sobre la filosofía es que en ella cabe la pasión. ¿Quién se imagina a Dios como un ingeniero preocupado por “la coherencia” y “el sistema”?
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Estoy más cerca de la filosofía que se anima a especular, que de aquella que se contenta con el análisis. La intuición siempre ha ido adelante de la ciencia, pues esta sólo refrenda o descarta las grandes intuiciones, pero sin ellas quedaría huérfana de dirección.
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Dice Nietzsche: "…la existencia tal cual es, sin finalidad ni sentido, regresando siempre, sin fin y de manera ineludible, a la nada: el eterno retorno." En la cita resulta clara la influencia del budismo (y su nada-nirvana como fuente de Energía primordial, el vacío que precede y del que se nutre el ser), sobre la visión de Nietzsche, quien la tradujo a términos occidentales bajo la palabra nihilismo. En todo caso, si Nietzsche se refiere a esta ciclicidad (no ser/ ser/ no ser), su idea del eterno retorno se inscribe en el campo de la ontología más que en el de la filosofía de la historia, como se la ha querido ver…
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Desde Descartes, en Occidente confundimos conciencia y razón.
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Parafraseando al político mexicano: no soy materialista ni idea­lista, sino todo lo contrario.

lunes, abril 30, 2007

MÉTODO INFALIBLE PARA DESENMASCARAR A EMBAUCADORES

Revoltoso, indiferente o despistado, durante años me ha tocado darle vueltas al asunto de la imagen audiovisual y las palabras, todo para no llegar a nada claro o, lo que es lo mismo, a ninguna conclusión, pues las conclusiones posibles son tantas que terminan contradiciéndose entre sí... Hay quienes dicen que las palabras nos liberan y las imágenes nos someten y hay quienes dicen lo contrario; hay quienes señalan la inmediatez de la imagen audiovisual en contraposición con el carácter mediato de la palabra escrita, para derivar de ahí la “calidez” y “frialdad” de los distintos medios; hay quienes enfatizan la continuidad en el tiempo del discurso audiovisual para desprender de ello que, ante él, tenemos menos posibilidad de distanciarnos para reflexionar, etcétera.

Pero, si en el curso de los años no he podido concluir nada en firme acerca de los medios de los que nos valemos para expresarnos y comunicarnos, en cambio si he alumbrado algunas conclusiones acerca de quienes nos valemos de dichos medios para hacerlo... He aquí algunas:

1) En todas las sociedades humanas, ha habido y hay seres que exploran el mundo (y en esa medida “buscan la verdad”) con todos los medios disponibles a su alcance: la palabra oral, la palabra escrita, la imagen pictórica, la imagen audiovisual...

2) En todas las sociedades humanas, ha habido y hay seres que inicialmente exploran el mundo o buscan la verdad con todos los medios a su alcance, y dándose por satisfechos o creyendo haberla hallado, se convierten en seres que ya no exploran ni buscan, sino tan solo repiten y se repiten con todos los medios disponibles a su alcance.

3) Las personas suelen no percatarse del momento en que les ocurre esto, y de ese modo el arte y la ciencia, de un lado, y la propaganda y la ideología, del otro, suelen estar, en la práctica, inextricablemente entrelazadas.

4) En todas las sociedades humanas, ha habido y hay también seres que deliberadamente manipulan y mienten con todos los medios disponibles a su alcance. Esto lo hacen de manera más visible y sistemática quienes están en las posiciones socialmente preeminentes o dominantes; quienes no ocupan tales posiciones, no dudarán de hacer lo mismo tan pronto logren su objetivo de desplazar a quienes las ocupan hoy.
Alguien podría considerar mis conclusiones como desalentadoras, pero todo depende de dónde pongamos los énfasis. Por mi parte, prefiero destacar el hecho de que en todas las sociedades hay seres que exploran el mundo –y en esa medida “buscan la verdad”– con todos los medios disponibles a su alcance. En sentido amplio, esos son los artistas, aunque también los científicos y los místicos hacen lo mismo.
Sin embargo, aunque aspiran a lo mismo, arte, ciencia y mística toman caminos diferentes. Así, el arte no pretende tener validez universal sino tan solo desplegar una verdad única y particular, sin ninguna posibilidad de generalización (aunque al final de cuentas todos nos veamos reflejados en ella), en tanto la ciencia enuncia verdades que se pretenden universales pero que por definición son tentativas y provisorias. El arte nos propone casos o ejemplos en tanto la ciencia nos ofrece el resultado de series estadísticas. La exploración del místico es una suerte de anulación del mundo: aniquilar lo evidente/aparente, incluyéndose a sí mismo, para que resplandezca la realidad más substancial: Dios o la Nada. El científico procede por adición; el místico lo hace por sustracción. El artista es siempre casuístico.
La mística, la ciencia y el arte nos ofrecen refugios provisorios, temporales, mínimos, o mejor aún, constituyen rutas por las que cada uno de nosotros puede transitar personalmente para descubrir el mundo y descubrirse a sí mismo, pero de ninguna manera nos ofrecen una salvaguardia contra la precariedad intimidante de la condición humana, siempre amenazada por los fantasmas del tiempo, la enfermedad y la muerte. Los mojones que nos señalan la ruta en estos caminos están construidos con imágenes y con palabras. De la misma forma, palabras e imágenes son el señuelo de que se valen quienes día a día nos prometen la dicha eterna, el hartazgo permanente o el bobo olvido...
Esos son los mentirosos, los embaucadores. Y así de fácil es reconocerlos.

lunes, abril 09, 2007

FELICIDAD (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

La mejor forma de ser humano es ser feliz.
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Solamente inscribiendo nuestro bienestar dentro de un proyecto que lo comprehenda y lo trascienda, es posible la felicidad.
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Construimos nuestra desdicha con rigor matemático. Luego, con el mayor descaro, se la endilgamos a Dios, a la fatalidad, a lo que sea.
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A veces no solo uno es infeliz, sino que además se siente culpable por serlo.
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Cada uno de nosotros busca a su modo la felicidad. Pero que nadie espere las gracias –ni aplausos– por el intento.
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¿Qué es lo que nos lleva a repetir, una vez tras otra, aquellas cosas que nos hacen infelices? Acaso la sospecha de que ahí, en algún punto del camino que nos conduce al error, se encuentra la clave, el secreto de nuestra felicidad...

lunes, marzo 19, 2007

FINAL DE JUEGO Y PRINCIPIO

He pasado mucho, demasiado tiempo, sin visitar este espacio... Mala señal. Señal de que los días no me pertenecen como antes; señal de que ando lejos del silencio y por ello de la palabra; señal de agitación, de carreras, de neurosis galopante... Apenas hay tiempo para respirar, ni siquiera para añorar el silencio y la quietud. ¡Extraño! Las cosas suelen suceder así: en oleadas, ráfagas, marejadas... Y de pronto el mar en calma... Y de nuevo la agitación...

Aún así, aprovecho esta pausa para un apunte: hace algunos días cumplí 45 años. Me retraigo a la década de mis 20, cuando decidí que estos años serían demasiados, que más allá de esto sería una obscenidad... Entonces, recuerdo, me parecía que de aquí en adelante el camino no podía ser más que en picada y me decía que “mejor terminar el juego antes que el juego se acabe”, citando a uno de mis maestros de entonces, Alfredo Catania... Me parecía justo, natural, necesario, ir poniendo fin a la aventura por aquí. Ahora, desde luego, veo las cosas muy diferentes y me parecería horrible quedar “viudo del mundo”, como decía Otto René Castillo. Aún para el centenario, la muerte nunca está en los planes del día, siempre nos tomará por sorpresa. (Salvo, dicen, para unos cuantos iluminados que le dan cita a la Pelona de la misma forma que en la escuela nos citábamos para una pelea al terminar las clases del día: “Nos vemos a la salida”. Pero esa es una minoría insignificante y por cierto no conozco personalmente a nadie que haya hecho esto...) “Final de juego”, tituló el gran Cortázar una de sus colecciones de relatos. ¿Cuándo es el final del juego? ¿Y cómo reconocerlo?

Final de juego, tal vez, pero siempre es para iniciar otro nuevo.

domingo, febrero 11, 2007

ESPEJISMOS (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

Espejismos
Sé que cuanto miro es ilusión, desvarío de los senti­dos, pero ni me resigno a ello ni puedo romper el cascarón…
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El niño me miró como hubiese mirado yo cuando niño, a alguien como el que soy hoy.
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Crecer es aprender a distinguir nuestras fantasías, adentrarnos progresivamente en los distintos niveles de la realidad, incluyendo los más fantásticos.
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La oscuridad transforma, no sólo la apariencia, sino también el sentido de las cosas.
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Me encontraba tan sumido en la acción, que detenerme hubiera sido como despertar de un sueño...
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En el rostro de la mujer amada espejean voces que me hablan desde la infancia, desde la niñez, desde la juventud; rostros que murmuran secretos, cosas que sospecho: susurran y hacen guiños y aparecen y se esfuman –fantasmas vivos habitándola toda–. Luego hay un momento en que aparece un rostro desconocido que me habla desde el sitio más íntimo, más entrañable y querido, y me sorprende y me conmueve hasta las lágrimas, pues siento que he visto su rostro por primera vez, y lo hago para siempre mío. Y supongo que esto es el amor, o algo parecido.
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El vértigo del enamoramiento y su sensación de 'caída en el otro': las cadenas de asociaciones y de ecos que la cercanía del ser amado nos produce; la sospecha permanente de que a esa persona la hemos conocido antes, y de que en cualquier momento recordaremos dónde, cómo, cuándo…
***
Por las mismas razones que todo captor queda atado a su presa, quien seduce depende de la persona seducida. Atado al espejismo de su poder, el seductor terminará arrastrándose, de ser necesario, con tal de no ver amenazada su imagen especu­lar.
***
Abrí los ojos, despertándome, y ahí estaba el duendecillo –regordete, un pequeño bulto sobre la mesa del tocador–, como velán­dome… Una fracción de segundo nada más –un descuido, un accidente–, antes de disiparse y dejar sólo la duda.
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La extrañeza que me asalta a veces, cuando me parece despertar de un sueño en plena calle, a medio día, entre la multitud. Soy un pasajero de mí mismo, abandonado repentinamente en un lugar desconocido.
***
Las apariencias no sólo son verdaderas, son también el único andamiaje que nos permite sospechar que las apariencias no son verdaderas

lunes, enero 15, 2007

Flores de enero (7)

Mañana seremos dos: me habrás nacido; me habrás parido.
***
El viento es una metáfora de la luz

Flores de enero (6)

asomo
Formas de belleza
tan sutiles
Que escapan
como mariposas
si las miras

sábado, enero 13, 2007

Flores de enero (5)

relativo
El espacio es ilimitado, y aunque yo no lo abarque en su totalidad, no hay problema.
El tiempo también es ilimitado, y aunque yo no lo abarque en su totalidad, ¿no hay problema?

jueves, enero 11, 2007

Flores de enero (4)

Mientras vagabundea sin rumbo por la ciudad, un miserable encuentra una colilla en la acera y, por un instante, es el ser más dichoso del mundo.

A su lado, un negociante que viene de ganar varios millones, cae de pronto en la cuenta de que, planteado de otra forma, su negocio hubiese redituado el doble. En ese instante es el ser más desdichado de la Tierra.

Mientras enciende la colilla, el miserable mira de reojo a su vecino y, abismado en la plenitud de su inhalación, elude el mordisco de la envidia.

Mientras digita en su teléfono celular el número de su asistente para verificar si aún puede remediarse el asunto, el negociante mira de reojo al miserable y, tras concluir que no representa peligro alguno, lo ignora para siempre.

Los dos hombres se alejan. Nunca recordarán ese momento fugaz e intrascendente. Solo nosotros, de este lado de la pantalla, sabemos lo que ocurrió.

martes, enero 02, 2007

lunes, enero 01, 2007

Flores de enero (2)

Con Baruch y René
Curioso, por lo menos, que cuando reflexionaron sobre el ser, Descartes y Spinoza se limitaran a distinguir las cualidades de extensión e inteligencia. Basta el sol de cualquier mañana para constatar que el ser es, además, radiante...

Pero no se trata solo de la radiación solar (lo que nos devolvería a la discusión, si no me equivoco todavía sin zanjar, sobre la naturaleza de la luz), sino a las muchas radiaciones de la materia (que cualquier aparato de hoy revela sin dificultad)... Para no hablar de las desconocidas, pero presumibles, radiaciones de la inteligencia...

Flores de enero (1)

Larga caminata por los Cerros de Escazú, para iniciar el año. Entré por un sendero que no conocía, muy empinado pero bastante bien trazado, supongo que por la gente del Comité para la Defensa de los Cerros de Escazú (CODECE). El sendero atraviesa algunas fincas, luego un trayecto rocoso –esas enormes rocas típicas de Pico Blanco– y luego un tramo pequeño, pero hermosísimo, de bosque primario... (Musgos y epífitas en abundancia, creciendo sobre las rocas y en la corteza de grandes árboles cuyo nombre ignoro...)

En el tramo rocoso hay varios miradores naturales con vista hacia el cerro contiguo, donde está La Cruz de Alajuelita, y hacia el sur, remontando el curso del río, hacia los Cerros de El Cedral, donde algún día quiero llegar.

Apenas han concluido las lluvias, y ya es el estallido de las flores. Increíble la cantidad y variedad de flores en este momento; hay trechos donde el zumbido de las abejas semeja el de un panal. La naturaleza no tiene prisa pero no pierde tiempo. La lluvia arruinaría el polen y hay que aprovechar los breves meses secos para consumar la fecundación...

En algún momento me detengo para acariciar la tierra: ahí en la altura, es una tierra finísima, profundamente negra, fresca y delicada, que invita a comérsela.

Las únicas personas con las que me crucé en el camino fueron nicaragüenses. Primero, todavía muy abajo, un hombre solitario, machete en mano, sentado a la vera del camino. Breve intercambio de palabras, ambos verificando las intenciones del otro. Luego, en plena montaña, un grupo compuesto por dos muchachos, un adulto y un niño de unos ocho años. Los acompañaba un perro y cargaban flechas (hondas). Gente muy sencilla, tal vez trabajadores de la construcción empleados en los enormes condominios para gringos que se construyen a pie de monte. Esos encuentros en la montaña siempre son curiosos: se abre un interrogante, una expectativa, una tensión. Todo quedó saldado con un rápido apretón de manos con el hombre adulto.

De regreso los vuelvo a encontrar. Ahora descansan sobre una enorme roca con vista a la ciudad y al Valle Central. No me sienten llegar y escucho lo que hablan: ubican los puntos cardinales, pero los refieren, no a donde están en ese momento, sino a Nicaragua... El inmigrante carga siempre con su patria a cuestas. Según me explican ellos, el sendero este conecta con la principal ruta de ascenso al Pico, que sube por el lomo de la montaña, a la que por diversas razones, y aunque lo he intentado varias veces en los últimos años, no he podido llegar.

Al bajar, paso una vez más frente al cementerio de San Antonio de Escazú, y entonces de nuevo la certeza de que ahí quiero ser enterrado, o bien, que se dispersen las cenizas de la cremación en algún sitio más arriba en estos cerros.

jueves, diciembre 28, 2006

Opciones

Somos cuerpos del espíritu.
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Cada uno decide si quiere ser un cuerpo-alas o un cuerpo-prisión para el espíritu.

Alianza

Crear juntos condiciones para que cada uno crezca y se desarrolle...

martes, noviembre 21, 2006

ESCRIBIR (Los Días y sus dones, 1980-2001)

ESCRIBIR
Escribo para remendarme.
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Creo en el valor del acto de escribir, no en “la literatura”.
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La escritura siempre es femenina, porque las palabras nacen de un hueco.
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Escribo historias porque la realidad estaría incompleta sin la fantasía.
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Quizás escribir sea ir dejando piedritas en el camino, rastros de un itinerario; seguir estampando las manos en la cueva.
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Soltar amarras, desbarrancarse, caer de pie, hundirse y volverse a levantar, darse la cara, darse la espalda, darse de lleno; morir de miedo, de ganas, de vergüenza; asquearse hasta los huesos, vomitar sin pena; calar las bayonetas, izar bandera humana; morir sin protestar y protestar por los que mueren; hacerse añicos, partirse en dos; apuñalar de amor la tarde antes que sea demasiado tarde.
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Aspiro a que de mi pecho salga algo más que un alarido lastimero.
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La metáfora es una imagen (es decir, una relación) emplazada en la frase, mientras que la alegoría es una imagen emplazada en la situación narrativa o en el argumento.
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El reto de la novela es describir procesos vitales; para ello, a veces es necesario “descender” al nivel de las situaciones y de las acciones –es decir, al nivel de lo concreto–, pero a menudo la mirada del narrador debe emplazarse a cierta distancia espacio/temporal, como un halcón solitario que mira e interpreta, conoce y descifra la vida de los personajes.
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Los cuentos son un asunto de iluminación instantánea: se dan o no se dan; vienen completos o se frustran. Las novelas, por el contrario, requieren de un lento proceso de elaboración y maduración, y precipitarse en su escritura a menudo nos conduce al extravío.
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Ante un buen cuento, uno siente que cada párrafo puede ser el primero.
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La "obsesión por la simetría" hasta en los cuentos. Se exige una "redondez", una cierta "linealidad", etc. Pero ¿qué tal los cuentos "asimétricos" de Salinger, de estructura totalmente impredecible, cuyas leyes parecen modificarse durante el desarrollo de la historia?
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Un relato trasciende lo anecdótico cuando la narración nos sugiere o propone relaciones que llevan la historia más allá de sí misma, es decir, más allá de sus referentes internos. En ese sentido, un relato es siempre una síntesis: se trata de decir más de lo expresamente dicho; de expresar un universo mayor con los elementos de un micro-mundo.
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Ayer, drogado, pensé solemnemente: "No partir de las palabras, llegar a ellas". Divertido: estoy de acuerdo.
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Escribo porque no sé hacer otra cosa para conjurar el miedo. Pero esta es una evasión sutil: mitad huída y mitad enfrentamiento, fuga y careo. La escritura es una tauromaquia: el toro es el miedo, el escritor el torero.
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Hay –quién se atreve a negarlo– un componente autoerótico en la escritura literaria. Uno se eriza, se roza en las palabras. Busca la soledad y el silencio para explorarse indistintamente el Gran Falo y el Gran Agujero.
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¡Es necesario escribir con todo el cuerpo!
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Sólo siento que realmente estoy viviendo cuando escribo con regularidad. Todo adquiere otra intensidad, otro relieve; en cierta forma, es como si al calor de las fantasías la vida despertara; como si, fecundadas por la imaginación, nuevas zonas, texturas y colores de la realidad, se hicieran visibles.
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Es de la confrontación a la que uno se somete, del torrente de la duda proyectado sobre el mundo y lo que ha sido dado como cierto, de donde brota la chispa, el pathos que da vida e ilumina la obra literaria que respira.
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Sólo una íntima, secreta fe o confianza, puede hacerte persistir en este oficio en el que todo es incierto, contra el que todo atenta.
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Antes de escribir una obra, también hay que afinar la voz, encon­trar el tono.
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¡Quita la grasa de tus escritos!
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Sin la escritura ando a tientas, porque con la escritura me tiento, me toco, me palpo. Me escarbo y me doy forma. Domestico, amanso el potro de mis pensamientos y de mis sentimientos, que de otra forma galoparían invisibles como el viento. Como cualquier verbo, escribir es una acción: pone en marcha, en danza, en movimiento, la energía del ser: articula, orquesta, armoniza y proyecta… Con la escritura conjuro el vacío, el gran agujero de la nada, y en las palabras que emerjen reconozco un destello, una imagen fugaz de lo que, sin saberlo, soy… Así, escribo como quien talla un bloque de piedra esperando encontrar ahí la escultura que sospecha.
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Sólo cabalgado en la mentira alada de una historia, precipitándose en ella como una bola de nieve que crece y lo arrasa todo a su paso –el pudor, la sensatez, y aún el límite sagrado de lo verosímil–, sólo así, digo, puede el narrador existir y tener al lector a su lado, latiendo y respirando al unísono.
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Uno puede decidir cuándo va a escribir una novela, pero un cuento impone cuándo ha de ser escrito.
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El cupo para la posteridad está lleno: yo deseo cierto reconocimiento, ahora.
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Escribo en una búsqueda desesperada de legitimidad social.
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Los personajes inventan al narrador al menos tanto como éste a aquellos.
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Lo peor que puede pasarle a un escritor es volverse sensato.
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Rebusco entre mis papeles viejos: a medida que avanzo, aumenta la desesperanza y crece la sospecha de que lo que busco no está ahí; entonces comprendo que se acerca un nuevo momento de escribir.
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Parte del oficio es exponerse, tanto como sea posible, a situa­ciones y emociones nuevas.
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Aunque escribo mucho, mucho menos que antes, tengo la convicción de que estoy, de verdad, "haciéndome escritor". ¿De dónde nace mi convicción? Del peso que de pronto tienen las palabras.
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Me divierte que sea ahora, tantos años después, cuando vengo a tomar conciencia de que soy un pésimo escritor, y que cada página que escribo debo rehacerla cuatro o cinco veces antes de sentirme mínimamente satisfecho.
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De nuevo el renovado amor por el oficio, el deseo vertiginoso de fundir en vidrio las palabras, desbocarme cerro adentro, hacia la piel del asombro, las íntimas tinieblas. Verbo convocado, inminente, haciéndose esperar como la lluvia de esas nubes densas. Desarrapado anhelo de vencer el vacío, de trasponer el umbral, de verterse.
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Aviso a los desprevenidos: la soledad, la meditación, el silencio, son absolutamente indispensables para la creación artística. Sin diálogo interior, sin atención a los propios procesos, resulta imposible la palabra, la imagen o el acto revelador y significativo.
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No es uno quien hace la obra, es ella la que se hace a través de uno. Se trata de un pacto de fidelidad y compromiso: nadie más en el mundo puede escribir lo que vos. Si no lo hacés, esas visiones, esos personajes y esos sueños, se perderán para siempre en la oscuridad.
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Ahora, cuando soy más conciente de mi ansiedad y de mi angustia, se vuelve a abrir como una llaga la pregunta de qué voy a hacer con ellas… Hacer de la angustia un arte, de la ansiedad el motor de mi trabajo creador, es mi propósito y mi única posibilidad de salvación.
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Escribir ha sido, en mi caso, la consecuencia de mis dudas y, sobre todo, de mis dilemas.
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La imagen del cuentista es: el encantador de serpientes.
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Si la economía del lenguaje se postula como precepto estético, el paradigma de la obra literaria sería el silencio. La literatura es lenguaje, es pala­bra. Quien no lo acepte así, rápidamente se verá obligado a callar.
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La novela sucede en la mente del lector. Escribir es producir, orientar y dirigir una experiencia mental. Así, lo que uno escribe es siempre un guión. El arte del narrador es despertar la imaginación del lector.
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Puedo vender horas de trabajo, pero no mi palabra.
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En la narrativa están mis sueños y mis fantasías; en la poesía, mi vida.

lunes, noviembre 13, 2006

El único exceso

que uno puede permitirse en literatura, y al que uno debe aspirar, es al exceso de verdad. En literatura, la aproximación a la verdad nunca es suficiente, nunca es demasiada, nunca es excesiva...

viernes, noviembre 10, 2006

En poesía, quizá más importante que conocer a muchos, es amar a algunos...

domingo, octubre 29, 2006

Mi generación del "crack"

Comienzo confesando algo que no me enorgullece: rara vez leo novedades literarias, sobre todo sin son best-sellers y llegan precedidas por una estruendosa ofensiva mercodotécnica y publicitaria. Por lo general ello no es achacable a los autores, y soy el primero en reconocer que este prejuicio estuvo a punto de privarme de algunas lecturas que luego disfruté y se revelaron como importantes. En todo caso, los autores del llamado “crack” mexicano han sido víctimas de ese prejuicio, y aunque muchos amigos elogian algunos de sus libros, en mi caso aún no les llega su hora.
Todos sabemos que editores, críticos y vendedores de libros necesitan agrupar a los autores denominándolos con algún nombre atractivo y fácil de recordar. Así nacieron el boom primero, después el post-boom y ahora el crack. A diferencia de los autores del boom, que en común no tenían más que la calidad, la ambición y el ser originarios de Latinoamérica, los del llamado crack –Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968), Vicente Herrasti (Ciudad de México, 1967), Pedro Ángel Palou (Puebla, México, 1966), Eloy Urroz (Nueva York, 1966), Ricardo Chávez Castañeda (Ciudad de México, 1961) e Ignacio Padilla (Ciudad de México, 1968)– suscribieron en 1996 un manifiesto literario, entre cuyos postulados reivindicaban su interés por la elaboración formal y el cuidado del lenguaje; denunciaban la entronización de una "la literatura de papilla-embauca-ingenuos, la novela cínicamente superficial y deshonesta"; mencionaban asimismo su deseo de entroncar con la tradición experimental y el riesgo estético de los autores del boom; su rechazo de la “literatura bananera” y su inclinación por temas –digamos– “universales” –filósóficos, éticos, históricos– apartándose de los asuntos puramente “locales” o “nacionales”, su búsqueda de lectores más cultos y exigentes y su admiración por la tradición novelística europea, entre otros. Por ello no sorprende que muchas de sus novelas se ambienten en Europa y aborden temas relacionados con episodios históricos de ese continente o con asuntos literarios y filosóficos tratados con frecuencia en aquellos pagos, y menos en estos (aunque dudo que Borges, Fuentes, Carpentier o Cortázar estarían de acuerdo en esto último.) En todo caso, estos son algunos principios enunciados por los autores del crack al momento de lanzar su manifiesto, cuando promediaban los treinta años, pues más recientemente Pedro Ángel Palou, por ejemplo, publicó una novela que aborda un tema tan nacional y popular como lo es el boxeo en México.
Salvo en algún punto, quizás demasiado altisonante, es difícil no estar en acuerdo con los principios que declararon los autores del crack en su manifiesto. Para hacerles justicia, habría que agregar aún que ellos aseguran haber surgido como contestación a un fenómeno literario-cultural propio de México, una tendencia a trivializar y vulgarizar la novela, aunque en ningún sitio he visto mencionados con nombres y apellidos a los exponentes de esa corriente. Es fácil adivinar en sus palabras un afán de escándalo y provocación semejante al que animó, en esos mismos años, a los antólogos de y a algunos antologados en McOndo.
Por proximidad cronológica y porque es casi imposible diferir de aquellos enunciados, podría afirmar que pertenezco a la generación del crack. Pero también, o ante todo, soy miembro de la generación del crack en un sentido diferente, pues en muchos países de Latinoamérica mi generación fue la primera en experimentar, y de la manera más devastadora, los efectos del crack, ese derivado de la cocaína que también llamamos piedra.
Digo esto sin asomo de ironía. Por el contrario, pretendo marcar con ello la única diferencia significativa que me aparta de los principios que defendieron los autores del crack en el manifiesto que operó como su acta de nacimiento: el alejamiento –o quizás incluso el desprecio– del espacio/tiempo local. Es verdad que en un mundo dominado por las migraciones masivas, las comunicaciones instantáneas, los viajes, la trasnacionalización de la economía –para mencionar solo algunas dimensiones obvias de nuestra época– “lo local” no puede entenderse como lo fue a inicios o a mediados del siglo XX, pero es verdad –sigue siendo verdad, no puede dejar de serlo– que los seres humanos estamos sembrados en la historia, y que nuestra experiencia, nuestra vivencia del ser, surge de ahí y está indisolublemente ligada a ella.
Así pues, solo hundiéndonos más y más profundamente en la historia –individual, familiar, local, nacional, regional, universal– es posible profundizar en esa recreación del viaje a lo desconocido del que somos parte, que a fin de cuentas es la literatura. Desde luego, este profundizar en la historia no implica desdeñar la imaginación y la fantasía sino servirse de ellas, pues como sabemos, imaginación y memoria son las alas con que las artes -y la literatura en particular- vuelan y al mismo tiempo se sumergen en lo humano.
Un episodio de la historia europea puede ser tan revelador para nosotros como aquellos que tradicionalmente se relacionaban con “lo nacional” –y en ese sentido, ser legítimamente “nuestro”– pero no es menos cierto –y esto es lo que tal vez no consideraron en aquél momento los firmantes del manifiesto del crack–, que lo que ocurre aquí-y-ahora, puede ser asimismo revelador y significativo para lectores de cualquier latitud.
No se trata de reivindicar a la ligera “lo local” o “lo actual” como materia privilegiada para la investigación y el trabajo literarios, sino más bien de asumir que mi manera particular de relacionarme con el tiempo, los sentimientos, la materia, la historia, la muerte, la sociedad, etcétera, si asumida con honestidad y llevada hasta sus últimas consecuencias literarias y estéticas, puede tener la misma relevancia, belleza y validez que la de mis congéneres de cualquier momento.
Desde que el mundo es mundo los seres humanos nos preguntamos: “¿Quiénes somos?” Y la única respuesta que alcanzamos a darnos consiste en decir: “Somos aquellos que se preguntan quiénes somos.” Pero este preguntarnos y este responder tienen formas, acentos y sentidos particulares según nuestro lugar y nuestra época. La única forma de ser honestos –es decir, de ser profundos–, es hablar de aquellas que mejor conocemos.

miércoles, octubre 18, 2006

dos poemas

El loco

Provoco el azar:

Rompo la cadena
causal
con un gesto
un acto
conciente
deliberadamente
absurdo

Invito a los dioses
a celebrar
nuestra libertad

Me fugo del Espejo Eterno
por la hendija
luminosa
del presente

Imprimo en el lenguaje
la huella
de mi respiración

- 0 -
Grietas

En la piedra
penetran
las raíces

germinan líquenes

estallan
cantos
flores
risas

domingo, octubre 08, 2006

Infierno y esperanza

El cartel que divisó Dante al entrar al Infierno, “Perded toda esperanza al traspasarme”, se ha interpretado siempre como una advertencia de los padecimientos que aguardan a los condenados. Sin embargo, de acuerdo con los testimonios de los sobrevivientes de los campos nazis de concentración, lo que les permitía seguir adelante y sobreponerse a las privaciones y vejaciones que hubieron de soportar, era precisamente la esperanza, aunque fuera la esperanza de que aquello acabaría algún día.
La esperanza es lo último que se pierde es el refrán predilecto de los pobres, de los humillados y los ofendidos, de los que viven en la precariedad, el dolor y la privación. (De ahí que políticos, religiosos y demás mercaderes de la esperanza asienten ahí sus reales y hagan de aquello su mercado principal.)
Está claro que además de oxígeno, agua y alimentos, los bichos humanos necesitamos esperanza, es decir, un sentido, es decir una razón, un para qué estamos viviendo. En palabras del poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, necesitamos algo que nos persuada de que somos “algo más que una máquina complicada de hacer mierda.”
De todo ello se desprende una conclusión: lo que Dante quiso decir con su cartel, no es tanto que al entrar al Infierno perderíamos la esperanza por lo que nos ahí nos aguarda o nos tocaría vivir, sino más bien que el infierno es vivir sin esperanza.

sábado, septiembre 23, 2006

No es lo mismo

Definitivamente alguien nos ha cuenteado. Porque no, no es lo mismo... Desde siempre me hicieron creer que había una expresión bíblica –para más señas, una expresión de Jesús–, que decía: “El que no está conmigo está contra mí” (o contra nosotros, da igual). Recuerdo bien que en épocas de la Guerra Fría, unos y otros la utilizaban –explícita o embozadamente– para legitimar o consumar ese espantoso chantaje moral que los dos bandos ejercieron. “El que no está conmigo está contra mí”. O sea: no tenemos opción... Si queremos ser buenos chicos tenemos que firmar contrato a ciegas y ad eternum con usted, señor redentor del mal. (¿Verdad que ya no sorprende que ambos utilizaran exactamente el mismo argumento?)

Pues no. Revisando los Evangelios, resulta que la expresión de Jesús es muy diferente: “El que no está en mi contra, está conmigo.” Tan diferente es, que resulta cabalmente lo opuesto.

La primera afirmación es excluyente y lo coloca a uno en una disyuntiva: si no te doy mi adhesión (explícita, incondicional y eterna) te convertís automáticamente en mi enemigo. La segunda, por el contrario, es incluyente hasta el extremo de sugerir que solo aquellos que se coloquen conciente, abierta y declaradamente en mi contra, no están conmigo. Todos los demás –sabiéndolo o ignorándolo, queriéndolo o no–, están conmigo...

¿No es lo mismo, verdad?

jueves, septiembre 21, 2006

Los calzones del capitalismo

Se ha dicho muchas veces, pero ante el espectáculo siempre renovado de la canallada y el cinismo, renace el asombro y hay que repetirlo: ¿cómo diablos se las arreglan los adalides y defensores del capitalismo salvaje para taparle los calzones y hacer como si estos no estuvieran llenos de huecos? En otras palabras: ¿cómo pretenden convencernos –y cómo convencen a millones–, de que es normal, decente, inevitable, razonable, sensato –e inclusive “justo”–, que mientras unos cuantos naufragan en el hastío de la sobreabundancia, otros muchos –la gran mayoría– carezcan incluso de lo indispensable o sobrevivan en la precariedad? ¿Qué ocurre para que unos y otros –y los que no pertenecemos plenamente a ninguno de esos grupos– lleguemos a considerar que las cosas son irremediablemente así, y que cualquier iniciativa para cambiarlas está condenada de antemano al fracaso?
Sin pretender ser riguroso ni exhaustivo, se me ocurren al menos dos cosas.
En primer lugar está el ocultamiento, la negación. Está claro que los que se benefician más directamente del actual orden de cosas, procuran con todos sus medios –que son muchos– que la monstruosidad de lo que ocurre no salga a la luz, o que lo haga solo a medias y en discursos cifrados como la estadística. Otros aseguran que la obscenidad es hoy permanentemente expuesta en los medios, y que eso nos abruma y termina paralizándonos. Sostienen que esa es precisamente la intención de quienes nos bombardean de continuo con estas imágenes: aturdirnos, cegarnos, inmovilizarnos.
En cualquier caso, es innegable que este ocultamiento o negación cuenta con aliados, y que a él contribuye una debilidad humana (el que esté libre de pecado, lance la primera piedra) según la cual quienes están pasándola bien aborrecen todo lo que venga a turbar su bienestar. Mientras disfruta de una agradable cena, ¿quién no maldice al mendigo o al borrachito que se acerca a pedir unas monedas?
En segundo lugar debemos mencionar la creencia –tan difundida y arraigada– de que se hace todo lo posible para mejorar las cosas. Infinidad de cumbres, encuentros, foros, conferencias, simposios, debates, seminarios y talleres se dedican año tras año a discutir las formas de erradicar la miseria, combatir la pobreza, remediar la exclusión, promover la justicia y la equidad y, en fin, a hacernos creer que existe una firme voluntad de cambiar las cosas. El ruido es tan grande y nuestro aturdimiento tan profundo, que rara vez nos detenemos a preguntarnos: ¿Pero será cierto que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, por citar solo algunas de las más conspicuas agencias, tienen de verdad algún interés en erradicar la pobreza? Rara vez nos detenemos a pensar: ¿Por qué, si se invierten miles de millones cada año, la situación permanece idéntica? Ante la evidencia de tanta inutilidad, uno se siente inclinado a pensar que esos miles de millones se invierten cada año, más bien, para que la situación permanezca idéntica. ¿O no?
Pues -¡atención!- aquí viene el otro elemento: erradicar la miseria y la pobreza, acabar con la exclusión, promover la justicia y la equidad y, en general, todos los altos y honorables fines que dicen perseguir organizaciones como las citadas arriba, es imposible si no se piensa al mismo tiempo en reducir la desigualdad, es decir, en redistribuir, es decir, en quitarle a unos para darle acceso a otros. No es necesario ser un especialista para saber que es impensable un mundo en el que todos los habitantes del planeta accedan a los niveles de consumo de que gozan hoy los ricos –no sé quién podrá creerlo, pero tampoco desearlo–. Así pues, resulta claro que los ricos deben consumir menos, mucho menos, y los más pobres más, bastante más, si queremos un mundo más decente.
Esos son, entonces, los calzones del capitalismo que se nos ocultan a diario mediante artificios retóricos, bombardeos mediáticos y mascaradas políticas.
Por otro lado, es indispensable estar prevenidos contra el engaño del simplismo. Suponer que es sencillo remediar los males que aquejan a la humanidad o que para lograrlo bastan solo mayor voluntad y decisión, es inaceptable. En un mundo tan complejo como el nuestro, se requieren también conocimientos, políticas, experiencias y, en fin, abundantes recursos para avanzar en una empresa semejante. Pero lo contrario es igualmente cierto: de nada valen las políticas, las experiencias, los conocimientos y los recursos, sino existe la decisión y la voluntad de que las cosas cambien.
Y esto es, precisamente, lo que hemos visto y vivido durante mucho tiempo y lo que continuamos viendo hoy.

martes, septiembre 19, 2006

pruebas

La duración de una prueba no es algo que decida la persona que está sometida a ella. Precisamente, parte del carácter de una prueba, es que no tenemos control sobre aquello que estamos viviendo. En esos trances, lo que se mide es más bien la capacidad de control sobre nosotros mismos en circunstancias adversas.

viernes, septiembre 15, 2006

LOS AGUAFIESTAS

A los artistas nunca se les queda bien. Siempre están molestos o quejándose por algo; siempre están buscando el lunar en la sopa y la mosca en la mejilla; siempre están inquietos o inconformes, irritables o furiosos. En las reuniones, suelen apartarse y mirar con avidez o desconfianza, o por el contrario, resultan energúmenos que no conocen límites para el baile, la bebida o los demás placeres. Son excesivamente callados o de una locuacidad exasperante. No conocen los términos medios –ni siquiera cuando comen carne-.
Descentrados y un poco excéntricos, arrebatados, rotos, los artistas son los aguafiestas en el festín de los poderosos y los que quieren convencernos de que todo marcha bien, los que viven diciéndonos que soportemos, que votemos por ellos, que sigamos siendo buenos porque el año entrante o cuando ellos decidan será todo mejor, maravilloso y bello. Los artistas son fermento pero también esperanza. Son de los primeros en apuntarse a las revoluciones, pero también de los primeros en abandonarlas. Por eso siempre los están matando.
No es que sean indiferentes a la belleza del mundo, ni que ignoren que la vida es un regalo único: por el contrario, diría que pocos tan sensibles como ellos. Pero están convencidos de que verdad y belleza van de la mano.
Y hay verdades duras, como la muerte, el dolor y la enfermedad; verdades amargas como la mezquindad y el egoísmo; verdades terribles como la maldad incubada por el odio; verdades ruines como la traición, y dolorosas como la decrepitud y el olvido; en fin, sabemos de sobra que la verdad no siempre es agradable. Pero aún las verdades más terribles, miradas a los ojos y de frente, revelan un destello de secreta hermosura, pues entonces podemos elevarnos sobre ellas y afirmar lo mejor de nosotros mismos.
En otras palabras: el artista no persigue la belleza sino la verdad, pero su búsqueda conduce a la belleza, porque nos revela que somos el odio y la posibilidad de trascenderlo, la traición y la posibilidad de la lealtad, el egoísmo y la posibilidad siempre abierta de encontrarnos.
No es que los artistas no mientan. Por el contrario, a menudo son grandes mentirosos; pero la mentira del arte –el artificio o la invención-, apuntan siempre a una verdad más honda. Lo detestable es la mentira que envilece, la mentira que corrompe, destruye, deforma, falsea y denigra lo humano. Y de ella, según nos enseña esa raza de artista como Dostoievski, Cortázar, Kundera, Picasso, Klee, Rivera, Satie, Kahlo, y tantos, tantos otros que admiro y amo, nadie está a salvo.
Lo dijo de modo insuperable Ernest Hemingway: “el verdadero, el único requisito para ser un escritor, es tener un buen detector de mierda.” Y más amigablemente, el japonés Kenzaburo Oé: “La segunda tarea más importante de la literatura es crear mitos. Pero la primera, y más importante, es destruirlos.” Yo haría extensivas ambas afirmaciones a todas las artes y a todos los artistas.
Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el que muchas, demasiadas cosas, están podridas y huelen mal. La mentira, el engaño y la manipulación son monedas de pago. Por eso, a menudo escuchamos la risa burlona, los arrebatos de furia y los lamentos amargos de los creadores.
No es bonito que nos recuerden a cada paso lo que no anda bien, sobre todo cuando ese alguien no tiene autoridad, prestigio ni poder, ni sale en las revistas de moda ni anda en Mercedes Benz, y según dicen las malas lenguas, ni siquiera trabaja, y si lo hace, no gana bien... En fin, ¿qué demonios se creen esos melenudos para andar aguándonos la fiesta a las personas decentes?
Si alguna autoridad tiene el artista, es la de realizar esta búsqueda en su propio ser. Puede mirar y denunciar la mentira y la fealdad porque la reconoce y combate en su interior. El artista es un laboratorio ambulante, su vida es un experimento y su obra máxima. Al hacer de esta búsqueda un trabajo público, si un artista se engaña resulta grotesco. A veces los artistas se parecen a Pinocho, porque a ojos vistas les crece la nariz. Siendo, como suelen ser, vanidosos hasta la exasperación, el precio que pagan por hacer trampa es el de transformarse en monstruos afectados y ridículos.
Es verdad que a los artistas a veces los compran con embajadas y otros puestos, y los hay que terminan convirtiéndose en bufones o escribanos a sueldo, pero por cada uno de esos, aparecen muchos otros indóciles, molestos e inconformes.
Porque alguien tiene que hacer ese trabajo. Alguien tiene que decirnos que vivimos un sueño si creemos que todo marcha bien; alguien tiene que revelarnos la dignidad y la belleza de la insaciable búsqueda humana de la verdad, por dolorosa o terrible que esta sea; alguien tiene que recordarnos que la caca y la basura siguen aquí, dentro y con nosotros, y que nuestra vida será lo que hagamos con ellas, pues por más estaciones orbitales que se construyan, pasará mucho tiempo antes de que nos podamos ir. ¿A dónde?

1998.

viernes, septiembre 08, 2006

Escribir desde Centroamérica

Como bien decía Camilo José Cela: "Hemingway es Hemingway más los cañones norteamericanos...." Ser un gran creador -o siquiera un creador mediocre- es difícil en cualquier lugar del mundo, pero no es lo mismo ser francés o gringo (o en otra escala, mexicano, cubano o argentino) que centroamericano... Centroamerica no existe sino para nosotros mismos, pero nosotros tenemos los ojos puestos en Francia y en Estados Unidos. De modo que Centroamérica no existe para ni siquiera para nosotros. Esa ansiedad de putilla en horas de trabajo con la que los creadores centroamericanos nos apostamos en las aceras europeas y gringas esperando qe se fijen en nosotros, es uno de los rasgos más patéticos de nuestro medio, pero hasta cierto punto es comprensible. Después de todo, Centroamérica no existe: es una geografía, pero no una región; cinco países pero no cinco naciones...

viernes, septiembre 01, 2006

Las artes como "pensamiento negativo"

Ser productivo es hacer algo necesario, útil o enriquecedor para los demás. En este empeño nadie parte de cero, todos tomamos lo que la naturaleza y los otros seres humanos nos ofrecen, y lo transformamos con nuestros conocimientos, con nuestro trabajo y con nuestra perspectiva o sensibilidad. Toda actividad productiva es un intercambio en el que tomamos algo de nuestro entorno y lo transformamos para ofrecerlo a los demás... De ese intercambio extraemos la energía suficiente para vivir y reproducirnos.
Sin embargo, si nos preguntamos qué cosas son necesarias, útiles o enriquecedoras, tenemos que admitir que las respuestas difieren entre las personas, entre las clases sociales, entre las culturas y las épocas históricas –incluso en diferentes momentos de la vida de una persona–. ¿Cómo y por qué llegamos a apreciar lo que apreciamos, y a rechazar aquello que rechazamos? El tema de la construcción, transmisión y reproducción social de los valores se insinúa así en toda su importancia.
Un acercamiento inicial nos revela que en tanto organismos, en tanto materia viva, nuestro cometido primordial es perseverar, sobrevivir, perpetuarnos: "La ilusión de todo ser vivo es seguir vivo”, resume agudamente Jorge Wagensberg. Este mandato está inscrito a nivel genético y se manifiesta incluso en la vida celular. De esta forma la vida nos enseña a preferir las fórmulas probadas y demostradamente exitosas, antes que arriesgar o aventurarnos por otros caminos. Ser “conservadora” es –diríamos–, un aspecto importante de la “estrategia de sobrevivencia” de la vida. En general tendemos a valorar positivamente lo que nos afirma: en tanto organismos, en primer término, pero también en nuestras costumbres, valores y creencias.
Tomando en cuenta lo anterior, no es sorprendente que la mayoría de los productos, bienes y servicios que circulan –incluyendo desde luego los productos simbólicos, los discursos–, tengan como finalidad “afirmarnos”: satisfaciendo una necesidad, haciéndonos la vida más cómoda o más fácil, confirmando nuestras creencias y valores, etc.
Las clases más privilegiadas y las sociedades más ricas, los pueblos que históricamente gozaron de largas épocas de abundancia y las culturas aisladas durante períodos muy prolongados, nos ofrecen, sin embargo, abundante evidencia de que la pura afirmación de nuestros deseos, costumbres y creencias nos convierte en seres más vulnerables que aquellos otros sometidos a una cierta tensión entre el ser y el no ser, entre la seguridad y la precariedad, entre la permanencia y el cambio. La afirmación constante conduce a la atrofia, al aislamiento, al deterioro, a la parálisis o la entropía: en suma, a la muerte.
Hay, pues, una utilidad y un valor –para nada evidentes–, en aquellos productos o expresiones que no afirman sino ponen en entredicho nuestras inclinaciones, costumbres y creencias. A esas manifestaciones las llamamos pensamiento negativo. En las sociedades llamadas “tradicionales” –en el sentido antropológico del término–, los dementes están llamados a cumplir ese papel –el bufón quizás lo encarne a la perfección en el medioevo europeo–, mientras que en el orbe occidentalizado y tributario de la modernidad, ese ha sido uno de los cometidos de las artes.
Desde luego no todas las expresiones “artísticas” se inscriben dentro de esta perspectiva, ni solo ellas lo hacen. De la misma forma como a menudo encontramos en la filosofía, en la religión y quizás incluso en la ciencia, expresiones de esta actitud o posición, existe también una enorme cantidad de manifestaciones artísticas encaminadas a reafirmar nuestras inclinaciones, costumbres y creencias, en suma, los valores dominantes de una época, de un grupo, de una clase social.
Un elemento común a todas las manifestaciones del pensamiento negativo, es que aspiran a transportarnos a un punto entre lo conocido y lo desconocido, entre lo viejo y lo nuevo, entre la afirmación de lo que somos y su cuestionamiento o negación. Esas manifestaciones desafían nuestros límites, nos incitan a ir más lejos, a no darnos por satisfechos con lo que percibimos, creemos y creemos saber. Por ello, siempre producen un cierto extrañamiento que nos hace ver el mundo con ojos nuevos, redescubriéndonoslo. Quienes entienden esto solo desde una perspectiva superficial, a menudo lo confunden con la búsqueda de “originalidad”, y otros, más despistados aún, con la simple “novedad”.
Por otra parte, el valor –no el monetario, sino el valor social-, de nuestros productos está determinado por su aceptación. Si lo que hacemos es gustado y aceptado, podemos decir que es valioso para los demás. (El objetivo del mercadeo es lograr que la gente conozca algo, y el de la publicidad, persuadirnos de su valor. Desde ambas perspectivas los otros interesan solo en su condición de –y son reducidos a– potenciales consumidores...)
En virtud de esa suerte de inercia que, como vimos, nos compele a la repetición, a la afirmación mecánica de lo ya conocido y probado, las manifestaciones del pensamiento negativo no gozan en general de aceptación. Aunque el análisis nos revele su utilidad social, esta no puede calibrarse, como en otros casos, por la aceptación que obtienen, al menos en términos inmediatos. Por ello deben ser valoradas con otros parámetros. (Desde luego, a contrapelo de lo que muchos creen, su valor tampoco es correlativo al rechazo que conciten o a la indiferencia con que se los reciba.) En otras palabras, el valor social de estos productos o manifestaciones no es adecuadamente captado, reflejado ni expresado por las leyes del mercado.
¿Cómo han existido en diferentes épocas y momentos históricos estas manifestaciones? ¿Qué parámetros pueden o deben ser utilizados para ponderar su valor o “utilidad” social? ¿Cómo garantizar la existencia de estos productos y manifestaciones? Aunque pertinentes, tales preguntas nos alejarían del terreno de esta reflexión.
Al lado de la repetición de lo ya conocido y demostradamente exitoso, la afirmación y perpetuación de la vida requiere de la búsqueda, de la transformación y el cambio constantes. Desde esta perspectiva, las artes y demás manifestaciones del pensamiento negativo son potencialmente análogas a lo que, en el plano biológico, vienen a ser las mutaciones.
¿Puede pensarse en algo más parecido a una “mutación” que lo ocurrido al Imperio Romano tras la conversión al cristianismo de Constantino? ¿No es acaso una “mutación” de lo que se entendía por “belleza” lo ocurrido en Florencia en los siglos XV y XVI, o en Paris en las últimas décadas del XIX? ¿No fue el inicio del siglo XX europeo de “mutación” constante, en ese mismo sentido? ¿Y no propició el llamado boom una “mutación” completa de la narrativa hispanoamericana?
En todos estos casos el patrón es similar: una expresión o manifestación del pensamiento negativo es, en muy corto tiempo, convertida en modelo, paradigma o patrón a imitar. El antivalor deviene en valor; aquello que se percibía como algo “ajeno”, “amenazante”, y “externo”, o bien como ridículo e indigno de tomarse en consideración, se revela bruscamente como lo opuesto, revelándonos, de paso, un mundo nuevo, una nueva forma de percibir el mundo y la vida, nuevos horizontes y posibilidades. Por unos instantes, la libertad centellea y nos revela algo hasta entonces desconocido de nosotros mismos. ¿No es, acaso, un destello de nuestra propia, humana y modesta libertad lo que entrevemos en esos trances? Somos libres para cambiar, es el mensaje que nos decimos en tales momentos críticos, dramáticos. Las ataduras son mentales; la libertad vive en nosotros, es nuestra, somos de ella.
Aunque marginal –en el sentido de que por definición será minoritario y se mantendrá fuera de las corrientes principales de cada época o momento histórico–, esa tarea, ese papel de incómodo aguijón que nos pica cuando nos sentimos demasiado conformes, satisfechos o asentados en nuestras costumbres, creencias y valores, tiene un valor y una utilidad social: es la posibilidad de cambio y el cambio como posibilidad lo que se quiere significar.
La condición para que el cambio opere como metáfora de la libertad, es que sea una excepción y no la regla. Es una paradoja de la modernidad –ampliamente señalada por filósofos y pensadores de las más variadas orientaciones– que, al erigir el “cambio” en valor central, nuestra época termina despojándolo de significado y convirtiéndolo en una pura repetición igualmente mecánica y vacía. Peor aún, el cambio es convertido en simple recurso o herramienta comercial. Como en una siniestra frase orwelliana en la que las palabras invierten su sentido, hoy podemos decir que el cambio es repetición.
En un contexto como este, ¿cuáles son los posibles caminos para el pensamiento negativo?
Con su amplio repertorio de recursos discursivos, la sensibilidad posmoderna esbozó una tentativa de respuesta: el distanciamiento irónico, el pastiche, la transposición y fusión de estilos, técnicas y procedimientos de origen diverso... No obstante, esta tentativa quedó de alguna forma atrapada en los engranajes del mecanismo que pretendía impugnar, al proponerse, asimismo, como ruptura, renovación o novedad. El auge de los “culturalismos” puede interpretarse también como un esbozo de respuesta: si el cambio es repetición, la única forma de cambiar es una suerte de “retorno a los orígenes”. No obstante, sabemos que esa mirada suele estar distorsionada por el sentimiento romántico de nostalgia por una pasado idealizado.
Pero no se trata de reiterar aquí las contradicciones de la modernidad, ni mucho menos de emprender una revisión de los discursos del arte a inicios del siglo XXI.
Antes bien, la única pretensión de estos apuntes, es reiterar la utilidad e importancia de todas las manifestaciones de eso que hemos venido llamando pensamiento negativo, cuyo valor social, a contrapelo de lo que ocurre con la inmensa mayoría de los bienes, servicios y productos que consumimos, no puede ser medido por su aceptación. Estas expresiones escapan a la lógica del mercado, y constituyen una suerte de metáfora de la libertad humana: el cambio como posibilidad y la posibilidad del cambio.

miércoles, agosto 30, 2006

domingo, agosto 13, 2006

EGO (Los Días y sus dones, 1980-2001)

EGO
De lo ilusorio del "yo": lo que vive en uno son las células, lo demás es literatura.
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Lo importante es que entiendas y asumas tu proceso, sin entorpecerlo con las fantasías ni las consideraciones del 'yo'.
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Mediante el mecanismo de la identificación psicológica, al tiempo que incorporo el motivo con el que me identifico, me convierto en parte de él; al hacerlo parte de mí, me hago parte suya.
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Seré un idiota, pero sé que lo soy. Otros, más idiotas que yo, creen que no lo sé.
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Una manera de resumir este giro sería decir: Dejó de obsesionarme la pregunta "¿Quién soy?", y se convierte en prioritario plantearme: "Soy, ¿y...?", o "¿Para qué soy?"
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Menos mal que soy mi mayoría.
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Era como si quisiera demostrar, demostrarme quizás, que era capaz de cometer también esa canallada, de modo que cuanto más pensaba "esto no debe ser, esto no debe ser", más empujaba todo en esa dirección, y cada vez que me figuraba las consecuencias, sin duda terribles, de lo que estaba haciendo, daba otro paso hacia adelante, y yo encontraba en todo aquello una suerte de placer y voluptuosidad.
***
Una cosa es lo que pienso de mí, la imagen a la que rindo pleitesía, y otra el subsuelo de las secretas identificaciones, de los deslumbramientos y temores que no reconozco ni siquiera ante mí. A veces una cosa y la otra se oponen, y entonces vivo en guerra o jugando a las escondidas. Y sufro. Sufro porque lo que está a la vista y lo que está en las sombras no se corresponden. Lanzo una moneda al aire y ahí se transforma en un murciélago. Estoy parado sobre un puente de arena movediza que me lleva de ningún lugar a otra parte. Adelante es atrás, el sur es norte. Y yo, ¿dónde estoy?
***
Cuando la escucho decir: “te amo”, me pregunto siempre: “¿cuándo se dará cuenta? ¿Cuando se dará cuenta del monstruo que soy?”
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Vivo en medio de derrumbes y deslizamientos.
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Esta manía incorregible de vivir los acontecimientos desde otra persona; no atendiendo a mi percepción, a mis sensaciones, sino imaginando cómo percibirá la situación, qué estará sintiendo, otro de los ahí presentes…
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Mientras hablo por teléfono escribo inadvertidamente la palabra "interecho". ¿Quién habla? ¿Y qué significa esto?
***
…No estaba seguro de si el asco que le provocaba manipular dinero, se lo producía el dinero mismo o una oscura, inconfesable voluptuosidad por él…
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Dice O.: "Siento que soy todo, pero para serlo, tengo que dejar de ser lo que soy." Luego de un instante, como si hubiera sorprendido a un ladrón: "Ese que dijo eso no soy yo, porque para mí eso es nuevo". Y un poco después, reflexivo: "Y entonces me entristece lo lejos que estoy de ser lo que soy."
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El jazz es un viejo compañero, un puente que se tiende entre varios ciclos de mi vida, una de las líneas que le dan una improbable cohesión a esa serie de inventos, fantasmagorías y delirios, que sólo mediante otro invento, una mentira mayor, pueden unirse bajo un sólo nombre, una palabra que me designa.
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Me escucho hablando de una forma nueva, diciendo cosas que no sabía que sabía.
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Ahora puedo ver hasta qué punto he ido a la deriva, pero también me doy cuenta de que la soledad también me fortaleció, alimentó mis fuerzas y mi capacidad de sobreponerme a la adversidad.
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Reunión de niños y de adultos alrededor de la piscina. Ayer estaba entre los niños; hoy, con los adultos. Y entre un punto y el otro sólo puedo ver, como decía Eunice Odio, un “tránsito de fuego”: una intensa, dolorosa y confusa agitación; un torbellino, un remolino, un túnel de vértigo y oscuridad… No es que en la infancia no hubiese sufrimiento, o que ahora no lo haya. Pero en la infancia aún el sufrimiento está impregnado de incandescencia y plenitud. La juventud, en cambio, es pura desnudez, llaga pura: la certeza de haber perdido el Reino, sin los consuelos de la ironía, la experiencia o la humildad, que son propios de la madurez.
***
Uno de los mil nombres de Dios es “El Semejante a Sí Mismo”. Nosotros, pobres mortales, no tenemos más remedio que asemejarnos a lo que nos precede, predispone, informa, configura y tironea desde el pasado y quizás también desde el futuro; asemejarnos a los otros que nos rodean y modelan, y asemejarnos al Mundo: recoger de ahí pedazos y adherirlos a nuestra piel como un emplasto. Somos una colcha hecha con retazos, un chaleco remendado que nunca deja de cambiar.
***
Soy un payaso con una flor en la mano en una estación del tren.
***
Ser malo es siempre un poco más difícil, pues exige que uno tenga razones que lo justifiquen.
***
A veces, cuando entreveo su rostro, me aterroriza ese mal que los adultos llaman "madurez". Es la forma más complaciente de denominar los pactos, las renuncias, las claudicaciones… Se hace de la vida una repetición de ceremonias insulsas; el único objetivo parecer ser saltar la valla de los días, en pos de un futuro que nada ofrece, sino su rostro siempre idéntico.
***
Empiezo a preocuparme cuando advierto que, en las tiendas y en los supermercados, los guardias de seguridad no se preocupan por mí: ¿será que me parezco ya a los buenos ciudadanos?
***
Lo que somos hoy fue alguna vez un enigma para nosotros mismos, y de habérnoslo revelado alguien diez o veinte años atrás, lo hubiésemos encontrado improbable, inverosímil o ridículo.

domingo, julio 30, 2006

Apuntes de invierno

Sueños

“Que libertad tan enferma la mía”

Por primera vez, sueño que en vez en encontrar un tesoro, entierro algo.

Veo una piedra en la que hay incrustadas conchas, restos del mar antiguo...

Voy en un tren, y el sonido de los raíles empieza a sonar como el de ese instrumento de los aborígenes australianos. Hechizado, maravillado, lo escucho, aguardando una revelación inminente.

En un camino, le digo a mi difunto amigo Manuel Cárdenas:
- Estoy tan enamorado de la vida que creo que me va a ser muy difícil dejar este mundo.

“Para vos, llama de mi llama, de la que me interesa hablar más que este mundo.”

Leo en una película, veo en un libro:
“La vida conyugal como enfermedad de la voluntad”
“Basta que uno necesite algo para no saber si lo tendrá.”

Elevándose de una colina rocosa, veo el más enorme, imponente y hermoso árbol que jamás haya visto. Voy en un auto con otras personas y la carretera pasa a sus pies. Hablo con mis acompañantes, quienes me explican que en la base del árbol, hay un antiguo cementerio.

Notas

El arte es el juego de los adultos.

Sólo el arte nos reivindica ante los ojos de los niños.

Hoy abrí los ojos agradeciendo el día.

... La mirada incandescente de los niños...

La escritura es un cultivo de la soledad, sí. Pero esta última no debe entenderse como aislamiento desgarrado del mundo, ni como la imposibilidad de establecer lazos o vínculos, sino más bien como la disposición y la capacidad de escuchar y entablar diálogo con las dimensiones más profundas de sí mismo.

martes, julio 25, 2006

DOMINACION (Los días y sus dones, 1980-2001)

DOMINACION
Quienes nos someten con las palabras, las pervierten y las desvirtúan. Porque conocen su poder han de destruirlas, no vaya a ser que un día despertemos y se les acabe la fiesta. Es como si nos dieran con un garrote para idiotizarnos y luego nos dijeran que el garrote es inofensivo, ¡y nos lo creyéramos!
***
Nada tan peligroso como la alianza de los poderosos con los ignorantes.
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Lo que el Sistema y el Poder no pueden permitir, es que comprendamos que no hay nada que perder.
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La injusticia del sistema consiste en que el bienestar y la opulencia de unos pocos se erige a costas de la miseria de casi todos; la justicia del capitalismo, argumentan sus defensores, radica en que con un poco de suerte, otro de esfuerzo y nada de escrúpulos, “cualquiera” puede pertenecer a esa minoría.
***
El mismo juego siempre, la misma historia de la Historia: unos cuantos establecen los parámetros de "justicia" y "legalidad" y legitiman un orden que los favorece, en donde todo corre a su favor. Unos viviendo a costa del malvivir de otros, otros vi­viendo a costa de nuestro malvivir, instituyendo la canallada en norma, o lo que es peor, en normalidad.
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La dominación cultural se origina en la supremacía económica, y esta, en la superioridad tecnológica. Se trata de una ecuación tan vieja como la especie.
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La burguesía, apátrida y desarraigada, es idéntica en todas partes…
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No es fortuito que la “globalización” sea elevada a la categoría de doctrina cuando los discursos se fragmentan y sucumben los sistemas de pensamiento con aspiraciones de totalidad, pues de esta forma nos aislamos y debilitamos cada vez más. Necesitamos sistemas de referencia en los cuales inscribir nuestros actos, nuestros sueños y nuestras penas.
***
La gran mayoría del pueblo gringo ni siquiera es consciente de su opulencia.
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Tres pilares de la actual sociedad globalizada tienen su origen en el régimen nazi: la televisión, la industria aeroespacial y la energía atómica.
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En su 1984, Orwell imaginó cámaras de televisión por todas partes como mecanismo de control de un Poder Supremo; hoy sabemos que, para tener bajo control a los ciudadanos y saber qué hacen en todo momento, no es necesario tener cámaras, sino receptores de televisión en todas partes. Para controlar no es necesario ver, basta que te vean

martes, julio 11, 2006

DIOS (Los días y sus dones, 1980-2001)

DIOS
A lo largo de la historia hemos demostrado como especie tal capacidad de crueldad, tan abrumador empeño en la destrucción y el odio, que sólo concibo tres posibilidades: Dios no existe, Dios es cruel, o existe la misericordia divina.
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Cada vez me parece más improbable la inexistencia de Dios.
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Si es cierto –como a veces intuyo–, que “a mayor conciencia mayor libertad”, entonces Dios es la conciencia total y la mayor libertad.
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Si en el principio era el Verbo, Dios es Poeta.
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En los mitos, los dioses nos hacen concientes porque ellos son la expresión de nuestra conciencia.
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Argumento de la divinidad: "¿Podrías crear un mundo mejor que este? ¡Ah, entonces deja de criticar!"
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En nuestra cultura, “Dios” es la única palabra que tenemos para designar el Espíritu. Como paliativo a la pobreza que esto representa, surge entonces la imagen del dios trino y uno.
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El problema con el dios de los cristianos es que pudo pronunciar su "Hágase la luz" a modo de catarsis.

miércoles, junio 28, 2006

DÍAS Y HORAS (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

Días y Horas
Qué gozo callado me produce esta certidumbre de estar vivo.
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Una vida se construye como un equipo de fútbol: de atrás para adelante. Y esto no sólo en el sentido cronológico, sino también porque debemos resolver primero lo más básico –la sobre vivencia– , antes de soñar con avanzar.
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Devorado por el diario vivir, olvido recordar que vivo. Los días son como un sueño deslucido, una mala película de matinée. Se necesita coraje y lucidez para no treparse al tren de las repeticiones, para no dejarse adormecer por el repiqueteo.
***
Dos días de trasnoche y borrachera me dejan tembloroso, oscurecido y confuso. La plenitud se desvanece y deja en su lugar ladridos, ratas y el miedo omnipresente.
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Estoy a punto de creer que la mejor parte de una borrachera es la resaca. La lucidez de la cruda, por más horripilante que sea, está en relación proporcional con el nivel de obnubilación al que has llegado con el alcohol.
***
Aún los días más tranquilos –como el de hoy– revelan, al repasarlos, una riqueza sorprendente de situaciones, estados de ánimo y pensamientos que cruzan por la mente… Cada día está lleno de texturas y matices que conforman el tejido de la vida en su forma más concreta.
***
Viva sensación –registrada al iniciar el día, vislumbrada luego en diferentes momentos, y recuperada una vez más, con plena nitidez, en la noche, al finalizar la jornada–, de que me acerco o estoy iniciando un nuevo momento de mi vida.
***
A pesar de las miserias infinitas y de nuestra ejemplar estupidez, a menudo siento que galopamos en el viento, que la vida es un regalo y que el tiempo que devoramos y nos devora a la vez, es una campanada que resuena en nuestra cabezota para despertarnos, para sacarnos de la nada donde hemos dormido toda la eternidad y traernos a estos patios a compartir fugazmente el trino de los pájaros, el murmullo de los ríos y la presencia irrebatible de las montañas.
***
¿No has sentido alguna vez tu vida como una estrella que se enciende y se apaga, sístole y diástole, expansión y contracción, creación y destrucción, de modo que el que sos hoy y el que fuiste ayer comparten un cuerpo y una historia, pero entre uno y el otro se abre el abismo de la muerte, y el no menos misterioso del renacer o la resurección?
***
…el horror de quien comprende que la mejor etapa de su vida va quedando atrás…
***
…el penoso deber de decirle una verdad amarga a un amigo …
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¡Qué fiesta esta mañana con tus senos!
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Una mujer a quien apenas conozco se ducha en el baño de mi casa. Escuchándola me invade una alegría brutal, repentina y salvaje.
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No consigo arrancarme la tristeza de los ojos, de los labios ni del pecho.
***
El doméstico es uno de los ámbitos donde ejercito mi vida consciente. En la silenciosa intimidad, en las ceremonias y rutinas de la vida diaria, encuentro una magnífica oportunidad para ejercer la conciencia.
***
Las definiciones que cuentan son las que se traducen en acciones, e independientemente de la claridad conceptual que haya alcanzado sobre ellas, todas mis definiciones se expresan en lo que hago y en la forma como vivo ahora.
***
Es lamentable vivir sintiendo que algo se deja atrás.
***
Es quizás media tarde y el día está nublado. Sin las sombras no puedo calcular la hora. Camino de regreso a Montezuma. Durante la caminata he tenido dos o tres momentos de lucidez en los que he visto con claridad el fácil revoloteo de mis pensamientos, de mis sentimientos y de mis acciones. De un momento a otro irrumpe esa suerte de griterío, de caos que hierve en mi interior, dispersando –mejor: impidiendo–, cualquier esfuerzo coherente, como humo lanzando a chorros en todas direcciones. Comprendo entonces hasta qué punto nuestras vidas transcurren dando tumbos, tamborazos de ciego o de sordo; hasta qué punto la vida nos sucede con la misma impotencia y arbitrariedad con que nos sobrevendrá la muerte.
***
Increíble el sentimiento de crisis y la sensación general naufragio con que vivo.
***
La desazón que me produce mi terrible inconstancia, la incapacidad de sostenerme en las notas más altas.
***
A la luz de lo sucedido en estos días, comprendo que no basta no desear causarle dolor ni daño a nadie; fácilmente uno inflinge heridas aún a su pesar.
***
Constato con dolor y asombro que a menudo vivo mi vida como si fuera su víctima y no su protagonista.
***
Algo hay en el corazón del verano que me cautiva. Será la atmósfera rala, o la luz vagabundeando por la inmensidad. Acaso las nubes, frágiles como un pensamiento. Las lluvias han quedado atrás y de pronto hay luz, verde, montañas azuladas a lo lejos; de pronto hay viento otra vez, y espacio, y por un chisporroteo recordamos que el mundo sigue ahí, y uno mismo se dice: “¡Vaya! Estoy aquí. No he muerto”.
***
El verano es borrachera de la luz.
***
¿Por qué cuando llega el sol comienzo a fantasear?
***
A mitad del verano, se extingue la llamarada incandescente de los porós, pero florecen como un estallido los robles sabana, y los corteza-amarillo ponen su grito en el cielo.
***
Dos veces por año, siento volar –de sur a norte, de norte a sur–, el otoño sobre mi trópico central. Pasa alborotando el viento, trae aromas de campanas rotas e instala una súbita tristeza en las hojas. Es un pájaro de pecho rojo que pasa y se va.
***
Por fin el sol penetra y va secando el pantano de mis dudas y mis miedos.
***
La perspectiva que tenemos de la existencia es terriblemente limitada, puesto que como individuos carecemos de la visión de conjunto y de proceso. De ahí que la existencia nos resulte a menudo sin ningún sentido.
***
Luego de varios días de agitación, y sin que sucediera algo especial, una extraña paz invadió mi espíritu y un dulce silencio se apoderó de mí.

viernes, junio 16, 2006

domingo, junio 04, 2006

DESTELLOS (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

Destellos
…una espesa agitación…
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…con el desparpajo de una prostituta…
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… sus pomposos senos…
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… Una nubecita llorona…
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…Una estirpe de santones delirantes y profetas despalabrados…
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… el trabajoso discurrir del segundero…
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La infértil tiranía de la cordura.
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…largas y nocturnas lluvias de noviembre…
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…tenía un culito triste…
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…el dulce despertar de los amantes…
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Una chiquilla culirrespingada…
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…El viento sucio y polvoso…
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… la cambiante música del cielo…
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La mirada muda…
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Y entonces me descubrí en una estúpida estación vacía.
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…el silencio sepulcral de las alcobas…
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Un febrero frío y desabrido.
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…su más enconada ternura…
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…la fragilidad de la hermosura…
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Una lúcida tormenta…
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…Su fosfórica flacura…
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Se produjo un resilencio…
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…la sólida irrealidad de las cosas…
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…y nos sumergimos en el largo fulgor de la fiesta…

sábado, mayo 27, 2006

DESEO (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

DESEO
Desde que me siento dueño de mi deseo, me río solo por la calle.
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La parte buena del baile comienza cuando nos hacemos conscientes de nuestros deseos y nos responsabilizamos por ellos. En realidad no hay opción: lo hacemos o lo hacemos. Porque los deseos –explícitos o secretos, públicos o inconfesos, conscientes o no–, son como una alfombra mágica a la que le pedimos: lléveme allá. Y hacia allá nos llevan. Por eso, antes de encaramarnos, es conveniente asegurarnos que estamos dando la dirección correcta, no vaya a ser que un día nos descubramos perdidos en mitad del desierto.
***
La sustancia viscosa del Deseo.
***
La delicia dolorosa del Deseo.
***
Los espejismos de mi deseo se desvanecen antes de que pueda tocarlos.
***
Desde el punto de vista del psicoanálisis, al intencionar el Deseo el sujeto lo transforma en sentido, en discurso, en lenguaje… Desde el taoísmo, por el contrario, al intencionar el sentido (el Tao, la energía pulsional primaria), la conciencia lo trans­forma en Deseo, origen de la infelicidad. Freud diría: no se puede vivir en el Deseo. Lao-tse dice: ¡instálate en el Tao!

lunes, mayo 22, 2006

América Latina o la invención de un pueblo

Una de las singularidades de América Latina –quizás la que en definitiva determina nuestros atavismos, éxitos y fracasos–, es que a diferencia de Europa y Estados Unidos, pero también a diferencia de Asia y África, la primera tarea que debió imponerse el Estado Nación aquí, fue la de inventar un pueblo.
En Europa el surgimiento Estado Nación fue resultado, producto o consecuencia de la existencia de pueblos históricos. No quiero decir con ello que el proceso no conllevase violencias, arbitrariedades e imposiciones de todo tipo, pero la institucionalidad del Estado Nación “surgió” ahí donde existían pueblos con siglos de antigüedad y convivencia. En los casos de África y de Asia el asunto es muy distinto, pues si bien el Estado fue impuesto como producto de la ocupación colonial europea, también preexistían ahí pueblos históricos, que luego de la descolonización han tratado con distinto éxito de “apropiarse” de la institucionalidad del Estado Nacional adaptándola a sus características y particularidades.
Pero en América Latina la situación es muy otra.
Durante la prolongada ocupación colonial, la pueblos históricos fueron, casi en todas partes, aniquilados, desmembrados o, en el mejor de las casos, confinados a una suerte de exilio en los sitios más remotos de la geografía. Lejos de imponerse como un corsé o como una máscara a los pueblos históricos, la ocupación colonial destruyó aquí casi por completo a los pueblos y comunidades que existían, erigiéndose sobre sus ruinas el edificio colonial.
La independencia de España tuvo una clara inspiración ideológica en las ideas de la Ilustración, y las élites latinoamericanas encontraron de lo más natural organizar los territorios recién emancipados bajo el modelo republicano (o federal, da lo mismo) del Estado Nación.
Pero lejos de existir pueblos que pudieran identificarse de alguna forma con la naciente institucionalidad o apropiarse de ella, convivían aquí los sobrevivientes de innumerables violencias: la violencia de la destrucción de los pueblos nativos, la violencia del comercio de esclavos africanos, así como muchos sobrevivientes de la violencia en las metrópolis coloniales: “segundones” víctimas de las leyes del mayorazgo, descendientes de judíos y de árabes, campesinos pobres emigrados, etc. Más grave aún, estas poblaciones habían convivido durante el coloniaje bajo un modelo de organización social rígidamente jerarquizado y de inspiración racista.
No había, pues, un pueblo en América Latina que pudiera identificarse y hacer suyo el proyecto del Estado Nación. Por ello una de las primeras y más urgentes tareas que asumieron las nacientes naciones, fue precisamente la de “inventar un pueblo”. De aquí surgió la ideología del mestizaje, a la postre insuficiente por estar sustentada en una premisa puramente “racial” que negaba de la diversidad que, en este campo, existía y existe aún hoy en estas naciones. De ahí que, para crear símbolos, mitos, “identidad”, los Estados hubieran de recurrir al “rescate” e idealización del pasado, ya del pasado prehispánico –en aquellas naciones asentadas sobre los despojos de los grandes imperios–, o bien de algunos aspectos puntuales de su pasado –mediante el folclore y la literatura, etc–, o en algunos casos –como el de Costa Rica– en la idealización de su pasado colonial.
En las últimas décadas diversos ensayistas e historiadores han centrado su atención en la forma como en América latina los Estados Nacionales produjeron, progresivamente, los símbolos, mitos, íconos y, en fin, toda la “parafernalia” propia que los justificase y legitimase como tales, pero tal vez no se haya subrayado suficiente ese otro aspecto del asunto: aunque sustentado en una idea sumamente abstracta como la de “ciudadanía”, el proyecto del Estado Nación presupone de alguna forma la existencia de “pueblos”, es decir, de comunidades históricas que le den sustento. Aquí habrá quien proteste argumentando que en ninguna de las fuentes en las que se inspira y de donde se nutre la idea del Estado Nación puede hallarse tal cosa, a lo que bien puede replicarse con la lacónica observación de Borges, cuando afirma que la prueba más evidente de que Las Mil y Una noches es un libro del oriente, es que ni una sola vez se encuentra ahí la palabra “camello”...
Quizás la demostración más contundente de que en su concepción original el proyecto del Estado Nación presuponía la existencia de comunidades o pueblos históricos, radica en el hecho de que en ningún momento se abordó en ella el asunto de la diversidad cultural. Esto, desde luego, desde el punto de vista ideológico, pues en el plano puramente político, fáctico, sabemos de sobra que los Estados europeos hubieron de imponerse, como lo hacen aún el día de hoy, sometiendo y silenciando a numerosas comunidades históricas.
Al carecer desde su fundación de este punto de partida o de sustentación, no es sorprendente que los Estados latinoamericanos hayan sido históricamente percibidos por la población (y lo sean hasta el día de hoy) como un aparataje ajeno y distante, heredero del edificio administrativo del período colonial erigido para consumar el saqueo y la expoliación. Eso explica también por qué la corrupción y el despojo de la cosa pública alcanzan aquí los niveles por todos conocidos. “El ogro filantrópico”, como caracterizara Octavio Paz al Estado moderno, nunca ha podido afincarse por completo en América Latina, pues para hacerlo requiere no solo de alimentos y de sacrificios en su honor (que de eso ha tenido en abundancia), sino también de mimos, cariños y arrumacos, y eso es lo aquí jamás ha tenido.
Mayo, 2006

miércoles, mayo 17, 2006

La puerta que llama (2)

En general, no elegimos la ciudad que habitamos, la casa donde pasamos la noche ni la encrucijada en la que nos encontramos. Llegamos aquí por una suma de circunstancias históricas, familiares y personales, y es aquí en donde nos corresponde vivir. Y vivir es actuar. Y actuar es elegir.
No elegimos nuestras circunstancias pero sí nuestra acción. Y nuestra acción modifica nuestras circunstancias. ¿Cómo y por qué elegimos algo? ¿Cómo llegamos a escoger una entre las muchas puertas que tenemos por delante, dentro de esa habitación que es cada situación humana, cada instante?
Sin embargo no siempre somos conscientes de encontrarnos en una encrucijada, y muchas veces tampoco tenemos claro cómo ni por qué llegamos ahí. Simplemente las circunstancias y nuestras decisiones anteriores nos trajeron hasta esta situación. Y tenemos que elegir. Y lo hacemos. Para bien o para mal, para nuestro bienestar o para nuestra desdicha, y muchas veces sin saber si es para una cosa o para la otra.
Nuestro elegir y nuestro actuar siempre están sujetos a la incertidumbre. Creemos saber a dónde podría llevarnos la puerta que elegimos, y por eso la escogemos. Pero muchas veces lo hacemos, también, convencidos de no tener otra opción. En todo caso, entre nosotros y lo que elegimos –entre nosotros y esa puerta que abrimos– se establece una relación intensa y especial. Es la puerta que nos llama.
¿Sabemos en definitiva a dónde nos lleva la puerta que llama? Sí y no. Entre la convicción y la esperanza, entre la duda y la certeza, elegimos y somos elegidos. Nuestro andar –ese acto irreversible que es transponer un umbral y cruzar al otro lado en un instante determinado–, es al mismo tiempo una apuesta, un desafío y una verificación. Queremos saber, queremos conocer, queremos experimentar.
Así, vamos de habitación en habitación por una Casa que construimos con cada decisión que tomamos.

martes, mayo 09, 2006

Respirando

cada vez más hondo
más pausado y más profundo

en la cresta de la noche
abro mis ojos o mis ojos se abren

y un espacio ilimitado me recibe
constelado
familiar
indescriptible

y estoy
adentro y afuera
despierto y dormido
muerto y vivo

no hay tiempo ni temor

ancha es la dicha


7 mayo, 2006

sábado, mayo 06, 2006

CUERPO (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

CUERPO
Cuando el cuerpo baila, el espíritu vuela.
***
El cuerpo es inocente.
***
Antes de la historia está el cuerpo, y el cuerpo es otra historia: el cuerpo puro, desnudo de palabras e intenciones, mera cosa viviente dueña de sí.
***
Cuando hacían el amor y escuchaba su nombre en boca de ella, experimentaba una suerte de contradicción, como si aquella palabra que lo nombraba desde siempre nada tuviera que ver con el que ahora estaba ahí: solo piel, solo sangre y pulso; no alguien, algo ajeno al de todos los días y al que designaba ese nombre.
***
He vivido de espaldas a mi cuerpo.
***
Buena parte de la maravilla de la vida deriva del gozo de nuestra corporalidad.
***
La conciencia discrimina pero el cuerpo se percata.

martes, mayo 02, 2006

La soledad

La soledad, que en el encierro dentro de un apartamento a que se reduce muchas veces la vida en la ciudad, suele ser terrible y hasta trágica, se convierte, en parajes al aire libre donde el esplendor de los árboles, los pájaros y las mariposas se siente con fuerza, en algo completamente distinto e inclusive opuesto, pues es difícil auto compadecerse cuando se es conciente de las maravillas de las que uno es testigo, y hasta aburrirse es improbable, a menos que uno sea ciego de corazón o aburrido por naturaleza, pues el espectáculo permanente de la vida sucediendo basta para sobrecoger el espectador más exigente...

miércoles, abril 26, 2006

Catedrales de Espuma

Tu sonrisa cuando resplandece el amor

O tus ojos
iluminándose en un acto de magia simplísimo

O tus labios que se abren
invitándome a entrar

O la autopista
cuando los autos viajan sin explicación
al unísono

O en los campos
una flor desprendida de un árbol
volando hacia el suelo

O tres pájaros carpinteros
picoteando el desnudo tronco de un cedro
y un tucán de pico amarillento
que viene a preguntarme
qué hago en sus dominios

El sonido del viento en la vegetación

La rasante luz del ocaso
o el trémolo de luna
circunvalando el cielo

Tus labios nuevamente, amor...

martes, abril 25, 2006

Los duendecillos de la Nada

El socialismo –¡Conságrate a mí y serás Justo!
El liberalismo –¡Sígueme y defenderás la Libertad!
El conservadurismo –¡Juntos salvaguardaremos la Verdad y la Tradición!
Los dioses en coro –¡Solo nuestro camino es salvífico!

Otros eligen criar hijos

(¿También los niños son duendecillos de la Nada?
¿El ADN una interminable genuflexión
del Ser ante el Vacío?)

¿Y estas palabras?

¿El manoteo desesperado de un perro
a punto de hundirse en el agua?

¿El espejismo más patético
por su pretensión de revelar otros espejismos?

Aspiro este instante como única verdad
única evidencia de que vivo

No sé qué haré cuando muera

“Ya veremos” –me digo.

martes, abril 18, 2006

Anotaciones de fin de semana

AMANECER
El sol se para de puntillas
sobre la alfombra
de los pájaros

- o -
El inmenso, extraño placer de liberar a un pájaro, a una mariposa, a una libélula que por error entraron en nuestra casa.
Por un momento somos ese pájaro, esa mariposa, esa libélula. Y liberarlos es liberarnos.

- o -
La libertad del miserable: despertar, cada mañana, sin otra obligación que vivir...

- o -
Dando tumbos con las nubes
como una lancha con las olas
la tontona de la luna, asoma.

¡Luna, amiga amada!
¡Sin tu luz y tu sombra
la noche sería tan triste
y desolada!

¡Cuánto me gustaría subir
con vos por el cielo
y deslizarme noche abajo
como por un tobogán!

lunes, abril 17, 2006

COSMOS (Los Días y sus Dones, 1980 - 2001)

Cosmos
Solemos aceptar el supuesto de que el universo es cosmos y no caos, pero si partimos de lo evidente, de lo dado a los sentidos, no se puede asegurar una cosa ni la otra, pues las regularidades que advertimos en el universo, los ciclos y los ritmos, no demuestran que exista un orden ni que la materia esté transida por un principio inteligible, ya que podríamos estar, simple y llanamente, ante las pulsaciones de lo Informe.
***
¿Por qué no imaginar el Big-bang como una implosión, un espacio sumergiéndose dentro de sí mismo? Si pudiéramos verlo desde "fuera", nuestro Universo estaría en reposo.
***
Imagen alternativa al Big-bang: la energía-materia espacio-tiempo se "desplomó" en todas partes simultáneamente, una dimensión "cayó" sobre otra, otro Universo dio origen a este.
***
El Universo siempre está haciéndose. No es que todo fue hecho ya y hay algo acabado y perfecto "allá afuera"; es que todo está en proceso de creación y transformación, y la decrepitud y la muerte hacen parte de lo que nos rodea, tanto como de nosotros mismos.
***
Cuando miro el cielo estrellado, mis pensamientos resuenan más alto; escucho las conversaciones a mi alrededor como ecos distantes y la soledad es grande y concreta, pero no hiere.

miércoles, abril 05, 2006

Un sueño

Me encuentro en una encrucijada de caminos en la que todos los rótulos y leyendas han sido destruidos o borrados. En vano trato de leer o descifrar las palabras escritas en los muros. Sin embargo no estoy angustiado ni extraviado; ni siquiera diría que espero algo. De hecho, me siento tranquilo y orientado. Simplemente estoy ahí, mientras del camino enfrente de mi emergen con monótona regularidad autos conducidos por hombres vestidos de gala, como si se dirigieran a una graduación. Todos van en la misma dirección.

De pronto, en sentido opuesto, viene un carro manejado por una joven mujer. Ella detiene su auto frente a mi. Nos reconocemos con alegría y nos saludamos.

Sin bajarse del carro, ella me entrega un libro cuyo título es: “La puerta que llama”, escrito por una mujer egipcia. Una nota en francés, tal vez manuscrita, en la primera página: ¡Avec beacoup de surprises!

domingo, abril 02, 2006

CRISTIANISMO (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

CRISTIANISMO
Dentro del cristianismo no hay salvación posible: Cristo vino al mundo para redimirnos, pero somos culpables de matarlo.
***
Oposición entre los “misterios” y la “revelación”. En ambos casos el mundo es Obra y Palabra, pero en los misterios su significado es inaccesible, mientras en la segunda se asume que su sentido ha sido descifrado. Aún así, una religión “revelada” como el cristianismo incluye “misterios” en su dogma.
***
Bastaron pocos siglos para que los seguidores de aquél que dijo “Mi paz os dejo, mi paz os doy”, lo convirtieran en verdugo y asesino. Ahora, tras dos mil años de historia, ¿cómo separar la figura de Cristo de la lista interminable de matanzas que en su nombre se han cometido?
***
Aun aceptando la idea –discutible–, de que la figura de Cristo resul­tara atractiva para algunos pueblos antiguos de América, la invasión y colonización del continente es una prueba patética de que "un dios mejor no hace mejores a los hombres". Es fácil imaginar el desconcierto que debió producir entre los antiguos americanos la contradicción entre la fe y las obras, la religión y la conducta de los invasores.

viernes, marzo 17, 2006

CINE (Los Días y sus Dones, 1980-2001)

CINE
La imagen audiovisual tiene tres componentes: visual, auditivo y temporal.
***
El vínculo entre el director y el actor es de carácter pasional, y se resume de la siguiente manera: “¡Cree en mí como yo creo en vos…!”
***
El desafío del cine consiste, no en filmar las cosas, sino el significado de las cosas. Por ello siempre está implícito el problema del sujeto: las cosas sólo significan algo para alguien. Ahora bien, los mismos actos y las mismas cosas tienen significados diferentes para las personas. Relatar una historia consiste entonces en mostrar cómo una persona dá significado a los acontecimientos de la trama, y en revelar la interacción mutuamente, dialécticamente formativa entre sucesos y personajes. El personaje da significado a los hechos y estos resignifican el personaje.
***
En el cine, como en el teatro, no se trata tanto de 'contar una historia' como de poner en escena los sentimientos y las pasiones humanas. Así, la historia es el marco en el que estas pasiones tienen lugar.
***
De todas las artes, ninguna, creo, como el cine, para revelar en su profundidad y sus contradicciones el corazón humano. El poder de una mirada, de un parpadeo, de un pequeño movimiento involuntario, pueden ser devastadores, y sólo el cine es capaz de mostrarlos en toda su belleza y crueldad.

domingo, marzo 05, 2006

BÚSQUEDAS (Los días y sus dones, 1980-2001)

BUSQUEDAS
Miro a algunos amigos que roen una idea durante años, le explotan todas sus aristas, las hacen polvo y las vuelven a armar. Yo "paso sobre las ideas", sigo de largo, ¿en busca de qué?
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Si no sé a dónde voy, ¿qué necesito?
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Sigo buscando mi nombre.
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Busco el lado amable de las piedras.
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¿Qué busco en mis viejos papeles?
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Lo único que sabemos son las preguntas.
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Si somos capaces de las preguntas, estamos a la altura de las respuestas.
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Perderse y reencontrarse, desdibujarse y recomponerse, sustento de todo crecimiento personal: tener el valor de abandonar el trillo y meterse en la espesura, intentar atajos, vías alternas, enfrentando trampas, suampos y caídas. Después, desandar tus pasos, colec­cionar tus huesos y decirte: "aquí cayó, aquí lo recupero"; "en esta esquina dejó el pellejo", y con la misma extrañeza que una serpiente su vieja piel, mirarse cara-a-cara, reconocerse ahí.
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Perseguimos nuestros sueños con obstinación y tenacidad, pero al final apenas vemos sus contornos dibujados, como una tela lanzada sobre un cuerpo.
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A veces siento que detrás, como sustento y soporte de “la realidad”, existe algo que no puedo nombrar ni discernir: cuanto miro es una cara de eso, y todas me hablan de lo mismo. Lo dicen pero también lo callan, lo transparentan y disfrazan: Eso es todo pero nada es eso.
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¿Y qué somos, entonces, sino cinco dedos de agua tratando de atrapar el viento?

jueves, marzo 02, 2006

Coherencia e integridad

Leyendo los Salmos, no recuerdo cuál, salta a mi vista la palabra “integridad” (por cierto referida a los pobres). Por contraste, pienso también en la palabra “coherencia”, tan en boga, tan querida para muchos intelectuales de mi generación.

La proximidad y, a la vez, distancia entre estos dos conceptos, me fascina y sobrecoge...

Cuando hablamos de coherencia nos referimos a la lealtad, a la congruencia con ciertos principios externos a nosotros: hablamos de ser coherentes con nuestras ideas, con nuestros principios, con nuestras creencias; se trata, en cierta forma, de mantener un trazo reconocible, identificable, legible para los demás...

Cuando hablamos de integridad, se trata más bien de la congruencia con nuestros impulsos y necesidades más profundos, aquellos que muchas veces resultan incomprensibles incluso para nosotros mismos... Aquí el referente es interno, somos nosotros, no algo exterior...

La integridad nos permite ser contradictorios y cambiantes; no así la coherencia... Y, hasta donde entiendo el baile, la única forma de desarrollarnos, de crecer, de integrar cada vez más mundo en nosotros, es asumir la contradicción, superándola. “Los opuestos desaparecen desde el momento en que los consideramos desde un plano diferente a aquél en que la oposición tiene lugar”, leí alguna vez, no recuerdo dónde...

Con todo y sus contradicciones, rupturas y desgarramientos, aspiro a la integridad; la coherencia se la dejo a los propagandistas y a los popes.