jueves, noviembre 08, 2012

SILENCIO, VERANO, ATARDECER


Todo enmudeció  en ese instante:

Las preguntas
Mi dolor
El rechazo
Las caminatas nocturnas por la ciudad en pie
La búsqueda ansiosa de un rostro que me reconociera
Los vinos vividos
Mi irredento amor por Lavapiés
Las noches devotas en la Filmoteca
El ardiente deseo de entender

Todo enmudeció

Todo quedó en silencio  
bajo la luz dorada del atardecer

el alado potro en que la Gracia
se paseaba por el parque

al fin del verano

miércoles, noviembre 07, 2012

INDIGNADOS


Herido de muerte declina el día

Más él despierta acariciado por la luz 
del sol hecho añicos 
y por los gritos de la multitud 
en su ventana

La ciudad es una  enorme 
hoguera  
en el centro de la Plaza  del  Sol

¿Será esta llamarada
otro estéril fuego fatuo
bajo la noche indiferente?

Quizás se extinga
la hoguera en la plaza


Más no la ira en su corazón

(Aunque llueva fuego)


jueves, octubre 11, 2012

EN LA OSCURANA


- 1 -


          Cada vez que baje a la ciudad, Sylvia aprovechará para visitar a Daniel Forester y compartir con él una taza de café o una botella de vino, según corresponda, y, en cualquier caso, una buena conversación. De no encontrar a Daniel timbrará donde su hermano, pero Tadeo no siempre le abre: a veces por estar en compañía de una mujer –sospecha ella–, otras, quizás, tan solo porque no le da la gana. En cualquier caso, las conversaciones con Tadeo suelen ser más breves y tienen lugar en el recibidor de la vieja casona de los Forester, dividida tras las muerte de los padres en dos apartamentos amplios, de techos altos y paredes de madera cuya pintura se resquebraja a vista y paciencia de sus moradores.
         Otras veces Sylvia visitará a Mirta Abreu o a Nazira, pero necesitará de mucha suerte para hallarlas en casa sin haber concertado cita con ellas. En cualquier caso, evitará  regresar a su apartamento en San Antonio de Escazú sin haber sacado el máximo provecho del viaje a San José: si no encontró a nadie, se detendrá en alguno de los cafés que proliferaron en la ciudad en los últimos años, donde tomará un capuchino o un mocca y mordisqueará, culposa, un par de chocolates amargos rellenos con mermelada de naranjas, o bien hará escala en un supermercado donde se paseará por los pasillos, paralizada por la duda entre dejarse seducir por los productos importados cada vez más abundantes, y cierto recato, cierta moderación heredada de sus valores de clase media.
         A sus treinta y tres años cumplidos, sin hijos ni mayores compromisos, y con la seguridad de recibir cada fin de mes un número variable de cheques por sus colaboraciones en la revista Semana, Sylvia Morán  siente que disfruta de una serie de privilegios inmerecidos respecto de los cuales no sabe muy bien cómo conducirse: rechazarlos o aprovecharse de ellos, denunciarlos o sacarles partido... La estabilidad laboral, su creciente prestigio en el medio periodístico, el apartamento, el carro, la colocan en una posición en la que no termina de sentirse cómoda, como si, de un lado, todo lo que ha hecho la condujera inexorablemente allá, pero del otro, ese sitio, esa posición, ese prestigio, representaran aquello de lo que siempre ha huido, aunque no sepa bien porqué.
         Rara vez aprovechará el viaje para ir donde su madre. Estas visitas están rigurosamente programadas y Sylvia se cuida de anotarlas en su agenda para no olvidarlas, como le ha ocurrido ya en alguna ocasión, alimentando los resentimientos de doña Ileana, que advierte los esfuerzos que la mayor de sus hijas debe hacer para visitarla. Sylvia determinó hace algunos años que dos visitas mensuales son lo máximo que puede tolerar, de modo que al inicio de cada mes estudia su agenda y ubica, de acuerdo con su disponibilidad, las fechas en que realizará esa tarea. Un par de días antes, telefonea a su madre para preguntarle si estará disponible, aunque sepa de antemano que ella rara vez tiene algo que hacer. (De vez en cuándo recibe amigas en su casa, pero la diabetes y la presión alta –y sobre todo, el no tener carro ni haber aprendido nunca a manejar–, la limitan si la reunión se realiza en otro sitio.)
         Desde muy joven, incluso antes de comprar su primer carro, Sylvia comprendió que, de no tomar distancia física, terminaría oficiando de chofer de su madre, de modo que apenas tuvo ocasión de alquilar apartamento, lo buscó lo más lejos posible de la casa familiar en Barrio Escalante. Centró su búsqueda en los cerros de Escazú, que desde niña miró con avidez, como una promesa muda de que otros mundos existían muy cerca del suyo. Aunque la casa familiar goza de una hermosa vista al Volcán Irazú,  Sylvia lanzaba esquivas miradas hacia aquellos cerros, cuya cercanía y apariencia de inexpugnables, la fascinaron siempre. Después, durante su adolescencia, si alguno de sus compañeros  birlaba o conseguía prestado el carro de su padre y peregrinaban en grupo por la ciudad, ella se las arreglaba para lograr que, tras abandonar la última fiesta, el paseo final con el coche repleto de chicos y cervezas, se realizara por la intrincada red de caminos que se hunden en los cerros.
         Su apartamento, de dos plantas, está en el extremo exterior de una calle privada, en el fondo de la cual se alza la casa de los propietarios, dos viejos de origen alemán, amantes de las orquídeas y de la música clásica, con quienes Sylvia ha terminado por establecer una relación en la que se mezclan la amistad, los sentimientos filiales y la solidaridad de vecinos -sin excluir, desde luego, el estricto inquilinato-. Al principio Sylvia intentó resistir los afanes maternales de doña Inge, temiendo que una relación demasiado estrecha amenazaría su privacidad y terminaría por replicar el tipo de vínculo del que ella huía. Pero nada de esto ocurrió. Los Severs hacen gala de una discreción extrema, y ni siquiera en las épocas de confusión sentimental de Sylvia, cuando sale con dos y tres tipos a la vez, se permiten una pregunta capciosa ni un comentario irónico. Sylvia admira la suave solicitud de Inge, aquella forma de hacer sentir su presencia sin imponerla, tan solo para que Sylvia sepa que puede contar con ella, si llega a necesitarla. En ese aspecto, como en casi todos, le resulta imposible pensar en dos personas más diferentes que Inge y su madre, pues aún con la distancia física de por medio, doña Ileana no renuncia a inmiscuirse en sus asuntos ofreciéndole ayuda en aquellas cosas en que considera que Sylvia podría necesitarla.
         Desde el segundo piso, donde se encuentran su dormitorio y la habitación dispuesta como estudio, el apartamento de Sylvia tiene una hermosa vista sobre el valle. Sylvia terminó por habituarse a la visión de la ciudad tendida a sus pies, ya sea en su imagen diurna, como un confuso hormigueo del que esporádicamente se desprenden reflejos como relámpagos, o como una parpadeante alfombra luminosa, por las noches. En cambio, cada vez que se da de bruces con las crestas azuladas de las montañas de Heredia y del volcán Poás, en el costado opuesto del Valle, la gana un sobresalto, pues la solidez y materialidad de las montañas la hacen consciente de su propia realidad, instalándola en el momento presente. Hasta su apartamento se eleva el rumor de la ciudad, un zumbido grave como la circulación sanguínea de un enorme animal tumbado boca arriba.
         La acción  de deslizarse calle abajo a lo largo de varios kilómetros hasta llegar a San José, le produce a Sylvia un extraño placer y una vaga aprehensión, como si el mundo de violencia, impunidad, corrupción, injusticia y mentira con el que lidia a diario –“los periodistas somos zopilotes que nos alimentamos de carroña”, suele decir don Meco con su voz cavernosa, retirando momentáneamente el cigarro de su boca con sus dedos amarillentos de fumador por más de cincuenta años–, como si ese mundo estuviera física y simbólicamente separado  de este en el que vive ella, y  pasar de uno al otro requiriera de ese extenso recorrido descendente.
         Desde luego no es así, como lo demuestran las dos ocasiones en que se han metido a robar en su apartamento, los condominios cada vez más fortificados que se construyen en las faldas de la montaña, los testimonios de los campesinos que aún viven en la zona sobre el descuartizamiento de sus reses en los potreros, y las verjas, vigilantes privados y alarmas, omnipresentes en su vecindad y a lo largo de todo el recorrido.  

viernes, octubre 05, 2012


solo lo que amamos nos pertenece
no lo poseemos pero
es nuestro
acaso el amor sea eso
(¿qué podría decir yo del amor?)
abismarnos
expandernos
perdernos en lo otro  sin perdernos
reconocernos en lo ajeno
como propio

el amor conquista
y deja todo intacto

solo nosotros cambiamos   

domingo, septiembre 16, 2012

Para conocer
las entrañas

de la Tierra

hay que subir
a la montaña

lo profundo irrumpe

y se eleva




lunes, septiembre 10, 2012

ANGUSTIA


Esas montañas
donde la oscuridad avanza disolviendo
las certezas
llevan mi nombre
sin saberlo

el leopardo de la noche acecha el valle
tembloroso de terror y de impotencia

perder pie

vaciarse por dentro hasta
adquirir ese aspecto
fantasmal

miércoles, septiembre 05, 2012

GUADARRAMA

Hacía muchos meses anhelaba caminar por las montañas que rodean Madrid, tantas veces contempladas a lo lejos. (¡El mismo llamado que a menudo siento en  Costa Rica, especialmente de los Cerros de Escazú...!) El domingo pasado, ¡por fin!, caminata solitaria por el Parque Regional de la Cuenca Alta del Río Manzanares. Caminata intuitiva, sin mapa ni guía, dejándome llevar tan solo por la visión de las montañas a lo lejos, anhelando ardientemente pisar esas peñas rocosas.
Al principio nada parecía ir bien: los caminos confusos, la entrada dificultosa, los accesos bloqueados....
Luego, poco a poco, venciendo obstáculos, dar con el sendero, encontrar mi camino...
Deliciosa sensación de pérdida, de extravío. Deleite de ignorar dónde se está.
Administrar el agua y las energías; mantenerse fiel al llamado de las rocas...
Por fin las piedras, los líquenes secos al final del verano. Los colores rosas, ocres, amarillos pálidos... Una conjunción extraña, inconcebible salvo ante la evidencia, de dureza y suavidad; de fuerza milenaria y sutileza...
Anidar, encontrar refugio durante algunas horas: el silencio, la alta soledad... Avidez, deleite...
Encuentro en la fotografía otra forma de jugar con las cosas.




viernes, agosto 31, 2012

LUNA LLENA


Por ningún motivo aceptaré
que me avergüencen:
no hay culpa ni pecado en sucumbir
una vez y otra vez
a la belleza femenina
Que nadie ponga en entredicho
la legitimidad de mi deseo de lamer
como animal
la delicada piel de esa muchacha
de esa mujer
y de ser posible hundirme en ella
hasta la médula
No hay dominio ni opresión ahí
Tan solo comunión y goce
No vengan pontífices ni sacerdotisas hueras
a mancillar mi deseo
ni la pureza de mi falo erecto

lunes, agosto 20, 2012

LA VECINA

      - 1 -

Ella no sabe de mí pero en cambio yo
sé algo de ella:
                        Su bella voz
que es infeliz
y que es colombiana

Todo me lo dice en secreto
la indiscreta ventana
que da a su habitación

¿Hacía cuánto no escuchaba a alguien
llorar de esa manera

sin asomo de autocompasión?

Después la escuché también
gritarle a su hombre:

“¡Eres un parásito; un parásito es lo que eres!”

Él no respondió


   - 2 -

parásito o no
la mete o se lo chupa
bien

pues anoche ella
gemía
oh
se quejaba de placer

ay
tan cerca y tan lejos


   - 3 -

por la madrugada
la escuché
sacar sus cosas

no lloraba

            discutían

ahora

el parásito habla a solas
silba a veces

y finge que nada ocurrió

su frialdad atroz



   - 4 -

Nunca me crucé con ella

ni siquiera en la escalera
como anhelé

jamás vi su rostro
pero me queda su voz







miércoles, agosto 01, 2012

LA FOTO



Hay ocasiones así. Había ido a caminar a ese parque donde jamás había estado; después de pasearme un  rato, decidí sentarme a hacer un poco de yoga y respirar. Eso sí, elegí bien el lugar o, mejor dicho, me dejé llevar por mis impulsos e instintos hasta que encontré ese sitio junto al estanque que me procuraba cierta paz y sensación de intimidad. Nada más. Cuando concluí el yoga, caía el sol rasante exactamente a mis espaldas y mi sombra se proyectaba contra la vegetación. No me moví ni un milímetro de donde estaba. Curiosamente, había llevado cámara fotográfica, quizás porque nunca había estado en ese parque. Lo cierto es que la cámara, junto con los anteojos y los zapatos, estaba a mi lado; fue solo cuestión de tomarla en mis manos y disparar...

El resultado, para mí, no solo es bello, sino también conmovedor e inquietante por su simbolismo, por la luminosidad, por su obvia resonancia icónica con la tradición .budista, y también por mi momento personal...


lunes, julio 02, 2012

BANDERAS





España acaba de golear a Italia en la final de la Eurocopa 2012 y, como decenas de miles, salgo a la calle y me dirijo a la Cibeles. Como casi todo el “planeta fútbol”,  yo también me rindo ante el juego sorprendente, preciso y orquestado del equipo español, pero a diferencia de casi todos los que están acá, no vengo a celebrar sino a ser testigo de la celebración.
A pesar de que ya estamos en julio, la noche es fresca; la hermosa luna creciente se enseñorea sobre la plaza y el Paseo de la Castellana. Ni siquiera el calor de la multitud ahuyenta por completo el frescor de la brisilla que se cuela entre la marejada humana. Sin embargo, los chicos y las chicas visten pantalonetas, shorts, camisetas del equipo español, y no faltan los (que no las, desafortunadamente) que van a torso desnudo. Aquí y allá se ven disfraces originales –pelucas, anteojos gigantes-, suenan bombos y se corean cánticos. Por momentos, los chicos saltan abrazándose y desplazándose hacia los costados como en una fiesta de ska.  Se impone la juventud; esa misma juventud que no encuentra trabajo a pesar de ser la generación mejor preparada de la historia española.
La cerveza corre a raudales; un ejército silencioso de chinos y  paquistaníes circulan presurosos ofreciéndola a quienes festejan. A veces ni siquiera hablan español; para venderla cargan un muestrario de los productos que ofrecen –cerveza, agua, refrescos-, para que el cliente señale lo que desea. (En este instante caigo en la cuenta de que en esta ocasión había solamente a hombres ofreciendo los productos; un día normal, en las calles y plazoletas de la ciudad, son indistintamente mujeres y hombres…)
Alegra y conmueve mirar, entre quienes festejan, a una nueva generación de españoles hijos de latinoamericanos y de africanos subsaharianos. Es verdad que a diferencia de lo que ocurre en Francia, donde la migración es muy anterior,  todavía resultan un poco “atípicos” entre la multitud española; es verdad que en sus gestos, en su forma de festejar, adivino (¿imagino?, ¿proyecto?) un sentimiento particular, esa extraña contradicción de ser y no ser al mismo tiempo, de formar y no formar parte de aquello, pero tienen su lugar ahí y nadie cuestiona su derecho a celebrar con los demás.
He visto el partido en casa de mi amigo Miguel, con su familia y dos familias más, esposas e hijos e hijas de algo más de 10 años. Conforme llegaron los goles y disminuyó la tensión, la conversación en la sala se animó. Tanto Miguel como sus amigos fueron reticentes a pintarrajearse la cara con los colores de la bandera, y más aún a levantar y agitar banderas. Para ellos, criados en la época del franquismo, cualquier gesto nacionalista adquiere abominables visos filo franquistas. Sus hijos e hijas, en cambio, no tienen reparo alguno en pintarrajearse y salir a la calle envueltos en la bandera española.
Los adultos comentan que sus hijos -dichosos ellos-, están habituados a los triunfos de la selección española, hasta el punto de que deben resultarles algo natural. Todo lo contrario de lo que les ocurrió a ellos, habituados a no ganar nunca y en capacidad por tanto de aquilatar lo extraordinario de lo que está ocurriendo. Me permito un aporte de talante pesimista: en adelante, lo que le quedará a los chicos será la nostalgia, la añoranza, pues es obvio que lo que lo que ha ocurrido, lo que está ocurriendo, lo que ocurre con este equipo español, es extraordinario y no se repetirá fácilmente…
“¡España / entera / se va / de borrachera!”, gritan a voz en cuello a mi alrededor.  Lo increíble es que utilizan la misma tonadilla del sempiterno “¡El pueblo / unido/ jamás / será vencido!”  Definitivamente el nuestro es un mundo extraño.  Apenas ayer se celebró “el día del orgullo Gay” y España entera –o buena parte de ella, gay o no-, se emborrachó a rabiar. Hoy de nuevo las calles están abarrotadas, latas y botellas vacías ruedan por las calles; nadie que vea esto creería que España está en la más profunda crisis económica desde la Guerra Civil.
En los meses que llevo aquí, he podido constatar como aumenta el número de gente que duerme y vive en las calles. Mirando sus rostros, es fácil adivinar que para muchos es la primera vez que se encuentran en esa situación. No se trata de multitudes; nada que ver con las imágenes de “Las uvas de la ira”, la película de John Ford. No en vano, tras la crisis de los años 30 que retratara Steinbeck en su novela, el mundo industrializado y rico inventó el Estado Social de Bienestar. Eso todavía funciona aquí y es lo que impide que hoy veamos imágenes como aquellas y veamos en cambio esta multitud de jóvenes que festeja entre gritos, cantos y cervezas.
A diferencia del cántico báquico, la mayoría de las consignas son, en efecto, expresiones puras de reafirmación del orgullo nacionalista: “Español, español, soy español”, y cosas parecidas. “¡España, coño!”, grita alguien a mi alrededor, y aunque no rima qué bien sueñan las dos eñes arracimadas. Como han dicho otros y lo han dicho mejor, la selección española de fútbol es uno de los pocos temas en donde catalanes y vascos deponen, al menos transitoriamente, sus reivindicaciones nacionalistas y se encuentran con andaluces, extremeños, castellanos y demás…
Dos jóvenes y frondosas muchachas se acercan y me piden que les saque una fotografía. Juntan sus rostros hasta tocarse las mejillas, sonríen hasta derretirme. Trato de concentrarme en lo que me solicitan y pregunto: “¿Qué quieren como fondo? ¿El edificio, la fuente?” Separan sus rostros apenas un momento, miran a su alrededor y la que me dio la cámara responde, como si fuera una obviedad: “Banderas, banderas, banderas…”

jueves, junio 21, 2012

LA TORRE DE BABEL

Como sabemos, los mitos son relatos en clave; su efectividad radica en sus imágenes, que por su tenaz simplicidad interpelan nociones básicas de la conciencia humana y se vuelven capaces de surcar las agitadas aguas del Tiempo, venciendo la obsolescencia de las palabras y pasando de una generación a la siguiente. 
Durante muchos años la imagen de la Torre de Babel me resultó oscura; más aún en sus interpretaciones habituales, referidas a la soberbia, la ambición pecaminosa de competir con Dios y alcanzar el cielo y otras cosas parecidas. De ninguna forma lograba relacionar la imagen de la Torre con la proliferación de lenguas, hasta que hace poco sobrevino la comprensión.
El truco de la imagen está en trasponer los planos horizontal y vertical: el movimiento expansivo, el progresivo despliegue de los pueblos en el espacio y en el tiempo se vuelve entonces transparente, y revela, con absoluta precisión, la forma como las lenguas se diversificaron hasta tornarse incomprensibles entre sí.
En otras palabras: en lugar de una  construcción vertical, debemos entender la imagen de la Torre como el despliegue o la expansión progresiva de los pueblos en el espacio geográfico y, por supuesto, en el tiempo... La ventaja de la torre es que nos permite aprehender la lógica inherente a ese proceso en una sola imagen visual. Considerada de esa forma, la Torre de Babel encierra una lección básica, pero incontestable, de lingüística histórica.



miércoles, mayo 16, 2012

CON ADONIS EN RABAT

Mi ignorancia es tan enorme que desconocía todo sobre el gran poeta sirio libanés Eli Esber, mejor conocido por su seudónimo Adonis. No obstante, tuve la suerte de coincidir con él en Rabat, en el marco de la Semana de las Letras en Español organizada por el Instituto Cervantes. Tuve también la suerte de que Clara Janés me sacara un poquito de mi ignorancia haciéndome ver la gran oportunidad que representaba escucharlo, y prolongué mi estadía en la ciudad con ese propósito. Adonis hizo una lectura de poemas y sostuvo un animado encuentro con el público. El auditorio estaba abarrotado, en gran parte por jóvenes, en gran parte por mujeres, todos ansiosos por escuchar su poesía y sus opiniones sobre los acontecimientos en Siria y en el mundo árabe. Fue fácil comprender los motivos de su bien cimentada reputación.

Federico Arbós  Ayuso y Adonis (Eli Esber) en Rabat

El evento inició con una lectura a dos voces, en la que el poeta estuvo acompañado por el traductor de sus poemas al español, el director del Cervantes en Rabat, Federico Arbós Ayuso, quien leyó en nuestra lengua algunos poemas; lo siguió Adonis, en árabe. La lectura fue breve, pues los asistentes estaban ansiosos por entablar diálogo con el poeta.

Esber respondió generosamente a las inquietudes y preguntas del público sobre los tópicos más variados: desde los puramente poético-literarios, hasta los de la candente actualidad política de su país y del mundo árabe.

Fascinante su explicación de la poesía árabe como una tradición en la que prevalece la exaltación de lo corpóreo y material, en contraposición con buena parte de la poesía europea (y occidental, en sentido amplio), en donde las ideas y la abstracción  a menudo se imponen.

Pero  el auditorio quiso rápidamente escuchar sus opiniones políticas. Escuchándolo, tuve la impresión de entender, por primera vez, la posición trágica de los demócratas del mundo árabe, acorralados entre la voracidad de las corporaciones petroleras y el fundamentalismo religioso de los islamistas. Para un árabe como Esber, orgulloso de la civilización islámica, de sus aportes en las ciencias  y las artes, es -y así lo dijo- ridículo e indignante que buena parte de la discusión política ahí gire alrededor de temas tan banales como si las mujeres pueden o no conducir coches. Con idéntica dureza criticó la hipocresía de Europa y los Estados Unidos, que con el pretexto de defender los derechos humanos, orquestan las más desfachatadas intervenciones militares para proteger sus intereses económicos  y estratégicos, mientras históricamente han aupado a una legión de déspotas, emires y tiranuelos de la más baja estofa, violadores consuetudinarios de esos mismos derechos.




lunes, mayo 14, 2012

ROAD TO KABUL

El  cine Royal, en una de las principales avenidas de Rabat, es un viejo y hermoso edificio de los años cincuenta o sesenta. La sala es enorme, de tres pisos, con unas (calculo) 600 ó 700 butacas. Un cartel me informa que Road to Kabul alcanza ya su tercera semana de proyección; otro me indica que la semana próxima iniciará la exhibición de otra película.

Es sábado, sesión de las tres de la tarde. La sala está bastante llena y el público son hombres y mujeres marroquíes de todas las edades. La sala cuenta con un solo proyector, de modo que, cuando debe cambiarse el rollo de película, la proyección se interrumpe, las luces de la sala se encienden, y los parlantes emiten música árabe contemporánea. La cinta está subtitulada al francés, lo que me permite seguir bastante bien los diálogos. 


- O -


Cuatro  amigos residentes en una gran ciudad marroquí --¿Casablanca, Rabat, Marrakech?-- resuelven emigrar a Europa. No se trata de jóvenes veinteañeros sino de hombres en sus treintas, cuya vida no ha terminado de arrancar. Trabajan precariamente, ninguno ha hecho familia, y su afición y actividad principal es fumar hachís. Esto los coloca bajo la bota y el chantaje permanente de un corrupto policía local. Dada su afición por el hachís, escogen Holanda como destino final. Para emigrar, entran en contacto con un pillo y estafador quien, por una enorme suma de dinero, se compromete a hacerlos llegar a su destino. Les asegura que, para evitar los controles migratorios europeos,  la forma de llegar a Holanda es vía oriente medio, Turkmenistán, etc. Los amigos intentan reunir el dinero pero comprenden que será imposible  hacerlo y deciden que uno solo de ellos sea quien viaje; una vez en Holanda, él se encargará de conseguir y enviarles el dinero para que los demás se le unan. Tras someterlo a la suerte, uno de ellos resulta elegido y emprende viaje. Tras varios meses sin recibir noticias suyas, los amigos  lo descubren por casualidad en la imagen de un telenoticiario originada en Afganistán. El viajero, quien asume que la nota será vista por sus amigos en Marruecos, se dirige a la cámara vocalizando un silencioso pedido de auxilio. 

Sin más, los tres amigos resuelven partir al rescate del amigo extraviado. Lo primero que hacen es buscar al pillo estafador que prometió hacerlo llegar a Holanda, a quien someten y obligan a viajar con ellos. A este grupo se suma la madre del amigo perdido, una mujer mayor que gana buen dinero en oficios adivinatorios y de brujería.

En la frontera entre Afganistan y Turkmenistan el grupo es interceptado por una patrulla militar que los despoja de todas sus pertenencias, incluyendo la ropa. Se salva de la humillación la madre del amigo, ausente en ese momento. Tras robar unos hiyabs a una mujer que los lavaba en el río, los cuatro amigos se visten con ellos. Disfrazados de mujeres, consiguen llegar a un pueblo remoto en Afganistán. Ahí son ayudados por un niño cuyo padre y madre han muerto (en la guerra, se sobre entiende) y a quien el grupo termina adoptando. Ahí también se reencuentran casualmente con la madre del amigo buscado.

Lo primero que hacen los viajeros es comprar ropas masculinas. Uno de ellos es comisionado para ir al pueblo y regresa con unos trajes anaranjados idénticos a los que llevan los prisioneros en Guantánamo. Vestidos así, los cuatro hombres salen a la aldea para proseguir su viaje. Sin embargo, dos soldados norteamericanos los descubren y persiguen. El grupo consigue huir de la pequeña y miserable aldea.

Tras su huída, entran en contacto con una banda de traficantes de armas afganos, a quienes hacen creer que comprarán armamentos. Tras algunas negociaciones, los traficantes adivinan el engaño y tratan de matarlos. Pero los amigos consiguen huir. En su huida, encuentran a un hombre secuestrado por los traficantes, a quien liberan tras algún titubeo. Resulta ser un desertor del ejército  norteamericano -se trata al parecer de un musulmán, ¡llamado John Wayne!-, que se ha enamorado locamente de una bella mujer afgana. A pesar de haber sido salvado por el grupo marroquí (y el niño afgano), John Wayne traiciona a sus libertadores y huye en el precario  vehículo que ellos, a su vez, habían robado para huir.

El grupo debe adentrarse en las montañas a pie. Tras sortear un campo minado, son capturados por una patrulla del ejército norteamericano y llevados a una base militar de ese país. Ahí son torturados para que confiesen su vinculación con los terroristas, incluso la vieja señora. Los militares norteamericcanos resuelven trasladar a los prisioneros a Guantánamo. (Las secuencias de la tortura hacen referencia explícita a las fotografías de la prisión de Abu Ghraib que todos conocimos.) La noche antes del traslado, el jefe militar de la base llega a fumar hachis con ellos. Aprovechando un descuido de los celadores, el grupo consigue escapar.

De nuevo en la huida, el grupo llega a un sitio donde se alzan unas gigantescas estatuas de piedra, parcialmente destruidas. Justo cuando ellos las admiran y se preguntan quién podría haberlas destruido, las esculturas terminan de volar en pedazos alcanzadas por misiles. Pronto, el grupo de viajeros se ve rodeado por el grupo de talibanes que disparó los misiles. Los capturan y, tras un juicio absurdo en el curso del cual les leen la ley del país (constituida por tres únicos artículos, en el primero de los cuales ya son declarados culpables, mientras que en el tercero les piden perdón en el caso de haberse equivocado y ser inocentes), los viajeros son, efectivamente, condenados a morir a la mañana siguiente, acusados de colaborar con los invasores norteamericanos. En vano, ruegan clemencia argumentando que son devotos del mismo Profeta y de la misma fe.

Justo cuando la sentencia va a ejecutarse, una orden externa conmuta la pena. Un emisario los lleva ante quien ha resuelto salvarlos en el último momento y es... ¡el amigo perdido! No tiene relación directa con los talibanes sino que se ha convertido en un experto catador de hachís. En esa condición, ha intercedido por ellos y conseguido su liberación. Reencuentro feliz de los amigos, y de la madre con su hijo. Fin.

Colofón: carteles en la pantalla nos informan de la suerte de los personajes tras su regreso a Marruecos. No recuerdo bien la de todos, salvo la de aquel que  fue a Afganistán. De él, se nos dice que decidió regresar a ese país, para continuar ejerciendo su oficio de catador de hachís. Se nos dice también que su madre volvió a ir a Afganistán en su búsqueda.

- 0 -

Cuando termina la proyección y abandono la sala, hay una fila considerable de gente esperando para hacer su ingreso a la siguiente sesión.

En el tratamiento que el director ha dado a esta rocambolesca trama,  predominan los acentos picarescos. No obstante, la película bascula entre este tono y el filme de aventuras. Las escenas en que los hombres deben vestirse de mujeres hacen las delicias del público (especialmente de las chicas, me parece).  Durante las escenas de tortura que evocan las  imágenes de Abu Ghraib, la sala se mantiene en absoluto silencio y advierto (o imagino) la tensión entre los espectadores. No ocurre lo mismo cuando los protagonistas son sentenciados a muerte por los talibanes. El código de la ley bajo el cual son juzgados los personajes, suscita la ruidosa carcajada de algunos espectadores (yo entre ellos).

Interpreto que, a los ojos de los personajes (y espectadores) marroquíes, Afganistán resulta una tierra remota, pobrísima y, en algún sentido, ajena y semi-bárbara. En su aventura afgana el grupo se encontrará con diversos connacionales, incluyendo el abogado que debe "defenderlos" en el juicio al que son sometidos por los talibanes, quien, tras leerles la "ley" constituida por los tres artículos que mencioné, les pide dulce y amablemente firmar su confesión, sin darles otra alternativa.

La producción es relativamente pobre, aunque los responsables se han esforzado para que las escenas de persecuciones, explosiones y tiroteos (hay bastantes) alcancen cierto realismo. En una escena, aparecen dos o tres helicópteros. Los soldados y oficiales norteamericanos son, en algunos casos, interpretados por personas de fenotipo sajón; en otros (presumo) por marroquíes que hablan inglés. Los norteamericanos que interpretan a los oficiales tienen, casi todos, rostros y expresiones muy lejanos de los de un militar, más parecidos a los de alcohólicos, vagabundos o ex-hippies estacionados en Marruecos. En cierta escena, los uniformes de los oficiales fueron reemplazados por uniformes de pilotos aviación civil.

La historia tiene vacíos y elipsis difíciles de encajar, como la que hace pasar a los personajes de la ciudad marroquí donde viven, a la frontera entre Afganistán y Turkmenistán, o los mágicos reencuentros con la madre del amigo perdido cada vez que el grupo se disgrega. No obstante, los espectadores parecen asimilarlo todo sin protestar.

Comparto el enlace al trailer de la película: http://www.youtube.com/watch?v=0BFlqo0zKIw De paso, apunto que el trailer sugiere de manera equívoca que se trata de una película de acción, omitiendo la dimensión picaresca y cómica del tratamiento. El cartel publicitario en el cine, por el contrario, enfatiza este último aspecto, pues muestra a cuatro hombres en calzoncillos y camisetas en una carretera en medio de un desolado paisaje montañoso que asociamos fácilmente con Afganistán.








jueves, mayo 10, 2012

ESCRITOR Y CIUDADANO

Anoche tuve la dicha de participar en la mesa redonda que, con este título, organizó el Instituto Cervantes en Rabat, Marruecos, en el marco de la I Semana de las Letras en Español. Me correspondió compartir la mesa con Clara Janés (España), Jorge Volpi (México) y Ricardo Sumalabia (Perú). Doble dicha. Y triple todavía, pues el moderador fue mi buen amigo, el poeta mexicano Jorge Valdéz Díaz-Vélez, quien en su errancia diplomática recala ahora por estos rumbos.



Me parece que hace 30 años o más, el título de nuestra mesa redonda habría sido “Literatura y revolución”. El que hoy se titule “Escritor y ciudadano”, es revelador del signo de los tiempos y del giro que dio el debate político desde entonces.

Pero no se me malinterprete: de ninguna forma estoy expresando algún tipo de nostalgia por la utopía revolucionaria, ni, menos aún, por el tono del debate político que prevalecía antes del derrumbe del mundo soviético.

Todo lo que quiero poner de manifiesto, es la semejanza entre el tema de nuestra conversación, y aquel otro debate que décadas atrás hizo correr ríos de tinta, y acerca del cual todo escritor (o aspirante a serlo), debía pronunciarse y tomar partido.

Un resumen apretado de las posiciones en dicho debate, sería el siguiente: (1) El hecho literario debe ponerse al servicio de la causa revolucionaria. (2) Salvaguaradando la autonomía estética del hecho literario, el escritor tiene responsabilidades políticas y debe poner su voz al servicio de la causa revolucionaria. (3) La revolución me importa un pito y usted, señor, haga el favor de dejarme en paz.

Creo que, sin forzar demasiado las cosas, cabe hablar de las mismas posiciones en relación con la conciencia y el compromiso ciudadanos como fundamento de la convivencia democrática.

En otras palabras: existen los escritores que conciben y crean su obra literaria en función de fortalecer esa conciencia y debatir en torno a los problemas de la convivencia democrática; los escritores (o escritoras) que no necesariamente escriben sobre los problemas políticos y la vida democrática de su país o de otros países, pero en cambio no dudan en participar activamente en el debate ciudadano y político, valiéndose de la visibilidad social y el prestigio que les confiere su calidad de “escritores” e “intelectuales”, y por último, aquellos escritores y escritoras a quienes el debate político y ciudadano no les interesa y, en consecuencia, no participan de él.

Confieso que, cuando recibí la invitación del Instituto Cervantes y comencé a reflexionar sobre el tema, mi primera impresión fue que yo pertenecía al tercer tipo de escritor, pero conforme ahondé en mi reflexión, consideré que pertenecía a la segunda categoría, para concluir finalmente, no sin sorpresa, que tal vez pertenezco más bien a los escritores del primer tipo.

Me explico:

Desde que comencé a escribir y publicar libros, hace más de veinticinco años, lo he hecho obedeciendo a necesidades e impulsos de carácter emocional, íntimo e inclusive psicológico, en una búsqueda pasional cuyo fin último es la comunicación con esa entidad fantasmática que construimos los escritores en nuestra imaginación, a la que llamamos El Lector o La Lectora.

En otras palabras: entre las motivaciones que me han impulsado a escribir mis libros, no figura, no ha figurado, la búsquda deliberada de fortalecer la conciencia ciudadana ni de enriquecer el debate político.

Poco después caí en la cuenta de que, no obstante lo anterior, en diversos momentos, durante los últimos años, no he dudado en manifestarme públicamente acerca de los problemas y dilemas que vive mi país. Desde hace muchos años, he escrito regularmente artículos de opinión en la prensa escrita; aunque los temas son variados y por ningún motivo me impongo el comentario de la actualidad política, tampoco he renunciado a hacerlo cuando me sentido inclinado a ello.

En cierta momento especialmente convulso de la vida política de Costa Rica, figuré entre los colaboradores habituales de la sección de un telenoticiario en donde personalidades de las artes, la política e inclusive los deportes, opinábamos acerca de lo que ocurría en el país.

Debo decir, sin embargo, que mis participaciones en el debate político de mi país (si puede llamarse participaciones a mis intervenciones esporádicas en ese sentido, y si puede llamarse debate político a lo que tiene lugar en Costa Rica) no han obedecido a un compromiso ideológico-político definido, ni mucho menos a una militancia partidaria.

Más bien, han sido una respuesta o una toma de posición personales ante eventos de la vida pública. En ese sentido, mi posición se parecería a la de un francotirador enloquecido que hoy dispara a los de un bando, mañana a los del otro, y pasado mañana a los de más allá. En más de una ocasión también he disparado contra los francotiradores como yo, e inclusive contra mí mismo...

En este punto de mi reflexión me pareció que mi posición correspondía, más bien, a la de aquellos escritores cuya obra no se inscribe en el debate político, pero no rehusan participar en él en su condición de ciudadanos.

Sin embargo, recordé enseguida la transformación que, para la concepción de lo político, supuso la irrupción de los feminismos, con la impugnación de los límites entre lo privado y lo público, y la inclusión de lo privado como una esfera más de lo político.

Recordé también algo de mis ya añejos estudios de filosofía, en concreto de la “teoría de la acción comunicativa” de Jürgen Habermas, según la cual toda enunciación verbal queda inscrita, necesaria y fatalmente, dentro de las coordenadas de verdad y falsedad -y por tanto de justicia e injusticia, del bien y del mal-, del sujeto que la enuncia.

Asimismo, vino a mi memoria una frase del escritor japonés Kenzaburo Oé, que siempre me ha parecido esclarecedora de mi propia posición. Dice así: “La segunda tarea más importante de la literatura, es crear mitos. Pero la primera, y más importante, es destruirlos.”

Considerando estas tres últimas perspectivas, a saber: (a) La impugnación de los límites entre lo privado y lo público obrada por el feminismo y otros movimientos políticos propios de la “posmodernidad”; (b) La idea de que nuestras palabras son inevitablemente políticas en tanto se inscriben dentro de una noción de verdad y de falsedad, de justicia e injusticia, y (c ) Que la contestación de creencias y mitos socialmente extendidos debe considerarse también una práctica política..., no me quedó más remedio que admitir que, gran parte de mis libros y de mi trabajo como escritor, responden a motivaciones políticas y aspiran, de alguna forma, a enriquecer la conciencia y el debate ciudadanos.

Aunque los temas de mis libros son variados, y aunque su escritura responde a las motivaciones emocionales y estéticas que mencioné al principio, nacen también de la convicción de que, leyéndolos, el lector o lectora accederá a un recodo, a una perspectiva o a un aspecto de la realidad que ha sido silenciado, escamoteado o negado por la mayoría o por la visión socialmente domininante... Esa realidad negada o silenciada o escamoteada, puede ser del ámbito de lo público o de lo privado (inclusive de lo intrapsíquico), pero ya hemos visto que estas dimensiones deben incluirse dentro de una concepción integral de lo político.

Hay en mis libros un afán impugnador de mitos y creencias, como quería Kenzaburo Oé; hay un deseo de hacer visibles aspectos o dimensiones de la realidad usualmente escamoteados, y, en esa medida, hay un compromiso con la verdad y, en sentido amplio, con la justicia. Desde esta perspectiva, mis libros aspiran a enriquecer la conciencia crítica -o mejor dicho, la conciencia sin adjetivos- de aquellas personas que los lean.

Así considerado nuestro asunto, debo concluir que mi actividad literaria tiene una dimensión política y obedece a un compromiso, digámoslo así, “ciudadano”, aunque quizás preferiría llamarlo, simplemente, “humano”. 


martes, abril 24, 2012

PEREGRINACIONES

En los últimos meses, he asistido en calidad de observador a dos curiosas peregrinaciones. La primera, en el museo Thysen-Bornemiza de Madrid, era una retrospectiva-homenaje al pintor español Antonio López (1936); la segunda, en el Neuer Natinonalgalerie de Berlin, una retrospectiva similar del alemán Gerhard Richter (1932). 
La Gran Vía, de Antonio López


Como es sabido, el arte contemporáneo se convirtió desde hace tiempo en tema de iniciados. Sus claves de interpretación son patrimonio de un cerrado círculo al que pocos logran acceder... Con frecuencia las obras glosan, ironizan, recrean, polemizan, comentan o antogonizan con el trabajo de otros artistas, de modo que para entenderlas es preciso estar familiarizado con una breve pero abigarrada "tradición" cuya característica fundamental es, precisamente, la ruptura constante.

Una obra de Gerhard Richter

No obstante ello, las dos exhibiciones eran auténticos eventos multitudinarios, con largas colas de gente deseosa de pagar un monto nada desdeñable para entrar.

Como sabemos, el consumo frecuente de arte es  distintivo de ciertos círculos sociales; se lo considera una seña de identidad, signo de pertenencia y distinción. Pero la indumentaria, la fisonomía y los gestos de quienes abarrotan esas salas, revelan que ahí ocurre otra cosa, que estamos ante un grupo socialmente diverso.

Observo de nuevo a la multitud que se pasea entre los cuadros; la mayoría ni siquiera consigue disimular su expresión de desconcierto, y comparten comentarios que revelan su estupor, el abismo al parecer insalvable que se abre entre las obras y quienes las miran... La expresión de cierta gente revela un honesto deseo de entender en qué radica, a qué se debe la supuesta genialidad de estos artistas, la belleza o el interés de esos cuadros; otros lucen -más todavía, hacen ostentación- de una mueca burlona, como queriendo poner de manifiesto que ellos son más listos y el artista no ha logrado embaucarlos...

Independientemente de sus (indudables, encomiables) méritos como pintores, ambos artistas han sido ensalzados por la prensa y los medios de comunicación de sus respectivos países como pintores excéntricos, rupturistas y originales, que han logrado éxitos y reconocimiento en el extranjero, y en el cenagoso infierno de los creadores, su leyenda se halla no el cuarto y concurridísimo círculo del ostracismo, sino en el séptimo y más reducido de una relativa popularidad mediática.

Otra obra de Richter

¿Qué es lo que me hace sospechar que el motivo principal de semejante acogida, el multitudinario interés que concitan sus obras, se origina en el éxito internacional -verdadero o ficticio- que estos artistas han obtenido? Algo que no logro precisar me sugiere que el ritual al que asisto tiene un velado sustrato nacionalista, y que muchos de los que han venido, lo hacen como una forma de reconocimiento a uno de los suyos (a uno de los nuestros) que triunfó o ha sido reconocido en el exterior...


...y otra de López...



jueves, abril 19, 2012

El Quijote y el género negro

¿Con qué fantasearía Alonso Quijano si viviese hoy? ¿Cuál sería su delirio? ¿Cuál es el equivalente contemporáneo a la intoxicación de novelas de caballería que sufre el personaje de Cervantes? De vivir hoy,  Alonso Quijano sería sin duda adicto a las teleseries enlatadas donde hallamos un pálido destello de heroísmo... Aquellas en que los héroes son médicos, o bien las otras en que son detectives o policías. El boom de novelas policiales al que asistimos en los últimos años, es desde luego una invitación a parodiar el género, y acaso haya autores que lo han hecho. Personalmente, me gustaría escribir una novela negra en clave paródica cuyo personaje central se llamase Alonso Quijano, un detective adicto a la lectura de El Quijote.

lunes, abril 16, 2012

amplitud de la abstracción

La polaridad figuración/abstracción es apenas una de las claves para acercarse al arte contemporáneo, pero sin duda es insuficiente... Dentro de la abstracción -como dentro de la figuración- existen corrientes y tendencias divergentes e inclusive opuestas... Piénsese, por ejemplo, en el abismo que separa la explosividad emocional de la pintura "gestual" y el expresionismo abstractode un De Kooning, del rigor intelectual y la contención emocional de las obras de Rothko o de Tapies... En el primer caso podríamos hablar de una suerte de disolución del sujeto en lo informe, en lo pulsional; en el segundo, de la tentativa de comunicar conceptos abstractos mediante formas y colores.

domingo, abril 15, 2012

BERLÍN, DOS APUNTES

1) De las grandes capitales europeas, Berlín es quizás la única que carece de una leyenda que la magnifique, poetice y ensalce. Sin duda esto se debe a la guerra, a la destrucción de la guerra, pues hasta nosotros llegan todavía los remotos ecos del Berlín de los años 30 del siglo pasado... Más entre aquella ciudad y la de nuestra época se abre un abismo de fuego. Una de las cosas interesantes de Berlín hoy, es precisamente que se encuentra en el trance de reinventar (o reconstruir) su propia leyenda... 

2) Sobre el antiguo Berlín --por momentos reconocible en el trazado insensato de callejuelas impredecibles, caóticas-- hubo de levantarse una ciudad uniformemente moderna. Esto produce en el visitante un efecto extraño, pues de alguna forma percibimos la discordancia entre en el trazado urbano y los edificios que lo pueblan.

lunes, abril 09, 2012

SECRETOS INÚTILES


(Reseña del libro "Secretos inútiles", de Mirko Lauer. Editorial Periférica, 2011)

En poco más de cien páginas, Mirko Lauer (1947) nos entrega aquí un relato complejo y fascinante: en el otoño de 1988, un joven estudiante de literatura llamado Mirko Lauer está concluyendo su tesis sobre la fallecida escritora anglo-peruana Miranda Archinbaud. Como parte de su investigación, se traslada a San Francisco, California, con el fin de entrevistar a Clayton Archimbaud, octogenario sobrino de la escritora. Las incidencias de la entrevista constituyen el grueso del relato, que se realiza en el curso de una sola noche y en lengua inglesa; en ella, el sobrino revelará a Lauer-estudiante recuerdos e impresiones de la niñez compartida con su tía en el seno de una familia de latifundistas ingleses poseedora de inmensas plantaciones de caña de azúcar junto al puerto de Cerro Azul. La entrevista está reconstruida a posteriori por Lauer-narrador, quien por tanto se constituye además en traductor y, adicionalmente, intercala en su reconstrucción algunos recuerdos personales atinentes. La conversación es tortuosa y está marcada por la antipatía que surge de inmediato entre entrevistador y entrevistado, y por el abundante consumo de alcohol. Apenas al inicio nos enteramos de que sobrino y tía eran coetáneos y que durante sus años de adolescencia y juventud mantuvieron un romance que desembocaría en una suerte de matrimonio bufo; más adelante nos enteramos también de que son, sin embargo, antagónicos en un punto: mientras el sobrino desprecia y despreció siempre el Perú (“esa conspiración de una complicidad idiota y mutuamente destructiva entre las personas”), la tía se sintió poderosamente atraída por él; mientras Clayton se marcha de Perú tan pronto puede para no volver, la tía permanecerá ahí el resto de su vida, tratando por todos los medios -señaladamente su desenfrenada vida sexual con peruanos de todas las condiciones- de encontrar su sitio en esa sociedad. En la época en que tía y sobrino se separaran, ella descubrirá también su vocación literaria, que la llevará en las décadas siguientes a escribir varios libros de los que solo se nos informa que el Perú y lo peruano son siempre tema principal. La reconstrucción de la entrevista que realiza Lauer-narrador pretende ser exhaustiva y en ella surgen numerosos detalles que podrían parecer irrelevantes. Asimismo, durante la conversación Archimbaud revelará el asesinato de un viejo criado de la familia de origen chino, episodio determinante en el fin del romance y la separación del sobrino y la tía.

Que resulte imposible consignar el argumento en pocas líneas, dice ya algo de su complejidad. Lo más fascinante, sin embargo, es la riqueza de posibilidades interpretativas que ofrece el texto.

En mi lectura, bajo el tenue ropaje del género negro (investigación, entrevista, asesinato, etcétera), la novela ofrece una imagen intensa y desgarrada de la condición colonial y del sentimiento de extranjeridad asociado a ella. La vida de la familia Archimbaud -incluyendo a la tía y el sobrino- está determinada por su condición de extranjeros en una situación que solo puede calificarse como neo-colonial. Las opciones vitales que asumen una y otro en relación con ello, constituyen el poderoso pero elusivo asunto central. “No voy a hablar de mis hijos, sólo de mí, una mujer a la que el Perú convirtió en una mueca colonial, contra mi mejor voluntad”, escribiría después Miranda a su sobrino. “Dichoso tú que comprendiste esto temprano en la vida, Clay, y que puedes vivir con el implícito rechazo del Perú a cuestas.” Se trata al mismo tiempo de un paraíso perdido y de un infierno recobrado.

El que la entrevista se realice en otro país (Estados Unidos) y en una lengua que obliga a Lauer a convertirse en traductor, funciona como un eficiente motivo complementario. Miranda, Clayton y el mismo Lauer, los tres personajes del libro, resultan en definitiva trasvestidos: ella como escritora “peruana” en búsqueda desesperada de pertenencia y legitimidad; su sobrino, de una manera patética que no conviene revelar acá, y Lauer en su condición de obligado traductor de la entrevista. Asimismo parece relevante que Lauer tenga orígenes extranjeros (nació en la antigua Checoslovaquia) y que se presente en este libro en calidad de personaje-narrador.

Otras lecturas acaso enfatizarían el tema de la incertidumbre y la participación del sujeto en la construcción de la realidad-relato, poniendo a dialogar el libro con temas de la física subatómica y el campo de la teoría cuántica. “Es usted un periodista despreciable y conmovedor. Sí, me imagino que alguien como usted necesita una, y solo una, versión de las cosas, y, además, que la versión no cambie.”

El tema de la memoria permea también las páginas del libro. Entre otras cosas, me resulta especialmente atractiva la irrupción constante de lo irrelevante y lo nimio, ya que en efecto no somos dueños de elegir nuestros recuerdos, y en el teatro de la memoria conviven, indiferenciados, el oro y la escoria, con la particularidad de que lo que hoy consideramos escoria puede devenir inesperadamente en oro, y viceversa.

Todo esto y más lo hace Lauer con elegancia, inteligencia y, por momentos, también con humor. No creo ser el único lector a quien esta lectura deja satisfecho y agradecido.

sábado, marzo 10, 2012

OTRA DE MUÑOZ MOLINA

"Contar historias y escucharlas no es un lujo intelectual al que se entreguen unas cuantas personas con poco sentido práctico: es una fatalidad de la especie. Desde que empieza a tener un cierto dominio del idioma un niño no para de preguntar y de aventurar y de exigir que le cuenten y de marearle la cabeza con relatos a quien se le acerca. (...) El yo no es una figura sólida y estable sino un relato en marcha que la mente está contándose siempre a sí misma, una tentativa permanente por otorgar coherencia y continuidad al laberinto simultáneo de las operaciones cerebrales y a la multiplicación alucinante de los estímulos de los sentidos."

Antonio  Muñoz Molina
"Oficio de contar"       

martes, febrero 28, 2012

CITA CITABLE

"Voto de pobreza: utilizar menos palabras que las necesarias.
Voto de obediencia: dejar que las palabras hablen por sí mismas.
Voto de castidad: devolver la virginidad a las palabras."

                                           Felipe Bozo
                                           Poética, 1972

domingo, febrero 26, 2012

ZEN (Los días y sus dones, 1980-2001)


“El bolero como zen centroamericano”  (A. Tossatti).
***
Anular el juicio, apegarse a la percepción, enseña el budismo Zen como peldaño inicial hacia el Satori: algo semejante al guerrero impecable de Carlos Castaneda, aunque expresado en términos menos tropicales… Y así uno observa las innumerables coincidencias con un gesto de impotencia, preguntándose de qué sirve observar las innumerables coincidencias…
***
Sentarse, como alguna vez se sentara Buda, en espera de que la comprensión se haga, ¿no es algo descabellado y tonto y hermoso? Frente a la vastedad de lo que está en juego (la Comprensión, con empalagosas mayúsculas), ¿algo tan pequeño como sentarse a no pensar? Me parece genial.
***
Siempre te estás esperando en otro sitio, y siempre podés llegar a tiempo: aunque no seás vos quien vá ni vos quien va a llegar. Aunque no sea un sitio a donde vas, y aunque no haya tiempo…

NOTA: Terminan aquí las notas reunidas en el cuaderno "Los días y sus dones", publicadas   en orden alfabético en este blog a lo largo de los últimos años.

viernes, febrero 10, 2012

SUITE FRANCESA





Durante las últimas semanas, cada persona a la que comenté que estaba leyendo “Suite Francesa” y conocía el libro, manifestó de inmediato su entusiasmo por la novela. Imagino que quienes no la hayan leído, probablemente habrán leído o escuchado comentarios similares. ¿Para qué escribir sobre un libro acerca de cuya excelencia todo el mundo está de acuerdo? Máxime cuando –como en este caso- Iréne Némirovsky era, hasta hace poco tiempo, una autora poco conocida (aunque, como nos refiere el prólogo de la edición española, en los años treinta del siglo pasado gozara de cierta celebridad en Francia), y está por tanto a salvo de la maldición que pesa sobre otros libros y autores, sobre cuyos méritos resulta imposible disentir sin exponerse al escarnio (Proust, Joyce, Borges, etc...)

Es verdad que, en algunos casos, los comentarios de mis interlocutores se dirigieron casi de inmediato a la trágica circunstancia vital de la autora y a la historia fascinante del manuscrito de la novela, antes que a la obra propiamente dicha. Sin duda ambos extremos son apasionantes, pero nada dicen acerca de la calidad de la novela ni del hechizo que produce en sus lectores.

Me gustaría, por ello, compartir algunas razones de mi fascinación con esta lectura.

Las dos partes de “Suite Francesa”que Iréne Némirovsky alcanzó a escribir antes de ser enviada a Auschwitz, relatan la forma como la población civil de París vivió la invasión alemana en 1940 y, un año después, la tensa convivencia entre el ejército de ocupación y la población civil en una pequeña aldea de la Francia profunda. La primera parte es coral o quizás mejor dicho panorámica, y la autora nos muestra las reacciones de una veintena de personajes de diferentes estratos sociales de la sociedad francesa, en un gran fresco que por momentos alcanza tonos bíblicos (La autora misma parece consciente de ello y, no sin ironía, se refiere a estos episodios como el “éxodo”). La segunda parte es notablemente más íntima y la mirada de la autora se centra en un número más reducido de personajes, de la mayoría de los cuales habíamos tenido noticia en la primera parte del libro.

Aunque desde luego existen, no había leído otra novela que abordara estos episodios, pero en cambio estoy seguro de que ninguna lo hace en el tono y desde la perspectiva que esta. A salvo de cualquier exaltación nacionalista en virtud de su condición de exiliada rusa y de judía, la autora concentra toda su atención y su talento en auscultar las emociones y la condición moral de sus personajes. En una de las notas en que reflexiona sobre esta obra inconclusa (incorporadas convenientemente como apéndice en la edición española), Némirovsky escribe: “¡Dios mío! ¿Qué me hace este país? Ya que me rechaza, considerémoslo fríamente, observémoslo mientras pierde el honor y la vida.” Y eso es precisamente lo que hace. No hay -o al menos no percibo- revanchismo ni afán vindicativo contra ese país que por un lado había acogido a la autora y por el otro se disponía a condenarla -la autora escribe cuando la política de colaboración de la Francia de Vichy ya se cebaba contra los judíos-, sino más bien una lúcida frialdad para examinar y juzgar los sentimientos y las diversas reacciones de la sociedad francesa ante la derrota militar y la humillante ocupación. “De grado o de fuerza, no había más remedio que seguir la política del gobierno. Y además, ¡qué caramba!, aquellos oficiales alemanes eran gente educada. Lo que une o separa a los seres humanos no es el idioma, las leyes, las costumbres ni los principios, sino la manera de coger el cuchillo y el tenedor.” (p. 361)

Es verdad que, lejos de ofrecernos la imagen de una resistencia vibrante y heroica, como sin duda hubiesen preferido muchos lectores franceses, la impresión de conjunto que nos transmite la obra es la de una sociedad rígidamente estratificada, atravesada por tensiones profundas más allá de la circunstancia de la invasión extranjera. Los mitos de la unidad y la solidaridad nacional caen pulverizados y sin duda ahí radica parte su atractivo y de su actualidad.

La narración se torna especialmente brillante cuando se trata de transmitir las complejas negociaciones -a veces intrapsíquicas y a veces interpersonales- que realizan los personajes para reivindicar sus pequeñas o grandes diferencias, es decir, su posición en el espectro de la sociedad francesa. “La mezquindad del piscolabis no sorprendería a la señora Perrin, antes bien, vería en ella una nueva prueba de la prosperidad de los Angellier -porque a mayor riqueza, mayor tacañería-, y reconocería su propia preocupación por el ahorro y esa tendencia al ascetismo que es consustancial a la burguesía francesa y da a sus inconfesables placeres secretos una amargura tonificante.” (p. 334)

Podría decirse que, como quería Foucult, en la novela palpamos el poder que atraviesa y circula por todos los estratos de la sociedad francesa, con la particularidad de que en las circunstancias excepcionales de la ocupación, incluso los más poderosos se ven sometidos al poder de la fuerza militar extranjera. “Cuando hablaba en alemán -sobre todo en aquel tono de mando-, su voz adquiría una sonoridad vibrante y metálica que producía a los oídos de Lucile un placer similar a un beso dado con rabia y acabado en mordisco.” (p. 340)

El humor, la ironía, el asombro y la compasión son algunas de las lentes de las que la autora se sirve para asomarse al mundo de sus personajes, y bien considerado, lo que revelan estas páginas es mucho más profundo que las reacciones francesas ante la derrota y la ocupación, pues el pánico, la vergüenza, la confusión, el orgullo herido, la decepción y la mezquindad, el altruismo y la fatuidad, entre muchas otras, son reacciones esencialmente humanas y todos nos reconocemos en ellas. Observadora igualmente delicada y sensible del entorno natural -paisaje, cielo, nubes, viento, árboles, flores, luna, estrellas- y del social, no le interesa y no entra en ningún tipo de consideración de orden histórico, ideológico ni político.

Sin duda “Suite Francesa” debe mucho a la gran novela del siglo XIX -su mirada totalizadora, su afán de conjugar en un mismo relato el gran plano social y el primer plano íntimo, y ante todo, su respetuoso apego al paradigma realista, más acá de cualquier experimentalismo. En esta oportunidad, me hago eco del refrán anglosajón: “si no está descompuesto, para qué vas a arreglarlo?”

Desde ya, Iréne Némirovsky se suma a mi panteón de diosas tutelares, al lado de Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar, Clarice Linspéctor, María Zambrano, Simone Weil... Y, una vez más, confirmo que el pasado fue el siglo en que las mujeres irrumpieron a la historia, trayendo consigo visiones, percepciones, pesadillas y anhelos postergados y silenciados durante siglos.



domingo, enero 29, 2012

AFRICA EN ESPAÑA


 Durante años, asumí con resignación que en materia de corrupción política los latinoamericanos y los africanos éramos insuperables, pero ahora reconozco que me equivoqué, o al menos ya no estoy tan seguro.
En contra de lo que sugiere el título, esta nota no trata de la antigua presencia beréber en España, ni de cómo Gibraltar ha sido desde siempre una frágil frontera que invita a saltar sobre ella, como lo mostraron hace siglos almorávides y almohades y hoy las tristísimas “pateras” cargadas con migrantes hambrientos.. Ni siquiera la crisis galopante que se abate sobre Europa los ha detenido por completo, aunque desde luego su flujo disminuyó en los últimos tiempos.

Si hablamos aquí de la sombra africana sobre España es más bien para evocar a Idi Amín Dada, Laurent Kabila, el togolés Eyadema, el inefable Bokassa , el incombustible Bongo o los astutos Mubárak y Gadafi, entre otros celebérrimos pillos africanos... Pues como los males nunca llegan solos, de la mano de la crisis del Euro se abatieron sobre la península ibérica innumerables escándalos de corrupción política que involucran a personajes conspicuos de los dos principales partidos políticos, y hasta a algún familiar político del Rey.

Se trata de un colorido ramillete de picardías que, si no hubiera millones de por medio, cabría calificar de tragicómicas, como la del aeropuerto de Castellón, una pequeña ciudad en la comunidad de Valencia. El aeropuerto se construyó a un costo cercano a los 150 millones de euros, y al momento no ha recibido un solo avión ni se prevee que lo haga en el futuro próximo. De la factura, al menos 300 mil euros corresponden a la estatua de 24 metros de altura que se mandó a hacer su promotor, Carlos Fabra, presidente de la diputación local, quien declaró el día de la inauguración:
"Hay quien dice que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada. Durante mes y medio cualquier ciudadano que lo desee podrá visitar la terminal o caminar por la pista de aterrizaje, algo que no podrían hacer si fueran a despegar o a aterrizar aviones. Es un aeropuerto para las personas." Ah bueno, ya entendimos, menos mal... Rescindir el contrato con la concesionaría costaría 80 millones, mientras que mantenerlo, aún sin recibir aviones, reprsentará una cuarta parte de ese monto. Por ello, es probable que en el futuro cercano el aeropuerto sin aviones de Castellón se convierta en una atracción turística al estilo de los pueblos fantasmas del oeste norteamericano... Al menos eso aportaría algunos reales a las esfondadas arcas de la comunidad valenciana, hoy en plena bancarrota.  

Otro caso pintoresco, por decir lo menos, es el del exdirector general de trabajo de Andalucía, Francisco Guerrero, que administraba un fondo de más de 647 millones de euros, de los cuales cedió generosamente cientos de miles a su suegra y a otros familiares, así como a varias cónyuges de dirigentes sindicales andaluces. Guerrero no tuvo reparos en disponer alrededor de un millón para que él y su chófer los consumieran en cocaína, alcohol y francachelas, según declaró al juzgado el segundo. Así cualquiera es socialista... Las irregularidades superan los 10 millones de euros.

Los expresidentes de comunidades autónomas de Valencia y Baleares, Francisco Camps y Jaume Matas, respectivamente, ambos del Partido Popular, también encaran sendos procesos penales por corrupción, prevaricato, tráfico de influencias y otras lindezas. El primero comparece en un rocambolesco caso que la prensa suele llamar “el caso de los trajes” o “la trama Gurtel”. Básicamente se lo acusa de favorecer a una red de empresarios corruptos en la concesión de millonarias obras, a cambio de unos cuantos trajes de lujo para su guardarropas y de alguna cosa más. Lo de su colega Matas es similar, aunque el embrollo jurídico se centra en irregularidades en torno a la contratación de un periodista encargado de escribir sus discursos. Más allá de los escándalos de corrupción alrededor de estos conspícuos personajes, bajo su presidencia se impulsaron obras públicas faraónicas, a menudo de dudosa utilidad y a costos extravagantes, en el supuesto de que de esa forma colocarían a sus regiones en el mapa internacional e impulsarían el desarrollo local. Hoy por hoy, Valencia es la región más endeudada de España (¡lo que ya es decir!); el Gobierno Central ha debido acudir en su auxilio para pagar bonos que vencidos, calificados como “bonos basura” por las calificadoras de riesgo.

La joya de la corona -y nunca mejor dicho esto- es el escándalo alrededor de Iñaqui Urdagarin, esposo de la Infanta Cristina y yerno del Rey Don Juan Carlos, formalmente llamado a declarar en relación con la apropiación indebida de varios cientos de miles de euros de las arcas públicas y de notorias irregularidades en sus declaraciones impositivas, valiéndose tanto de empresas como de fundaciones pretendidamente benéficas.

Así las cosas, lo de los expresidentes de Costa Rica parece apenas un juego de niños, la obra de aprendices aplicados y, como siempre, deseosos de emular a sus maestros del mundo desarrollado y rico. Ya lo decía el gran Pedro Navajas: ¡la vida te da sorpresas...!

martes, enero 10, 2012

Vulnerabilidad (Los días y sus dones, 1980-2001)


Hay quienes imponen el terror para conjurar el miedo. El miedo ante la propia vulnerabilidad, ante la propia debilidad, se conjura con la brutalidad, el control y, a veces, con el exterminio del otro.
***
…Era lo suficientemente fuerte como para no ocultar sus debilidades…
***
Lloraba ante la imagen de su propia debilidad.
***
Lo único que tengo para entregar es mi indefensión, mi vulnerabilidad…
***
Acceder a la intimidad total con otro ser implica exponer los dolores, las cicatrices y las llagas, y atreverse a eso exije valor.
***
Cuando veo a una persona intelectualmente brillante o a uno de esos deportistas invencibles, superdotados, me pregunto: ¿dónde está el secreto? ¿En respuesta de qué tanto desplante y maravilla? ¿Para potegerse de qué?
***
¿Por qué de pronto estas ganas imposibles de llorar?